lunes, 11 de febrero de 2008

BACHE


Un día, conduciendo hacia el trabajo, notó una hendidura en la autovía. Ese segundo de vértigo le supuso un molesto sobresalto.
Se cagó en el ayuntamiento y en el servicio de obras públicas.
Después fue cogiéndole el tranquillo día a día hasta que acabó por gustarle. El iba acelerando según llegaba el bache y entonces soltaba el pedal. Se producía así un cierto vértigo, un dulce vacío instantáneo que incluso hacía las delicias de sus pequeños en los fines de semana. Hasta que un día se acabó. Colocaron unos indicadores de desvío y alisaron el terreno.
Se cagó en el ayuntamiento y en el servicio de obras públicas.

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