viernes, 4 de abril de 2008

JOE STRUMMER: THE FUTURE IS UNWRITTEN

Ayer tuve ocasión de asistir al prestreno de esta película de Julien Temple sobre la figura de Joe Strummer. Para quien haya disfrutado con THE CLASH (mi caso) el documental es una ocasión para el goze de los sentidos. Si eres de esos, elige un cine con buen sonido y déjate querer. Aún sorprende comprobar cuantas canciones potentes llegaron a componer y qué estilazo marcaban al interpretarlas.
Con un ritmo frenético que va atemperándose a la par que la propia andadura del protagonista, la cinta va recorriendo una biografía apasionante con muchos elementos para la la reflexión y para tocar fibras sensibles: La infancia en Turkia, el hermano muerto en la adolescencia, el internado, la radio de los sesenta con los Rolling a la cabeza, las broncas del 68, el hippismo, la explosión Pistols, las casas ocupadas (y su importancia esencial en las músicas post-1977)... no os voy a contar todo. Hay mucho también de reflexion sobre la fama y las relaciones entre los miembros de la banda y finalmente resulta asombroso observar las dificultades increíbles del último Strummer para ser atendido en sus propuestas post-Clash.
La peripecia vital, en fin, de un chico de familia bien, que nunca se resignó a seguir el guión y persiguió la fama con tanta intensidad como la honestidad (difícil boda, me temo). Añado una entrevista con Julien Temple durante la presentación en Gijón de su muy recomendable trabajo.
--¿Qué convierte a Joe Strummer en una de las figuras más importantes de la música moderna?

--Principalmente, su honestidad. Aun cuando no era técnicamente muy dotado, usaba la música como una forma de comunicación muy directa y tremendamente poderosa. Era un filósofo, el transmisor de un sistema de códigos muy prácticos que nos enseñaron a entender la vida. En la película, por ejemplo, Johnny Depp confiesa que si él ha llevado un tipo de vida alejado del circo hollywoodiense es porque, de alguna manera, crecer escuchando la música de The Clash le previno frente a sus peligros.

--The Clash fue una banda única, pero su evolución está marcada por dos males muy comunes en el mundo de la música: el empacho de fama y las colisiones de egos.

--A todas las bandas británicas que aterrizaban en Estados Unidos les pasaba lo mismo. El mercado americano es muy feroz, te exige un compromiso comercial enorme. A pesar de que The Clash hicieron saber al mundo que sentían esa presión e hicieron bandera de su integridad artística, es obvio que Strummer fue víctima de la fama, y de ahí su enfrentamiento con el resto de la banda. La película, espero, funciona a modo de reflexión sobre la cultura de la celebridad. La fama es como una droga, casi como la heroína. Empiezas a tocar en estadios, frente a 50.000 personas, y se te va la cabeza. Fíjate en U2 o Britney Spears.

--De hecho, en la película Strummer señala que cuando empiezas a dar conciertos en grandes estadios es que tu carrera se está hundiendo. ¿Está usted de acuerdo?

--Sin duda. En el éxito o el fracaso de un concierto participan varios elementos: los músicos, claro, pero también su interacción con la audiencia, y las dimensiones del escenario, y la proximidad de los músicos entre sí y, sobre todo, la posibilidad de que, en cualquier momento, pase algo inesperado. En los grandes conciertos de estadio todo está calculado como un perfecto mecanismo de relojería, no hay lugar para la magia. Además, las letras de The Clash eran muy revolucionarias, y es un poco raro tratar de hacer la revolución cuando te sitúas tan arriba y tan lejos de tu público.

--En sus primeros compases, su película funciona a modo de retrato de la sociedad británica de los 60 y los 70. ¿En qué medida estuvo la sensibilidad artística de Strummer influenciada por el entorno?

--En gran medida, porque él nació en el centro de la cultura creativa conocida como punk, y su objetivo como artista fue, desde el principio, remover sus cimientos. De hecho, la música de The Clash recibió muchas críticas, al menos inicialmente, porque la gente no entendía que una banda surgida en plena efervescencia punk tuviera la desfachatez de usar ritmos jamaicanos y latinos. Strummer, en cambio, había crecido viajando alrededor del mundo porque su padre era diplomático, y esa fusión encarnaba su forma de entender la música.

--A nivel formal, hay una diferencia notable entre la primera parte de la película, de ritmo frenético, y el resto, más sobria. ¿Qué sentido dramático tiene esa estructura?

--Es como un espejo de la carrera de Joe Strummer. El principio es un collage de imágenes y sonidos, de fragmentos de películas y radiofónicos, de noticias televisivas y fotografías porque refleja una época en la vida del artista en la que se absorben todo tipo de influencias. Luego se atempera porque relata una época en la vida de Strummer que invita a reflexiones universales acerca de la música y de la condición del artista.

--En la escena musical actual no parece haber cabida para músicos como Strummer, gente que, de algún modo, funcionaban como transmisores de modos de vida. ¿Por qué?

--En todo el mundo se ha producido un proceso increíble de fracturación de la cultura del entretenimiento, por lo que es difícil que la gente que tiene cosas que decir llegue al gran público. Los músicos que tuvieron verdadera influencia social existieron sólo entre las décadas de los 50 y los 80. Después, la industria decidió que no le interesaba que el público pensara, así que la música con sustancia empezó a ser sustituida por la idiota. Cuando la gente se atragante de tantas canciones basura y empiece a vomitar toda esa mierda, entonces quizá vuelvan a dejarse guiar por artistas de verdad.

8 comentarios:

El Conde de MonteCristo dijo...

Interesante película, habrá que verla. Decían que era curioso, como en aquella misma época Strummer de clase bien hacía punk, y Brian Ferry, de clase baja iba de dandy y hacía pop.

Sabes que Strummer produjo a los granadinos 091?

salU2,
El Conde

ROBERTO MOSO dijo...

Hostia, sí, la parte granadina de Strummer también aparece (un amigo hace varias declaraciones en inglés que se entiende) pero no ese dato. Antes de nombrar un grupo no-anglosajón, los anglosajones se cortan un cojón...valga la ordinariezzzz

El Conde de MonteCristo dijo...

Qué chorras son estos anglosajones porque además hizo buenas migas con 091, y el grupo siempre ha hablado bien de él y con cariño. Por cierto, acaba de sacar nuevo disco Lapido y en junio toca en el Antzoki.

Ordinariezzz válida ;)

ROBERTO MOSO dijo...

Bueno, lo cierto es que Joe y tantos otros que nos gustan) tambien es anglosajón y aquí estamos nosotros dándole pábulo. Algo tiene el agua cuando la bendicen. Supongo

El Conde de MonteCristo dijo...

Sí, tienen sus cosillas esos hijos de la gran bretaña (aunque nos gusten muchos de ellos). También son especialistas en vendernos como la gran sensación al típico grupo nuevo que tampoco es para tanto.

ROBERTO MOSO dijo...

Quien, por ejemplo, adquiera "Los 1001 DISCOS QUE HAY QUE ESCUCHAR ANTES DE MORIR" observará que nada hay de los pirineos hacia abajo que merezca estar allí. Simplemente: ellos se lo pierden.

El Conde de MonteCristo dijo...

Un último apunte sobre lo que dice el director comparando la ida de olla de la Spears y de U2.
U2 ya llenaban estadios en los 80 y en su momento ya se les fue la pinza. Conscientes de ello, se pusieron manos a la obra y se cascaron el "Achtung baby".
A la Spears el éxito le ha descentrado la brújula hasta de su vida personal. En el caso de U2, tendrán sus defectos y sus dosis de endiosamiento, pero sus vidas no se han ido al garete por el éxito sino todo lo contrario.

Anónimo dijo...

Al puto Bono se le fue la olla cuando nació. Valente meapilas