viernes, 27 de enero de 2017

CALLES

De camino al trabajo solía encontrarme con todos aquellos aquellos sin techo tirados entre los escombros. 
La verdad es que fue una época muy dura. 
Los veías ahí peleándose por una caja de vino o tiritando al amanecer entre cartones. 
Por no hablar de las mujeres, siempre acosadas por manos grasientas y sonrisas desdentadas...  Ahora la cosa ha mejorado sensiblemente.
Voy a trabajar dando un rodeo por otra calle.

2 comentarios:

Juli Gan dijo...

Lo malo es que la población de sintechos está empezando a ser cuantiosa. El vino de brick es el mejor antitérmico del mundo y eso que decía Matías Prats: "tu banco y cada día el de más gente", por desgracia, va siendo realidad. Ya no hay un cajero sin cartones ni en el barrio más lejano.

nineuk dijo...

Es cierto. Hace poco me sorprendió Madrid en ese aspecto. Pronto será imposible negar la evidencia, como el protagonista del relato.