miércoles, 28 de junio de 2017

RENO RENARDO

Tanto en música como en literatura confieso que tiendo a la obsesión. Para mí es una gran noticia, una buena razón para vivir toparme cada cierto tiempo con artistas que despierten mi interés, que hagan pensar o reír o bailar o ponerme melancólico o todo a la vez . Mi tendencia, cuando esto ocurre, es absorber el producto hasta que lo dejo seco.  En música me ha ido pasando desde los trece años, cuando me iba a vivir, en cuanto podía, al mundo de los Rolling Stones, un mundo imaginario donde había giras mundiales, camerinos bulliciosos, mujeres interesantes, cortes de mangas al universo carca y sobre todo, experiencias dignas de ser contadas en canciones irrepetibles... Otros nombres en la lista han sido Lou Reed, The Doors, Santana, Sex Pistols, Blondie, Ramones, Ruben Blades, La Lupe, Bersuit, Radiohead... ahora estoy pasando una temporada deliciosa en el país de La Yegros, una banda argentina que , además, tuve la ocasión de ver la semana pasada en Bilbao. Nada como pillar artistas de tu gusto cuando están en su pleno esplendor y no huelen a naftalina o algo peor.
Pero cuando siento que no puedo con la vida, cuando me superan las constantes luchas cotidianas y me veo a mi mismo jugando en enorme máquina de marcianitos que me disparan sin cesar y que me van a destrozar de un momento a otro...entonces, ahora, tengo al Reno Renardo.
Me meto en el metro con los cascos o los pongo a todo volumen en el coche y enseguida se me dibuja una sonrisa estúpida en la cara. Sobre bases de canciones heavyes bien conocidas o reconvirtiendo clásicos de Mocedades o Mecano en piezas de rock duro, esta banda bilbaína va retratando situaciones que todos conocemos: el momento en el que la nevera parece una película de terror; el instante en el que ese hamster tiernecito que tienes como mascota se te aparece como una rata repugnante y amenazadora; ese instante en el que estrangularías con tus propias manos al que te acaba de poner una multa en el parabrisas...    
Los personajes surgidos de la calenturienta imaginación de “Jevo Jevardo” son los anti-héroes del momento. Sus retratos tienen una dosis adecuada de acidez pero nunca caen en el panfleto fácil ni en los lugares comunes del bienpensantismo progre. Sus letras funcionan porque ese varón idiota al que retratan puede ser cada uno de nosotros y también ellos mismos: El urbanita que se siente aventurero en su finde campestre (mientras los paisanos le miran pensando “quien será este subnormal”), el capullo capaz de hacer cualquier estupidez tras escuchar la frase “No hay huevos” o ese otro, que deja a bombo y platillo el Facebook denunciando su superficialidad y después vuelve a entrar por la puerta de atrás.
En su último disco han incluido su primer tema en euskara y lo han hecho parodiando de forma genial los típicos manidos himnos de cualquier evento en favor de la lengua:
"No somos trikitilaris/ Tampoco txalapartaris/Pero pagamos aquí nuestros impuestos/ Amamos las subvenciones/ Y nos da igual PNV que Bildu/ No queremos apartheid cultural...

Bien, ya se, me dicen que no han inventado nada nuevo, que tienen obsesión con el miembro viril, que son politicamente incorrectos... es posible. Pero cada vez que los pongo me cambian el humor. Y eso no tiene precio. Acaban de hacer 10 años . Larga vida a los Babuinos del metal.   

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