
El diario DEIA publicaba ayer esta columna de Xabi Larrañaga que me ha parecido muy atinada e interesante para este blog en varios aspectos. Mis agradecimientos al Conde de Montecristo, al que no se le escapa una:
Lo conocíamos de oídas, y jamás se usó mejor esa expresión. Josetxo Anitua ha elegido la música del Kafe Antzokia durante once años, y se acaba de ir para siempre. Goian bego, se dice en estos casos, y lo cierto es que ahí arriba, en la parte superior derecha de la sala bilbaina, pinchó de un modo inteligente y ejemplar. La sociedad es amnésica, y habrá olvidado que hace tiempo había pocos sitios en los que nuestras comunidades lingüísticas se mezclaran sin que una de ellas se sintiera extraña, a veces hasta incómoda. Tras los ochenta, en los que gracias a la pujanza del rock radical vasco la música euskaldun se coló en bastantes bares, llegó una época marcada por su casi desaparición pública o su guettización. En ello influyó el descenso de la calidad musical, claro, que no todos los días surgen grupos como Hertzainak o Negu Gorriak. Pero también tuvo su peso una atmósfera ideológica sectaria o al menos molesta para la gente que sólo pretendía divertirse. Aunque hubo garitos que mantuvieron viva la llama, otros muchos saltaron de Zarama a Shakira en un viaje sin retorno. En ésas estábamos cuando Josetxo Anitua obró el milagro en el Kafe Antzokia: salvo unos irredentos prejuiciosos, infinitos paisanos de todas las tendencias políticas e idiomáticas empezaron a bailar canciones en euskara junto a canciones en castellano o inglés sin sentirse por ello extraños ni incómodos. Como el gusto es libre, habrá quien rechace esa macedonia y considere al local muy vasco, muy español, muy rarito o muy comercial. Ocurre con cualquier pub y no pasa nada. Lo anormal era aquella sensación de habitar planetas distintos a causa de la lengua. Entre Zarama y Shakira, por qué no hacer un hueco a ambos. Y sería injusto no recordar que, amén de ese ánimo cultural integrador, Josetxo Anitua destacó por poner muy buena música. Lo cual tampoco abunda.
