lunes, 29 de junio de 2020

ANORMALIDAD TOTAL

Ya no hay periódicos en mi cafetería habitual. Ahora si quieres leerlo te lo tienes que comprar. Así que aquí estoy de nuevo, en mi mesa habitual, ahora bien desinfectada, con mi café de media mañana y mi prensa diaria recién adquirida. El café ha subido cinco céntimos. Hay menos gente ahora que antes del confinamiento. También hay menos mesas y están más separadas. Jose, el camarero, me ha puesto al día mientras me servía el café: “si, hay muchas normas y muchas puñetas, pero no puedes estar ejerciendo de policía todo el día. Además, en el supermercado puedes estar con la mascarilla mientras haces las compras, pero que me expliquen a mí como se come y se bebe con mascarilla. Esto se ha convertido en una ruleta rusa, y no hay más”.
Entra una cuadrilla de poteadores habituales. Todos llevan mascarilla pero ninguno en su sitio. Tres la llevan en la papada, el otro en el codo. Trato de concentrarme en la lectura, a pesar de que la televisión brama a un volumen excesivo. Varios tertulianos deportivos analizan el actual momento del Barcelona aparentando una supuesta preocupación al respecto. Al parecer “el vestuario pone y quita entrenadores”y “los jugadores pasan de las indicaciones del técnico, como puede verse en las pausas para hidratación”. Los comentarios van acompañados de imágenes de la última jornada. Tanto el público “que llena” el estadio como sus reacciones están sacadas de la “Play-Station”. Pero de pronto, cuando repiten alguna jugada, las gradas aparecen vacías. Magia Potagia.

La cuadrilla de poteadores y Jose hablan sobre la playa. ¿para qué tanta medida de seguridad y tanto suspender fiestas si en la playa todo el mundo hace lo que le da la gana? Todos tienen una anécdota que contar, todos han visto escenas con jóvenes que se saltan las reglas a la torera.

Mi vista se pierde entonces tras los cristales del local donde la vida fluye bajo un espléndido sol veraniego. Las golondrinas revolotean alrededor de una fuente. Pasa un jubilado con una barra de pan bajo el brazo, saluda a una señora con el carro de la compra. Al fondo un grupo de niños juega en los columpìos. Las cintas rojiblancas que servían para precintarlos son ahora usadas en las cabezas para jugar a los indios. Las presuntas madres de las criaturas fuman despreocupadas sentadas en una terraza, a pocos metros.

Suena el aviso de Whatsapp. Veo que tengo unos cuantos acumulados. Lamberto me ha mandado un video de “Artistas del Gremio”, Rafa un artículo sobre los plagios de Bumbury... Afi me manda una noticia curiosa.” La prisión de Brians retira los geles desinfectantes porque las reclusas los usaban para hacer cubatas”. “Alkate” me manda una noticia inquietante: “Las tiendas de chinos de Usera (Madrid) vuelven a cerrar tras el brote de Pekín”. Cristina me manda un chiste amenazador: “Tened cuidado con lo que hacéis o volverá el Duo Dinámico” . No, por favor. Por lo que más querais...

miércoles, 24 de junio de 2020

PEIO JOXEPE JUDIO



Naomi Shemer
Es una de esas historias que podrían servir de base para un buen guión cinematográfico. De hecho mas de un espectador diría que el argumento es demasiado exagerado para ser verdad. Pero la historia es real. En su día se publicó en periódicos de todos el mundo y nadie hasta hoy ha desmentido la noticia. Sin embargo, curiosamente en nuestra tierra no son muchos, ni siquiera en el mundo de la música los que la conocen. Aunque parezca increíble, la considerada como canción israelí más popular de la historia, YERUSHALAIM SHELDAHAB (JERUSALÉN DE ORO), que fue compuesta en 1967, apenas unas semanas antes del inicio de la Guerra de los Seis Días, es un plagio de una canción de cuna vasca escrita por el poeta euskaldun Xenpelar Pocos días antes de morir, la célebre compositora Naomi Shemer, autora de varias de las canciones israelíes más populares, escribió una carta a su amigo y compositor Guil Aldema en la que admitió que plagió la nana vasca, a pesar de que en vida siempre lo negó categóricamente.
El cinco de Mayo de 2005 el diario israelí 'Haaretz' divulgaba la increíble noticia: la compositora había admitido por escrito el plagio. En los años sesenta escuchó la canción vasca de boca de una folklorista israelí, Nehama Hendel, y la melodía reapareció en su vida cuando se la oyó cantar en euskera a Paco Ibáñez, en un programa nocturno de la televisión israelí.
"En el invierno de 1967, cuando estaba trabajando en la escritura de JERUSALEN DE ORO, la canción debió deslizarse dentro de mí inconscientemente", dice la compositora a su amigo. Shemer añade que "afortunadamente, una mano invisible me dictó varios cambios en el original", de manera que añadió "ocho notas nuevas que me conceden los derechos de mi versión, aunque todo fue, como he dicho, involuntariamente".
JERUSALÉN DE ORO se convirtió en el himno de la guerra de 1967. Todavía hoy se programa regularmente en las emisoras de radio y todos los israelíes la conocen de memoria. A su éxito contribuyó el conflicto bélico en el que Israel ocupó Cisjordania y Gaza, y especialmente la ciudad amurallada de Jerusalén. Este acontecimiento llevó a Shemer a introducir algunas pequeñas modificaciones en la letra.
En la carta a su amigo, la compositora le escribe: "Tú eres la única persona en el mundo -al margen de mi familia- que debe conocer la verdad sobre JERUSALÉN DE ORO, y ésta es la verdad". El plagio corresponde únicamente a la melodía, ya que las letras de ambas canciones no tienen nada que ver. La letra de Shemer relata de forma desgarrada la "milenaria añoranza de los judíos por Jerusalén", con descripciones de la Ciudad Santa donde, hasta entonces, los israelíes no podían entrar.
"Mi único consuelo es que me digo a mí misma que quizá la melodía fue compuesta por judíos convertidos por la fuerza al cristianismo durante la inquisición en España y Portugal, y todo lo que yo hice fue restaurarle su pasada gloria. Ahora, Guil, tú también conocer la verdad y te permito que la publiques". La canción fue un éxito en la interpretación de la cantante Shuli Natan. Pocos meses después del ser estrenada, fue elegida por los paracaidistas israelíes al entrar en la Ciudad Vieja de Jerusalem . A partir de ese momento se convirtió para los israelíes en todo un símbolo, incluso hubo peticiones en el Parlamento de que se convirtiera en el himno nacional. Si Xenpelar levantara la cabeza...

martes, 16 de junio de 2020

FERMIN BALENTZIA. CASO ÚNICO


Corría el año 1976 y de pronto todo eran cambios. Surgían como setas las nuevas revistas de “información general” que animaban los expositores del kiosco del parque con sus novedosos titulares y las portadas del “destape”. Se renovaba la cartelera cinematográfica con películas como “Cria Cuervos” o “Canciones Para después de Una Guerra”. La ikurriña, aún ilegal, aparecía por todos los lados y un clamor a favor de la Amnistía general llenaba calles y plazas. El mundo de la música también reflejaba todo ese ambiente. Fue el año dorado para los cantautores. Era un tiempo en el que Raimón llenaba un pabellón madrileño cantando en catalán en un recital histór. Otros nombres como Paco Ibañez, Rosa León, Labordeta ó Luis Pastor  se enfrentaban a constantes multas por la censura y veían sus recitales convertidos en auténticas manifestaciones.                                                         En Euskadi vivimos el gran momento de los “kantaldis”. Artistas como Gorka Knork, Gontzal Mendibil eta Xeberri, Urko o Hibai Rekondo protagonizaban festivales explosivos que a menudo terminaban a palos. Uno de los rituales que se repetían en estos actos era el de los “goras” . Alguien lanzaba el primer “Gora Euskadi Askatuta” y la masa respondía unida. El “Gora Euskadi Sozialista” también tenía mucho quórum en aquellos años. Pero las respuestas iban menguando a medida que los goras tenían menos adeptos. El “Gora Euskadi gorria” provocaba los primeros pitidos que podían llegar al abucheo con otros como “Gora Euskadi Trotskista” o “Gora Euskadi Beltza”. Así solía ser en la mayoría de los kantaldis a los que asistí en aquel año, mucho más motivado a mis 16 años por  el activismo que por la música.  La sorpresa llegó en un kantaldi organizado en Santurtzi, concretamente en la plaza de Kabiezes. Estaban en el cartel Oskorri y Fermín Balentzia , un navarro al que no conocíamos. De pronto, por primera vez los “goras” cambiaron de orientación. El "gora Euskadi askatatuta" tuvo la respuesta habitual, pero fueron masivamente aclamados también el “gora Euskadi gorria” y “gora Euskadi maoista” que ya nos situaba en el terreno de lo lisérgico. Algún enteradillo (siempre había alguno” nos explicó la cuestión; se trataba de un festival organizado por la ORT, una organización maoísta muy activa en la época y prácticamente habían convocado a toda la militancia de la zona norte. Mi segunda sorpresa aquel día vino de la mano de Fermín Balentzia. Aunque su aspecto y su liturgia eran las de cualquier cantautor, ahí había algo distinto. Su manera de explicar las canciones, sus relatos autobiográficos, su voz con regustos de jota, sus composiciones… Recuerdo que intenté conseguir algún disco poco después, pero no, no tenía ninguno grabado; de hecho acaba de publicar si primer álbum , con 71 años…  Lo más curioso es que han tenido que insistir hasta la saciedad para que se animara a hacerlo. Los de la editorial Txalaparta lo conseguían a finales del año pasado. En todo este tiempo Fermín ha seguido cantando y componiendo, abundan sus devotos a lo largo de la geografía vasca , pero el siempre ha preferido las distancias cortas. Resulta increíble que temas como “Txantxangorria”, “Las Cadenas de Navarra” o “Tafalla”  sean tan coreadas sin haber conocido ninguna grabación.  En “Vivir ParaCantarla/Kantuari Emana” están estas y todas las demás. Las canciones del cercano, simpático incansable luchador: Fermín Balentzia. Caso único.     

martes, 9 de junio de 2020

ENCERRADOS


¿Que pasaría si un buen día, por accidente, te vieras encerrado y sin salida posible en un ascensor con tu mayor enemigo? Situaciones como ésta forman la base argumental de “Encerrados”, una serie argentina de capítulos independientes que está en Netflix hasta el próximo día 16.  
Ya he comentado que durante el confinamiento casi todas las series y películas me resultaban anacrónicas. Pues bien, he aquí una serie que combina perfectamente con la situación que hemos vivido en los pasados meses.
Por alguna razón que desconozco, los algoritmos de Netflix me recomiendan siempre series y películas que no me interesan en absoluto. Y lo cierto que algunas de mis aficiones serían bastante fáciles de adivinar, por ejemplo: díganme, por favor, lo que vayan sacando los argentinos.
La semana pasada consumí en dos o tres noches “Casi Féliz”, una serie que narra las desventuras de un locutor de radio enamorado de su ex-mujer. Como es habitual en muchas producciones argentinas, la fuerza reside sobre todo en el guión y en unas interpretaciones tan buenas que no parece que estén actuando. Esa sensación de que un equipo ha sabido sacar petróleo de un presupuesto reducido usando el talento y la imaginación es algo que yo aprecio a rabiar. Algo parecido a lo que ocurre con éxitos recientes de nuestro cine como “El Hoyo” o “La Trinchera Infinita”.
En “Encerrados” esto de “hacer mucho con poco” se ve favorecido por la propia esencia de la serie: todos los capítulos se refieren, de una u otra forma a situaciones en la que los protagonistas se ven encerrados por alguna circunstancia: un escritor que sufre de “agorafobia” desde que tuvo un terrible accidente de coche en el que murió su hija; tres amigas adolescentes que entran en pánico en una excursión al bosque; Un hacendado que se queda atrapado en su bodega junto a uno de sus braceros; tres mujeres de orígenes sociales muy distintos atrapadas en una lavandería...
Tanto la presentación en tonos pomposos,como la sintonía misteriosa nos remite directamente a series como “Twilight Zone” (La Zona Oscura) o películas como “Relatos Salvajes” .El reto es ofrecer una historia completa en menos de media hora. No hay un sólo minuto que perder, cada segundo tiene su importancia, el engranaje debe estar perfectamente sincronizado, en caso contrario el capítulo se cae de forma estrepitosa –algo que ocurre en algún capitulo-
Tanto en series como en publicidad los productos argentinos tienden a las situaciones límite, a la catársis, a tocar temas tabú, a usar palabras gruesas, a sorprender. Es cierto que a veces haría falta algún que otro subtítulo y que la corrección política no es su mayor pasión, pero entre tanto producto previsible, uno agradece que le sorprendan estos personajes, aunque a menudo sean  “conchudos”, “boludos”, “pelotudos”, “forros” o “chetas”  y traten siempre de “romperte las pelotas” con sus series del “orto”.



lunes, 1 de junio de 2020

LA MUSICA ES INVISIBLE

La Venta de Borja
La música no descansa nunca. Ni siquiera en situaciones como la del confinamiento que hemos vivido. Desde los balcones han seguido sonando todo tipo de himnos y versiones y no son pocos los que han usado el streaming para presentar conciertos desde casa o dentro de iniciativas en recintos sin público. Además las plataformas digitales, la radio y la televisión. nos han ofrecido la oportunidad de consumir música en diversos formatos. La música está tan presente, que alguien podría llegar a pensar que ser músico es algo rentable y que se cuida en este Estado. Pues no. En la inmensa mayoría de los casos ser músico es una aventura ingrata entre nosotros.
No es fácil explicar el panorama actual del sector musical , ya que no es comparable la situación de un músico de jazz a la de un músico en plantilla de una orquesta sinfónica, un cantante de pop o una banda de punk-rock. Eso sí, hay un factor común a la mayoría: la precariedad, consecuencia directa de décadas de políticas culturales poco serias, que no abordan los problemas estructurales del sector .

No todos los músicos están en la misma situación. Los hay profesionales, que viven exclusivamente de la música contratados por una institución, incluso como funcionarios; los hay que trabajan por temporadas, y también los hay que compaginan su trabajos de músico con otras actividades más alimenticias.

No fue hasta finales de marzo cuando el Gobierno incluyó a las artes escénicas, la música y el sector audiovisual en sus medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto de la COVID-19. Las medidas adoptadas no alcanzan a los músicos que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera pueden acreditar las mínimas cotizaciones exigidas en el régimen de artistas para poder acceder a las ayudas ni estar incluidos en los ERTE, porque para ello es una exigencia estar dado de alta en la Seguridad Social.

Los músicos de alta en autónomos eran minoría al declararse la alarma (14,38%). Porque la mayoría lo hacen por la exigencia de las empresas que les contratan, privadas y públicas, para que les emitan una factura. Aunque sea legalmente una relación laboral por cuenta ajena, solo aquellos que tienen un nivel de contratación muy elevado pueden permitirse estar dados de alta como autónomos durante todo el año. El resto solo se dan de alta uno o dos meses al año para emitir las facturas de los trimestres que han trabajado o directamente contratan a una de las empresas que que viven de emitir facturas por el trabajo de los músicos a cambio de un porcentaje.

No se debería permitir que el dinero previsto para paliar una situación social grave de los músicos, se use para perpetuar una situación fraudulenta.

El sentir de los músicos al respecto lo explica muy bien a través de un vídeo publicado en Youtube por José, un músico de orquesta que a sus 39 años lleva ya 27 en el mundo de la música, "desde los doce". Reconoce que ha vivido siempre en un clima de incertidumbre laboral, "tal vez sea culpa nuestra, por no haber sido capaces de movilizarnos", reconoce, "esto nos ha cogido más en pañales que a nadie". Como apunta, son un sector que no suele tener contrato y que no tiene un salario mensual: "Tenemos el régimen de cotización especial de los artistas y sólo se nos da de alta por día trabajado, sin contemplarse tareas que nos llevan largas horas, como los ensayos".

Segín una reciente encuesta , cuatro de cada 10 músicos no tiene derecho a ningún tipo de ayuda. Años de fraude en la contratación pasan a día de hoy una factura demoledora con gravísimas consecuencias para un colectivo al que siempre se ha invisibilizado administrativamente o contratado en fraude de ley. Una profesión excluida socialmente y desprovista de derechos laborales. Lo más sorprendente de todo es que se trata de una actividad económica importante para el tejido económico, que mueve mucho dinero y un cupo importante procede de la administración pública, vía contratos directos, o vía subvenciones.

Uno de cada cuatro músicos, con antigüedad profesional mayor de 10 años, no tiene derecho a ninguna ayuda. ¿Qué profesiones conocemos que no permitan acceder a ninguna ayuda y/o prestación tras más de 10 años de antigüedad trabajando?

Tenemos a músicos contratados como camareros por horas, otros que se ven obligados a alquilar el local donde van a actuar. Entre los que dan clases en academias privadas la encuesta arroja que un 16,60% está con contratos mercantiles para dar clases, contratos por obra y servicio que duran años o fijos discontinuos que se paralizan durante el verano. También están las actuaciones cotizadas en el régimen general, la aun abundante inexistencia de contratos, y un largo etcétera de situaciones irregulares y fraudulentas en las que el único perjudicado es el músico profesional, el eslabón más débil, pero a su vez el más importante en la cadena de valor en la Industria Musical.

La música en vivo, como es de suponer, esta prácticamente en coma. Tan sólo el 18% ha logrado aplazar sus conciertos o derivarlos al streaming, mientras las innumerables pérdidas y cancelaciones de temporadas enteras se han multiplicado en los últimos meses.

Por cierto, respecto al streaming: “Tan sólo un 1,02 % de las actuaciones han sido remuneradas y con alta en la Seguridad Social.” O se regula el “On-Line” desde el principio con las mismas condiciones laborales que el físico y los derechos de Propiedad Intelectual pertinentes, o se convertirá nuevamente en otro tipo de “contenido al peso”, con que comercian las grandes plataformas aprovechándose de la precariedad de un sector en constante crisis desde el año 85. Otras medidas como implantar una “Renta Mínima de Subsistencia” hasta que se pueda reanudar la actividad, crear una “Oficina de Atención al Músico”, la puesta en marcha del Estatuto del Artista que establezca un nuevo marco jurídico… también han sido declaradas de urgencia para la supervivencia de un colectivo que no puede ser de nuevo abandonado a su suerte.

domingo, 31 de mayo de 2020

28 AÑOS SIN IOSU EXPÓSITO


Todo estará viejo y nosotros estaremos muertos. El tiempo pasa inexorable y con la perspectiva de los años esa distancia temporal parece encogerse. Hubo un tiempo en el que Iosu y yo compartimos muchas horas. Su calenturienta cabeza bullía durante días con los temas que le iban obsesionando. Entonces estos acababan en un papel y a menudo me lo traía para que le diera mi impresión. Podían gustarme más o menos, pero nunca me dejaban indiferente.  
Y eso que no pocas veces terminábamos polemizando, que en el  fondo era lo que él necesitaba para reafirmarse  en sus convicciones visionarias. No hay día en que no le recuerde. El grande, obsesivo, jodido, inolvidable Iosu.  
        

miércoles, 27 de mayo de 2020

ENTRE BARES


Mítico Gaueko
Recuerdo los bares de barrio de mi infancia, el cartel de “Prohibido Cantar” tantas veces desafiado con cánticos etílicos , el serrín en el suelo y los cuadros en las paredes con la alineación del Athletic de Ronnie Allen o Urtain en posición de vapulear a quien le pusieran por delante . Recuerdo las máquinas de discos con su mecanismo asombroso y aquellas fotos coloristas de las carátulas: “Tony Ronald: Help”, “Dolores Vargas, La Terremoto: Achilipú” , “ Lone Star: Mi Calle”. A veces los visitaba de la mano de mi padre y otras en alegre tropel infantil, pidiendo un vaso de agua después de una agotadora jornada de juegos. Según el día que tuviera el señor Gervasio, el agua podía venir en vaso o en sifón, que era el instrumento que usaba para “disolvernos”.
Llegaron después bares adolescentes, tontódromos entrañables de miraditas y “manchados” , donde cayeron los primeros cigarros y nos hicimos diestros al futbolín y a los petacos, que se llevaban buena parte de nuestra paga semanal. En aquel cuchitril sonaban a todo trapo el “Highway To Hell” de los AC/DC , “Hurricane” de Bob Dylan y “Roxette” de Doctor Feelgood, aunque la chicas eran más propensas a seleccionar el “Te Amo” de Humberto Tozzi o “Margarita” de Richard Cocciante.           
Tuve también algún periodo, no muy prolongado, en el que practiqué el “poteo”, recorridos  de bar en bar en los que diestros camareros eran capaces de memorizar cinco comandas de siete potes cada una mientras servían otras dos.
Bastante más tiempo pasé en aquellos densos y humeantes “garitos enrrollados” que surgieron como setas a finales de los setenta. En esos antros empezamos a tratar con gente diferente a la de nuestra eterna cuadrilla: militantes de partidos imposibles, politoxicómanos, aspirantes a poetas, marinos sin brújula, modernos recalcitrantes, hippies viejos y músicos, muchos músicos de variados estilos y aspiraciones. En esos templos musicales, que siempre vivían bajo todo tipo de amenazas, es donde se fraguaron bandas como Eskorbuto, Neurosis, Dinamita pa Los Pollos, Hertzainak y tantas otras. La nuestra nació en una cervecería. A medida que se iba vaciando el contenido de la jarra de cerveza, fuimos estableciendo las bases de un proyecto que , como tantos, empezó siendo un simple sueño: “venga, no tiene que ser tan difícil, otros lo hacen ¿por que nosotros no?. Iremos guardando las pagas y los aguinaldos y vamos comprando material. Tú aprendes a tocar la guitarra, tú la bateria y yo aprendo euskera. Vamos a dejar a todo el mundo con la boca abierta...”
Levanto mi copa en honor de todos los buenos bares del mundo. Templos donde “todo el mundo sabe tu nombre” como se decía en la sintonía de “Cheers”, uno de los mejores homenajes audiovisuales que se se hayan realizado sobre los bares.
Bares inmundos, tabernas fantásticas, cafés decadentes, Pubs de pueblo, cafés-teatro, barras de pinchos, bares de conciertos, restaurantes acogedores, cafeterías “de toda la vida”...  Vaya desde aquí mi humilde homenaje a todos los que lo estáis pasando mal en estos días de pesadilla.  Queridos bares. Qué habría sido de mi sin vosotros.      


              

lunes, 18 de mayo de 2020

LA LINEA VISIBLE

La serie “La Línea Invisible” de Mariano Barroso ha vuelto a poner de actualidad la figura de Txabi Etxebarrieta y el momento en el que ETA inició su lista de víctimas. Iñaki Sarasketa, el otro militante que viajaba en el coche con él aquel día lo describió así en una entrevista posterior: "Supongo que el guardia civil se dio cuenta de que la matrícula era falsa. Al menos, sospechó. Nos pidió la documentación y dio la vuelta al coche para comprobar. Txabi me dijo ‘Si lo descubre, lo mato’ . Le contesté: «No hace falta, lo desarmamos y nos vamos»… Salimos del coche. El guardia civil nos daba la espalda. Estaba de cuclillas mirando el motor en la parte de atrás… susurró: ‘esto no coincide...’ Txabi sacó la pistola y le disparó. Cayó boca arriba. Volvió a dispararle tres o cuatro tiros más en el pecho. Había tomado centraminas y quizá eso influyó. En cualquier caso fue un día aciago. Un error. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval. No había ninguna necesidad de que
"La Línea Invisible" pelikularen irudi bat
aquel hombre muriera».
Horas más tarde la Guardia Civil acabó con la vida de Txabi y en aquel momento nació un nuevo mito. El cantante Imanol, en los inicios de su carrera, le cantaba así: “Lehengo batean/ kalearen erdian/Benta-Handi erdian/Xabier anaia, hil zuten/ Eta nolaz gu, eguneroko patxara merkean/ oso lasai bizi geran/geure izerdia xurgatzen duten/beste jende hoiek/ bihar ere, berriro ere/beste bat hilko dute” (Recientemente, en plena calle, en medio del mercado, han matado al hermano Xabier. Y nosotros, como vivimos muy tranquilos en nuestra barata comodidad cotidiana, mañana, de nuevo, matarán a otro).

A juzgar por lo visto y leído en las redes, no son pocos los que han conocido este capítulo de nuestra historia reciente gracias a la serie. Las narraciones promocionales subrayan a menudo ese supuesto traspaso de una “linea invisible” que marcó fatalmente el devenir de ETA y por extensión, el de toda la sociedad vasca. Pero ¿fue aquel hecho en sí tan decisivo? Recuerdo la clases de historia de mi bachillerato. Entonces también nombres propios y gestas concretas explicaban los grandes acontecimientos históricos: Julio Cesar, Napoleón, Atila, Los Reyes Católicos, Carlo Magno... Despues en la universidad, mis marxistas profesores de historia tacharon de un brochazo todo aquello. Lo importante eran asuntos mucho menos divertidos: las amortizaciones, los interciclos recesivos, las luchas de clases, los intereses de una u otra oligaquia...

Los historiadores tratan de hacer relatos objetivos manejando ese tipo de variables. La ficción en cambio, tiene otras necesidades: tiene que lograr audiencia, ser aceptada por espectadores de diversos perfiles y recurrir a historias con el mayor morbo posible. Por eso puede dibujar a un comisario Manzanas alardeando de vasquismo, exagerar el papel de la mujer en la ETA de los sesenta o usar unos diálogos con giros y términos sospechosamente actuales. Por poder puede incluso plantear que la familia Etxebarrieta estaba bajo el influjo de una maldición.

La ficción, como aquella historia de nuestro bachillerato, ha de ser comprensible y entretenida . De esta forma nos permite fabular que los individuos somos decisivos, por encima de intereses económicos, egoísmos colectivos, rebeliones de masas, pandemias... en definitiva, por encima del contexto histórico.
“El nazismo habría existido sin Hitler” solía repetir mi profesor de historia en la facultad. De la misma forma la revolución soviética se habría dado sin Lenin y ETA también, seguramente, sin Txabi Etxebarrieta. Tendrán que pasar años todavía para que los historiadores puedan investigar sin la presión de un drama tan reciente. De momento nos conformaremos con la ficción, que puede ser muy entretenida pero es eso exactamente: ficción. La línea, en este caso, es nítida.

martes, 12 de mayo de 2020

DAVE GREENFIELD: ADIOS A UN TECLISTA

STRANGLERS
Además de todos los demás desastres conocidos el CVID-19 ha supuesto tambien la muerte para un buen número de músicos: Manu Dibango, Adam Schlesinger, Christophe, Enrique Vargas 'El Príncipe Gitano', Wallace Roney, Joe Diffie, Dave Greenfield... Entre nosotros tambien hemos lamentado la pérdida de Panko Rio, fundador de Radical Hardcore, una de las bandas más rabiosas que ha dado el rock vasco.
El que más horas de mi vida ocupó de esta lista es , posiblemente, el teclista de los Stranglers Dave Greenfield.
En aquel explosivo panorama de 1977, proclamado como el “año cero”, muchos de los esquemas que parecían inamovibles en el mundo de la música se fueron al carajo. El publicó se aburrió de los discos triples conceptuales, del rock progresivo, de las “operas rock”. Las estrellas de los setenta, a diferencia de lo que ocurría en la década anterior, se habían convertido en entes lejanos, inalcanzables, a menudo pretenciosos. La tendencia general apostaba por las bandas mastodónticas que soñaban con situar al rock a la altura de la música clásica. Hubo trabajos extraordinarios y nombres que pasaron a la historia, sin duda, pero las nuevas generaciones empezaron a demandar una música más cercana, más vitalista, más divertida. Los singles olvidados de los sesenta invitaban al baile y al disfrute del amor mientras que el rock sinfónico aburría con “las seis esposas de Enrique VIII” y rollos similares . Había un clamor por volver a vivir el ambiente de lugares como la legendaria “The Cavern” donde los Beatles mataban de risa a un personal entusiasta. Era inevitable, tenía que pasar, de pronto surgió el “punk”.
Aquellos grupos de la primera oleada “Sex Pistols”, “Television”, “Dammned”, “The Clash”, “Blondie”, “Stranglers”, “Ramones”, no tenían unos vínculos musicales muy definidos. Eran , eso sí, sencillos, accesibles, carne de pub o discoteca y sus temas raramente llegaban a los cuatro minutos y solían tener letras lo mas divertidas y epatantes que fuera posible. En este afán simplificador, los teclados fueron descartados de entrada en casi todas las bandas.
Dejando a un lado casos puntuales como el de Doors o Deep Purple, es raro que los teclistas adquieran demasiado protagonismo en el rock. Es habitual que bandas que usan teclados a menudo, como los Rolling Stones, jamás los saquen en la foto. Stranglers, sin embargo, hicieron de sus teclados un elemento distintivo, la huella de Dave Greenfield es patente en sus canciones y lo fue mucho más a medida que su estilo derivó hacia ambientes más sofisticados durante los ochenta con temas como “Golden Brown” o “Midnight Summer Dream”.
En aquella fiesta que estalló en el 77 especialmente en Londres y New York, las bandas trataban de trascender el mero campo musical y abonarse al escándalo. Los Sex Pistols, con su maquiavélico manager Malcon McLaren al frente marcaron un camino que todos trataron de seguir con mayor o menos fortuna. No era fácil, los Pistols molestaron a una institución como la monarquía y arruinaron la carrera del periodista-estrella en las noches de la BBC, Bill Grundy. El listón estaba muy alto. En aquella carrera loca los Stranglers también tuvieron sus momentos de anti-gloria en los tabloides británicos. Un concierto fue suspendido en el mítico Rainbow cuando la seguridad obligó a la organización a cortar la luz porque Hugh Cornwell, cantante y guitarra lucía una camiseta en la que símbolo de la Ford había sido sustituido por el de “fuck”. En otro concierto, esta vez al aire libre, contrataron strippers para bailar durante su tórrido tema “Nice & Sleazy” , en el BatterseaPark. Las caras de estupefacción y el anárquico bailoteo erótico-festivo de las muchachas todavía puede encontrarse en la red, a pesar de las constantes censuras.
Realmente no, no podría decirse que lo de Stranglers sea precisamente un fracaso. Llevan funcionando desde mediados de los setenta y en sus giras saben que pueden llenar tantas salas de mediano tamaño como deseen. Sin embargo decenas de años y decenas de discos no han contribuido a aumentar su leyenda. Aunque musicalmente no han estado por debajo de Ramones o Sex Pistols, estas bandas lograron hacerse legendarias con carreras cortas y muy bulliciosas mientras que a Stranglers les pasa como a ciertas series; aunque empiezan gustándote , a base de añadir más y más temporadas acaban dando la sensación de estar infladas y lo que podría haber sido inolvidable acaba resultando repetitivo. Nadie hará, seguramente , un biopic sobre Stranglers. Pero nadie tampoco podrá impedirnos que disfrutemos de aquellos discos oscuros de la era dorada: “Rattus Norvergicus”, “Black & White” , “No More Heroes”...
Descanse en paz Mr. Greenfield. Ha sido un placer.

martes, 5 de mayo de 2020

MISTER LEMMY



Antes de morir Lemmy Kilmmister  tuvo el detalle de publicar su biografía. Lo hizo con la ayuda de la periodista Janiss Garza y a ambos tengo que agradecer los muy buenos ratos pasados durante este eterno confinamiento. El que fuera líder de los Motorhead vivió en primera persona momentos clave de la historia del rock. Pocos testimonios podrían compararse al suyo. Probó suerte en numerosas bandas en el Londres de los años sesenta, viviendo en carne propia toda aquella explosión de la psicodelia. En Liverpool fue asiduo a The Cavern, cuando  Los Beatles daban sus primeros pasos. “ Los Beatles eran unos tipos duros, los niños pijos eran los Rolling, estudiantes universitarios de los suburbios de Londres… vale, fueron a pasar hambre a la gran ciudad, pero lo hicieron de forma voluntaria, para revestirse de un aura canallesca”.  Fue también “pipas” de Jimi Hendrix y en los setenta alcanzó la fama como bajista de Hawkwind , una banda a medio camino entre la psicodelia y el rock progresivo.                                                                                                                       A finales de los setenta monta Motorhead, un power trio (en su formación más reconocida) que consigue el raro milagro de conquistar por igual al público del punk y del Heavy Metal.  Ace Of Spaces , su disco de 1980 supuso toda una revolución dentro del mundo del rock. Bandas posteriores como Metallica han reconocido siempre la influencia que Lemmy  y los suyos tuvieron en su formación.                                                                                                                      Leer a Lemmy  supone reconciliarte con ese espíritu ya un tanto decadente que siempre definió al Rock& Roll, una expresión que tiene que ver con la alegría, con el ruido, con la actitud desafiante ante el poder y ante la vida, con la libertad, en suma “nacer para perder, vivir para ganar” era el lema que lucía con grandes letras en sus directos . La vida de Lemmy tuvo mucho  sexo, mucha  droga y Rock & Roll a raudales. El  habla con  generosidad de sus experiencias en los tres ámbitos: “deberíamos reconocer el sexo como lo que realmente es, algo recreativo y divertido. Follar es lo más divertido que puedes hacer sin reírte”.  Lo hace como te lo haría un buen amigo, sin sermonearte ni ponerse moralista pero advirtiéndote, desde su experiencia, de lo que te puedes encontrar como no estés prevenido; “estando de ácido podías tirarte una tarde entera discutiendo con un árbol. Y lo peor de todo es que al final le dabas la razón”.    Quienes conocieron a este hombre coinciden en describirlo como un tipo cercano  al que gustaba  hablar con sus fans. Hasta poco antes de su muerte era habitual verle jugando a las tragaperras en el Rainbow, el mítico local rockero  que estaba muy cerca de su casa. 
En una entrevista reciente, Alfonso Santiago de Lasttour  reconocía que cada vez era más difícil llevar a la gente a los conciertos de rock tradicional, “la media de edad se sitúa ya en los sesenta años” – decía- las nuevas generaciones ya no ven el rock como una bandera generacional” .  Lemmy lo tenía claro: Desde que cumplí los veinticinco años nada ha cambiado demasiado, excepto que gané en experiencia y astucia y que, con el paso del tiempo ciertas cosas empiezan a afectarte. Pero nunca me he sentido más viejo, simplemente han sido unos veinticinco años muy prolongados”. Y para rematar: “Si piensas que eres demasiado viejo para el rock, es que lo eres”.    


lunes, 27 de abril de 2020

ES LA GUERRA

Es la guerra. Así lo han asegurado una y otra vez en los comunicados oficiales usando frases del tipo “entre todos venceremos” o “ cada uno en su trinchera” . Así lo evidencian las comparecencias  oficiales donde hemos visto más uniformes militares y divisas que batas blancas.  
Pero esta guerra no tiene trincheras ni refugios antiaéreos, ni armamento pesado, ni desfiles militares y el enemigo, para el común de los mortales, es invisible.  El ejército regular se dedica a fumigar aeropuertos y la policía a perseguir sospechosos de pasear barras de pan. Los héroes son ahora los sanitarios y los aplausos de las ocho son una manera de mantener la moral de la tropa. Las sirenas y los cánticos posteriores son los nuevos himnos marciales.
Como en toda guerra ordinaria, el departamento de propaganda es fundamental. Su labor consiste en inyectar moral a las tropas, ridiculizar al enemigo y evitar disidencias, quizá por eso le salió tan espontánea al general Santiago su polémica frase: “minimizar el clima contrario a la gestión del Gobierno” , son esas cosas a nadie extrañarían  si se tratara de una guerra al uso. Pero ahora (dejando a un lado teorías conspiranoicas) no nos ataca ningún país. Es como si nos atacaran los extraterrestres, es una especie de guerra contra la humanidad y como decía el expresidente uruguayo José Mujica “lo que ahora nos jugamos en nuestro futuro como especie”.
Me encuentro con un amigo en la cola del pan, que da la vuelta a la manzana. Yo voy con mascarilla y él lleva una de esas protecciones acristaladas que le dan cierto aspecto futurista. Hace poco más de un mes celebrábamos juntos en el bar la clasificación del Athletic para la final. Es inevitable, vernos con esas pintas nos hace sentir gilipollas, como si fuera absurdo lo que hacemos.  “Lo que hacen algunos para evitar la final vasca” (juas, juas, juas).   
El enemigo tiene diferentes versiones, según el informativo del que se trate. Unas veces es una bola como de gomaespuma, de color rosa-chicle, con unos tentáculos muy largos. Otras aparece como una esfera grisácea  con matas aisladas de peluche granate. La versión más fea nos lo pinta en blanco sobre negro, moviéndose en grupo y con unas extremidades de aspecto vagamente arácnido. ¿Por qué el bicho tiene un color y un aspecto diferente según el informativo del que se trate? Otro misterio más.
Lo cierto es que esas bolas trompeteras no nos atacan desde el espacio exterior. Pueden estar en el cepillo de dientes, en la ropa , en la comida, en el libro que estás leyendo. Las únicas armas eficaces en esta guerra son las medidas para evitar contagios y la investigación científica, asuntos  poco vistosos, poco rentables electoralmente.  “Reconstrucción es la palabra que debe unirnos a todos” decía pomposo Pedro Sánchez el sábado. El lenguaje bélico una vez más. Pero ¿De verdad podemos hablar ya en términos de posguerra? .    
            

lunes, 20 de abril de 2020

LO QUE VIENE


A falta de otros alicientes, estos días de confinamiento vienen bien para ponernos al día en lecturas pendientes. Esos libros que se impacientaban en las estanterías van teniendo por fin su oportunidad. La biografía del gran bajista y líder de Motorhead, Lemmy Kilmister y el impresionante “El Colgajo” del francés Philippe Lancón han acompañado gratamente varias de estas largas horas. Aunque se trata de dos libros excelentes en claves muy diferentes, lo cierto es que también me ha ocurrido con ellos lo que me ocurre con muchos otros temas en estos días. Siendo libros recientes, parecen, sin embargo, escritos en épocas lejanas. Las aglomeraciones de masas entusiastas en festivales musicales que tan bien describe Lemmy no parece que vayan a repetirse próximamente. En cuanto al Estado Islámico y sus atentados terroristas en occidente como el de Charlie Hebdo, que vivió en primera persona Lancón, también parecen sucesos que han perdido cualquier atisbo de actualidad, aunque seguramente, solo sea un espejismo. Hace poco más de un mes solo algunas mujeres musulmanas llevaban el rostro tapado por la calle. Ahora somos muchos los que lo hacemos. Hace algunas semanas la final de copa entre el Athletic y la Real Sociedad animaba las charlas y los planes de numerosos aficionados al fútbol. Ahora la información deportiva es una lista triste y lacónica de eventos suspendidos que nadie sabe muy bien si llegarán siquiera a celebrarse. En la primera semana de marzo muchas de nuestras conversaciones giraban en torno a los planes de Semana Santa o a los fantásticos conciertos que se avecinaban. Ahora se duda seriamente de que haya fiestas en verano. Las certezas, si alguna vez las hubo, van desapareciendo de día en día en esta crisis que vivimos. Las noticias en torno a una posible vacuna no invitan al optimismo y en cambio van cobrando fuerza las hipótesis sobre un futuro escenario en el que nada sea ya como antes. La pregunta que ahora se repite en artículos, entrevistas y debates es ¿aprenderemos algo de esto? No faltan las respuestas bienintencionadas como la de Ricardo Darin a Jordi Evole: “Esto puede llegar a servir para ponerse en lugar de los demás, para entender quiénes somos, qué queremos, qué cosas queremos cambiar”. 

En estos días son muchas las voces que hablan en parecidos términos pero nunca se llega a concretar demasiado. ¿A qué se refieren los que hablan de aprender? ¿A que no se vuelva a recortar en sanidad? ¿Qué los gobiernos del mundo comprendan que es imprescindible unir esfuerzos en pro de la supervivencia del género humano? ¿ Que repoblemos las zonas abandonadas y abandonemos las ciudades superpobladas? (según Eduard Snowden factor clave en la rápida transmisión) ¿Qué no comamos carne de según qué animales?. No faltan voces, como la del investigador mallorquín experto en pandemias Joan March que relacionan directamente e virus con la deforestación y el cambio climático que “provocan cambios en la biología de los animales”. Pero tampoco en esto parece que hay acuerdo general entre los científicos. Sabemos lo que era nuestra vida hace un mes. Pero no tenemos ni idea de cómo será el mes que viene. La pinta no es buena. En una ventana, frente a mi casa, el hijo de mis vecinos a dibujado un arco iris. Por encima puede leerse: “Todo va a salir bien bien” . A ver.
 

lunes, 13 de abril de 2020

MEMELOGÍA

Entre las muchas revelaciones que nos está trayendo esta extraña situación que nos ha tocado vivir, está el papel protagonista que han alcanzado los mensajes de whatsapp en las vidas de muchos de nosotros.
Desde luego podrían hacerse unos cuantos estudios sobre el comportamiento social durante la pandemia, basándose en el tipo de mensajes que se envían.
Hablando de mi experiencia puedo constatar varios hechos:
1- El nivel de humor y cachondeo ha ido decreciendo día tras día a medida que se alargaba el confinamiento. Es de justicia decir que, en su mejor momento, ha habido memes muy buenos. Recuerdo con especial agrado aquel que decía: “Mexico exige a los Estados Unidos que terminen el muro rápidamente” o la portada de la supuesta revista “Policia de Balcón” con contenidos como “Fiscaliza el aplauso de tus vecinos” (saca al confidente de la Stasi que llevas dentro) o “Descubre tu lado totalitario”(abraza el stalinismo en dos semanas).
2- El nivel de cabreo contra los políticos y de propuestas para amargarles la vida aumentado de forma exponencial.
3- Los memes se han convertido ahora en la perfecta plasmación de ese “minuto de gloria” que previó  Andy Warhol para todos; abundan las piezas de humor casero y los, músicos que componen himnos buenistas para que se viralicen. A veces lo hago, otras se me olvida.
4- El cansancio ha hecho mella hasta en los más memeadictos y su número ha ido descendiendo paulatinamente, desde que empezamos a barruntar que esto no va a quedarse en “unos cuantos días en casa”.   
Diría también que los perfiles habituales de mis proveedores se han agudizado en estos días. El aficionado a las cadenas sentimentales trata de batir el record del mundo de corazones reenviados. El amigo alternativo no pierde ocasión de invitarme a todas las campañas que imaginarse pueda y los habituales creyentes de especulaciones conspiranoicas están ahora desatados; por mucho que les responda con la demostración de que es un bulo, no importa, ellos siguen empeñados en demostrar que esto es una estrategia china para matarnos a todos o que los cervatillos saltan alegres por las playas de Urdaibai.  
 Las última tendencias, al menos en mi móvil, son los videos con zumbados o con supuestos expertos, no siempre es fácil distinguirlos. 
La multiplicación exponencial de mensajes ha traído otro problema añadido. Uno suele controlar bien qué tipo de mensajes manda y a quién se los manda.  La intensidad del flujo en estos días nos trae un peligro evidente: mandar el chiste guarrete por error al grupo de padres de la ikastola o el acta de tu reunión sindical a tu jefe. He sido testigo de algunas metedura de pata antológica en estos días.
El smartphone se ha convertido en un aliado imprescindible. Usamos el teléfono para saber como están la familia y los amigos. Volvemos a las videollamadas (cuidado con las pintas) y al Skipe, un tanto abandonados tras el entusiasmo inicial.  Todos esos flujos que ahora se prohíben los hemos convertido en flujos de noticias, de chistes, de bobadas y hasta de intercambios culturales. Y mientras tanto, el Gran Hermano nos geolocaliza y nos usa para saber todos nuestros movimientos. “Es por nuestro bien” dicen ellos “No tengo nada que ocultar” decimos nosotros.
Bienvenidos a la era de las bocas tapadas.          
       
      
     

  

lunes, 6 de abril de 2020

"EL HOYO"

Zorion Egileor en "El Hoyo"


Como si de una premonición se tratara, las dos últimas películas vascas que han obtenido un éxito internacional tienen que ver con agujeros.
2019 fue el año de “La Trinchera Infinita”, que continua en plena vigencia con su reciente estreno en Netflix. La película, dirigida a tres manos por Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga nos relata la penosa vida de un prófugo escondido en su propia casa tras la guerra civil. Un encierro voluntario que se alargará durante todo el franquismo.
Es en Netflix, precisamente, donde se ha situado en lo más alto “The Platform”, más conocida entre nosotros como “El Hoyo”. La película es el primer largometraje del bilbaíno Galder Gaztelu-Urrutia. Ya en septiembre tuvo el mérito de ganar el festival de Sitges. También fue galardonada con el Premio del Público de la sección Midnight Madness del Festival Internacional de Toronto. Ahí fue cuando Netflix decidió hacerse con los derechos de distribución.
Lo que prometía ser un éxito de “grandes minorías” ha terminado convirtiéndose en todo un fenómeno mundial. Según las listas de la plataforma ahora mismo es la película más vista en varios países, incluido Estados Unidos. Si hacemos caso de las valoraciones de medios como el “New York Times” o “Vulture” el ambiente apocalíptico y los confinamientos derivados del Covid-19 han contribuido de forma decisiva en este éxito.
Pero, dejando a un lado el contexto favorable que ha tenido, la película no habría obtenido tanta repercusión si no se tratara de un trabajo excelente. Desde la dirección hasta las interpretaciones, estamos ante un trabajo que no muestra las carencias normales en una “opera prima”.
“The Platform” no es, ni en el fondo ni en la forma, una película para estómagos delicados. Mientras su estética sangrienta y desagradable se acerca por momentos a la del cine “gore”, su mensaje, al menos durante la mayor parte del metraje, es bastante descorazonador. Como decía recientemente Pedro Rivero, uno de los guionistas: “lo que se plantea es qué clase de persona puedes llegar a ser en una situación límite, en la que escasean los alimentos y puedes llegar a comportarte de forma lesiva para los demás”.
Al igual que ocurre en las guerras, las pandemias también hacen aflorar lo peor y lo mejor del ser humano. Estamos viendo muestras de apoyo y solidaridad pero también autobuses con enfermos apedreados y ancianos abandonados a su suerte en ciertas residencias. “En esa plataforma repleta de comida que acaparan los privilegiados, también se pueden poner mascarillas o papel higiénico” decía el director de la película. Posiblemente nos queda mucho por ver.
Una de las interpretaciones mas extendidas en la red, donde la película es objeto de innumerables debates, es la de que el filme es una “crítica despiadada al capitalismo”. Rivero no lo niega pero matiza: “también se evidencia que aquellos que están abajo, se comportan igual que los de arriba cuando tienen la oportunidad”.
De todas formas creo que , en medio de este ambiente desolador, viene bien poder celebrar una buena noticia que tiene también una lectura positiva: el trabajo callado y a menudo ingrato de los que se dedican al cine lejos de los grandes presupuestos, tiene a veces un premio merecido que viene a compensar tantos esfuerzos y tantas penurias. Vaya desde aquí mi aplauso para el equipo de “The Platform”. Que este segundo “agujero” de nuestro cine reciente sirva para que entre por él la luz. Mucha luz.


martes, 31 de marzo de 2020

TODO HA PASADO DE MODA

Hace años, cuando apareció la primera televisión de pago, sopesaba yo con un amigo sobre si merecía la pena abonarse. Al fin y al cabo la mayor parte de la oferta consistía en películas y la programación ordinaria de las televisiones en abierto y tenía películas de sobra. Mi amigo, muy moderno el, argumentó algo que se me quedó grabado: “quiero ver en casa a gente que lleve los cuellos de las camisas como yo y no pasados de moda”.
En estos extraños días que estamos viviendo, vivo a menudo esa sensación de ver cosas “pasadas de moda” y no me refiero a aquellas que lo están por ser de hace unas décadas, sino a otras que constituían, hace nada , nuestra realidad cotidiana.
Todo lo que tiene que ver con el fútbol, la liga, la Champions y esa final de copa que tantas conversaciones y bromas producía, son ahora como de un universo paralelo. De pronto Messi, Muniain, Iñaki Williams, Yuri Berchiche parecen personajes casi de otra época. Veo series y películas recientes en alguna plataforma y me ocurre como cuando veía películas (muchas, por cierto) en las que aparecían las torres gemelas. Son de otra galaxia. ¿Que hace toda esa gente andando tranquilamente por la calle sin una barra de pan o un perro que lo justifique? ¿por qué se juntan tanto esos protagonistas e incluso –dios mio- se dan un beso en los morros?
Llevamos varios días en los que no he leído ni una sola vez el apellido Puigdemont. Me lo imagino perplejo en su actual morada. Pocos días después de sentirse estrella del rock en Perpignan ante una masa que ahora se nos antoja demasiado abundante y prieta, ya nadie habla de él. Y algo similar ocurrre con Greta Thumberg. Parece que el calentamiento global no merece ya ni una sola línea.       
Después tantos días de reclusión , ayer recibí un meme que no tenía nada que ver con la pandemia.  Me pareció un auténtico anacronismo. Era un buen chiste, hace solo un mes me habría hecho gracia, lo habría compartido incluso con otros amigos pero ayer...¿que pintaba ese chiste vetusto en mi móvil?  
Personalmente vivo en una paradoja constante. Me cansa y me agobia estar recibiendo constantemente noticias sobre el mismo tema , pero por otro lado, me cuesta evadirme con asuntos que no tengan nada que ver.
Ayer estuve hablando con unos amigos mexicanos. Resulta curioso lo sencillo que es ahora hacer una “videollamada” y las pocas veces que las hacemos. Hace tan solo un mes nuestras vidas podrían tener aspectos comunes –la edad , la convivencia, el trabajo- pero es que ahora nuestra principal preocupación es exactamente la misma: el bicho y sus presumibles consecuencias en nuestras vidas. Ellos viven en el otro extremo del mundo y , si embargo,  nuestra conversación fue similar a la que podría tener con mis vecinos. Cada vez cuesta más creer que todo volverá a ser igual que antes alguna vez. De pronto todo aquello, ha pasado de golpe de moda. Otras modas llegarán. No estoy muy seguro de cuánto me apetece conocerlas.

      

martes, 24 de marzo de 2020

COMO EN UN EXPERIMENTO




En 1963, el psicólogo estadounidense Stanley Milgran realizó un experimento en la Universidad de Yale, en el cual se intentaba descubrir hasta que punto un hombre puede ejecutar órdenes dadas por sus superiores. Los participantes en el proyecto debían presionar un botón que daba descargas eléctricas a otro individuo cuando las respuestas que daba no eran correctas. Dichas descargas incrementaban de potencia a medida que el número de respuestas erróneas aumentaba. ¿El resultado? Escalofriante: entre un 61% y 66% de los sujetos puestos a prueba obedecieron las instrucciones del jefe hasta el final. Aunque los sujetos se retorcían de dolor ante sus ojos, ellos no se sentían responsables. Hay que aclarar que los individuos que recibían las descargas eran sólo actores que gritaban imitando el dolor. El experimento se inspiraba en los juicios de Nuremberg; en ellos, los encargados de practicar los horrores del holocausto alegaban siempre “obediencia debida”.


El doctor en Biologia por la UPV Eduardo Angulo, nos suele deleitar a menudo en la radio con experimentos de este tipo. Investigaciones que ponen a prueba el comportamiento humano, que a veces desmienten y otras confirman nuestra supuesta bondad, generosidad o altura de miras. También los hay que intentan distinguir comportamientos en función de la edad, el género, el país de origen o la clase social.
A veces los experimentos sociológicos se organizan sin querer. Los grandes festivales de la era hippie como Woodstock o La Isla de Wight, ofrecieron todo un muestreo para estudiar qué pasa si juntamos a miles de jóvenes en un recinto abierto y repartes todo tipo de drogas durante varios días. Si algo así se hubiera tratado de organizar con voluntarios, habría sido criticado por su falta de ética y prohibido sin contemplaciones.
Lo que estamos viviendo en estos días será, sin duda, objeto también de múltiples estudios sociológicos. El planteamiento sería algo como esto: ¿Que ocurriría si encerramos durante un periodo prolongado a la población de un país en sus casas y solo la permitimos salir de forma muy restringida? ¿Que ocurriría si cerrásemos todo los bares y restaurantes? ¿Que ocurriría si, de pronto, dejamos a todo el mundo sin espectáculos culturales y sin competiciones deportivas?. El experimento incluye un factor decisivo: no sería una decisión coercitiva forzada por un poder totalitario. Sería producida para proteger a la población de una amenaza real para su salud. En el poco tiempo que llevamos ya hay algunos comportamientos dignos de estudio: el acopio de papel higiénico, el éxito de las convocatorias para homenajear a los sanitarios; la necesidad compulsiva de hacer chistes y memes sobre el asunto; el olvido casi absoluto de los temas que hasta hace nada llenaban las portadas de la prensa... Nadie sabe qué consecuencias traerá todo esto, pero todos intuimos que recuperar la “normalidad” no será fácil. Parece que la maldición china “líbrate de vivir tiempos interesantes” se hace realidad. Tan “interesantes” como temibles estos tiempos que de pronto vivimos.

lunes, 16 de marzo de 2020

ALTA FIDELIDAD

Nick Hornby


Tenía yo 36 años cuando cayó en mis manos “HighFidelity”. Lo recuerdo con exactitud porque el protagonista del libro cumple esa misma edad en un momento de la historia.
Nick Horby era exactamente el tipo de escritor que yo estaba necesitando. Alguien interesado en las relaciones entre las personas y muy especialmente en el siempre complicado mundo de la relación de pareja. Hornby además se mostraba su pasión por temas que también han ocupado muchas horas de mi vida: el futbol y la música. Si a ello añadimos una ternura nada babosa que lo impregna todo y un sentido del humor muy británico, el coktail –al menos para mí- resultaba irresistible.
Me temí lo peor cuando lei que High Fidelity iba a ser llevado al cine por Stephen Frears con John Cusack de protagonista. Lo que se desarrollaba inicialmente en Londres fue llevado a Chicago y al protagonista, de paso, le quitaron unos cuantos años de encima.
Pero la esencia sí se respetó. Los fans del libro pudimos reconocer a ese hombre desolado llamado Rob, al que la novia le dejaba por un vecino hippie y entraba en un periodo de revisión de su vida que le llevaba a citarse con todas sus ex.
Lo cierto es que la adaptación funcionó bastante bien, y el propio escritor le dio su bendición. Pude saberlo de primera mano cuando el propio Hornby me lo comentó durante una relajada comida en el marco del festival “Ja” de Bilbao, en una edición dedicada al underground, en la que tuve la suerte de coincidir con él (bueno, la suerte y el pressing sobre Juan Bas para que nos pusiera juntos durante la comida) . Recuerdo la crítica de una amiga cuando le pasé el libro. “Está muy bien para saber como funciona el enfermizo cerebro masculino”.
Ahora “High Fidelity” ha sido estrenado como serie en Filmaffinity, pero con un cambio radical; la protagonista es ahora mujer y negra y los revisados son –logicamente- ellos; sus “ex” masculinos. A raíz de este estreno he podido leer recientemente un artículo titulado “Alta fidelidad, 25 años después: contra la farsa misógina del melómano sensible” firmado por Carmen López. Según esta autora, desde el punto de vista de género la historia ha envejecido bastante mal y la única diversidad real casi se reduce a la banda sonora. Tampoco la nueva adaptación resulta de su agrado. Según su opinión: “cambiar el género del protagonista no ha aportado nada nuevo y ni siquiera tiene demasiado sentido. ¿Por qué se comporta exactamente igual que un hombre cuando es una mujer? No significa –añade- que ella no pueda ser egoísta, autocomplaciente, inmadura o mala persona, pero podría serlo a su propia manera y vivir su propia historia”. Efectivamente, el protagonista original podría –según quien lo juzgue- ser tachado, entre otras cosas de “autocomplaciente, inmaduro y mala persona” lo cual, creo yo, no es precisamente plantear una exaltación del comportamiento del principal personaje masculino. Y por otro lado ¿de verdad son esos defectos “intrínsecamente” masculinos? Estamos una vez más ante las preguntas eternas: ¿Debe tener la ficción siempre una misión ejemplarizante? ¿Describir y desarrollar comportamientos ilegales o poco ejemplares supone estar haciendo promoción de los mismos? Poner negro sobre blanco o en una pantalla, por ejempo,  a mujeres maltratadas –como en la serie de El Padrino- ¿es promocionar o devaluar el maltrato? ¿Es justificarlo? Tales supuestos ¿no suponen tratar al personal como menores de edad?
No se pierdan el próximo episodio.

lunes, 9 de marzo de 2020

CAFE CON ODIO

Maldita sea. ¡No puede ser!. Ese tipo se ha llevado mi periódico. No hace ni cinco minutos que han abierto esta,  mi cafetería de todos los días . Llevo años con el mismo ritual. Aquí tomo todos los días mi café con leche con un croissant a esta misma hora y echo una ojeada al periódico. Exactamente lo mismo que está haciendo ese tipo en mis propias narices. Su fea cara me suena. Seguro que conocía mi rutina y se ha adelantado a propósito. Ahí lo tienes. Desde aquí  puedo entrever qué parte del periódico está leyendo. Está degustando con deleite las páginas deportivas. Mastica despacio su puto pincho de tortilla mientras su mirada parece absorta en lo que lee. Se diría que está en pleno éxtasis. Ni siquiera ha reparado en mi presencia el muy cabrón. Joder, le odio con toda mi alma. Si, ya lo sé. Podría coger otro periódico distinto y conformarme con mi suerte. O, por un día, podría dedicarme a contemplar a la gente o a las moscas.
Ahora que recuerdo, sí, a ese tipo ya lo he visto por aquí antes, con su fea gorra de cuadros y su careto enrojecido y sin afeitar. Creo que ayer mismo le gané por la mano y se tuvo que conformar con un suplemento dominical que quedaba suelto por ahí. Claro. Hoy se ha jurado a sí mismo que llegaría antes que yo. Buitre. Pero qué digo. Yo también podría levantarme ahora mismo, acercarme hasta el kiosco y comprarme uno, claro. Pero no. No le voy a regalar una victoria tan fácilmente a ese usurpador. Mi rutina es mi rutina y no me la cambia nadie. Mira como sonríe el muy idiota. Se le ha quedado un sonrisa boba con lo que lee. Lo mato. Te juro que lo mato.
No tengo todo el día. Está claro que ese tiparraco está dispuesto a eternizarse aquí con un miserable café y un pinchito. No voy a  permitir que me amargue la mañana. Voy a aprovechar para leer mis guachaps. Veamos: “meme” sobre el coronavirus, video sobre el coronavirus, un tipo con bata blanca que tranquiliza sobre el coronavirus –y que ya me han enviado siete veces - ¿que dice este? “Confirmado primer caso de coronavirus en Balmaseda” veamos... mierda, el “negro del guachap” y su enorme atributo otra vez, ¿terminara alguna vez esta pesadilla? Voy a empezar a borrar “amigos” , esta invasión es casi peor que propia enfermedad. ¿Pero que hace ese tío? Esta charlando tranquilamente con esa señora mientras el periódico sigue ahí, abierto de par en par sobre la mesa sin nadie que lo lea. Noto que mis pulsaciones se aceleran, maldita sea. Voy a levantarme y se lo voy a quitar. Es más, voy a chocar “accidentalmente” con su mesa y le voy a tirar el café. Ahora entiendo aquel letrero en ese viejo bar de Pozas: “El que coja el periódico más de media hora deberá leer las noticias en alto a partir de ese momento”, siempre pensé que era de mal gusto...ahora lo aplaudo.  Este desgraciado lleva más de media hora. Ya se ha ido la señora. Voy a mirar fijamente en su dirección, A ver si se da por aludido. Ahora se ha quedado pensativo. Es mi momento. Allá voy.
_Perdona... ¿Te importa que coja el periódico?
_ Pues sí, la verdad.  Es mío. El del bar lo tiene aquella señora...
_ Uh...lo siento. (Mierda)       

                    

martes, 3 de marzo de 2020

MAQUINAS COMO NOSOTROS

Alan Turing con 16 años


Se dice a menudo que los avances en inteligencia artificial nos van a seguir sorprendiendo sin parar en los próximos años. Se dice que sus aplicaciones para la medicina, para el transporte, para la comunicación e incluso para combatir los efectos del cambio climático serán muy beneficiosos.
En la parte negativa, también dicen cosas, claro, el desarrollo de la inteligencia artificial aumentará el control sobre nuestras vidas, acabará con miles de puestos de trabajo y hará mucho más destructivas y crueles las guerras del futuro.
Se lo escuchaba decir a uno de los cerebros más brillantes en este campo; el algorteño Xabi Uribe-Etxebarria. En 2012, Xabi fundó la empresa “Sherpa A.I”, que actualmente es referente a nivel mundial en Inteligencia Artificial.  Según nos decía, los expertos en la materia datan para 2045 el llamado “punto de singularidad”.
Cito la Wikipedia: La “singularidad tecnológica” es el advenimiento hipotético de inteligencia artificial general (también conocida como «Strong A I.»). Esto supondría que la inteligencia artificial fuera capaz de mejorarse a sí misma.
Partiendo de esta premisa, el escritor Ian McEwan publicaba “Maquinas Como Nosotros” una interesante distopía con la inteligencia artificial como protagonista. El autor nos plantea una década de los setenta en la que AlanTuring sigue vivo. El que inventó la primera máquina precursora de los actuales ordenadores no se ha suicidado y sus investigaciones consiguen crear máquinas imposibles de distinguir, a primera vista de los seres humanos. Estas máquinas están conectadas en red y son más inteligentes que cualquier ser humano. El problema es que éticamente también nos superan , y es aquí donde surge el conflicto con sus creadores.
A diferencia de otras distopías, este trabajo no nos sitúa en el futuro sino en un pasado transformado. El mero hecho de que Turing haya podido seguir con sus investigaciones nos diseña un mundo bastante diferente. Los británicos pierden la guerra de las Malvinas y ni Lennon ni Kennedy son asesinados. Un libro escrito con trazo fino y sembrado de la mejor ironía . Un trabajo de los que generan más preguntas que respuestas. ¿Serán las máquinas capaces de escribir algo así algún día?

miércoles, 26 de febrero de 2020

AMERICAN FACTORY




Siguiendo el consejo de un amigo estuve viendo el documental
“American Factory”,
 primer fruto de la productora avalada por la familia Obama. Este trabajo, premiado con un oscar el año pasado, dura cerca de dos horas y no cuenta con más explicaciones que las que pueden leerse en los rótulos que van apareciendo. No tiene presentador ni expertos dando su opinión. Solo se escucha la voz de los protagonistas.
American Factory nos traslada hasta el estado de Ohio (EEUU), en la pequeña ciudad de Dayton, para retratar la situación precaria en la que viven los trabajadores de una fábrica. Para ello se remontan a un hecho que ocurrió en 2008 cuando la compañía de automóviles General Motors echó el cierre, tras una época de decadencia y despidió a miles de personas.
Esto supuso una gran pérdida para la ciudad, de unos 150.000 habitantes, que vio como cientos de ellos perdían sus empleos. No fue hasta 2015 cuando la empresa china Fuyao Glass America, que se dedica a la fabricación de parabrisas instaló una filial en el mismo lugar donde se encontraba la antigua factoría. Este hecho provocó que se contratara a más de 3.000 personas y que la ciudad recuperara cierta ilusión. No obstante, la empresa china sus propios planes y el choque cultural se hizo evidente. Los trabajadores, pasaron de la felicidad por tener un nuevo empleo a exigir mejoras en la seguridad y en el contrato: Trabajaban 12 horas diarias, con sólo dos días libres al mes y sin unos mínimos de seguridad necesaria. El intento de unos cuantos operarios por introducir la acción sindical en la empresa y trabajar así por unas mejores condiciones, se salda con un referéndum viciado por las amenazas de despido. De esta forma todo lo que tiene que ver con condiciones de trabajo queda en manos de la patronal china. Bajas y enfermedades no son bien vistas: si quieres quedarte en cama , mejor te lo piensas. En una de las últimas escenas, puede verse como el presidente de la fábrica va recorriendo las diversas estancias acompañado de sus colaboradores. Estos le van indicando, en cada sección quienes serán despedidos y sustituidos por máquinas. Un letrero informa al espectador: “Más de 375 millones de personas en todo el mundo buscarán otro empleo totalmente distinto de aquí a 2030 en todo el mundo. El presidente chino de la fábrica hace unas interesante confesiones mientras le trasladan en coche por las calles de una ciudad china: “he construido muchas fábricas en las últimas décadas, ¿he destruido la paz y el medio ambiente? No se si soy un benefactor o un criminal. Pero solo pienso esto cuando estoy triste. El sentido de la vida es trabajar ¿no es así?" Es curioso. De China nos llegaban a la escuela aquellas cabezas-hucha del Domund que había que llenar de monedas “para los chinitos” , según decían las monjas. De China llegaba después el maoismo que nos prometía liberación: “Pan, Trabajo y Libertad” era el lema de la “Joven Guardia Roja”. Se diría que lo que llega de China ahora es, paradójicamente, la versión más perfecta y despiadada del capitalismo: sin sindicatos, sin poder judicial independiente, sin elecciones. Merece la pena este “American Factory”