lunes, 12 de abril de 2021

GIRONA-TOULOUSE-BILBAO

 


Aeropuerto de Girona. Exterior. Finales de Agosto. Las vacaciones se han terminado. Son las 11:20 de la mañana y el autobús de Flixbus que debía llevarme de vuelta a Bilbao a las 9:50, seguía sin aparecer. Llamé por teléfono a la compañía y me tuvieron largo rato escuchando solos de saxo y mensajes grabados hasta que una voz bastante seca se dignó a decirme que “no sabía lo que ocurría” y que “le mandaremos un SMS en cuanto sepamos algo” (todavía lo estoy esperando)                                                                

Unos días antes había hecho el trayecto de ida: Bilbao-Toulouse-Girona. Un viaje largo, pero agradable, con dos horas en Toulouse para dar un paseo y comer. No tenía prisa. La vuelta prometía ser algo similar… pero no. El destino tenía previsto algo peor para mí.                                                                                                                                      

Una mujer francesa que esperaba junto a mí llamó a Flixbus-Francia reclamando información y le dijeron que “Llegará otro a las 12, pero va completo”. La mujer se largó de allí arrastrando sus maletas y jurando en francés. Así que decidí buscar una alternativa. Cogí un bus a Barcelona y por la tarde volví en avión. Era la única manera de llegar en el día, ya que al día siguiente tenía que trabajar. Decidí, en un principio, mandarles una reclamación para que me devolvieran el importe del billete y así lo hice. Pasaban los meses y… ni caso. Cada vez que veía un autobús de Flixbus me daban ganas de arrojarles algo. Así que contacté con Kontsumobide para poner una queja y reclamar una indemnización. Nunca lo había hecho. Llevo toda la vida evitando situaciones problemáticas y aguantando pequeños abusos sin decir ni pio, pero, para una vez que decido viajar en bus y dejar el coche aparcado ¿recibo ese trato? Pues nada, les puse una demanda vía consumo y en unos días me vi en un acto de “arbitraje” telemático. Antes, eso sí, consulté con mi abogada -mi hija Magali- que me dejó claros dos conceptos: Habían atentado contra “mi derecho a ser informado” y me habían causado un “perjuicio económico”.                                                                                                                         En una ventanita de mi ordenador veía al tribunal y en la otra a un alemán con cara de cansancio. Nada más empezar leyeron mi demanda y le dijeron al tipo que me hiciera una “oferta económica”. “Estoy dispuesto a ofrecerle 40 euros” me dice el tipo con aires de generosidad. Le digo que no. A continuación, me ofrece 90… De modo que se trataba de un mero regateo… Yo esperaba otro tipo de argumentaciones, no sé, que el autobús se retrasó, o que yo no estaba en la parada adecuada… pero no. El argumentaba ya me habían devuelto el billete (es cierto, lo hicieron después de que les llegó la demanda, no antes) y que era abusivo lo que yo pedía: 133 euros de un viaje en avión. En resumen: acepte usted nuestras miserias y deje de molestar. Así que me vine arriba (un poco) y les dije que no aceptaría nada por debajo del precio del viaje porque no era una cuestión de dinero sino de dignidad. Estos tipos, al parecer, saben que su clientela es, mayormente, de gente humilde y no se molestan ni en disculparse. Al final, el tribunal me dio la razón.  Ya, ya sé que no es el juicio del siglo, pero no sabes lo a gusto que se queda uno.

viernes, 9 de abril de 2021

TRAMPAS

 


Hacía tiempo que Jordi Evole no nos ofrecía una de esas entrevistas que lo han convertido en periodista de referencia. Fue hermosa y emotiva la de Pau Donés, sin duda, pero me refiero a esos momentos inolvidables en los que la conversación transcendió hasta el punto de ocupar las portadas de la prensa. 

En algunos casos, como ocurrió con la que hizo a Jaume Matas, expresidente de la comunidad balear, el impacto fue tan grande que acabó por poner al entrevistado ante la justicia. Si yo fuera profesor en la facultad de Ciencias de la Información, enseñaría a mis alumnos, sin dudarlo, aquella en la que Jordi consiguió que Santiago Carrillo hablara en público, por primera vez, sobre su actuación en la matanza de Paracuellos de Jarama, durante la guerra de 1936. Aquella conversación empezó con una advertencia muy seria por parte del político: “Como me saques ese tema haré lo mismo que hice a Luis del Olmo en la cadena COPE, me levantaré y me marchare” y terminó con toda una confesión: “Era la guerra y en la guerra para vencer al enemigo hay que matarle”.                                                                                  

Evole y su equipo se han ganado un merecido prestigio destapando corruptelas y malas prácticas de todo tipo. Esto hace que, a veces, quienes se sientan delante del entrevistador lo hagan con afanes de venganza, o de dejar las cosas claras.  Algo de eso, creo, ocurrió el domingo pasado.                                

Eufemiano Fuentes es un, medico cuyo nombre ha quedado manchado por la sospecha. Aunque no existe una condena en firme contra él, su nombre siempre se relaciona con la operación puerto y con prácticas que estaban en el límite de la legalidad. Durante toda la entrevista, que más bien parecía un combate de esgrima, el galeno quiso dejar claro que sabía más, mucho más, de lo que podía contar y que su actuación siempre estuvo avalada por las autoridades deportivas de la época. Eufemiano quería decir sin decir, denunciar sin pillarse los dedos, y eso es muy difícil. Cada poco decía frases del tipo “me has pillado” o “blanco y en botella” haciendo ver que estaba hablando más de la cuenta, pero en realidad lo que hizo en todo momento es poner en marcha el ventilador de la mierda, pretendiendo además que no se viera el dedo que lo activaba. La sombra de la sospecha se extendió así en varios frentes: el medallero español de Barcelona 92, los éxitos de Fermín Cacho, la liga 2002-2003 en la que la Real Sociedad quedó segunda, el Real Madrid… 

Las acusaciones nunca eran claras y probadas, todo eran silencios “que otorgan”, encogimientos de hombros delatadores y denuncias imprecisas, aunque, de momento, el Real Madrid ya ha anunciado que se querellará contra el doctor. Donde sí fue más explícito fue al describir como obtenía sus informaciones en los países del este. Eufemiano viajaba allí, pagado por la Federación, para conocer los trucos para conseguir mayor rendimiento Un sobre con quinientos dólares hacía hablar al galeno más hermético. Una entrevista, en suma, bastante irritante que dejó, sin embargo, algunas conclusiones bastante claras: la necesidad de obtener éxitos ha llevado a ciertos cargos y a muchos deportistas a buscar atajos tramposos y si se supiera toda la verdad, habría que revisar muchos éxitos deportivos. Claro que, puestos a denunciar, tampoco es desdeñable lo que Eufemiano quiso remarcar al final: ¿Por qué nadie denuncia esos diseños de etapa absolutamente inhumanos y demoledores que destrozan al ciclista, en aras del espectáculo?                                

   

lunes, 5 de abril de 2021

CURAS NEGROS


Cada cierto tiempo me encuentro de nuevo con el Dios de mi tierna infancia. Ocurre en esas ceremonias que denominan “Santa Misa” a las que regreso por algún acontecimiento social. Últimamente, por desgracia, casi siempre son funerales. El paso del tiempo no parece afectar a estas ceremonias. Ahí siguen esos rituales repletos de grandes palabras, de fieles que salen al estrado a leer la carta que un santo remoto envió a los filisteos explicándoles en qué consistía la vida eterna. Mensajes tan rotundos como contradictorios donde cabe todo: el amor, la ira de Dios, el desprecio por los mercaderes, la sumisión que santifica…                                                                                                                                                                 Ahí siguen también los monaguillos con cara de aburrimiento, las imágenes sufrientes de santas y mártires vestidos con túnicas y el omnipresente Cristo crucificado, el hijo de Dios que vino al mundo para salvarnos -sin éxito al parecer-, eligió ser macho y blanco y lo hizo en el vientre de una resignada mujer a la que ahorró el engorroso trámite del coito.  Ahí siguen también esos cánticos deprimentes en los que se ruega a Dios que “No esté eternamente enojado” o se le atribuyen las “maravillas” que hizo en nosotros. Allá por los años sesenta, al calor del Concilio Vaticano II, hubo un intento de renovar el repertorio con misas ye-yes y cantos de “Góspel” pero no duró demasiado.                                                                                                                            El entorno, los rituales y la banda sonora de estos actos son tan parecidos a los de muchas décadas atrás que me resulta fácil recuperar en mí a aquel niño que se cobijaba en un Dios que nos había traído al mundo “para ser buenos”. La palabra mágica era “la Fe”. Todas esas preguntas que te hacías en torno a las horas y horas de verborrea religiosa que te hacían tragar curas y monjas, tenían esa respuesta mágica: tienes que creer porque tienes la suerte de tener “Fe”. Punto. En estos rituales funerarios también es habitual escuchar que “los que tenemos fe hoy no estamos tristes, porque sabemos que Fulano está ahora disfrutando de la vida eterna”. Algo que contrasta de forma llamativa con los llantos desconsolados de los allegados.                                                                                                                              No, yo no diría que todo lo que me llegó desde la sobredosis de nacionalcatolicismo que me tocó en suerte fuera pernicioso. En mi vida escolar hubo sacerdotes inteligentes y generosos que se esforzaron en contarnos la biblia de forma amena o más tarde nos hablaron del mensaje social de Jesús o promovieron debates en torno al aborto o el divorcio. El único caso de presuntos abusos sexuales en mi historia escolar lo protagonizó un profesor de gimnasia. No tengo ansias de venganza personal. Hoy en día casi es pura perplejidad.                                                                                                 Pero sí. Observando más atentamente, algunas cosas sí han cambiado en esas misas de ahora. Los dos últimos oficiantes han sido sacerdotes de origen africano. Parece que esta labor se va añadiendo a la lista de oficios que dejamos en manos de los migrantes. También ha desaparecido -supongo que de forma temporal- la engorrosa “mano de la paz”; ahora toca mirar a los vecinos de bancada con la mano en pecho, como si les juraras fidelidad eterna. En varios de esto funerales se ha repetido también un fenómeno bastante lamentable. Muchos de los que acuden prefieren quedarse fuera de la iglesia y sus conversaciones acaban escuchándose en el interior con verdadero estrépito. A ratos incluso, con carcajadas incluidas.  Casualmente me topé ayer con estas palabras de Lev Tolstoi: “Por la vida de una persona es imposible saber si es creyente o no. Si existe alguna diferencia entre los que profesan la ortodoxia y los que no, no es en beneficio de los primeros. La ortodoxia religiosa se encuentra a menudo entre personas estúpidas, crueles e inmorales; la inteligencia, la franqueza y la honradez se suelen hallar entre hombres que se reconocen como no creyentes”.    


miércoles, 24 de marzo de 2021

ALLEN V. FARROW


 “¿Cuál es tu película favorita de Woody Allen? Antes de que respondas, debes saber esto: cuando yo tenía siete años, Woody Allen me tomó de la mano y me llevó a un ático con apariencia de armario en el segundo piso de nuestra casa. Hizo que me acostara boca abajo y jugara con el tren eléctrico de mi hermano. Luego me agredió sexualmente”.                                                                                                                  
  Así comenzaba la carta publicada en 2014 por Dylan Farrow, hija adoptiva de Mia Farrow, poco después de que el cineasta recibiera el globo de oro honorífico por la totalidad de su obra. En aquella gala actrices como Diane Keaton o Enma Stone alabaron las virtudes del director y el tratamiento que su cine había dado a las mujeres.   

En aquellos días toda la polvareda levantada a principios de los noventa, cuando Allen fue acusado por primera vez por su hija adoptiva parecían ya parte de un pasado remoto. La versión del cineasta parecía, en realidad, haber ganado la batalla de los medios: Mia Farrow sería una mujer resentida porque Woody la había abandonado por otra de sus hijas adoptivas, Soon-Yi de 21 años. Las acusaciones eran el producto de una manipulación interesada.                                                                                                       
      Pero tantos años después Dylan volvía a la carga. Ciertamente no existe ninguna condena contra Allen, ya que en su día el fiscal decidió no presentar cargos en su contra para proteger a la pequeña. En 1997 Woody Allen -entonces con 62 años- se casó con Soon-Yi – que tenía 27 años- y desde entonces han ofrecido la imagen de una familia estable y unida. La lista de películas ha continuado creciendo y su prestigio no parecía correr peligro. Pero entonces llegó la carta. Y tras ella el apoyo público de su hermano, Ronan Farrow, ganador del premio Pulitzer precisamente por sus investigaciones en torno a Harvey Weinstein, magnate de Hollywood y condenado por  numerosos casos de violación. Estalla el “Me Too” y Woody Allen vuelve a estar cuestionado.                        

Es cierto lo que dijo Jose Luis Rebordinos, director del Zinemaldia, Allen no está condenado por ningún tribunal y por tanto tiene derecho a la presunción de inocencia. Es cierto también que otro de los hijos adoptivos de Allen, Moses Farrow defiende al cineasta y acusa a Mia Farrow de crear un ambiente “tóxico” en su casa. A menudo se afirma que hay que separar al autor de su obra. Parece probado que Einstein trataba a su mujer como una esclava, que Picasso apagaba colillas en las mejillas de sus amantes o que Rinbaud dedicó buena parte de su vida al comercio de esclavos.                                   

He leído la Autobiografía de Allen “A proposito de Nada y acabo de ver “Allen v. Farrow” en HBO… Francamente, me cuesta creer que Dylan se lo esté inventando todo y que sea el producto de una campaña de su “resentida” madre. Woody Allen es alguien que me ha hecho reír, pensar, emocionarme, evadirme, viajar… es, con diferencia, el director de cine de quien más películas he visto. Pero ya no puedo evitar recordar las palabras con las que Dylan terminaba su carta: “imagínense a su hija de siete años, imagínense que Woody Allen se la lleva al ático. Imagínense que, durante el resto de su vida, a esa niña le dan náuseas cada vez que oye el nombre de él. Imagínense un mundo que aplaude a su abusador”.   

martes, 16 de marzo de 2021

EL LUNES NOS QUERRÁN

 


Animado por mi hija, fui a la presentación del libro “El Lunes Nos Querrán”, flamante premio Nadal de la escritora de origen marroquí Najat El Hachmi. El acto se llevó a cabo en la elegante sala de conferencias de Bidebarrieta Kulturgunea, en Bilbao y mi amiga y compañera en Radio Euskadi Idoia Jauregi hacía de conductora. Durante la entrevista supimos que Najat se crio en los arrabales de Vich, en la provincia de Barcelona, que vivió en un piso minúsculo y que desde muy pequeña se reveló contra el destino que habían escrito en su frente: casarse pronto con un hombre de su “raza”, criar muchos hijos, dedicarse únicamente a las tareas de madre y esposa, caminar por la calle siempre bien tapada y jamás hablar con ningún hombre que no fuera su esposo.                                                                                  

Najat sin embargo se empeñó en estudiar, se convirtió en la “mora empollona” de su escuela pública, llegó a la universidad y encontró en la lectura y, sobre todo, en la escritura su válvula de escape contra tanta opresión y tanto                        desprecio.                                                                                                                 

Una historia con estas características se presta, claro está, a que todos queramos conocer más detalles sobre una vida tan dura. Las preguntas que le fueron llegando desde el público eran casi todas referidas a su condición de mora : ¿cómo te liberaste del pañuelo?, ¿crees que somos racistas con vosotras? ¿Qué opinas de las feministas musulmanas?                                                                                                                                              

Najat iba contestando a todas con respeto y naturalidad, consciente de que su condición de “mora rebelde” tiene mucho morbo, pero ahora, tras leer “El Lunes Nos Querrán” me doy cuenta de que eso precisamente, es algo que cansa profundamente a la escritora:  “con la publicación del libro, empezaron a llamarme de muchos sitios. Nadie me preguntaba sobre el asunto del que realmente quería hablar, que entonces era simplemente el deseo, el deseo que nos impulsa a vivir, a la libertad, a disfrutar de la propia existencia, porque hacía años que sabía que no había otra en el más allá, que debíamos aprovechar las rosas de la vida antes de que se marchitaran. Pero sobre eso nadie me preguntaba. Querían religión, exotismo, política internacional. Todo menos deseo”.  Por encima de todo, la novela con la que ha ganado el Nadal es un canto a la amistad. Es una carta dirigida a esa amiga que siempre estuvo con ella cuando familia y marido fallaban: una mujer libre de espíritu que le demostraba con la práctica que la libertad era posible, que las chismosas del barrio no podían ejercer ningún poder sobre ellas, que ni la religión ni las costumbres ancestrales, ni los recelos de los “de aquí” podrían impedir que esas larvas se convirtieran en hermosas mariposas. Se trata de una historia que no se muestra complaciente con el islam, descrito como una losa para las mujeres, ahora agravada por el fundamentalismo, pero tampoco con las actitudes supuestamente progresistas que se encuentra en Barcelona: “ciertas madres admiraban esas sociedades africanas en las que la tribu entera educaba a los niños. Me daban ganas de decirles: ¿queréis una tribu? Pues os regalo la mía, os regalo sus bondades, que os encierren, que os obliguen a someteros. Podréis dedicaros a vuestros retoños, sí, pero a nada más, y harán lo posible para rebajar vuestra dignidad hasta que ya no recordéis que la teníais”.                                                                                                                          

martes, 9 de marzo de 2021

LAS MAS MACABRAS DE LAS VIDAS

 

Parece que todo lo que rodea a la mejor banda del mundo tiene que ser tan original y genuino como ellos. La película “Las Mas Macabras de las Vidas” de Kikol Grau, está ahora disponible en la plataforma Filmin. Son cincuenta minutos de intensidad brutal tejidos a base de diversas imágenes de archivo. Un trabajo que ganó el prestigioso premio “Dock of The Bay” al mejor documental musical en el festival IN-EDIT de Barcelona y lo hizo -no te lo pierdas- sin que su director rodara una sola escena.                                                                                                                  

Si, nos hallamos ante un trabajo tejido a base de viejas imágenes de archivo, trozos de videoclip y apariciones de la banda en programas de televisión. El hilo conductor usado para contarnos la historia es el de los discos, todos ellos situados en su contexto e ilustrados con diversos mensajes informativos sobre las circunstancias que rodearon a cada uno de ellos. Las imágenes aparecen a menudo con los colores desvaídos o con las rayas habituales en vídeos domésticos que han sido perjudicados por el exceso de uso. En contra de lo que pueda pensarse, todo esto no perjudica el producto final. La estética sucia y caótica que aportan esas imágenes gastadas nos sitúan directamente en los años 80, de la misma forma que las imágenes en blanco y negro del NO-DO y de muchas películas nos pueden situar en los años del franquismo.                                                                                                                             

El resultado final nos ofrece un collage tan caótico como hipnótico en el que, por encima de todo, se refleja muy bien el espíritu de la banda y el ambiente en el que se desarrolló. Cargas policiales contra una comitiva fúnebre, ataques con misiles, las inundaciones del 83, anuncios publicitarios que prometen felicidad… Y en el ojo del huracán tres jóvenes de barrios obreros de la margen izquierda del Nervión que intentan contarlo todo en sus canciones.                                                                                   

Desde luego, tiene gracia, de los numerosos intentos por hacer una película sobre Eskorbuto, hasta la fecha solo han cuajado dos. En “Generación Anti-Todo” de Iñigo Cobos, ni Iosu Expósito ni Jualma Suarez aparecen en un solo plano de la película. En realidad, más que un trabajo sobre la banda es un curioso ejercicio sobre la brecha generacional. En esta ocasión lo que tenemos es la visión subjetiva de alguien que, sin duda, ha sabido extraer la esencia de la banda para montar las imágenes. Y en esto, se sigue produciendo un fenómeno que acompaña al trio de Santurtzi desde su formación. Siempre han contado, en el momento preciso, con esa portada perfecta que alguien les hizo a tiempo, con ese videoclip que les ofrecieron en el momento preciso, con ese fotógrafo que les supo captar en su esencia, con ese teclista que añadió a sus canciones postreras el sonido que necesitaban para sonar diferentes, para ofrecer algo nuevo. Eskorbuto siempre contaron con apoyos importantes en los momentos que más los necesitaban.

“Las Mas Macabras de las vidas” es un trabajo de fan para fans, pero también funciona como viaje en el tiempo. Un viaje desasosegante hacia un tiempo que ya es pasado. Si Iosu, sí: “Todo estará viejo y nosotros estaremos muertos”    

miércoles, 3 de marzo de 2021

PASTILLA ROJA

 

Julia Ebner

Mientras lees este artículo, en cientos de foros de internet a lo largo del planeta, nuevos soldados van ingresando en los diversos ejércitos de clarividentes. Hasta ahora eran gente normal y corriente que creía en los derechos humanos, la división de poderes, las libertades y todas esas “monsergas que nos venden desde las llamadas democracias”

                                                                 Pero ahora ya no. Ellos han elegido la “pastilla roja” y de pronto, esa realidad que se les ocultaba ha aparecido clara y diáfana ante sus ojos. Su vida ahora tiene sentido. La pastilla roja, y su opuesta, la pastilla azul son símbolos recogidos de la película “The Matrix” que se usan a menudo en ese tipo de chats extremistas. Representan la elección entre la incómoda verdad o la plácida ignorancia.  Una vez elegida la roja, se produce un “despertar” y la vida “cobra sentido”.                                                                                                                                                                                En unos casos ese sentido será trabajar en pro de una sociedad donde no haya mezcla de razas, en otros denunciar la trama oculta que los judíos, los LGTB. las feministas o los “Illuminati” llevan a cabo para dominar a la humanidad. Muchas veces todo esto se quedará en la pura teoría, un entretenimiento más o menos inocente. Pero en otros casos no. Detrás de muchas acciones violentas del ISIS o de sucesos como el asalto al Capitolio se han descubierto intensas campañas de captación y reclutamiento que suelen comenzar en las redes sociales más populares. Es la conclusión a la que ha llegado la periodista de investigación austriaca Julia Ebner. Nacida en Viena, esta investigadora especializada en terrorismo y extremismo acaba de publicar el libro” La Vida Secreta de los Extremistas”, donde nos relata con todo lujo de detalles su experiencia como infiltrada en varias de las organizaciones extremistas más peligrosas del planeta.  

Sus conclusiones no pueden ser más rotundas: “Hoy en día no hay usuario de internet que está a salvo de las campañas de radicalización ni proceso electoral que sea inmune la injerencia extranjera. Un escolar estadounidense que juega al Fornite en su habitación puede convertirse, sin saberlo, en un agente para la propaganda rusa; un adolescente malayo puede ser reclutado como corresponsal regional por el ISIS en Irak y un usuario de Facebook que comenta un artículo en Alemania puede ser objeto de una tormenta de troles a gran escala”.  En otro interesante trabajo: “El Pueblo contra la Democracia”, el estadounidense YaschaMounk, , demuestra que las personas que viven en las democracias occidentales se muestran cada vez mas suspicaces con sus representantes políticos y sus instituciones. El estancamiento de sus niveles de vida y el miedo a una sociedad multiétnica están haciendo que la fe en las democracias occidentales se desvanezca día a día.                                              

 Yo estoy entre los que crecieron envidiando aquellos sistemas democráticos europeos que parecían emanar libertad y eran respetados por todo el mundo. Había una frase que se repetía a menudo en boca de políticos de diversos orígenes ideológicos: “la democracia es el menos malo de los regímenes conocidos”.  Esto parece estar cambiando. Ahora no es extraño escuchar a jóvenes -y no tan jóvenes- desdeñar “el régimen del 78” o decir abiertamente -como en una obra de teatro que vi recientemente- que vivimos en una dictadura. Y sí, está claro que vivimos en una democracia muy mejorable. Pero creo que no deberíamos olvidar tampoco aquella otra frase: la única forma de fortalecer un sistema democrático, es con más democracia.

  

 

   


martes, 23 de febrero de 2021

EN MEDIO DE LA BASURA

 

La civilización es la distancia que pone el hombre entre sí y sus excrementos dijo el escritor británico Brian Aldiss en 1964. La barbarie, podríamos añadir, es el trato degradante que damos a nuestros desperdicios. Parece como si estuviéramos en un bucle fatal. Libros fantásticos sobre la destrucción de los bosques se reeditan una y otra vez destruyendo bosques. Expertos nos alertan constantemente sobre los desastres del plástico, pero plástico y celulosas siguen presentes por todas partes, envolviendo las lechugas, embotellando el agua, llenando hasta los topes los bazares… De acuerdo con las estadísticas de ONU-Medio Ambiente, el mundo produce aproximadamente 400 millones de toneladas (40 kilos por persona) de residuos plásticos cada año y actualmente solo el 14% se recolecta para el reciclaje. Si usted ronda los 70 kilos, estimación muy cercana a la media europea, sepa que produce al año más de seis veces su propio peso en basura. Seis veces en latas aplastadas, envases rotos, comida desperdiciada y aparatos electrónicos estropeados, entre otros.                                             

Si, ya lo sé, es el discurso incómodo de turno, ese que nos produce un leve suspiro de fastidio y nos anima a pasar de página.  La basura nos desborda, pero no la queremos ver. La queremos lejos, que alguien nos la gestione, que no estamos para esas zarandajas y para eso pagamos impuestos. Bastante hacemos con reciclar y meter cada bolsa en su agujero. Y llevar los bultos grandes al garbigune donde un amable caballero nos dirá en la puerta que no hace falta que entremos que ya se encargan ellos. Y si declinas su amable ofrecimiento te darán las gracias a la salida, acompañadas de un dedo corazón amenazador. Residuos nucleares, Basura Espacial, Sopas de basura kilométrica en el mar. Basura incinerada que hace enfermar, mata y agudiza la alarma climática.  Vertederos que se desbordan y se vuelven contra nosotros. Moriremos sumergidos en nuestra propia mierda, pero no me molestes ahora con eso, que tengo problemas mucho más inminentes.

“Busco en la basura algo mejor”, cantaban los de Eskorbuto. “Siempre ando preguntando en medio de la basura cómo salir de aquí” cantaban unos tal Zarama. “Basura” era el nombre también de otro grupo punk mítico de Rentería diezmado por las drogas. también era “Basura” uno de los bolerazos más amargos de los Panchos y Trash un temazo de los New York Dolls, por no hablar de “Garbage”, que llevan desde los noventa dando guerra de la buena.  

La civilización, dicen, empezó cuando nos distanciamos de la basura. Pero la terca realidad nos lo dice día tras día: la basura es materia y por mucho que nos empeñemos, no desaparece, solo se transforma. Ahora mismo ya no es una amenaza abstracta. Su venganza se va materializando en nuestro día a día. Si no lo tomamos en serio acabaremos ahogados en nuestra propia mierda.      

     

          


lunes, 15 de febrero de 2021

CAFRUNE EN EL CORAZÓN

 

A falta de otros temas, aquellos días plúmbeos de la preadolescencia estaban repletos de canciones de amor. Cantos plañideros que nos describían lo que un maromo había llegado a hacer “por el amor de una mujer” o suplicaban una descripción de “quien es él” (el que le había dejado sin novia) o cantaban los atractivos de una tal “Mónica”, “Noelia”, “Loreta”, “Eva María” “María Magdalena” y una lista inmensa de nombres elegidos para rimar en el ripio de turno. Aquellas canciones interpretadas por tipos trajeados con cara de pena copaban la radio y la televisión de la época y daban – al menos para mí- una versión triste, cansina y aburrida del amor. No apetecía nada.                                                                                                                                                

 Pero un domingo por la tarde, sumido en la melancolía propia de la fecha, escuché una canción de amor que me hizo desear por primera vez que aquello me pasara a mí. La interpretaba un señor de largas barbotas, con aspecto de profeta y mirada de buen hombre. Cantaba con los ojos cerrados, acompañado de una vieja guitarra y con una voz que distaba de ser perfecta, pero sonaba absolutamente genuina. Un verso en concreto me atrapó especialmente: “Hay, que amor tan grande el de los dos/ que hasta su luz palideció/ Cuando tu boca me besó”. Mas tarde pude saberlo: aquel hombre era el argentino Jorge Cafrune y la canción “No Quiero ver el Sol” describía un amor furtivo, el de unos amantes que esperaban la noche para poder buscarse y quererse a gusto “hasta que con el sol venga la muerte”.  Aquel hombre encadenó algunos éxitos a mediados de los años setenta, especialmente con un tema titulado “Virgen India” que interpretaba con un niño llamado “Marito”.  En febrero 1978 nos llegó la triste noticia. Al parecer, Cafrune había muerto en accidente de tráfico.                                                                                                                                                                   No fue hasta bien entrados los ochenta cuando empezaron a hacerse públicos los testimonios contenidos en el informe “Nunca Más” sobre las violaciones de los derechos humanos cometidos por la dictadura argentina.

Según testimonios que se consignan en el informe, en un campo de concentración de Córdoba ,el Teniente Coronel Carlos Enrique Villanueva manifestó que “había que matarlo para prevenir a los otros”.

Al parecer, los milicos estaban furiosos por un acto de “desobediencia”. En el festival de Cosquín de enero de 1978 el público le pidió una canción que estaba expresamente prohibida por la autoridad: “Zamba de mi Esperanza”. Aquel día la presentó con estas palabras: "aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar". . .

La madrugada del 31 de enero de 1978, cuando marchaba a caballo rumbo a Yapeyú para depositar un cofre con tierra de Bolougne Sur Mer en homenaje al general José de San Martín, Cafrune fue atropellado por una camioneta. Quedó demasiadas horas tirado en la cuneta, con las costillas incrustadas en los pulmones y al día siguiente falleció. 

La camioneta y su conductor se dieron a la fuga. Por entonces Yamila, la hija mayor de Jorge  tenía 12 años.  “Siempre sostuve la idea –declaró su hija en una entrevista- de que es posible hacer justicia hablando con la verdad, pero desde que pasó lo de mi papi supe lo que es empezar por casa. Hay numerosas conjeturas posibles: “Que detrás del accidente estuvo Gendarmería, o la Triple A. Es sabido que López Rega dijo que Cafrune era más peligroso con una guitarra que un ejército con armas. “Esto no deja de ser una conjetura, algo que alguien dice que escuchó” -apuntaba Camila- “Nosotros preferimos creer que fue un accidente. Llegó un punto en que priorizamos nuestra salud mental”.                                                                                                                                                                              Sin embargo, Salvador Paíno, en su libro “Yo Fundé la Triple A” (1983) no deja lugar a dudas: “Cafrune no podía ser secuestrado y ejecutado, sino que se necesitaba planificar algo más complejo para que quedara impune".

 


lunes, 8 de febrero de 2021

MARMOTA DAYS

 


Curiosamente, una película como “Groundhog Day” o “El día de la Marmota”  -conocida entre nosotros como “Atrapado en el Tiempo”- que no tuvo records de taquilla ni grandes galardones, se ha convertido en una de las más citadas de la historia. Cada vez que algún mago del ingenio quiere expresar que algo se repite rutinariamente lo volvemos a escuchar: “parece que estemos en el día de la marmota”.

Pero la película de Harold Ramis no habla de una rutina que se repite día tras día, sino de un mismo día que regresa sin remedio, como si fuera una maldición. El protagonista, encarnado por BillMurray, tiene así la ocasión de ir adaptando su comportamiento al enfrentarse a situaciones que ya ha vivido, pero que solo él recuerda. El primer día, por ejemplo, se encuentra con el pelmazo de su instituto, al que soporta con paciencia, pero cuando la escena se repite por enésima vez, lo acaba apartando de su camino sin contemplaciones. El protagonista irá afinando sus habilidades sociales y su relación con los demás hasta que el destino (o vete a saber qué) decide que ya puede pasar página y comenzar un nuevo día.

La primera vez que la vi me pareció un pasarrato sin mayores aspiraciones. Pero tengo que reconocer que la he vuelto a ver varias veces y muchas de sus escenas vuelven a mi memoria cada cierto tiempo. Vamos, que me ha dejado más huella de lo que creía. La cinta podría encuadrarse en eso que los anglosajones llaman “What If”, historias que nos sitúan en circunstancias fantásticas e inverosímiles, pero nos sirven para reflexionar sobre nuestra realidad. Otros títulos que me vienen a cabeza son Slidin Doors de Peter Howitt con Gwyned Paltrow de protagonista, con dos desarrollos diferentes si la protagonista llega o no a coger el metro; o la más reciente “Yesterday” de Danny Boyle que nos plantea como sería un mundo en el que nunca existieron los Beatles. Ahora se acaba de estrenar “Palm Springs” basada también en un bucle temporal.

Por cierto, el “Día de la Marmota” es una tradición de más de un siglo de antigüedad que se realiza en muchas poblaciones de Estados Unidos y Canadá el dos de febrero. Según la creencia popular, si la marmota sale de su madriguera y no ve su sombra (por ser un día nublado) dejará la madriguera, lo cual significa que el invierno terminará pronto y comenzará la primavera. Si, por el contrario, por ser un día soleado, la marmota ve su sombra y se mete de nuevo en su guarida, significa que el invierno durará seis semanas más.   

Según la web de “Ikasbil”, esa costumbre de fijarse en el comportamiento de un animal en torno al 2 de febrero, día de la Candelaria, para saber si el invierno se alargará o no, está también muy extendida por Europa. En el pirineo existía la creencia popular de que en esas fechas era cuando los osos empezaban a despertarse de la hibernación: el oso se despertaba y salía de la cueva de noche. Si había luna llena, volvía a su refugio y prolongaba su letargo cuarenta días más y, si era luna nueva, salía de su guarida tranquilamente, pues el invierno había terminado. Al igual que las “témporas” estos sistemas fallan con demasiada asiduidad como para tomarlos en serio, pero ¿Qué sería de nosotros sin la fantasía?   

lunes, 1 de febrero de 2021

ENSEGUIDA VUELVO


Hay artistas tan rentables, que producen beneficios incluso después de muertos. De hecho, hay artistas, y no son pocos, cuya muerte les hace mucho más rentables que en vida. Se diría que un hecho tan incontestable y democrático como morir dotara de cierto halo Heroico a quien lo hace antes de tiempo. Son cadáveres explotados sin que ellos puedan oponerse o protestar.  Lo son, además, a menudo por sus propias familias, que cuentan con los derechos de explotación de la celebridad muerta.

Lo vimos con los héroes del celuloide, con los “cadáveres agradables” del rock y del punk, con tantos otros artistas, intelectuales, deportistas… Hemos visto a John Lennon y a Bruce Lee protagonizando anuncios de coches de alta gama que nunca aceptaron hacer, hemos visto a Michael Jackson y James Dio actuando después de muertos gracias a la tecnología del holograma. Hemos visto a Sharon Tate librándose de aquella muerte horrible gracias a la reinvención infantiloide de la historia que Tarantino nos ofreció en “Érase Una vez en Hollywood”, en la que aquellos hippies malvados son destrozados por los buenos y hemos visto también, entre otros muchos, a Steve McQueen resucitado por ordenador para seguir vendiéndonos cosas.

Ahora le ha tocado el turno a Lola Flores. Todo el mundo parece encantado con esa resurrección digital de “La Faraona” para vender cerveza, en un anuncio que coincide con lo que serían sus 98 años. “¿Tú sabes por qué a mí se me entendió en todo el mundo? Por el acento. Y no solo me refiero a la forma de hablar...". Un primer plano que a mí se me hace difícil de aguantar se dirige a la cámara con mensajes como ese. Parece que sus hijas Lolita y Rosario Flores han colaborado en el proyecto y han manifestado en las redes sociales estar “encantadas” con el resultado. 

 

En uno de los capítulos de ‘Black Mirror’ titulado ‘Ahora mismo vuelvo’, la joven protagonista pierde a su marido y contacta con una empresa que produce robots basados en la “huella digital” de los muertos. De esta manera, puede revivirlo digitalmente y seguir interactuando con él como si no hubiera fallecido. De hecho, el nuevo “marido” está perfeccionado en aspectos como su resistencia en la cama. Todo ventajas ¿Una locura? Investigadores de Universidad de Ryerson de Toronto, en colaboración con MIT Media Lab, están diseñando una aplicación que nos permitirá comunicar con personas fallecidas. Según ‘The Guardian’, la nueva tecnología convertirá la huella digital de una persona en una especie de bot que trascenderá la muerte usando la inteligencia artificial. Se supone que la aplicación recolectará todos los datos digitales de la vida de la persona en cuestión para crear un robot que simule ideas, conocimientos e, incluso, la manera de interactuar con los demás. Las máquinas estarán diseñadas para aprender cosas nuevas continuamente, llegando a responder preguntas posteriores a su muerte.


Este “avance” tecnológico es, hasta el momento, “lo que más se acerca al concepto de inmortalidad” según palabras del doctor Hossein Rahanama, que dirige la investigación. “Nuestro ser físico podrá morir, pero nuestro ser digital continuará evolucionando con el propósito de ayudar a la gente y mantener nuestro legado como un ser evolutivo”. Que miedito. De todas formas, yo lo tengo claro: Lola Flores no está anunciando cerveza.

martes, 26 de enero de 2021

PIJOS


 La palabra “pijo” ha entrado con tal fuerza en nuestro vocabulario cotidiano que, incluso, ha visto alterado su significado en euskara. Si consultamos el “Euskal Hiztegi modernoa” nos encontramos lo siguiente: Pijo: 1. Ausarta, bipila, 2. Trebea 3. Adorez, irmo. En cambio, si queremos saber cómo se traduce al euskara la palabra “pijo” nos encontramos con términos que yo apenas he visto alguna vez en la literatura: aberaskume, txankamehe, hamalau. La Real academia de la lengua española define así la palabra “pijo”: “persona que viste, se comporta o habla de manera afectada, manifestando buena posición social y económica, en especial cuando es joven”. La primera vez que escuché ese término tenía yo 17 años. Fue a un madrileño, cuando estábamos recogiendo fruta en Inglaterra: “que chamarra más pija” me dijo… Hasta entonces yo había escuchado términos como “niño-pera” o “niño de papá” o bien “pureta”, que es lo que se decía de quien rechazaba cualquier tipo de vicio y vestía de forma convencional.         

 Con el tiempo, como digo, la palabra pijo entró a formar parte de nuestras vidas y ahora está por todas partes. Cuando presentaba su película “Acción Mutante” Alex de Laiglesia comentó algo que me dio que pensar: “Nadie se tiene a sí mismo por pijo, por lo cual, una película contra ellos consigue que todo el mundo se identifique. 

Recientemente organizamos una mesa redonda en la radio para hablar de la década de los ochenta y sus “movidas”. El supuesto “pijismo” de los madrileños fue rápidamente usado como arma arrojadiza.  La periodista Patricia Godes, coautora de un reciente libro sobre la movida madrileña se defendía como podía: “estáis muy equivocados, llamáis pijos a hijos de directores de cine e intelectuales, eran gente de la cultura, no pijos.          Qué curioso. A diferencia de otras épocas, ahora se puede presumir de pobre, de obrero, de marginado… Me recuerda a uno de los sketches más célebres de los “Monthy Phyton”: dos señores discuten airadamente sobre quien de los dos tiene un origen más humilde hasta llegar al ridículo: “¡Pues en mi casa bebíamos el agua de los charcos!”; “¡En la mía comíamos nuestros propios vómitos!”.                                                                                                                           

En el mundo del rock hay ejemplos muy significativos: Joe Strummer, hijo de diplomático jugó siempre a ser el más obrero e izquierdista de los punkyes mientras que Brian Ferry, que tenía unos orígenes realmente humildes se presentaba como un auténtico dandi de la alta sociedad. Cuando Broncano pregunta a sus invitados ¿Cuánto dinero tienes?  Resulta que casi nadie reconoce tener mucho dinero, aunque lleve décadas ganado un pastón. Y menos cuando te has labrado una imagen de tipo marginal o barriobajero. Willy Wilder lo expresó con singular retranca cuando le hicieron una pregunta similar: “la gente cree que los que trabajamos en Hollywood vivimos en suntuosas villas, disfrutamos de lujosas fiestas y llevamos a nuestros hijos a los mejores colegios… pues bien, es todo verdad, jódanse”                  

lunes, 18 de enero de 2021

Y LA CIGARRA DEJÓ DE CANTAR

 Curiosear entre los expositores de una tienda de discos ha sido uno de mis mayores placeres desde la adolescencia. Un placer que se ha visto limitado a medida que esos comercios se han ido reduciendo hasta el límite mismo de la extinción. Uno de los últimos templos que me quedan es PowerRecords, en el centro de Bilbao, un núcleo resistente donde siempre puedes encontrar ese vinilo descatalogado, aquel single que tanto amabas o la última novedad del mercado. Jon y Javi siempre están ahí, al pie del cañón, aportando ese plus de confianza, conocimiento y -a menudo- risas que nunca te dará el Spotyfy.                                                                                    

Así que en esas me encontraba el pasado lunes cuando, entre los vinilos de segunda mano, me topé con la discografía completa de María Ostiz. El hallazgo produjo una de esas conversaciones impagables en las que acabas compartiendo recuerdos con los dueños y con varios desconocidos que enredan por la tienda. “Pues esta tía cantaba de puta madre, lo que pasa es que cogió fama de beata” …” Pues yo creo que se retiró cuando se casó con Zoco, el del Real Madrid y nunca se supo nada más”. “Me parece que se metió al Opus Dei” …” Pues ahí donde la veis esa mujer empezó cantando rock, en un grupo se llamaba Lorella y Los Shakers”…                                

Horas más tarde, espoleado por la curiosidad rescaté en mi casa varios singles de la artista_ “Aleluya del Silencio”, “María Ostiz canta en vasco: Aurtxoa Seaskan”, “Un pueblo es”. Llama la atención que esta mujer navarra, con una voz cristalina a lo Joan Báez, que llegó a ganar el festival de la OTI y que componía sus propios temas, cayera en el olvido de forma tan fulgurante. Recuerdo que en “Crónicas Marcianas” tenían un personaje que se burlaba de ella de forma inmisericorde.                                                      

Rebuscando en la red me encuentro por fin con una entrevista realizada en mayo de 2020 y que resulta de lo más elocuente: “Si yo hubiera sido del Opus Dei, lo diría con orgullo porque no creo que sea algo malo ni anticonstitucional, pero no lo soy. Para mí la libertad es muy importante, me da lo mismo religiosa que política”.                                                     


María habla sin rencor, consciente de que la fama es algo efímero y sigue ofreciendo esa imagen de mujer íntegra que siempre tuvo: “De Hispavox me fui por la puerta pequeña. El director general me citó en su despacho para decirme que tenía que enseñar un poco de carne. ¿Quieres que me ponga en cueros?, le pregunté. Es que, si no van a seguir diciendo que eres del Opus, respondió. Pero yo lo que quiero es cantar, no he venido aquí a enseñar el culo, le repliqué. Como no nos pusimos de acuerdo me levanté para irme. Hay dos puertas en este despacho, le dije, una que lleva al pasillo, a otros despachos de la compañía y otra más pequeña que te saca directamente a la calle. ¿Y por cuál quieres salir?, preguntó. Por la pequeña, evidentemente. Antes de marcharme, pasé a despedirme de Rafael Trabucchelli y me volví llorando a mi casa. Ahí acabó todo”.                     

 En los ochenta grabó un disco que pasó totalmente inadvertido, en un tiempo en el que los cantautores se volvieron poco menos que apestados y esa fue la última huella que nos dejó: “En cualquier caso la música me ha dado muchas alegrías. No sé si se nos ha hecho justicia a los cantautores de mi época. Tampoco me preocupa. Cada generación tiene sus cantantes, sus actores, sus estrellas de todo. Algunos quedan mantenidos en la sombra. Así estoy yo, no me quejo. Incluso, lo agradezco, pero no moveré un dedo por salir de esa zona de sombra. Es así”   

 

martes, 12 de enero de 2021

ARTE PARA TURISTAS

"Mierda de Artista" de Piero Manzoni


 










Antiguamente el arte era algo evidente: había   quien sabía dibujar un retrato o un paisaje y   quien no. Estaba quien podía cincelar una   escultura perfecta y luego estaban todos los   demás, que debían limitarse a contemplarla y   a  decir cosas del tipo ¡que impresionante! ¡Si   parece que te está mirando! El arte podía   tener  una misión decorativa o ritual, podía   estar al servicio de los poderosos o en la pared   de una cueva, pero cualquier mortal podía   señalar con el dedo a quien hacía obras de arte   y extasiarse -o no- ante un cuadro o una   escultura. Pero mira por donde, eso ha   cambiado. Ahora un artista puede vender -   literalmente- su mierda en botes, masturbarse   sobre un lienzo o incluso perder la vida en una “performance” consistente en hacer auto-stop en traje de novia (como le ocurrió a Pippa Bacca). Desde que se inventó la fotografía, el arte ya no tiene como principal misión reproducir la realidad. El común de los mortales asiste así a nuevas experiencias artísticas en las que -a menudo- no sabemos muy bien cuál es nuestro papel, si es que nos corresponde alguno. Sin embargo, todos los años se inauguran museos de arte moderno por todo el mundo y una masa inmensa de turistas vamos contemplando propuestas y tratando de entender explicaciones.                                                                                          

Recuerdo ahora una tarde lluviosa, hace algunos años. Me acerqué al Guggenheim para ver la exposición de Andy Warhol. Cuando paseaba entre “Marilynes” y sopas Campbell topé con un grupo de presuntos jubilados que escuchaban las explicaciones de una guía muy joven. Me adosé discretamente al grupo. Animados por la calidez grupal, algunos de los presentes se atrevían a hacer comentarios “divertidos” del tipo “oye, ¿y qué tiene eso de arte?” o “menuda chorrada, eso también lo hago yo” ...  En realidad, aquel contraste me estaba resultando de lo más entretenido hasta que aquella guía, que no parecía especialmente experta en la materia, se metió en terrenos más familiares para mí: “lo que estáis escuchando es la música de un grupo que fundó Andy Warhol. No los conoceréis porque no fueron nada famosos, se llamaban “La Velvet Underground” y como podréis adivinar hacían una música rarísima”. “hombre, música, música yo no lo llamaría” apostilló el graciosete del grupo con tono de sorna, provocando la correspondiente risotada general y la sonrisa cómplice de la chica. “Perdona”, le dije armándome de valor, estás hablando de una de las bandas más importantes del siglo pasado. Varias docenas de ojos se clavaron en mi osada figura y tras un silencio denso, pudieron escuchar la rotunda respuesta de la guía: “Tú no eres de este grupo ¿verdad?”. Vale, me largué entre murmullos de desaprobación, pero íntimamente satisfecho de mi “performance”. ¿Qué podíamos aprender de alguien que se atreve a hablar así de la Velvet Underground”?

En el recién editado “20 Toneladas -arte contemporáneo para turistas-“ Luis Izquierdo-Mosso, que lleva toda su vida metido en el ajo artístico, hace un recorrido por varias de esas manifestaciones que llamamos “arte contemporáneo”. Armado de buen humor y conocimiento de la materia, nos ofrece un apasionante recorrido por manifestaciones artísticas de las últimas décadas en un afán por arrojar luz sobre esas expresiones que, a menudo, son objeto de risa, burla o incomprensión basadas, normalmente, en la simple ignorancia. Dicho con sus palabras:

“A principios del siglo XX se inició un proceso de demolición sistemática de los límites del arte y éste se desbordó. La sombra del arte colonizó todo tipo de objetos, situaciones, acciones y capacidades, generando una confusión de medios e intenciones que ha perturbado a propios y a extraños”.         


lunes, 4 de enero de 2021

HOMBRE SOLITARIO

Jorge Martinez (Ilegales)








Acertar con tu primer trabajo suele ser esencial en la carrera de una banda de rock. Los asturianos ILEGALES lo consiguieron con creces con aquel primer disco homónimo que sonó por todas partes en el agitado 1983. La combinación de factores era irresistible: canciones potentes (“Hombre Solitario”, “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes”, “Yo Soy Quien Espía los Juegos de los Niños” …) textos incorrectos que paseaban por el lado salvaje de la vida, ritmos contundentes que calentaban el ambiente y sobre todo él: Jorge Martínez, genio y figura, con su voz ronca inconfundible y sus guitarras afiladas. La portada de aquel disco imprescindible ofrecía la imagen de un hombre a punto de descerrajarse un tiro en la sien. Lo dicho, un coctel letal que no paró de sonar durante años y que siguió conteniendo, a lo largo del tiempo, las canciones más solicitadas de la banda. Ahora hemos sabido que la casa de discos Zafiro rechazó aquel misil sonoro y la CBS lo acabó publicando por expresa recomendación del cantante Víctor Manuel. Asturian power.

La ascensión de Ilegales vino acompañada de la leyenda negra que rodeaba a su líder indiscutible. Historias de violencia y desfases de todo tipo que se extendían como la peste y contribuían a dotarle de una fama de tipo peligroso. En 1985 compartimos cartel en la extinta feria de muestras de Bilbao. En los camerinos me encontré con un hombre tranquilo que hablaba con un lenguaje muy culto y que conocía muy bien a nuestra banda y a todas las que funcionaban entonces por aquí. 

Nada más salir a escena se presentó así: “¡Somos los ilegales y no nos lavamos nunca, cuando arrojo los calzoncillos contra la pared se quedan pegados!”. El trio estaba entonces en plena forma y mantuvo el nivel alto durante toda su actuación. Recuerdo otro “speech” memorable en aquel show, que fue recordado largamente en el seno de nuestra banda: “cuando era pequeño yo era pacifista. Pero me partieron la cara y dejé de ser pacifista. Ahora me estoy forrando y ¡vuelvo a ser pacifista!”. Cuando estaban tocando su último tema alguien les arrojó un objeto y Jorge dejó la guitarra y se lanzó en plancha hacia el público para liarse a puñetazos con el supuesto sospechoso. La leyenda continuaba.

Aquel primer disco abrió grandes expectativas, pero el segundo “Agotados de Esperar el Fin” resultó bastante decepcionante. Da igual. Ilegales tenían ya todo lo que una banda necesita para lograr una larga y fructífera carrera: un puñado de buenas canciones y un mito bien labrado a base de sucesos, no siempre reales, que van aumentando la leyenda en conversaciones tabernarias. 

De la mano de Chema Veiga y Juan Moya llegaba en 2017 “Mi VidaEntre Las Hormigas”, un documental disponible ahora en varias plataformas y que resulta de los más entretenido. El protagonista, inevitablemente es Jorge. Un hombre que ha marcado a cuantos se han topado en su camino y que encarna en su persona buena parte de las grandezas y miserias de la época que le ha tocado vivir: por ahí van pasando todos: el supuesto Jorge violento, el divertido, el estudioso, el disparatado... 

Ha sido el más punk sin necesitar cresta, el más mod sin necesitar scooter y el más rocker sin lucir tupé. Un hombre que despierta grandes odios y admiraciones, pero al que todos respetan. Un hombre que vive solo, en una casa repleta de recuerdos de familia, rodeado de sus guitarras y sus soldaditos de plomo, que dice descender de una familia de guerreros y que está dispuesto a seguir dando guerra mientras le duren las fuerzas. Un personaje controvertido sí, pero por encima de todo un tipo único que nos ha hecho disfrutar a modo.