viernes, 1 de octubre de 2021

NATHY PELUSO . BIZKAIA ARENA 25-09-2021

Menudo contraste. De un concierto (aquel del 2017)  en el que aparecía con fondos pregrabados y sin banda a otro, el del pasado sábado, con bandaza de lujo y escenario gigante. El primero fue en la Alhóndiga, ante unos cien acólitos. Esta vez se presentaba en un Bizkaia Arena pletórico , con un público muy joven y entregado desde el minuto uno. 

En aquella ocasión nos dejó claro desde el principio: “No me quiero dedicar a esto. Me voy a dedicar a esto”.

Mallas bien prietas, botas negras hasta la rodilla, pelo ventilado durante todo el show . Natalia lucía como una heroína de Marvel orgullosa de su generosidad carnal. Power. Puro Power.  

En pocos minutos La Nathy puede pasar de la elegancia a la obscenidad, del divismo de una vedette al perreo  barriobajero, pero nunca pierde el estilo. Lo mismo que me ocurría con la Carrá, siempre me parece que está más cerca de la niña que juega a ser artista que de ninguna procacidad real.  Las canciones de  Nathy Peluso te pueden gustar más o menos, personalmente me ponen mucho mas los estallidos afrocubanos del tipo “Mafiosa” o “Puro Veneno” que las piezas fraseadas cercanas al trap, pero disfruto con todo el show porque ella se las ingenia para que todo resulte visualmente entretenido  y apto para (casi) todos los públicos.  “Mi gente” como ella repite sin parar agradecida. Pedazo de show el de Nathy Peluso.  

El único “pero”, la maldita pandemia y sus normas cada vez más incoherentes. Vigilantes pendientes de las mascarillas y de que nadie se pusiera en pie, hasta que ya, en los últimos minutos fue imposible evitarlo  Puedes gastarte tres euros y medio en una caña, (y estar de pie en la cola un buen rato) pero la tienes que beber  sentado y poniéndote la mascarilla después de cada sorbo. Al final del show, todo el mundo charlando y riendo en los aledaños sin mayor problema… ¿Quién entiende ya nada?. 


lunes, 20 de septiembre de 2021

PUTEROS


 Con vuestro permiso, hoy voy a hablar de puteros. Si nos atenemos al testimonio de la abolicionista Amelia Tiganus, que conoce el tema en primera persona, el perfil del putero que solemos llevar en la cabeza no tiene mucho que ver con la realidad. Cualquiera de los hombres que nos rodean puede ser uno. Pertenecen a muy diversas edades, clases sociales o profesiones. Los puedes encontrar entre los políticos, jueces, periodistas, sindicalistas, empresarios, deportistas… 

Algunos se muestran amables, charlan de sus cosas con la puta, se interesan aparentemente por su vida. Ellos se ven a sí mismos como puteros “majos”, aunque suelen de dejar de serlo cuando la prostituta, harta de consumir tanto tiempo con un solo cliente, empieza a impacientarse. Entonces el putero majo se transforma automáticamente en putero ofendido y deja de comportarse con supuesta “educación”.                                                                                           

También están, claro está, los que van al grano. Pagan y follan sin mayores ceremonias y normalmente tratan de copiar lo que han visto en la pornografía. También están los sádicos y misóginos que solo sienten placer haciendo sufrir y humillando: muerden. pellizcan, golpean, insultan y no es tan fácil detectarlos a tiempo. En algunos casos, el putero es un tipo que maneja mucho dinero y se puede permitir una “Scort”, o puta de lujo.        

 Hay puteros de regatean hasta el infinito y quieren sacar el máximo provecho de sus 20 euros, hay otros que van al burdel a “divertirse” o a “acompañar a un amigo”, en realidad se dedican a mirar y a tocar sin gastar un duro-. A veces ciertos tratos entre hombres de negocios se cierran con una buena “juerga de putas”. Otras veces la despedida de soltero incluye una “consumición” en el burdel de turno o contratar los servicios de alguna prostituta. En algunos burdeles se organizan fiestas temáticas para chicos jóvenes en las que se sortea un polvo con la chica elegida. Al parecer es una práctica cada vez más extendida. Lo último son los “narcoprostíbulos” en los que la droga se incluye sin límites en el menú del putero.                                                                                        

Para la mayor parte de los puteros, el burdel es un oasis repleto de mujeres semi-desnudas y disponibles a su antojo. Hoy en día hombres de todas las clases sociales tienen a su alcance esclavas rumanas, paraguayas, dominicanas, brasileñas, nigerianas…                                                                                                                                                     Esta clasificación la he sacado de “Amelia,historia de una lucha”, una novela gráfica firmada por Alicia Palmer, Roberto García y la propia Amelia Tiganus, activista por la abolición de la prostitución, que fue, durante años, víctima de trata.                                                                      

La literatura, el cine y las canciones han idealizado a menudo el mundo del burdel. Hay proxenetas malos, sí, pero la puta y el cliente suelen situarse en el mundo de la “bohemia” y el “mal vivir”, o bien son protagonistas de un cuento de hadas del tipo “Pretty Woman”.                                                                                                        

España es el país europeo con mayor demanda de sexo pagado. A nivel mundial ocupa el tercer puesto. Según Naciones Unidas, el 39% de los varones españoles ha pagado en alguna ocasión por sexo. España también es uno de los principales destinos de tráfico de mujeres del mundo. De acuerdo con los datos oficiales, el 80% de la trata mundial se realiza con fines de explotación sexual y de ese porcentaje, más del 90% de las víctimas con mujeres y niñas.                                                                           

 En palabras de Tiganus: “Hace falta una legislación que persiga el proxenetismo y el consumo de prostitución, junto con políticas de apoyo para las mujeres que quieran escapar de ella”

 

martes, 31 de agosto de 2021

CUIDADO. OS AVISAMOS.

 

Me lo cuentan desde el Club Itsasoko Ama de Santurtzi. 
Resulta que el entrenador bermeano de la Sotera, Iker Zabala, ha encontrado una fórmula motivacional para ponerles las pilas en momentos críticos (y vaya si está funcionando) . "Cuidado" de Eskorbuto sonando a todo trapo en las nueve furgonetas que se desplazan a la vez. Josu, que lució la camiseta del club en más de una ocasión estaría encantado. 
Para la gran cita de la Kontxa se anuncia además, si las cosas funcionan como se espera y se clasifican, la edición de una camiseta para los bogadores con el escudo de la Sotera y el lema "Somos Los Mismos" . Hay más sorpresas en ciernes. Seguiremos informando.   

lunes, 5 de julio de 2021

SAMERTAIM


Ya está aquí otra vez. La estación del calor y de los sueños. La que anhelamos todo el año. La que imaginamos en un entorno natural magnífico y soleado donde, por fin, ocurrirán cosas distintas: aventuras dignas de ser contadas, paisajes dignos de ser fotografiados.
                                                                                                                     Sí. Ya está aquí otra vez el verano. El periodo inspirador de libros y películas inolvidables sobre iniciaciones sexuales: “Verano del 42”, “Call me By Your Name”, “El Rayo Verde”, “Dirty Dancing” …  ¿Quién no tiene un verano de su vida en el que pasó algo especial, distinto, decisivo? ¿Quién no tiene un pueblo en la memoria donde el verano de la infancia era eterno? ¿Quién no recuerda unas fiestas patronales llenas de emociones compartidas?  El verano es tiempo de descubrimientos y de emociones especiales. Quizá por eso nos pasamos la vida tratando de emular aquellos veranos. O lo quizás tratando de vivir, por fin, ese verano que qye nunca tuvimos; ese que merecería convertirse en guion de una buena historia.                                                                  Summertime/ And the living is easy/ Fish are Jumping/ And the cottom is high” . Es verano y la vida es fácil, los peces saltan y el algodón está alto. Tu padre es rico, tu madre es hermosa, así que, tranquilo cariño, no llores más. Ese aria de George Gerswin , sobre un poema de DuBose Heyward para la ópera “Porggie & Bess” refleja de forma magistral esa sensación de que el tiempo se para, de que el sol nos sume en una deliciosa pereza y nos protege de cualquier peligro. “Una mañana, te despertará cantando/ Extenderás tus alas y te podrás a volar/ pero hasta entonces/ nada te puede perturbar/ Con papá y mamá/ dejando el tiempo pasar”.  Louis Armstrong y Ella Fitzgerald convirtieron la canción en un standart del jazz y Janis Joplin la llevó a su terreno e hizo de ella una pieza dramática y sensual a partes iguales. Entre las canciones que evocan un verano dorado me quedo con el “All Summer Long” de Kid Rock, que es , a su vez, un homenaje al “Sweet Home Alabama” de los “Lynyrd Skynyrd”:  “Estuvimos probando cosas diferentes/ Fumando cosas divertidas/ Haciendo el amor junto al lago/ Bebiendo Whisky/ Y cantando “Sweet Home Alabama” durante todo el verano”.                                                                                                                             El verano se asocia a menudo con canciones horteras y estridentes, pero también es un tiempo adecuado para inspirar canciones llenas de soledad y nostalgia. El magnífico “Summertime Blues” de Eddie Cochram convertido por The Who en un arma arrojadiza nos habla de un verano de mierda en la ciudad, bajo la tiranía de un jefe que te explota miserablemente. En parecidos términos se expresaban “The Loving Spoonful” en su canción “Summer in the City”.  Aunque yo prefiero a Regina Spektor y su canción del mismo título: Verano en la ciudad. Escotes por todos lados. Estoy empezando a añorarte. He entrado en bares nocturnos y he contado a extraños asuntos personales. He asistido a manifestaciones, solo para sentir el contacto de alguien.                                                                                                                                                                              Este año, al igual que el pasado, apenas se han visto hogueras de San juan, esa señal mágica para que todo cambie, para quemar las preocupaciones del día a día y entregarnos a un tiempo de ocio y bienestar. Nos toca afrontar un verano repleto de dudas y cautelas, pero también con muchas ganas de volver a vivir. De todo corazón: que lo disfrutéis.                                                                                                                            

 

miércoles, 23 de junio de 2021

PÁJAROS EN LA CABEZA


La cita era en la Ekoetxea de Irún, situada en el parque natural de Plaiaundi, en la bahía de Txingudi. Era el día mundial del medio ambiente. Días antes, Ramón Elósegui, veterano miembro de “SEO Birdlife” y colaborador de nuestro programa de radio durante años nos hizo la propuesta: “tenéis que ir al parque ornitológico de Plaiaundi, es un lugar excepcional, el 60% de las aves que vuelan sobre la península recalan ahí y las autoridades no acaban de comprender su importancia. Hay varios proyectos que amenazan la zona y pueden causar un grave perjuicio a muchas especies”. Ramón es un hombre muy respetado en la organización conservacionista, lleva décadas observando, grabando, fotografiando y catalogando las aves que surcan nuestros cielos.                                                                                                                        

Así que allí me fui, con mi mochila cargada de transmisores, micrófonos y auriculares. Como llegué con tiempo decidí dar un paseo de reconocimiento: un camino de graba bordeado por una valla de madera te introduce por un espacio boscoso que rodea un campo de rugby.  A lo largo del recorrido hay varios puestos para el avistamiento de aves, buena parte de ellos están situados en la zona que linda con la desembocadura del Bidasoa: la bahía de Txingudi. Eran las 9:30 de la mañana y ya podían verse numerosos aficionados provistos de prismáticos y cámaras de fotos. También se veían trípodes y cuadernos de notas. Por alguna razón, quizás por verme cargado con la mochila, o por la habitual confusión que causa la dichosa mascarilla, varios de los hombres que se cruzaron en mi camino se dirigieron a mí como si me conocieran de toda la vida. “Acabo de ver un estornino rosado en la zona de las cabañas” me dijo uno entusiasmado. Otro me enseñó varias fotos con sus últimos logros en la captación de especies extrañas. Yo ya he oído hablar de los observadores de pájaros de Gran Bretaña, una tribu abundante y muy curiosa que aparece a menudo en la literatura y en el cine. Pero nunca había tenido la ocasión de hablar con tantos elementos autónomos de esta curiosa práctica. Al poco llegaron mis interlocutores Xabier Garate y Txema Cabrita de SEO-Donostia dos entusiastas discípulos de Ramon Elósegui, al que veneran como auténtico maestro del conservacionismo vasco, un hombre respetado como pocos en el mundo de la ornitología. Desde la organización quieren llamar la atención sobre algunos proyectos urbanísticos que pueden afectar negativamente al parque y quieren también que ese estadio con su pista de atletismo se traslade a otro lugar. En realidad, ese traslado ya se aprobó en un acuerdo entre instituciones a mediados de los años noventa, pero según dicen “siempre hay alguna excusa para llevarlo a cabo; ahora es la pandemia”. Está claro que no hay ninguna voluntad real”. Tras la conexión y las entrevistas tuve ocasión de pasar un buen rato con estos hombres (todos eran hombres en ese día) que me señalaban constantemente diferentes especies, me daban mil detalles sobre ellas y me invitaban a contemplarlas con sus binoculares. Aquella pasión tan blanca, tan poco materialista, me despertó una inmensa ternura. Allí no había competitividad, ni adrenalina, ni violencia, solo curiosidad y amor por esa enigmática especie que nos precede en muchos millones de años sobre la tierra.              

           

           


lunes, 14 de junio de 2021

SENTENCIAS

 


Hay ciertas frases que tienden a permanecer en la memoria. Pasa con algunos refranes, con párrafos de algún libro o artículo o con algunas sentencias célebres de esas que tienden a crear las celebridades. A mi me ha pasado mucho con canciones. Tengo grabado a fuego un estribillo de los Rolling Stones: “No siempre puedes conseguir lo que quieres, pero si lo intentas… tendrás lo que te mereces”. 

A Josu Expósito también le obsesionaba esa frase, que podría equiparase a esa otra: “ten cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir” que algunos atribuyen a Oscar Wilde y otros a la antigua sabiduría china, pero claro, como a Felix Linares le encanta recordar, “tu ocurrencia más brillante ya la tuvo un chino hace miles de años”, una frase que él escuchó a Manuel Vázquez Montalbán.                                     

El propio Josu era muy aficionado a acuñar frases impactantes: “Todo estará viejo y nosotros estaremos muertos”, “La mentira es la que manda, la que causa sensación. La verdad es aburrida, puta frustración” … Impactante también aquella estrofa de la canción “Heroin” de Lou Reed: “Cuando el ‘mordisco’ empieza a fluir/ me olvido de todo vosotros, peleles de esta ciudad/ y todos los políticos produciendo sonidos dementes/ y todos los cadáveres apilados en el cementerio” … La frase estaba destacada en la portada interior del disco “Rock And Roll Animal” que se publicó en España con esa canción extirpada por la censura. Glorificación y censura: la tormenta perfecta para fomentar el consumo. Otra frase lapidaria es aquella de John Lennon: “la vida es aquello que nos ocurre mientras hacemos otros planes” y aquello que le ocurrió, cuando tenía otros planes, es que lo asesinaron… En “Seaska Kanta” Xabier Lete escribió también unos versos que vuelven a mí con cierta frecuencia, seguramente porque no acabo de aprender ese sabio consejo: “haunditzen zeranean, Ikusiko duzu, isilik egoetak zenbat balio dun” (Al crecer aprenderás la importancia de permanecer callado”. No es fácil saber con exactitud cuando es mejor callar y cuando debes hablar, porque está claro que ese otro refrán: “mas vale un día rojo que ciento amarillo” también tiene lo suyo; mejor decir una verdad desagradable a tiempo que callar y criar una úlcera sangrante… ¿no?      

Los fabulosos discos que Rubén Blades y Willie Colon hicieron a finales de los setenta estaban también llenos de versos con vocación filosófica: “si naciste pa martillo del cielo te caen los clavos” cantaba Rubén en el legendario “Pedro Navaja”. Pero a veces también te pueden impactar mensajes que te llegan de los artistas que menos te esperas. De niño me hacía pensar aquel estribillo de los “Tres Sudamericanos”: “Tres Cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. El que tenga esas tres cosas, que le dé gracias a Dios” ¿De modo que eso es todo? ¿Y el que no las tenga? ¿Qué se joda?... Víctor Manuel, en el tema “Un Corazón tendido Al Sol” se mostraba rotundo respecto a la amistad: “se quienes son amigos de verdad, se bien dónde están, nunca piden nada y siempre dan” …                           Termino con una copla popular que solía cantar mucho mi padre, y que podría resumir el espíritu del “blues”: “No creas que porque canto tengo el corazón alegre, que soy como el pajarillo, que si no canta se muere” 


lunes, 7 de junio de 2021

CUANDO HABLAN LAS PAREDES

Pintada de los ochenta

Recientemente leí en este mismo periódico que Bielorrusia presume en sus guías turísticas de ser un país “donde no encontrarás grafitis en las paredes”. Durante los años de mi infancia, en los remotos años sesenta solo recuerdo una pintada en la fachada del edificio más céntrico de mi pueblo. Era la cara de un joven Francisco Franco con gorro de legionario y una leyenda a su lado: “25 años de paz”. Estaba realizada con un molde (algún falangista se adelantó varias décadas a Banksy) y duró muchos años en aquella pared. 

Bien entrados los años setenta empezaron a verse las primeras proclamas pintadas urgentemente con espray: llamamientos a la huelga, peticiones de amnistía o lemas como “Herriak Ez du Barkatuko” tras algún atropello de la dictadura franquista. Aquellos mensajes se hacían de noche, a gran velocidad y como consecuencia, no era raro que faltara alguna letra o que fueran tan legibles como la receta de un médico.                                                                                                                                                 

Con la transición y la legalización de los partidos políticos el mundo de los murales políticos conoció una época dorada en cuanto a abundancia. En las películas que muestran las ciudades vascas de la época puede verse aquella abundancia de puños en alto, hoces y martillos, símbolos antinucleares y un larguísimo etcétera. Ya no había tanta prisa a la hora de pintar. En general la autoridad competente prefería mirar para otro lado. Recuerdo que en cierta ocasión paré a un joven francés que hacía auto-stop en Donostia. Aunque nuestra conversación no podía ser muy fluida, él estaba admirado de la cantidad de pintadas que había por la calle y me decía que en Francia “No había tanta libertad”, como podréis suponer el ataque de risa casi me hace perder el control del coche. Muchos recordareís la campaña del Ayuntamiento de Bilbao para cubrir con pintura verde aquellas  pintadas.                                                                                                                   

 En los años ochenta los murales se hicieron más diversos. Empezaron a verse esas fachadas traseras ocupadas completamente por pintadas trabajadas al detalle y hacia el final de la década irrumpieron los graffitis de estética “hip-hop”, palabras a menudo incomprensibles escritas con diversos sprays de colores y que aspiraban a ocupar cualquier superficie pintable que imaginarse pueda. Las intenciones propagandísticas o “concienciadoras” de las anteriores décadas desaparecían por completo. Para el común de los mortales esas palabras incomprensibles que ocupan tantas pareces no comunican absolutamente nada. El fenómeno constituye una parte muy gráfica de la llamada “globalización”. Este tipo de graffitis son muy similares en New York, Caracas o Toronto. ¿y que quieren comunicar estos Graffitis? Un amigo graffitero me confesó en cierta ocasión, que a ninguno de los artistas del gremio le preocupaba que se les entendiera. Que era más bien una cuestión narcisista, algo así como “esta es mi firma”.

 Un estudio de investigación titulado “El Mensaje del Graffiti” y publicado por la Universidad de Florencia llega a la siguiente conclusión: el graffiti es un medio de comunicación de una tribu urbana, que sirve para cohesionar las partes, y al mismo tiempo crea una jerarquización de sus integrantes de acuerdo con el nivel alcanzado por los escritores de graffiti. Se necesita el aprendizaje de un código para poder referirse a las piezas que vemos, y más que nada si queremos entender sus propósitos, ya que, para la vista desprovista de información previa, estas piezas pueden terminar siendo suciedad visual en las paredes de la ciudad. Muchas personas no lo aprecian y lo tildan de vandalismo. Estamos ya en 2021 y ese tipo de graffiti ochentero sigue inundando casas deshabitadas, ruinas industriales y puticlubs cerrados. Yo no quiero paredes limpias al precio de Bielorrusia. Mucho menos censuras de color verde. Pero después de tantos años de letreros inanes me viene a la mente a menudo aquella inspirada frase de Borges: No hables a menos que puedas mejorar el silencio.  

                                                                                                                                                                                            

 

         

miércoles, 26 de mayo de 2021

EL HOSTIÓN

El lugar de los hechos

Domingo, 9:45 horas. Avanzaba yo a paso ligero hacia mi objetivo informativo: la feria del disco que se celebraba en Bilborock. Llevaba a la espalda una mochila con los aparatos para hacer la transmisión en directo y a mi lado venía también Eder, joven compañero en periodo de prácticas. Avanzábamos por el muelle de La Merced cuando, de pronto, reparé en un enorme mural que ocupaba una extensa superficie. No eran los habituales grafitis. Esa enorme y colorida imagen había sido realizada con mimo, destacaba por su originalidad y cuidaba los detalles. Después he sabido que es una denuncia contra la violencia machista realizada por la artista Ruth Juan y avalada por el ayuntamiento de Bilbao. Pero aquel momento no llegué a saber nada al respecto. Estaba tan distraído contemplando los colores que no reparé en un maldito saliente de cemento que había en el suelo (y cuya función desconozco) . De pronto: “cataplum”, un tropiezo inesperado y en la fracción de un segundo me veo volando por el aire.  Fue una caída estúpida, sin consecuencias graves, pero también un hecho inesperado que me ha mantenido varios días dolorido y luciendo un huevo multicolor sobre mi ojo derecho. En el momento, una pareja que pasaba por ahí vino a socorrerme con cara de susto y Eder apareció en segundos con una bolsa de hielo que pidió en un bar cercano. Nada del otro mundo. En unos minutos estaba en la feria. La organización, que me estaba esperando, me atendió en cuanto me vio. En pocos minutos entraba en directo con las heridas de mi cabeza y mi rodilla curadas. Creo que no se notó nada mi ligero aturdimiento. Como es habitual en estos casos, los siguientes días me aburrí de dar explicaciones. La herida no era gran cosa. Ni siquiera me tuvieron que poner puntos, pero el mural que he lucido en mi cara me daba un aspecto patibulario que, al parecer, requería una explicación.                                                                 
Rebobino: En la reunión del jueves, en esa en la que decidimos los temas que vamos a abordar en el programa, yo propuse visitar la feria del disco que se celebraría el domingo en Bilborock. Al llegar el domingo se nos hizo algo tarde para ir andando y decidimos coger el metro. Nos bajamos en la estación del Casco Viejo y atravesamos entre calles para salir cerca del mercado de la Rivera… Así que, podríamos concluir, el trompazo fue la consecuencia de una cadena de decisiones. Si no hubiéramos decidido esa conexión, si no hubiéramos cogido el metro, si no hubiéramos atravesado esas calles, si no me hubiera fijado en la pintada… es posible que ahora no luciera este enorme chichón en mi cabeza, pero… ¿Quién me asegura que todo habría salido bien? También puedo pensar que la caída podría haber sido más grave. Pocos días antes estuve en la presentación del libro de Gonzalo Iribarnegaray, un autor muerto tras un fuerte golpe accidental en la nuca…                                                                                                                  
Desde que alguien decidió que naciéramos, somos el producto de nuestras decisiones, sin duda, y tarde o temprano tomamos alguna errónea. Cuando me vi de pronto ridículo y dolorido sobre los duros adoquines recordé una escena similar protagonizada por mi madre, años atrás. Una caída más aparatosa que la mía, con sangre abundante y que terminó en el hospital. Afortunadamente tampoco fue de gravedad. Ya lo cantaba el gran Ruben Blades: Decisiones cada día/ Unos ganan otros pierden/ Ave María/ Decisiones/ Todos juegan/ Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía.                  
 
 
 

 


martes, 11 de mayo de 2021

RECUERDO


Recuerdo aquella monja que nos pegaba con una regla. Recuerdo cuando mi actual edad me parecía muy muy remota. Recuerdo a un Athletic donde todos, menos Iribar, eran vizcaínos. Recuerdo el callejón de la muerte, donde quemaron a un hombre tras rociarlo con gasolina. Recuerdo cuando no podíamos beber de la fuente pública, porque había “tifus”. 

Recuerdo que compré el disco "Lou Reed live" el día que murió Franco. Recuerdo aquel primer beso en el puerto: una delicia. Recuerdo aquella primera relación sexual: un pequeño desastre. Recuerdo a mi padre cantando en el baňo "Sasibil, mi Caserio". Recuerdo el cadáver de Jose Maria Portell cubierto con una sábana en el portal de su casa. Recuerdo a Jon Idigoras diciendo "Si la policía acabara con ETA, al día siguiente surgirían otras diez". Recuerdo un concierto de "Ella Baila Sola" en la discoteca Garden de Deusto. Recuerdo a Josu Expósito entrevistando conmigo al rockero argentino Moris en los camerinos de la discoteca “Delphos”. Recuerdo a Josu imitando a todos los miembros de los Who en el portal de mi casa. Recuerdo a la policía subiendo al escenario donde actuábamos para comunicar un aviso de bomba (nadie les hizo caso). Recuerdo mis primeros días en el instituto, sin amigos y aterrorizado por los abusones. Recuerdo a Don Julio, que me aficionó a la lectura. Recuerdo al profesor Menéndez, llorando en clase el día que mataron a Roke -poeta-Méndez. Recuerdo a los Rollings en Barcelona, la policía lanzó un bote de humo y por unos segundos creí que iba a morir allí mismo. Recuerdo aquel accidente en el puente de Rontegi, por unos segundos creí que iba a morir allí mismo. Recuerdo aquel calendario “subversivo” donde vi mi primera ikurriña. Recuerdo a mi primera hija en el momento de nacer, la sensación rotunda de amor incondicional. Recuerdo al “Toyi” en los vestuarios de La Casilla, solo y cabizbajo tras perder un combate y tener que volver a la cárcel. Recuerdo la cárcel de Basauri, cuando fuimos a hacer un reportaje y me encontré con una amiga presa. Recuerdo un inolvidable día por Bilbao con Juan Carlos Eguileor. Recuerdo las paredes del calabozo militar, con restos de sangre reseca.  

Recuerdo despertar en una casa desconocida y salir a una calle desconocida en busca de alguna ruta conocida.  Recuerdo despertar de la operación y, como entre nubes, ver la cara de mi segunda hija. Recuerdo a una pareja de punks paseando por Londres en 1977, él la llevaba atada al cuello con una cadena de perro.  Recuerdo la gabarra, subiendo por la ría entre el clamor de la multitud, una inmensa fila de obreros con sus buzos saludando desde los Altos Hornos; Patxi Alonso, Kike Martín y yo lo retransmitíamos desde una chalupa. Recuerdo al sargento de mi compañía blasfemando rabioso el día que ganó por primera vez el PSOE. Recuerdo el concierto de “Ched Khaled” en Túnez, aquel policía de opereta seleccionando a los que podían pasar primero. Recuerdo el libro “Gogoan dut” de Aritz Galarraga, tambien ese otro: “Akordatzen” de Joseba Sarrionaindia. Como no, también recuerdo “Je me Souviens: Les Choses Communes” de Georges Perec. Sin olvidar a Joe Brainard y su  "I Remeber"  Gracias a los cuatro por la inspiración.




miércoles, 5 de mayo de 2021

VULPES: DEMASIADO, DEMASIADO PRONTO


Ellas no pretendían ser iconos feministas ni bandera de nada. Ellas eran chicas rockeras de barrio que escuchaban a los Pistols y a Ramones y querían hacer su propia banda con sus propias canciones. El núcleo inicial surgió a principios de los años ochenta, en el barrio más británico de Bilbao, en Irala, donde ya habían surgido los MCD, con los que tenían todo tipo de vínculos.
 Tras varios intentos previos, la formación se estabilizó. Las hermanas Loles y Lupe Vázquez a la batería y guitarra respectivamente, Mamen Rodrigo a la voz y Bego Astigarraga al bajo. En unos meses grabaron su primera maqueta, un ramillete de canciones punkeras y reivindicativas pero cargadas también de un humor mordaz: “Deja tu Sitio de una puta Vez”, “Punkies de Plástico” , “Yo les Mando a La Mierda”, “Inkisición”, “Maria, Dulce Maria”… En algunos programas de radio locales y en la revista Muskaria se hablaba ya mucho de ellas. Faltaba por ver qué tal funcionarían en directo.                                                                                                                               Yo Las vi por primera vez en la Universidad de Leioa, en sesión matutina. Ni el lugar ni la hora ni el público tenían nada que ver con un concierto de punk-rock, pero quizá precisamente por eso, la provocación funcionó como nunca. Ellas eran unas invitadas de última hora en uno de aquellos festivales improvisados de la época donde podían compartir cartel un cantautor, un grupo de rock sinfónico y una banda de punk. Desde la primera canción quedó claro que aquello era demasiado difícil de asimilar para la mayoría de los presentes. Muchos de ellos ni siquiera habían oído hablar del “punk”. “Pronto empezaron los comentarios soeces y faltos de gracia por parte de los imbéciles de turno. Pero ellas no se achantaron, ni siquiera se enfadaron. Ellas contestaban con desparpajo y descargaban aquellas canciones increíbles llenas de una femineidad distinta. Eran unas adolescentes gritándole al mundo que querían ser tan libres como sus hermanos, que ellas también querían disfrutar de la noche, participar de la fiesta y reírse a carcajadas de ese concepto del “amor” que tanto perjudicaba a las chicas. Durante algunos meses las fuimos a ver allá donde tocaban, siempre sorprendiendo y rompiendo esquemas (la presencia femenina en el rock de la época estaba bajo mínimos) y entonces… llegó el escándalo.                                                                                           En abril de 1983 las Vulpes pasaron de ser un grupo conocido entre los rockeros de Euskadi a ocupar las portadas de todos los periódicos españoles. El programa “Caja de Ritmos” que dirigía Carlos Tena grabó uno de sus capítulos en Bilbao y las invitó a tomar parte. Grabaron para la ocasión un video con el tema “Me Gusta ser una Zorra”, una versión de un tema de Iggi Pop al que cambiaron la letra: “Si tu me vienes hablando de amor/ Que dura es la vida, el caballo me guía/Permíteme que te de mi opinión/ Mira imbécil que te den por culo”. La Fiscalía General del Estado se querelló contra ellas por un delito de “escándalo público”. A partir de ahí todo fue un inmenso despropósito. Visto con la perspectiva actual resulta alucinante leer los artículos de plumas tan renombradas como Rosa Montero, Camilo José Cela o Francisco Umbral (entre otros muchos). Entre todos crearon un monstruo que nada tenía que ver con la realidad. El absurdo llegó a crecer de tal manera que sus actuaciones se convirtieron en circos. El fenómeno las superó y terminó por acabar con la banda.

En aquel momento la izquierda se puso de perfil con el asunto (no hubo ninguna campaña en defensa de la libertad de expresión como la de Hasel)  y el feminismo de la época, como bien recuerda Loles, tampoco se sintió identificado con ellas. Ahora son constantemente reivindicadas por unos y otras. Tantos años después parece que se está haciendo justicia con ellas. Fueron un ejemplo perfecto de lo que cantaba Johny Thunders: “Demasiado, Demasiado Pronto”  


martes, 27 de abril de 2021

CIUDADANO JORGE

 


Permíteme que te presente a mi amigo Jorge. Él es un ciudadano de mediana edad que trata de pasar por la vida sin hacer demasiado ruido. Paga sus impuestos y trabaja duro. Jorge no se puede permitir grandes lujos, pero tras varios años de sacrificio puede que adquiera un piso en La Rioja, para pasar los veranos o un coche de aceptables prestaciones. Jorge no suele llamar la atención. Nunca saldrá en la portada de ningún suplemento dominical y su nombre jamás ha aparecido en titulares de prensa. Realmente no es un tipo brillante. Bastante tiene con cumplir con sus obligaciones y no decepcionar a quienes le rodean.                                                                                                                                                           

No, Jorge no es en absoluto un personaje de moda. Aunque es, cien por cien, un hombre de ciudad, Jorge no es “trendy” ni “cool” ni usa leguaje “inclusivo”, ni lleva un solo tatuaje. Jorge no ha pisado -que se sepa- un gimnasio en su vida y su aspecto no llama nunca la atención de nadie. ¿A quién podría interesar una figura tan anodina como la de Jorge?  Pues bien, Jorge interesa al escritor bilbaíno Pedro Ugarte que cada cierto tiempo nos lo vuelve a situar como protagonista en uno de sus relatos. En realidad, Jorge no es siempre el mismo personaje exactamente. A veces vive en zonas más adineradas otras en barrios más humildes, a veces forma parte de un – más o menos- feliz matrimonio y otras sobrelleva como puede un divorcio -más o menos- civilizado. A veces Jorge tiene un vicio secreto o problemas con la bebida. A menudo carga con el peso excesivo de unos orígenes familiares esplendorosos que ya solo son cenizas.                                                      

Este hombre no protagonizará jamás un acto heroico y es biológicamente contrario a cualquier forma de violencia, pero puntualmente, casi sin darse cuenta, su puño se ha estampado en la cara de algún imbécil. Al igual que me ocurría con el Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, en los cuentos de Pedro Ugarte tiendo a identificar al personaje con el escritor y no puedo evitar pensar que muchos de estos relatos se basen en su propia experiencia. Sin embargo, él lo dejó bien claro en la presentación de su libro: “me admira la importancia que a veces se le da al hecho de que un relato esté basado en algo que ocurrió en la vida real. El hecho de que una historia se base en hechos reales, desde el punto de vista literario es irrelevante. Si una historia no cuenta con un plus literario, yo prefiero que me la cuenten en forma de reportaje o de artículo”.  “Antes del Paraíso” es la última colección de relatos de Pedro Ugarte. 

En este libro te puedes encontrar a un Jorge que conduce en la madrugada de un sábado para llevar a su hija a un remoto polideportivo, o a otro que acompaña a su padre de concesionario en concesionario para probar coches de alta gama que nunca comprará. Hay también un Jorge obligado por su trabajo a dominar tecnicismos absurdos en inglés y otro cuyo hijo es el único heredero de una estirpe en extinción. El antihéroe de Pedro Ugarte protagoniza historias familiares, dentro de un modelo de familia en crisis perpetua que no acaba de encajar con los nuevos tiempos. Son historias en las que muchos podemos vernos reflejados y están escritas con una prosa donde se cruzan la ternura, la ironía, ciertas dosis de nostalgia y no poca mala uva. Todo ello salpimentado, eso sí,  por un humor mordaz que aleja sus historias de cualquier exceso de gravedad.      

 

martes, 20 de abril de 2021

HISTORIAS DE LA PUTA MILI

 


Hace ya veinte años que dejó de existir el servicio militar obligatorio. Veinte años sin “conejos” ni “bisabuelos”, veinte años sin novatadas ni sargentos chusqueros, veinte años sin entrañables “historias de la puta mili”, aunque no falten quienes se empeñen en contar batallitas a mínima ocasión que se les ofrece.    

                                                

El aniversario ha llenado radios y periódicos de reportajes plagados de recuerdos y anécdotas. Fuera de Euskal Herria la tendencia, salvo contadas excepciones, ha sido la de olvidar por completo el papel que jugaron los movimientos antimilitaristas en esta decisión. Conviene recordar que “la mili” sigue vigente en países como Grecia, Austria, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Lituania, Chipre y Noruega, donde también es obligatorio para las mujeres. Suecia lo recuperó hace tres años, después de haberlo abolido en 2010. Otros ejemplos son Brasil o Israel, donde también reclutan a hombres y mujeres.                                                                                                     

En 1982 yo también tuve la ocasión de vivir esa experiencia. Si anulaba mi prorroga de estudios me destinaban a Gasteiz. No me lo pensé. Era una oportunidad para hacer la mili cerca y de forma simultanea a mis compañeros del grupo Zarama, justo cuando acabábamos de grabar el primer disco. La objeción de conciencia, protagonizada, sobre todo, por asuntos religiosos, estaba penada con cárcel y la insumisión aun no existía. Se suele decir a menudo aquello de que la mili “era una pérdida de tiempo” y es cierto, pero también es verdad que de una experiencia como esa se pueden aprender muchas cosas. Yo, por ejemplo, aprendí a confiar mucho menos en el prójimo, a apreciar el valor de lo que tenía en casa, a odiar con toda mi alma “los valores de la milicia” … También hice algunos buenos amigos que conservo, aunque a menudo, aquellos colegas del cuartel se convertían en casi desconocidos fuera de aquel contexto. 

No es malo sentir en carne propia que la libertad de movimientos, la higiene, la cultura, la salud y todas esas cosas que completan lo que llamamos “calidad de vida” se pueden ir a la mierda de un día para otro. Una cosa es que te lo cuenten tus padres y otra muy distinta sentirlo en propia carne.                                                                                                     

No, aunque no hice la mili en Ceuta, hacerla cerca no fue tampoco una panacea. Mi siguiente destino fue la brigada de montaña del cuartel de Donostia, que me permitió conocer delicias como las maniobras invernales en los pirineos o guardias en establos de mulos. Dos soldados de mi brigada murieron electrocutados en un horrible accidente y otro más se suicidó pegándose un tiro. Ninguno de los tres casos salió en la prensa.  Una estúpida negligencia en una guardia “de turuta” dio con mis huesos en el calabozo, lo que me permitió también conocer cierta experiencia “carcelaria”. Eran además “los años de plomo”; nuestros mandos y buena parte de los soldados vivían en perpetua paranoia. Claro que en la cantina siempre podías encontrar alcohol a bajo precio y tampoco escaseaban los trapicheos entre literas de todo tipo de sustancias. Un universo de jóvenes inseguros bajo las órdenes arbitrarias de tipos patibularios, nostálgicos de glorias pasadas. El paraíso, vamos.                                                                                          

Aquellos interminables 14 meses vuelven a mí cada poco tiempo, en forma de pesadilla o de recuerdo en momentos de distracción. En la medida de mis posibilidades apoyé después a aquellos que tuvieron el valor de negarse a coger las armas.

Dicen que otra de sus supuestas virtudes es que te permitía conocer gentes de diversos orígenes y clases sociales. Mejor que lo hagan con Erasmus, con Inter-rail o con intercambios de todo tipo. Las “historias de la puta mili” mejor en comic.                         

lunes, 12 de abril de 2021

GIRONA-TOULOUSE-BILBAO

 


Aeropuerto de Girona. Exterior. Finales de Agosto. Las vacaciones se han terminado. Son las 11:20 de la mañana y el autobús de Flixbus que debía llevarme de vuelta a Bilbao a las 9:50, seguía sin aparecer. Llamé por teléfono a la compañía y me tuvieron largo rato escuchando solos de saxo y mensajes grabados hasta que una voz bastante seca se dignó a decirme que “no sabía lo que ocurría” y que “le mandaremos un SMS en cuanto sepamos algo” (todavía lo estoy esperando)                                                                

Unos días antes había hecho el trayecto de ida: Bilbao-Toulouse-Girona. Un viaje largo, pero agradable, con dos horas en Toulouse para dar un paseo y comer. No tenía prisa. La vuelta prometía ser algo similar… pero no. El destino tenía previsto algo peor para mí.                                                                                                                                      

Una mujer francesa que esperaba junto a mí llamó a Flixbus-Francia reclamando información y le dijeron que “Llegará otro a las 12, pero va completo”. La mujer se largó de allí arrastrando sus maletas y jurando en francés. Así que decidí buscar una alternativa. Cogí un bus a Barcelona y por la tarde volví en avión. Era la única manera de llegar en el día, ya que al día siguiente tenía que trabajar. Decidí, en un principio, mandarles una reclamación para que me devolvieran el importe del billete y así lo hice. Pasaban los meses y… ni caso. Cada vez que veía un autobús de Flixbus me daban ganas de arrojarles algo. Así que contacté con Kontsumobide para poner una queja y reclamar una indemnización. Nunca lo había hecho. Llevo toda la vida evitando situaciones problemáticas y aguantando pequeños abusos sin decir ni pio, pero, para una vez que decido viajar en bus y dejar el coche aparcado ¿recibo ese trato? Pues nada, les puse una demanda vía consumo y en unos días me vi en un acto de “arbitraje” telemático. Antes, eso sí, consulté con mi abogada -mi hija Magali- que me dejó claros dos conceptos: Habían atentado contra “mi derecho a ser informado” y me habían causado un “perjuicio económico”.                                                                                                                         En una ventanita de mi ordenador veía al tribunal y en la otra a un alemán con cara de cansancio. Nada más empezar leyeron mi demanda y le dijeron al tipo que me hiciera una “oferta económica”. “Estoy dispuesto a ofrecerle 40 euros” me dice el tipo con aires de generosidad. Le digo que no. A continuación, me ofrece 90… De modo que se trataba de un mero regateo… Yo esperaba otro tipo de argumentaciones, no sé, que el autobús se retrasó, o que yo no estaba en la parada adecuada… pero no. El argumentaba ya me habían devuelto el billete (es cierto, lo hicieron después de que les llegó la demanda, no antes) y que era abusivo lo que yo pedía: 133 euros de un viaje en avión. En resumen: acepte usted nuestras miserias y deje de molestar. Así que me vine arriba (un poco) y les dije que no aceptaría nada por debajo del precio del viaje porque no era una cuestión de dinero sino de dignidad. Estos tipos, al parecer, saben que su clientela es, mayormente, de gente humilde y no se molestan ni en disculparse. Al final, el tribunal me dio la razón.  Ya, ya sé que no es el juicio del siglo, pero no sabes lo a gusto que se queda uno.

viernes, 9 de abril de 2021

TRAMPAS

 


Hacía tiempo que Jordi Evole no nos ofrecía una de esas entrevistas que lo han convertido en periodista de referencia. Fue hermosa y emotiva la de Pau Donés, sin duda, pero me refiero a esos momentos inolvidables en los que la conversación transcendió hasta el punto de ocupar las portadas de la prensa. 

En algunos casos, como ocurrió con la que hizo a Jaume Matas, expresidente de la comunidad balear, el impacto fue tan grande que acabó por poner al entrevistado ante la justicia. Si yo fuera profesor en la facultad de Ciencias de la Información, enseñaría a mis alumnos, sin dudarlo, aquella en la que Jordi consiguió que Santiago Carrillo hablara en público, por primera vez, sobre su actuación en la matanza de Paracuellos de Jarama, durante la guerra de 1936. Aquella conversación empezó con una advertencia muy seria por parte del político: “Como me saques ese tema haré lo mismo que hice a Luis del Olmo en la cadena COPE, me levantaré y me marchare” y terminó con toda una confesión: “Era la guerra y en la guerra para vencer al enemigo hay que matarle”.                                                                                  

Evole y su equipo se han ganado un merecido prestigio destapando corruptelas y malas prácticas de todo tipo. Esto hace que, a veces, quienes se sientan delante del entrevistador lo hagan con afanes de venganza, o de dejar las cosas claras.  Algo de eso, creo, ocurrió el domingo pasado.                                

Eufemiano Fuentes es un, medico cuyo nombre ha quedado manchado por la sospecha. Aunque no existe una condena en firme contra él, su nombre siempre se relaciona con la operación puerto y con prácticas que estaban en el límite de la legalidad. Durante toda la entrevista, que más bien parecía un combate de esgrima, el galeno quiso dejar claro que sabía más, mucho más, de lo que podía contar y que su actuación siempre estuvo avalada por las autoridades deportivas de la época. Eufemiano quería decir sin decir, denunciar sin pillarse los dedos, y eso es muy difícil. Cada poco decía frases del tipo “me has pillado” o “blanco y en botella” haciendo ver que estaba hablando más de la cuenta, pero en realidad lo que hizo en todo momento es poner en marcha el ventilador de la mierda, pretendiendo además que no se viera el dedo que lo activaba. La sombra de la sospecha se extendió así en varios frentes: el medallero español de Barcelona 92, los éxitos de Fermín Cacho, la liga 2002-2003 en la que la Real Sociedad quedó segunda, el Real Madrid… 

Las acusaciones nunca eran claras y probadas, todo eran silencios “que otorgan”, encogimientos de hombros delatadores y denuncias imprecisas, aunque, de momento, el Real Madrid ya ha anunciado que se querellará contra el doctor. Donde sí fue más explícito fue al describir como obtenía sus informaciones en los países del este. Eufemiano viajaba allí, pagado por la Federación, para conocer los trucos para conseguir mayor rendimiento Un sobre con quinientos dólares hacía hablar al galeno más hermético. Una entrevista, en suma, bastante irritante que dejó, sin embargo, algunas conclusiones bastante claras: la necesidad de obtener éxitos ha llevado a ciertos cargos y a muchos deportistas a buscar atajos tramposos y si se supiera toda la verdad, habría que revisar muchos éxitos deportivos. Claro que, puestos a denunciar, tampoco es desdeñable lo que Eufemiano quiso remarcar al final: ¿Por qué nadie denuncia esos diseños de etapa absolutamente inhumanos y demoledores que destrozan al ciclista, en aras del espectáculo?                                

   

lunes, 5 de abril de 2021

CURAS NEGROS


Cada cierto tiempo me encuentro de nuevo con el Dios de mi tierna infancia. Ocurre en esas ceremonias que denominan “Santa Misa” a las que regreso por algún acontecimiento social. Últimamente, por desgracia, casi siempre son funerales. El paso del tiempo no parece afectar a estas ceremonias. Ahí siguen esos rituales repletos de grandes palabras, de fieles que salen al estrado a leer la carta que un santo remoto envió a los filisteos explicándoles en qué consistía la vida eterna. Mensajes tan rotundos como contradictorios donde cabe todo: el amor, la ira de Dios, el desprecio por los mercaderes, la sumisión que santifica…                                                                                                                                                                 Ahí siguen también los monaguillos con cara de aburrimiento, las imágenes sufrientes de santas y mártires vestidos con túnicas y el omnipresente Cristo crucificado, el hijo de Dios que vino al mundo para salvarnos -sin éxito al parecer-, eligió ser macho y blanco y lo hizo en el vientre de una resignada mujer a la que ahorró el engorroso trámite del coito.  Ahí siguen también esos cánticos deprimentes en los que se ruega a Dios que “No esté eternamente enojado” o se le atribuyen las “maravillas” que hizo en nosotros. Allá por los años sesenta, al calor del Concilio Vaticano II, hubo un intento de renovar el repertorio con misas ye-yes y cantos de “Góspel” pero no duró demasiado.                                                                                                                            El entorno, los rituales y la banda sonora de estos actos son tan parecidos a los de muchas décadas atrás que me resulta fácil recuperar en mí a aquel niño que se cobijaba en un Dios que nos había traído al mundo “para ser buenos”. La palabra mágica era “la Fe”. Todas esas preguntas que te hacías en torno a las horas y horas de verborrea religiosa que te hacían tragar curas y monjas, tenían esa respuesta mágica: tienes que creer porque tienes la suerte de tener “Fe”. Punto. En estos rituales funerarios también es habitual escuchar que “los que tenemos fe hoy no estamos tristes, porque sabemos que Fulano está ahora disfrutando de la vida eterna”. Algo que contrasta de forma llamativa con los llantos desconsolados de los allegados.                                                                                                                              No, yo no diría que todo lo que me llegó desde la sobredosis de nacionalcatolicismo que me tocó en suerte fuera pernicioso. En mi vida escolar hubo sacerdotes inteligentes y generosos que se esforzaron en contarnos la biblia de forma amena o más tarde nos hablaron del mensaje social de Jesús o promovieron debates en torno al aborto o el divorcio. El único caso de presuntos abusos sexuales en mi historia escolar lo protagonizó un profesor de gimnasia. No tengo ansias de venganza personal. Hoy en día casi es pura perplejidad.                                                                                                 Pero sí. Observando más atentamente, algunas cosas sí han cambiado en esas misas de ahora. Los dos últimos oficiantes han sido sacerdotes de origen africano. Parece que esta labor se va añadiendo a la lista de oficios que dejamos en manos de los migrantes. También ha desaparecido -supongo que de forma temporal- la engorrosa “mano de la paz”; ahora toca mirar a los vecinos de bancada con la mano en pecho, como si les juraras fidelidad eterna. En varios de esto funerales se ha repetido también un fenómeno bastante lamentable. Muchos de los que acuden prefieren quedarse fuera de la iglesia y sus conversaciones acaban escuchándose en el interior con verdadero estrépito. A ratos incluso, con carcajadas incluidas.  Casualmente me topé ayer con estas palabras de Lev Tolstoi: “Por la vida de una persona es imposible saber si es creyente o no. Si existe alguna diferencia entre los que profesan la ortodoxia y los que no, no es en beneficio de los primeros. La ortodoxia religiosa se encuentra a menudo entre personas estúpidas, crueles e inmorales; la inteligencia, la franqueza y la honradez se suelen hallar entre hombres que se reconocen como no creyentes”.