martes, 19 de mayo de 2026

BILBAO ESTÁ GRITANDO

 "Bibao Secreto" es el título del nuevo libro de Alvaro Heras-Groh. La publicación se dedica en exclusiva a recoger imágenes de  las diversas subculturas juveniles en el Bilbao actual. Las fotografías reflejan por un lado poses y estéticas y por otro representaciones gráficas de diverso tipo (pintadas, murales, graffittis, pegatinas...) . A continuación, el prólogo que redacté para la ocasión. 

 


“Y el patito feo, rechazado por ser diferente, descubrió con alborozo que, en realidad, era un hermoso cisne en el estanque equivocado”.                                                                                       

De todos aquellos cuentos de la infancia me quedo con éste. Dicen que Hans Christian Andersen escribió “El Patito Feo” (1843) impulsado por su propia experiencia vital. El autor, nacido en el seno de una familia muy humilde, durante su infancia y juventud se sintió marginado, ridiculizado y poco aceptado por su aspecto físico, su origen social y su carácter sensible. En Copenhague sufrió burlas y rechazo antes de ser reconocido como escritor.     

A diferencia de otras narraciones infantiles, a menudo enfocadas a temer al extraño o a buscar príncipes y princesas azules, creo que la del patito ha resistido muy bien el paso del tiempo y tiene una lectura válida para cualquier edad.   

Podría decirse que buena parte de la vida la pasamos tratando de encontrar nuestros estanques adecuados, pero es en la adolescencia y en la juventud, cuando estas búsquedas se viven con mayor dramatismo y encontrar a “los tuyos”, a esa familia de congéneres con los que te sientes identificado más allá de los vínculos de sangre, bien sea durante dos días a la semana, se siente a menudo como un enorme logro.                                        

Repasando las fotos de este estupendo trabajo de Álvaro Heras Groh, es precisamente eso lo que veo: rostros, ropas y poses que te gritan su orgullo de tribu: “mira por dónde, ahora resulta que somos putos cisnes, ¿cómo te quedas”? Ahí los tienes, desafiantes, elegantes -dentro de sus propios códigos-, felices y bien abrigados por sus nuevas familias callejeras, encantados de mostrarse al mundo con el aspecto que han elegido y no con el que les imponen. 

El asunto de las tribus urbanas no es nuevo. Mods, rockers, punks, skins, raperos y tantos otros ya han llenado miles de páginas y kilómetros de celuloide en las pasadas décadas. Había entonces un cierto espíritu de pertenencia militante que podía terminar en enfrentamientos violentos entre tribus, aunque la mayor parte de las veces la sangre no llegaba al río. En Bilbao y su amplia zona de influencia se vivió además durante décadas un clima de altas temperaturas político/sociales que propiciaron a menudo que los enfrentamientos fueran con la policía, así lo reflejamos en Zarama, en temas como “Bihotzak Sutan”: 

“Baska guztiak dira bat/ erantzun bat ematean/ borroka benetan bero/ orain bihotzak/inoiz baino gehiago/ daude sutan”

(Todas las “baskas”son una / para dar una respuesta/ lucha encarnizada/ ahora de verdad/ los corazones están ardiendo.)

Con el tiempo se han ido añadiendo otras denominaciones al mapa tribal: otakus, urbanos, raveros, traperos… por no hablar de aquellos unidos por luchas ecológicas, feministas, LGTBI+ o anti-capitalistas en general, que en esta tierra siempre han tenido mucho predicamento. En un plano más local, las peleas territoriales entre barrios y las cuadrillas de delincuentes que poblaron el “cine kinki” han dado también para no pocas tesis doctorales y para libros como “A Tope” firmados por el propio Heras Groh.  

Los sociólogos dicen que ahora domina la “liquidez” y no es raro encontrar cierto flujo entre miembros de diversos clanes callejeros. Como en tantos otros ámbitos, la fluidez también vendrá impuesta por el implacable paso del tiempo. En “Quadrophenia”, aquella magnífica ópera rock escrita por el líder de The Who, Pete Townsewnd, en 1972, su protagonista, Jimmy, alcanza tal nivel de identificación con el movimiento “mod” que decide convertirlo en su modo de vida. Su líder, “Ace Face”, encarnado en el cine por el músico Sting, acaba por aceptar un trabajo de botones dejando a un lado las veleidades juveniles. Jimmy no soporta semejante visión y antes de claudicar, decide quitarse de en medio. 

Todas esas miradas fascinadas captadas en estas fotografías serán contempladas en el futuro por muchos de sus protagonistas. Unos las verán como un recuerdo maravilloso, otros como una fiebre pasajera, unos se reirán, revisándolas con su prole y otros procurarán que sus hijos no los vean “con esas pintas”. Algunas amistades perdurarán, otras pasarán al olvido, algunos recuerdos serán inolvidables, otros… mejor olvidar. La fluidez, en suma, es parte intrínseca de la vida y lo mejor que puedo desear, para terminar este prólogo, es que tengas unas migraciones lo más acertadas posibles en la constante búsqueda del “lago de los cisnes”. Y si esta no llega del todo, cosa previsible, recordemos aquella frase del gran escritor francés Marcel Proust, autor de “En Busca del Tiempo Perdido” : “el verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos”. Y de eso precisamente, de miradas y paisajes (en este caso urbanos) trata la otra parte del libro.                       

 Mi primera conciencia de ver mensajes en muros se sitúa en la infancia, cuando algunos kamikazes se atrevieron a hacer varias pintadas a brochazo limpio clamando contra el proceso de Burgos. Este tipo de acciones urgentes fueron hegemónicas hasta los años de la transición política. Ahí empezaron los murales políticos más trabajados en combinación con carteles y pegatinas como para empapelar la muralla china.                                

Con los ochenta llegaron los graffitis de inspiración hip-hopera y los rotuladores se fueron adueñando de todas las superficies imaginables. Tiempos de frases lapidarias, más o menos inspiradas, que convertirán los baños en auténticos lienzos para la expresividad. tiempos también para la “agitación y propaganda” para la nueva ola de bandas, dispuestas a dejar la huella de su existencia en cualquier superficie disponible. (Rotu de oro para Eskorbuto, sin discusión).

Ahora, avanzando a velocidad de vértigo por el siglo XXI los lienzos se multiplican, graffitis, pegatinas y pintadas - por no hablar de tatuajes- se muestran con tal abundancia que se hace difícil distinguir el grano de la paja. Pintadas trabajadas conviven con torpes exaltaciones de egos gigantescos, murales que son auténticas obras de arte malviven junto a garabatos absurdos y fenómenos como Banksy siguen alucinando al mundo.                    

Con tal reclamo constante de atención, cobra especial interés un trabajo como éste, enfocado a captar dónde están esos mensajes que mejor retratan el espíritu de una época y una ciudad, cuales son, en suma, los que se revelan como signo de los tiempos. La mirada atenta y minuciosa de Alvaro Heras Groh, empeñada en captar, entender e interpretar las culturas urbanas que le rodean, se muestra aquí con menos palabras que en sus anteriores trabajos, pero, paradójicamente, ni un ápice menos de elocuencia. 

ROBERTO MOSO.      

 




miércoles, 13 de mayo de 2026

HARRAPATZEN BAZAITU

Llega a mis manos un libro con portada de tintes siniestros y título inquietante: HARRAPATZEN BAZAITU (Si te atrapa) de Joseba Uribe-Echebarria Otaduy. Abro por una página al azar y con dos párrafos ya intuyo que, al menos, me va a interesar. No me equivoco. En un par de días leo con interés una historia entre lo fantástico, lo antropológico y lo terrorífico, aunque también con espacio para golpes de humor que no te esperas . Te cuento:
La Muerte viaja hacia Sara (Lapurdi) con un propósito implacable: llevarse a un vecino de nombre Mattin. Avanza inquieta, casi irritada, porque sabe que cada encuentro con los vascos es "una batalla de voluntades". Mientras camina, los observa con una mezcla de fascinación y desconcierto: ese pueblo duro, tozudo, "capaz de discutirle incluso a ella". Al llegar a la taberna del pueblo, donde Mattin acude cada día, la Muerte se sienta a esperar. Entonces ocurre lo inesperado: una mujer rota por la culpa la reconoce y suplica que se la lleve. Siente que su vida ha perdido todo sentido tras provocar el accidente que acabó con su familia. Pero la Muerte la deja vivir: aún tiene un futuro importante, aunque no pueda verlo. Cuando por fin Mattin entra, despreocupado, tarda un instante en comprender quién lo está observando. Y cuando lo entiende, algo ancestral se despierta en él: una mezcla de temor, resignación y una inquietante atracción por su propio destino. La Muerte, cansada de esperas y con ganas de diversión, le propone un trato inquietante: por cada historia real que le cuente, él ganará un día más de vida. Así comienza el martirio de Mattin. Se ve obligado a desenterrar vivencias, rumores, recuerdos ajenos y episodios grabados en la memoria colectiva:
 • Cómo dos pueblos resolvieron una disputa por un barrio, 
• Sucesos extraños en un banco, 
• Una ascensión peculiar al Txindoki, 
• Un robo insólito durante la mili, 
• Un episodio oscuro de la Guerra Civil en Arrasate, 
• La mirada de un niño marcado por la dictadura, 
• Un incidente curioso en el barrio de Senpere, 
• El recuerdo imborrable de una mujer de Santurtzi, 
• Una cena insólita con Paul Laxalt, gobernador de Nevada, 
• El eterno problema de los residuos de un pueblo. 
 Once historias arrancadas casi con desesperación. Once días robados a la eternidad. Cuando ya no encuentra más relatos, cuando la Muerte empieza a impacientarse y el límite se acerca, Mattin recurre al único plan que su instinto le dicta. Algo que ya no te voy a contar por si te animas a leerlo. Te diré también que el "recuerdo imborrable de la mujer de Santurtzi" es una divertida historia que yo ya conocía y que me ha encantado ver negro sobre blanco.

domingo, 3 de mayo de 2026

ACROPOL. RUMBA MADRILEÑA A QUEMARROPA

 


Por circunstancias casi casuales de la vida llega a mis manos un recopilatorio singular. Una rareza a medio camino entre lo bizarro y lo testimonial, no apto para todos los públicos. Se titula como la discográfica que los editó en su día: Acropol, y más que un disco es una cápsula del tiempo que nos arroja, sin anestesia, a los márgenes sonoros del Madrid de los años setenta. 

Lo primero que sorprende no es tanto la música como el contexto que la envuelve. Detrás del nombre Acropol hay un sello casi fantasma, impulsado por el productor de origen egipcio Noumbar Hamatjis, que operaba al margen de cualquier lógica industrial. Sus métodos eran directos, casi salvajes: grabaciones rápidas, artistas captados en bares o en la calle, canciones registradas sin apenas ensayo. El resultado es un sonido crudo, urgente, con más verdad que técnica. Este recopilatorio, editado décadas después por el empeño de tres amigos entusiastas, rescata ese material disperso y lo ordena en un formato que permite asomarse a una escena olvidada. Lo que aparece es una suerte de rumba madrileña desgreñada, híbrida, que mezcla ecos de flamenco, copla y canción ligera. Nombres como ChichosChunguitos o Las Grecas son inevitables a la hora de buscar referentes.                   

En cierto  sentido hay algo profundamente punk en este trabajo. No es una exageración, esa precariedad, ese descaro es puro "hazlo tú mismo” mucho antes de que se pusiera de moda. Los nombres que desfilan por el disco —Los Gitanos de Hoy, Tony el Gitano, Antonio el Kalifa, Los Capricornios— suenan más a personajes de una película de"kinkis" que a estrellas musicales. Y, en cierto modo, lo son. Sus canciones hablan desde los márgenes, sin filtros ni pretensiones, con una espontaneidad que te sorprende. No hay corrección política ni voluntad de agradar: hay vida, hay tensión, hay historias ásperas y declaraciones de amor descarnado. Escuchar Acropol exige, por tanto, cierta "ecualización" personal previa para aparcar prejuicios. No es un disco “bonito” en el sentido convencional. Tampoco busca serlo. Su valor está en otra parte: en su capacidad para documentar una realidad social y cultural que rara vez ha tenido espacio en los relatos habituales de la música española. Es, en ese sentido, un documento tanto como un objeto artístico. También hay algo profundamente evocador en su estética. Las portadas originales, improvisadas y de bajo presupuesto, y los circuitos de distribución —gasolineras, mercadillos, salas de fiesta— hablan de una economía paralela, de una cultura que se movía por fuera de los canales habituales. Todo en Acropol respira periferia. Que este material haya sido recuperado no deja de ser una pequeña victoria contra el olvido. Porque, más allá de lo excéntrico o lo pintoresco, lo que late en estas canciones es una forma de entender la música como expresión directa, sin mediaciones. Y eso, en tiempos de producciónes calculadas al servicio del algoritmo, tiene algo de revulsivo. Quizá por eso este recopilatorio funciona hoy casi como un artefacto incómodo. No encaja del todo en ninguna categoría, no se deja domesticar fácilmente. Y, sin embargo, ahí reside su atractivo: en recordarnos que la historia de la música también se escribe en los márgenes, en los lugares donde lo imperfecto y lo auténtico se dan la mano sin pedir permiso.

Como digo, la información y la mera existencia del disco (discos Templo 2016) ya descatalogado, me llegó de forma casual a cargo de uno de sus editores Jon Navarro. Junto con dos amigos, también entusiastas de la arqueología musical: Daniel Gutierrez y Fernando Tomé se lanzaron a la aventura de recopilar joyas perdidas entre rastros y subastas. Incluso se impusieron la tarea de buscar a protagonistas o descendientes. Así lo describen en el texto que acompaña al disco: "Contactar a los artistas no ha sido fácil. Ha pasado demasiado tiempo. y cuando nos planteamos intentar localizarlos no sabíamos por dónde empezar. Pero de alguna manera estábamos iluminados. y la voluntad. determinación y mucha suerte nos pusieron en el camino. Las vivencias darían para un libro pero lo que podemos decir es que los artistas se han volcado con nosotros. abriéndonos sus casas. cediéndonos su tiempo, ayudándonos con sus recuerdos y testimonios, y ofreciéndonos en muchos casos las claves para localizar al siguiente artista o conjunto. La mayoría no conservan fotografías de aquella época, ni siquiera los propios discos por lo que recordar con ellos toda aquella etapa ha resultado toda una experiencia vital, dando lugar a momentos imborrables e indescriptibles"  . Puedes escucharlo aquí: Acropol


jueves, 23 de abril de 2026

EL OTRO ÁRBOL DE GUERNICA

 


A veces pienso que no iba a la biblioteca a estudiar, sino a esconderme un rato del mundo. Tenía trece o catorce años y en Santurtzi todo me resultaba cercano, conocido, casi inevitable. En cambio, al cruzar la puerta de la biblioteca, el aire parecía otro: más quieto, más denso, como si allí dentro el tiempo caminara de puntillas. Me sentaba con mis cuadernos abiertos, decidido a concentrarme, con esa seriedad impostada que uno adopta cuando empieza a tomarse en serio a sí mismo. Pero la voluntad me duraba poco. Bastaba levantar la vista para que las estanterías me miraran de vuelta, cargadas de promesas. Los lomos de los libros eran como pequeñas puertas alineadas, invitándome a empujar cualquiera de ellas. Casi siempre cedía.

Había algo irresistible en ese gesto de abandonar los apuntes y dejarme llevar por lo inesperado. No elegía los libros: eran ellos los que parecían elegirme a mí. 

Aquel día, sin embargo, fue distinto. Aquel día encontré uno que no solo me distrajo, sino que me cambió. Se titulaba "El otro árbol de Guernica". Lo abrí sin saber muy bien por qué, quizá por el peso de las palabras, quizá porque “Guernica” era un nombre que flotaba en el ambiente de casa, en conversaciones a media voz, en silencios que yo entonces no entendía. Me senté y empecé a leer.  Ya no estaba en la biblioteca.

Las páginas me llevaron a otro tiempo, a otra realidad que, sin embargo, tenía que ver directamente conmigo, con mi tierra, con la gente que conocía. Por primera vez, la guerra dejó de ser algo lejano, borroso, algo que pertenecía a documentales o a historias contadas sin detalles. Allí estaba, viva, concreta, humana. Y dolía de otra manera.

Recuerdo cerrar el libro con una sensación extraña, como si hubiera descubierto algo importante que nadie me había explicado del todo. Afuera seguía siendo el mismo Santurtzi de siempre, con sus calles y sus rutinas, pero yo ya no lo miraba igual.

Volví a casa ese día con el libro bajo el brazo y los apuntes casi intactos. No había estudiado gran cosa, es cierto. Pero había aprendido algo que no venía en ningún temario: que los libros podían abrir grietas en la realidad, y que, a través de ellas, uno podía empezar a entender de verdad de dónde viene.

Desde entonces, cada vez que entro en una biblioteca, vuelvo a sentir lo mismo: que en cualquier estantería puede estar esperándome otra puerta, otro descubrimiento, otra pequeña sacudida.  Por unos instantes recupero mis trece años. Feliz día del libro. Gora Santurtzi.

viernes, 17 de abril de 2026

MAGNOLIA


Cuando cumplí cuarenta años decidí celebrarlo de una forma discreta, casi íntima, como si no quisiera hacer demasiado ruido al cruzar esa frontera invisible que separa lo que uno cree que es la juventud de lo que empieza a intuir que ya es otra cosa. No hubo fiesta, ni brindis multitudinario, ni discursos. Hubo, en cambio, una butaca en penumbra y una película de la que todo el mundo hablaba maravillas. Pensé que no había mejor manera de marcar el momento que dejarme llevar por una gran historia. Algo que, de algún modo, estuviera a la altura de la cifra. Pero no lo estuvo. A medida que avanzaban los minutos, empecé a sentir una incomodidad difícil de explicar. No era aburrimiento exactamente, ni siquiera rechazo frontal. Era más bien una sensación de desajuste, como si la película y yo estuviéramos en frecuencias distintas, incapaces de encontrarnos. Las escenas se sucedían con solemnidad, los personajes sufrían con intensidad, todo parecía diseñado para conmover… y sin embargo, yo no estaba allí. O peor: estaba, pero con una conciencia cada vez más aguda del tiempo que pasaba. Recuerdo pensar, con una mezcla de ironía y desasosiego: “Dios mío, estoy a punto de llegar a la mitad de mi vida —si todo va bien— y aquí estoy, desperdiciando dos horas en algo que no me dice nada”. Aquella idea se me clavó como una pequeña astilla. No dolía demasiado, pero tampoco desaparecía. Me hizo mirar el reloj. Me hizo removerme en el asiento. Me hizo sentir, por primera vez en mucho tiempo, que el tiempo no es algo abstracto, sino un recurso limitado que uno gasta, a veces sin darse cuenta, en cosas que no lo merecen. Y entonces surgió la pregunta, casi inevitable: ¿cuántas veces nos ocurre eso en la vida? No solo en un cine. También en conversaciones que no llevan a ningún sitio, en trabajos que no nos llenan, en relaciones que se alargan por inercia, en decisiones que tomamos por miedo o por costumbre. Momentos en los que, de pronto, algo dentro de nosotros se despierta y dice: “¿De verdad quieres estar aquí?”. Y la respuesta, aunque incómoda, suele ser honesta. Salí del cine con una sensación agridulce. No había disfrutado la película, eso estaba claro. Pero tampoco podía decir que hubiera sido una experiencia vacía del todo. Había algo más, algo que no terminaba de encajar en la categoría de “pérdida de tiempo”. Durante el camino de vuelta, sin prisa, empecé a darle vueltas a esa idea. Quizás el error estaba en medirlo todo en términos de aprovechamiento inmediato. Quizás no todo tiene que ser útil en el sentido clásico. A veces, lo que parece una decepción es simplemente una pausa forzada, una especie de espejo incómodo en el que uno se ve reflejado sin adornos. Aquella película no me había dado lo que esperaba, pero me había obligado a hacerme preguntas que llevaba tiempo evitando. Y entonces la reflexión cambió de dirección. ¿Qué pasaría si las decepciones no fueran un fallo del sistema, sino parte esencial del mismo? ¿Y si esos momentos en los que sentimos que estamos perdiendo el tiempo fueran, en realidad, pequeñas grietas por las que se cuela algo importante? No siempre es evidente en el momento. A veces hace falta distancia para entenderlo. Porque, al fin y al cabo, si no hubiera ido al cine aquel día, si no me hubiera sentido incómodo, si no hubiera tenido ese pensamiento casi dramático sobre la mitad de la vida… probablemente no estaría ahora recordándolo. Ni escribiendo esto. Y eso introduce una paradoja curiosa: aquello que parecía completamente inútil termina teniendo un valor inesperado. No por lo que fue en sí, sino por lo que provocó después. Como una semilla que no sabías que estabas plantando. Desde entonces, cuando me encuentro en situaciones similares —una charla insustancial, una película fallida, una tarde que parece deslizarse sin sentido— intento no reaccionar con tanta impaciencia. No siempre lo consigo, claro. Pero al menos me esfuerzo por pensar que incluso ahí puede haber algo rescatable. Aunque solo sea una idea, una frase, una sensación que más adelante encuentre su lugar. Quizás no se trata de evitar perder el tiempo a toda costa, sino de aprender a transformarlo. De aceptar que no todo va a ser brillante, ni memorable, ni digno de ser contado… pero que, de vez en cuando, incluso lo mediocre deja un rastro que merece la pena seguir. Aquella noche no salí del cine con una revelación cinematográfica. Salí con una pregunta. Y, con el tiempo, he aprendido que a veces eso es mucho más valioso.

viernes, 20 de marzo de 2026

ESKORBUTO EN BARCELONA 1986

Documento inédito. Eskorbuto en la fiesta mayor del barrio de La Prosperitat, incluido en el el distrito de los Nou Barris. 4 de Junio de 1986. La actuación formaba parte del cartel del festival "Prosperock", incluido en el programa de fiestas.

martes, 3 de marzo de 2026

JAN! TALDEA: NEW CALEDONIA


Navigare necesse est, vivere non necesse. Esta fue la frase que, según Plutarco, Pompeyo dijo a unos marineros que no se querían embarcar porque le tenían miedo al mar. «Navegar es preciso, vivir no lo es». En este tema hemos querido reflejar la emoción del viaje, del descubrimiento. Viaje que puede ser exterior o interior, pero que a de ser ,necesariamente, audaz. Ya lo dice otro conocido proverbio: "piedra que rueda, no cría musgo" Uuuuuu Kaledonia Lur ederra Egoaldeko, iparraldeko Itsasoen irlak Ekialdeko, mendebaldeko Mendikateak Ekiaren bila Munduan zehar Bizitzea baino Nabigatzea Uuuh berriro ere Errepidean Aurrera beti ez dagoelarik Atzera bidea Aurrera beti, ez dagoelarik Bidezidorra Edonondik ekira Edonondik ekira.

martes, 3 de febrero de 2026

¿QUIEN TIENE EL TOCADISCOS?

 


El mundo de la promoción musical no es un terreno de juego equilibrado.

Nunca lo fue, aunque a veces se disfrace de meritocracia sonora.

Las canciones no nacen iguales, nacen con mochila o sin ella.

Algunas llegan con focos, presupuesto y padrinos. Otras llegan solas, grabadas de madrugada y con más fe que medios.

No gana siempre la mejor canción, gana la más empujada.La que suena donde tiene que sonar y en el momento justo.

La que alguien decidió pinchar una y otra vez.

Porque alguien, en algún sitio, tiene el tocadiscos.Ese tocadiscos puede ser una radio, una playlist o un algoritmo.Puede ser un periodista, un programador o un influencer cansado. 

Quien controla la aguja decide qué gira y qué se queda en silencio.

Y ese poder rara vez es neutral.

La historia de la música está llena de genialidades invisibles.

Canciones que no fallaron artísticamente, sino estratégicamente. Temas que no entraron en la rueda correcta. Bandas que llegaron tarde a una fiesta privada. La injusticia no está en que unas canciones triunfen.

Está en fingir que todas tuvieron la misma oportunidad.

En confundir éxito con valor.

En llamar fracaso a no sonar.

Tal vez la pregunta no sea quién tiene talento.

La pregunta real sigue siendo: ¿quién tiene el tocadiscos?


miércoles, 28 de enero de 2026

50 AÑOS DE "PUNK"

 


Aunque a los british les gusta mucho vender el "punk" como algo nacido de sus entrañas, lo cierto es que Sex Pistols, Clash y tantos otros bebian de algo surgido meses atrás y que ahora cumple 50 años.       
En enero de 1976 apareció en Nueva York un fanzine barato, mal impreso y descarado llamado Punk. Nadie imaginó entonces que aquel objeto de grapas torcidas acabaría dando nombre a un movimiento cultural global.Creado por John Holmstrom, Legs McNeil y Ged Dunn, Punk no nació para explicar nada, sino para provocar.                                                                           
Su epicentro fue el CBGB, un club sucio del Bowery donde tocaban bandas que no encajaban en ningún sitio. Ramones, Television o Patti Smith encontraron en sus páginas un espejo fiel. El fanzine no embellecía: exageraba, caricaturizaba y se reía de todo.                     
Su estética deliberadamente fea era una declaración política contra el rock virtuoso, contra la industria, contra la solemnidad. Punk convirtió la precariedad en estilo y la falta de futuro en bandera. Mas que informar construía su propio relato, una escena local se transformó en identidad colectiva. 50 años después, su influencia sigue viva, no tanto en la música, sino en la actitud.                                 
El “hazlo tú mismo” que hoy invade internet nació en aquellas páginas fotocopiadas.                                Blogs, redes sociales y cultura independiente le deben más de lo que a menudo admiten. A cincuenta años  de su nacimiento, el fanzine ya no circula pero su espíritu sí. Cada vez que alguien decide publicar sin aval, sin pulir y sin miedo,Punk vuelve a imprimirse, aunque ya no huela a fotocopia barata ni a cerveza derramada.

lunes, 19 de enero de 2026

LA IA TE HACE VAGO

 La IA te hace vago.




No porque piense por ti, sino porque te tienta a dejar de pensar.

Antes buscábamos palabras; ahora las pedimos.

Antes dudábamos; ahora aceptamos la primera respuesta.

La comodidad es el gran caballo de Troya tecnológico.

Promete ahorrar tiempo y acaba robando criterio.

No es que la IA escriba mal, es que escribe demasiado fácil.

Y lo fácil rara vez nos exige algo.

Delegar tareas puede ser inteligente.

Delegar el juicio, nunca.

La pereza intelectual siempre se ha disfrazado de progreso.

Hoy tiene forma de algoritmo amable.

La creatividad sin esfuerzo se parece mucho al relleno.

La opinión sin fricción acaba siendo eco.

Pensar cansa, contrastar aburre, corregir desespera.

La IA nos ofrece atajos constantes.

Y los atajos, ya se sabe, cambian el paisaje.

No es una condena, es una advertencia.

Usarla bien exige más disciplina, no menos.

Lo dicho, la IA te hace vago.

(Articulo escrito por el chat GPT respondiendo a esta petición: hazme un artículo titulado "la IA te hace vago")

sábado, 17 de enero de 2026

UN TRANVÍA LLAMADO DEMOCRACIA




"La democracia es un tranvía, cuando llegas a tu estación, te bajas".

La frase de Erdogan expresa una idea cada vez más extendida: la democracia como simple instrumento y no como valor. Hoy esa lógica no es marginal, gana terreno en múltiples discursos políticos. La democracia se acepta mientras sirve para alcanzar el poder, pero se cuestiona cuando limita su ejercicio. Esta deriva no es exclusiva de una ideología concreta.


En la derecha, el autoritarismo suele justificarse en nombre del orden, la seguridad o la unidad nacional. Las reglas democráticas se respetan solo si producen resultados favorables. Cuando no, se desacreditan elecciones, tribunales o medios de comunicación. El líder se presenta como encarnación directa del pueblo, incluso contra las instituciones.


En la izquierda, la tentación adopta un lenguaje emancipador. La democracia liberal se denuncia como una farsa al servicio de las élites. El pluralismo y los contrapesos se ven como obstáculos para la justicia social. Alcanzado el poder, la perpetuación se legitima a menudo en nombre de una causa superior.


En ambos casos, la democracia se convierte en una puerta de entrada que puede cerrarse desde dentro. El descontento social y la frustración con sus fallos alimentan esta visión. El riesgo es normalizar el desprecio por las reglas comunes. Defender la democracia exige reformarla y profundizarla, de lo contrario se queda en una pura etiqueta. 

Quienes hemos conocido un sistema sin división de poderes, sin partidos ni sindicatos , sin derechos para las minorías , sin libertad de prensa, sabemos que es peor. Solo las élites privilegiadas pueden sentirse mejor en una dictadura.. Eso sí, el régimen dictatorial rara vez reconoce esa denominación. Se apuesta por eufemismos como "democracia orgánica", "democracia popular"o, como mucho "dictadura del proletariado'

miércoles, 31 de diciembre de 2025

ENTREVISTA EXTREMODURO (2000)


Entrevista realizada en el año 2000 en el restaurante Gaminiz de Plentzia (Bizkaia). Roberto Moso y Cristina Ardanza hablan con Robe Iniesta e Iñaki "Uoho" para el programa "Egun Off" de Radio Euskadi. El grupo está en la gira de presentación de "Canciones Prohibidas". Robe está a punto de mudarse a Bizkaia. 

"Hay mucho moñas y pocos grupos de verdad" 

"Es difícil aguantar en la música, con todos los mamones que hay" 

"La letra que más me ha llenado es la de Pedrá" 

"A veces resulta más tranquila la gira que la grabación de un disco" 

"La suerte influye mucho en esta profesión" 

"En este mundo de la música te dan muchas malas noticias" 

"Procuramos manejar a la industria antes de que la industria nos maneje a nosotros" (Uoho) 

"Nadie se come nada como poeta" 

"Chinato no tiene nada publicado, sus poemas me los recita a mí cuando está borracho"

sábado, 13 de diciembre de 2025

FLORES EN LA BASURA (como se plantaron)


Recién empezaba el nuevo milenio y todo seguía igual.Todas aquellas fantásticas previsiones para el año 2000 fallaron. La herramienta más “futurista” que conocíamos era el teléfono móvil, algo curioso al principio, pero casi obligatorio y bastante molesto después.

No andábamos en naves espaciales, en absoluto había coches voladores, y no podíamos teletransportarnos, como habíamos visto en los cómics. Así que en ese dichoso futuro estaba tan despistado y somnoliento como en el pasado.

Por no ocurrir, no ocurrió, ni siquiera aquella estúpida amenaza del "efecto 2000" que iba a colapsar todos los ordenadores. De hecho, el nuevo milenio comenzaba con una premonitoria noticia falsa, máximo exponente de la nueva era.

Para mí eran tiempos de muchos cambios. En 2001 nació mi segunda hija y yo dirigía un programa de televisión “El Periscopio”, en una productora donde no había horario de salida.

Desde tiempo atrás estaba deseando escribir las peripecias vividas en el grupo ZARAMA. Soñaba con hacer un libro que reflejara el ambiente de aquellos años locos, pero, ¿cómo demontre lo conseguiría? En el trabajo estaba más pillado que nunca y en casa no eran precisamente días tranquilos para mí, dos niñas pequeñas habían llenado mi vida de emotividad, pero también de interminables premuras.

Soñaba con tener tiempo algún día para escribir ese libro. Me imaginaba a mí mismo en una habitación de un edificio urbano, en pleno centro de Bilbao. Sí, no me preguntes por qué. No pensaba en una choza lejana, con un perro al lado y dando largos paseos por los senderos del campo, como desean otros escritores. Me veía escribiendo en soledad mientras veía pasar coches y gentes por la ventana.

Y se produjo el milagro, como si fuera un regalo del destino.

El programa que dirigía se grababa en los estudios de K2000, en Galdakao, a las afueras de Bilbao. Después de terminar con ese proyecto volví a las oficinas de la productora, al centro de la ciudad precisamente, donde me esperaba una oficina. Fue la única vez que ocurríó algo así en toda mi vida laboral y duró muy poco tiempo. ¿El destino jugando en mi equipo?

En el plazo de un mes tendría que entrar en otro programa y recuperar el ritmo intenso, pero mientras tanto, me vi sin tareas concretas y habitando en solitario un modesto despacho que estaba dentro de un piso, en pleno centro de Bilbao. La estructura de ese libro bullía en mi cabeza. Sólo tenía que teclear. Y así lo hice. Aquel diciembre de 2001 llegaban de la calle los sonidos navideños de unos grandes almacenes y la flauta irritante de un "perroflauta"de reglamento.

No quería hacer una biografía. Quería contar una historia.

Billie Wilder decía que un buen guión debe empezar sorprendiendo y dejando al espectador con curiosidad. Es lo mismo que quería hacer yo. Empezar la historia con una escena impactante que creara interés en el lector. Así que recordé aquella brutal actuación en Eibar en la que casi nos matan. Ese iba a ser el principio, sí señor. El resto vino cuesta abajo.

Pero a la hora de salir a la luz no fue nada fácil el camino de “Flores en La Basura”. Ninguna editorial se interesaba -la mayoría ni siquiera se molestaron en contestar- y al final lo colgué gratis en la red gracias al ofrecimiento del gran Niko Vázquez.

Meses después, lo publicaría “Zirkus”, subsello literario de Illargi-Discos Suicidas, con un excelente diseño gráfico, de la mano de mi amigo (y bajista de Zarama) Alfonso Herrero.

Desde entonces, el libro sólo me ha dado buenas noticias: ha conseguido varias reediciones (una de ellas en Argentina) y muchas buenas opiniones, tanto de profesionales como de lectores agradecidos

La última buena noticia es esta nueva reedición de la mano de “Liburuak”.  Nuevos prólogos (a cargo de Roge Blasco y Gotzon Hermosilla), nuevos capítulos y una revisión integral de la edición en euskara para hacerlo más mio.


Flores en la basura es la historia de una pasión compartida, de un sueño hecho realidad, de un tiempo convulso y de un lugar especial. Escrito con corazón y sin freno de mano.

domingo, 9 de noviembre de 2025

EL DELIRIO


 Avanzaban ya los ochenta hacia su tramo final. El tsunami Kortatu había convertido en fenómeno de masas lo que pocos años antes era underground de gaztetxe y frontón.  

Parecía que la tarta estaba más que repartida y que un espacio tan reducido como Euskal Hernia no podría dar muchos frutos más. No, al menos, sin repetirse en sus fórmulas conocidas. Y entonces llegó aquella maqueta. 

No sabría decir cómo llegó a mis manos pero sí dónde la escuché por primera vez: fue en aquel programa increíble que ocupaba las horas centrales en las noches de Radio Euskadi: "Alguien te Está Escuchando" de Pablo Cabeza. Aquel sonido efervescente, aquella voz nasal y cadenciosa escupiendo textos en euskera de Mutriku

Tres temas bastaban para atrapar al oyente , para conseguir que  te enamoraras de ese sonido, de esas letras, de esa voz. 

"Asko", "Kontuz" y "Porky". La primera describía con desolada certeza la impotencia de verse atrapado por aquel maldito "Servio Militar Obligatorio" que ahora, algunos, pretenden recuperar. La segunda clamaba por el espacio propio y la tercera presentaba la candidatura del cerdito  "Porky" para ocupar Ajuria Enea. Títulos cortos para un power trio al que alguien definió como "Los Pistols del Cantábrico". Aunque las etiquetas suelen ser demasiadoreduccionisras, no andaba descaminado aquella definición. Delirium Tremens sonaban salvajes y espumosos como las olas de Saturraran y su puesta en escena, con el sobrio y carismático Andoni Basterretxea al frente, no podía ser más arrebatadora. 

Los vi varias veces en aquella primera versión trio. Recuerdo con esoecial cariño una tarde de domingo en el Gaztetxe de Bilbao y otra en Aste Nagusia, en la sección "bandas locales" .

Sonaban una y otra vez en nuestra guarida santurtziarra de la época, "La Herradura" (La Herra para los parroquianos) . La frase " kontuz, hemen ibili behar naiz" era como un mantra en nuestras bromas cotidianas. 

Luego, como tantas veces ocurre, llegó el éxito masivo. La banda fichó al gran Iñigo Muguruza y su primer álbum funcionó como un misíl. Su sonido y su puesta en escena mejoraron considerablemente, pero ya no era lo mismo. Recuerdo cierto bolo en la Plaza Nueva donde estábamos apachurrados como sardinas en lata. 

Sin embargo seguimos disfrutando de los muchos buenos temas que iban publicando: Boga Boga, Ezin Leike, Ni Naiz Naizena, Sua , Ikusi eta Ikasi...

Me sorprendió su repentina disolución en 1991 y más aun su arrolladora vuelta a los escenarios con ese potente  Ordago , que nos daba un buen sopapo como los que se dan en el clip. 

El próximo día 29 los Delirium se despiden de nuevo y esta vez voy a tener la suerte de compartir escenario con ellos. Lo haré primero con nuestra nueva flamante banda JAN! A la que han ofrecido el honor de abrir el show en la sala Santana 27 de Bilbao. Más tarde Tontxu y yo subiremos a escena con ellos para interpretar juntos Gasteizko Gaua, canción elegida por ellos en la que recordamos la masacre de 1976 en la que cinco obreros en huelga fueron asesinados impunemente. 

Así que aquí estamos, preparando el bolo con ilusión de chavales, agradecidos en el alma a Delirium por darnos esta pedazo de oportunidad y deseando vivir lo que será, sin duda, una gran fiesta .

Esto si que es un delirio.