martes, 24 de septiembre de 2019

ESKORBUTO EN LA PARED


 Jualma, Josu, Paco: Los tres en la pared, en este hermoso mosaico en rojo y negro. Ahora permanece cubierto con una tela llena de fotografías. Pero todos sabemos lo que oculta. A diferencia del antiguo monumento a Josu, unos metros a la izquierda, el trabajo de Jon Mao gusta a todo el mundo.

Las pintas de los congregados, la música cañera que se escucha y el sirimiri parecen ponerse de acuerdo para crear un perfecto ambiente ochentero.
 En una pequeña tarima, la alcaldesa de Santurtzi, Aintzane Urkijo: "Estamos muy contentos de apoyar esta iniciativa creada aquí"; el  autor del trabajo Jon Mao: "Este mural es para todos vosotros"; Javi Negro de la Asociación "Demenciales Chicos Accelerados": "Nos gustaría que fuera un museo al aire libre" y Jabi Arroyo de Subversión X: "Uno tíos de puta madre porque hacían buena música y gente de la puta calle".
Después de agitar una botella de cava, Arroyo pringa  a todos los que le rodean y se descorre la tela. Suenan las primeras notas de  "Ratas en Bizkaia" y un coro espontáneo las acompaña con entusiasmo.


Ya son visibles en la pared: Jualma, Josu, Paco.  Precisamente acabo de saludar a éste último: "de puta madre, estas cosas no suelen pasar cuando estás vivo". Además del batería, también están por ahí Pedro Rivero y Aitor Gutiérrez, guionistas de  la futura película “Demasiados Enemigos”, el director del documental “Generación Anti-Todo” Iñigo Cobo, el sobrino de Josu y ex jugador del Athletic Unai Exposito, periodistas, compañeros de trabajo, vecinos y eskorbutines llegados de toda la península. Pako y sus colaboradores planean tocar en el festival que comenzará en cuestión de minutos. Serán los últimos, después de otros once grupos.  El pequeño escenario está ubicado en una zona de  estacionamiento que hoy han vaciado de coches. La explanada, rodeada de edificios  está ligeramente en cuesta y el escenario se encuentra en la cima.  El lugar elegido también me sitúa directamente en los conciertos de los ochenta.
El sirimiri cesa justo para permitir que comience la música. Grupos cercanos con shows cortos y contundentes donde vuelven a escucharse esas letras roncas, desesperadas, increpantes, apocalípticas, siempre coreables. El de hoy es un concierto coral.  Hay versos que llevaba tiempo sin escuchar: : “Feliz el día de tu nacimiento, feliz el día de tu bautismo, feliz el día en que comienzas tus estudios, feliz el día en que cumples tu primera comunión. Feliz el día que termines tus estudios, feliz el día que encuentres tu primer trabajo, pégate un tiro en el sien o tírate debajo del tren ... "
Inevitablemente, llegan los recuerdos. Josu y yo en la esquina del bar de siempre. El sosteniendo un pedazo de papel y recitando con pasión esas palabras. Reflexiones en la punta del abismo. Gritos desesperados para despertar al mundo dormido.
La tarde transcurre animada entre canciones y encuentros.  Llega mi turno. Cantaré "Dena Ongi Dabil" con la banda "Antidoto", montada expresamente para el evento . Josu nos dio la canción. Vamos a recuperar los versos originales que hizo él: "Aquí yo crecí, Aquí yo lloré, Aquí me engañaron , Como a ti allí"…
En mi camino de regreso  paso de nuevo ante el mosaico, ahora solitario y oscuro. Jualma, Josu, Paco:  Kabieces, Mamariga, Repélega.  Larga vida a los superhéroes de barrio.





lunes, 29 de julio de 2019

EXTERMINIO DE LA RAZA DEL MONO





Una niña en edad de preguntar se dirige a su padre:
- Aita... ¿de donde venimos?”
Bueno, esta pregunta parece más fácil que otras. El hombre, que ha quedado con los amigos para ver el partido en el bar, improvisa una respuesta concisa:
-“Mira... En África, hace tiempo, hubo una especie de monos más listos que los demás. Poco a poco y con el paso de los siglos, esos monos fueron perdiendo pelo y se irguieron, hasta tomar el aspecto que tenemos nosotros”...
El pequeño se queda pensativo.
- “¿Está claro maitia? ¿quieres saber algo más?”
- “Mmm no, gracias”.
El padre se marcha contento, repasando satisfecho su discurso. “Vale, no ha estado mal la explicación”. La niña, sin embargo, en busca de una segunda opinión, se dirige a la madre, clavada ante la televisión.


“Ama, una pregunta... ¿de dónde venimos?”
Mmmm, bonita pregunta. Su madre recuerda la primera versión que oyó de pequeña. “Ya tendrá tiempo de escuchar otras”...


-“Pues mira laztana, Dios creo a los dos primeros humanos, guapos y listos como tú, se llamaban Adan y Eva y vivían en el paraíso terrenal. La única condición para seguir allí era la de no comer la manzana prohibida pero... no hicieron caso y Dios les expulsó. De aquella primera pareja descendemos todos... hasta que llegaste tú, tan guapa y tan lista como ellos....
- “Pues aita dice que venimos de unos monos”...
- “Mmm, bueno, a ver, yo te estoy hablando de MI familia”...


Me acordé de este viejo chiste viendo un documental sobre el comportamiento de los simios. Según decían, los capuchinos aceptan por amigos, sobre todo, a los seres humanos que imitan sus movimientos y gestos. Después de hacer muchas pruebas, los científicos han llegado a esta conclusión: a la hora de conseguir la empatía de los monos, el camino más directo es la imitación.
Ese reportaje me suscitó no pocas sospechas. ¿Hemos superado realmente ese comportamiento de nuestros antepasados? Los tatuajes, los lenguajes, las indumentarias, las modas en general... ¿acaso no son, a menudo, fruto de la pura imitación? ¿No usamos –de forma más o menos consciente- la imitación para conseguir la aprobación de un grupo?
¿Acaso no son, hoy en día, los Estados Unidos el gran mono que se quiere imitar en todo el mundo?
¿Acaso no es Hollywood el gran espejo mundial? ¿Somos monos en perpetua y mutua imitación?


Tras el reportaje y con esas dudas mosconeando en mi cabeza, me puse a ver el Teleberri. La primera noticia no podía ser más adecuada al respecto: Boris Johnson nombrado primer ministro de Gran Bretaña. La primera reacción internacional, como no, la de Donald Trump. El nombramiento -of course- le ha encantado. Ahora, en el Reino Unido hay otro tipo “pintoresco” de pelo rubio y raro, que quiere alejarse de los vecinos del sur cuanto antes, otro que está de cruzada contra el inmigrante y que pone a su país “first” por encima de las alianzas actuales. Si, al “Big Monkey” norteamericano le ha salido el imitador perfecto. Los dos, además, parecen considerarse de mejores familias que los demás. Los imitadores se multiplican por todo el mundo. “Exterminio de la raza de mono...¿quizás mañana será?”




martes, 23 de julio de 2019

BARCELONA BLUES





Estuve aquí por primera vez en mi primer viaje sin padres. Txus y yo vinimos a ver a los Rolling Stones, en un tren expreso que tardó un día entero en hacer el recorrido. Estuvimos cerca de una semana alojados en el barrio del “Clot”, en el piso donde vivían entonces mi abuela y su hermana. El día del concierto, los “grises” a caballo rodearon desde la mañana la plaza de toros de Las Arenas. Por la tarde, cuando estábamos entrando en el recinto, tiraron un bote de humo -todavía no sé por qué- y durante algunos segundos, fui incapaz de respirar. Creí que allí mismo se acababa todo. Otro escándalo en la biografía de los Stones, como el festival de “Altamont”. Pero no. La densa niebla se disipó y pudimos gozar de la actuación. Nos sentíamos en el centro del mundo. En el lugar exacto en el que debíamos estar. Pero el espectáculo, no había hecho mas que empezar.
Cuando estuve aquí por primera vez, tras una larga caminata, nos sentamos en las sillas de madera de la plaza Catalunya. Aquel señor mal encarado se nos acercó cojeando para cobrar el “servicio”. Cobraban por sentarse...qué bueno. No, gracias.


Cuando estuve aquí por primera vez, apenas había gente en el parque Güell. Tan solo alguna criada, con cofia incluida, cuidando al bebé de sus amos.
Cuando estuve aquí por primera vez, no se veía tanto extranjero. Como cantaba Gato Pérez: “Hay gitanos y judíos / valencianos, portugueses/ andaluces, africanos / isleños y aragoneses / y cansar Rambla rebosante/ de fecunda humanidad/ un oasis de tolerancia/ imposible de ocultar”.
Cuando estuve aquí por primera vez, en la sala Magic, tocaba Oriol Tramvia y en la Zeleste Paul Riva. Hippis barbudos se paseaban con discos de “Sisa” y la “Companyia Eléctrica Dharma”bajo el brazo. En la “Bodega Bohemia”, antiguas estrellas del “Cuplé” exhibían sus decadencia entre las chanzas de un público bien “perfumado”.


Cuando estuve aquí por primera vez Ocaña no era el nombre de un restaurante o el protagonista de una exposición. En aquel tiempo Ocaña hacía en las Ramblas sus “performances” . Pudimos ver a la policía disolviendo una a hostias y llevándose detenido al “alborotador”.


En aquellos días, en Las Ramblas, no había estatuas humanas, ni atentados yihadistas. Además de los puestos de flores y prensa , abundaban los músicos de calle y los tenderetes de partidos políticos, con los comunistas del PSUC como estrellas del momento. La reivindicación nacional más extendida era “Volem L'estatut”, visible en muchas camisetas.
Cuando estuve aquí por primera vez, Se veían muchos chalecos y greñas largas entre los chicos. Muchas chicas llevaban camisetas “sin suje”, al estilo de Carly Simon.


Cuando estuve aquí por primera vez, teníamos dieciséis años Txus y yo y no teníamos suficientes ojos ni orejas para absorber todo lo que nos rodeaba. Una vida larga y llena de emociones se abría ante nosotros; Barcelona era toda una promesa de libertad.
La vida me ha traído hasta aquí otra vez. En la soledad de esta habitación de hotel, tantos años después, constato de nuevo lo corta que es en realidad la vida. El paisaje de la calle ha cambiado por completo. Zombis sonrientes de variadas razas e indumentarias pululan en busca de la foto ideal.
Gato Pérez murió hace tiempo y yo, supuesto hombre adulto, sigo sin sentirme como tal.


Cuando estuve aquí por primera vez, de alguna manera, me quedé aquí para siempre.

lunes, 20 de mayo de 2019

ZINTUZKETEDAN



Recuerdo como si fuera ahora la primera vez que te escuché nombrar: “zintuzketedan”. Sonabas entre la broma y la amenaza, una especie de “calla que te dan” en castellano: “zintuz... ke te dan”. Te conocí, como no, penetrando en la frondosa selva del Nor Nork, que se presentaba como la prueba definitiva a superar si querías, de verdad, aprender euskara. Y sí. No sin esfuerzo conseguí asimilar aquellas tablas del demonio y aplicar ejemplos que me hacían superar exámenes.


Sin embargo no he vuelto a toparme contigo ni con ninguno de tus semejantes. No te he escuchado en la voz de ningún vascopartante, ni en caseríos ni en aulas ni en salas de cine ni en canciones. No te recuerdo en ninguna lectura y juraría que en ETB tampoco te he escuchado -y eso que pocas veces se declina tanto el nor nork como en las películas dobladas de ETB 1. Creo –aunque no estoy seguro- que solo te escuché en cierta ocasión en los labios de Natxo de Felipe, aunque quizá lo haya soñado.

Si tecleo tu nombre en Google ocurre algo curioso. Todas las entradas tienen que ver con gramática y con ejercicios de euskara ¿Pero qué pasa contigo? ¿No eres lo suficientemente cool? ¿Perdiste tu alma en algún remoto valle allá por os años cincuenta del siglo pasado? ¿o es que resultas demasiado culto o “estirado” ahora que todo el mundo quiere presumir de “callejero”?

Se me pasó por la cabeza también que quizá el problema viniese de la fórmula usada para la gramática unificada, pero no, he comprobado que tus equivalentes dialectales , además de muy parecidos, son igualmente extraños, inusuales, ignorados. (p.e. “zindukiedaz” en bizkaiera)

Leo uno de los ejercicios: “Si os hubiera visto os habría llevado”: “Ikusi bazintuztet eramango zintuzketedan” . No parece tampoco que esa frase sea el colmo de la complejidad ¿no? Me imagino diciéndola en castellano sin que nadie note nada raro... en cambio me veo a mí mismo usando esa frase en euskara: pitorreo general garantizado: ¿Que has dicho? ¿”zintuzketedan”? Será moñas el tío... ja ja ja.

Pues no, maldita sea. A mí, ya desde el primer día que te escuché nombrar, me caíste simpático. Tienes fuerza, tienes poder , dices mucho con poco... O quizás, lo que ocurre en realidad es que eres una causa perdida, y las causas perdidas son buen alimento para el romanticismo. No sé. Simplemente quiero aprovechar estas líneas para reivindicar tu figura y promover tu uso generalizado. Ahí van algunas ideas, mas o menos peregrinas, para garantizar tu supervivencia y la de los tuyos:

-Institución del día nacional del zintuztekedan, con diversos actos culturales en los que seas citado con profusión. Contaría, por supuesto, con un himno pegadizo y cantable a cargo de alguna formación musical (con versión acompañada por niños de ikastola, claro).

-Ayudas al nomenclátor. Subvenciones de la consejería de cultura a quienes se animen a denominar “zintuzketedan” o similares a sus caseríos, grupos musicales, agrupaciones deportivas o directamente vástagos.

- Anuncio institucional en el que varias caras conocidas en el universo euskadun te pronuncian con deleite:

Zintuz-ke-te dan...zintuz-ke-te-dan...zintuz-ke-te-dan...

Con este artículo, espero al menos lograr que en las consultas en Google aparezcas en un texto ajeno a los ejercicios para preparar el EGA o a las normas gramaticales. Y ya de paso, con la misma intención, añadimos a otros amigos tuyos: Nenkigukete, zintzaketete, lekizkigukete, diezazkizuekegu, zintzatedan...

Aaaaaaaaaaaahhhh!!!!!

jueves, 16 de mayo de 2019

EL ABRAZO


Corría el año 1982 y yo, desgraciado de mí,  estaba en la mili. Tras un par de meses de instrucción en Gasteiz, aprendiendo  a desfilar como un perfecto muñeco mecánico, me destinaron a Donosti, Brigada de Montaña. Nada más llegar al cuartel, se abrieron ante mi dos alternativas, a cual más temible. O me quedaba a disfrutar del campechano ambiente de las novatadas cuarteleras o me apuntaba voluntario a unas maniobras en los pirineos: “susto o muerte” , como en el chiste.
Los soldados veteranos eran otros pringados como nosotros pero llevaban allí unos  meses más. Eso los dotaba de una autoridad no escrita, emanada del hecho incontestable de que se irían antes. Ante nosotros se mostraban como tipos duros, curtidos, sin piedad. Su mero aspecto ya era un factor desmoralizador; si en unos meses habían envejecido tanto... ¡qué nos esperaba Dios mío!.     
Aterrorizar a los “conejos”, era una tradición, consentida por los mandos, destinada a ir forjando el espíritu castrense a base de bromitas inocentes como desfilar en calzoncillos en el amanecer helado o que un botarate borracho te rasurase los testículos con una cuchilla roñosa...
No tuve el “placer” de conocer esa experiencia, a mí me estaba reservada otra. Durante el viaje en camión hacia los Pirineos, apilados como sacos de patatas, me llegó una noticia que me dejó pasmado. Aquel hatajo de críos asustados éramos parte del “operativo para impermeabilizar la frontera contra posibles atentados de ETA”. Sí, éramos, se suponía,  como esos que pocas semanas antes había visto en la revista “Interviú”. Era como una película fantástica, como una pesadilla vivida en directo.
De la plácida vida de estudiante de periodismo/amigos/rock & roll/novia/militancia rojeras/tortilla recalentada,  había pasado en tiempo récord al mayor surtido de precariedades y sinsentidos que imaginarse pueda. Pelele sin derechos en manos de tipos amargados y a menudo alcoholizados que llevaban fatal eso de “la transición a la democracia” y vivían en perpetua paranoia en aquellos “años de plomo”.
El vetusto camión remoloneaba quejumbroso ladera arriba mientras una lluvia pertinaz y rabiosa embarraba el camino al infierno. Cuando por fin el agotamiento nos sumía en un sesteo precario, una voz ejecutiva conminaba a saltar y a empujar aquella mole cuaternaria atrapada en algún lodazal hasta que la rueda sufriente de turno dejaba de escupirnos fango.
Llegamos a la ladera de aquel monte donde debíamos montar el campamento con mucho retraso. Estábamos en el valle de Salazar, tierra originaria de mi familia paterna , que yo habría querido visitar en otras circunstancias.  
El panorama que se extendía ante mí era de una hermosura imponente. Crestas  pirenaicas difuminadas por una cortina de lluvia entre la que se adivinaban elegantes casas de tejados puntiagudos. Todo me llevaba inevitablemente al recuerdo de mi padre. El solía cantar, en cuanto se sentía a tono, aquella jota que me helaba el corazón: “En el alto el pirineo soñé/ Que la nieve ardía/ y por soñar imposibles soñé/ Que tú me querías”... El caprichoso destino quería que yo estuviera precisamente ahí, en medio de aquel entorno que él me había descrito con tanto detalle porque, ironías de la vida, a él también le toco conocer la tierra de sus antepasados durante su eterno servicio militar. Algo así como juntar cielo e infierno en un mismo espacio-tiempo.
-“Vayan montando las tiendas y rapidito, que ya está anocheciendo. Si falta alguna pieza se buscan la vida”.
Montar una tienda de campaña. Algo unido hasta entonces a vacaciones y alegría entre amigos era ahora una inquietante amenaza. ¿De verdad que teníamos que erigirla sobre aquel barrizal? ¿De verdad que teníamos que buscar palitos por el monte para sustituir los anclajes perdidos? ¿de verdad pretendían que pasáramos la noche allí? 
Una risa nerviosa y cantarina fue toda la respuesta que recibí a mis preguntas. Era la risa de Josean Albisu, recluta donostiarra y  hombre al que el destino (bueno, y el sargento Macarro) había tenido a bien ponerme de compañero de fatigas.
- “Vaya, esto le parece a usted muy gracioso. Cabo, apúntele a ‘risitas’ 15 días de arresto a prevención”...
Lo que se dice un buen comienzo. Pero nada grave comparado con la noche que se nos echaba encima. Tras un periplo tortuoso en busca del “palito perdido” , montamos aquel amasijo inestable en cuyo interior debíamos dormir. Lo intentamos, sí, pero fue inútil. Una y otra vez la construcción caía sobre nosotros sin remedio y una y otra vez salíamos a la intemperie de una noche de perros a tratar de de enderezar lo imposible. No éramos los únicos. En la inmensa negrura de la noche podían oírse las voces de otros reclutas maniobrando entre juramentos. Yo notaba que enfermaba por momentos  pero no llegaba a desesperarme del todo porque Josean, divina insensatez, seguía con aquella risa contagiosa, como si, efectivamente, se tratara de una divertida jornada de camping “un tanto” accidentada.
- Esto es la hostia tío... ja ja ja... De esta no salimos  ja ja ja...
Al amanecer y sintiéndome ya como una auténtica piltrafa, Josean me ayudó a llegar hasta el furgón/botiquín donde dormía placidamente el sanitario. Tras aporrear la puerta durante un buen rato, el tipo nos recibió legañoso, me puso el termómetro y me dio un par de analgésicos.  
-“Joder tienes mucha fiebre,  métete en la camilla  y ya aviso yo luego al sargento”.
El cabo de enfermería se volvió a dormir y yo me sentí flotando acurrucado entre las mantitas, al calor de aquella estancia climatizada.
Pasado un tiempo indefinido en brazos de Morfeo, la cruda realidad me dio una nueva bofetada. No, no fue el cabo quien me despertó, sino  la voz agria y etílica del temible sargento Macarro gritando a los cuatro vientos mi nombre y apellidos como si le fuera la vida en ello. Me puse la botas temblequeante y salí escopetado...
-“Estoy aquí mi sargento”.
Aquel tipo pequeño y malencarado vino hacia mí con paso resuelto y me estampó un puñetazo en el pecho.
- “¿Que coño hace usted ahí? ¿Es que no sabe que al botiquín solo puede enviarle un mando? Pensábamos que se había fugado. ¿Usted se cree que estamos de camping? Queda usted arrestado. En cinco minutos se presenta junto al aljibe”.
El aljibe: una cisterna de unos tres metros de largo con un grifo del que manaba un tímido chorrito de agua polar. Albisu y yo, al parecer los dos apestados del regimiento, nos encargábamos de limpiar vajilla, cubiertos y cacerolas de toda la compañía rascando con nuestros estropajos bajo aquel hilillo de agua turbia. Habría llorado, habría maldecido, me habría vuelto loco quizás ...pero ahí estaba el jodido Josean, partiéndose por el eje como si fuera la catarata del humor.
-“Joder Bilbo –ja ja ja- aquí hay mierda para aburrir –ja ja ja- parecemos los de Villarriba y Villabajo –ja ja ja-  No te agobies tío. Aquí se van a quedar con sus putos platos. Si se creen que nos van a amargar van listos...” 
Así que en eso debía consistir aquello de “hacerse un hombre”. Saber que tu calidad de vida puede, de la noche a la mañana, volverse nula. Asumir que debes obedecer ciegamente y sin rechistar a unos tipos que te odian. Constatar que estar enfermo, no conlleva necesariamente camita, medicina y mimos sino que puede ser causa de castigo... Comprender, en fin, que la condición humana puede ser mucho peor de lo que imaginabas y que la democracia puede hacerse añicos de un día para otro.  
Para completar el menú estaba también la muerte. Nunca antes me había planteado seriamente su cercanía, pero en aquellos días de fiebre y penurias llegué a pensar que en cualquier momento  podría desfallecer y quedarme para siempre entre aquellos valles.
Si las condiciones eran penosas para todos, Albisu y yo nos llevábamos el premio gordo. Todos los días participábamos junto al resto de la tropa en largas marchas monte a través, conociendo las poblaciones de la zona: Otsagabia, Jaurrieta, Itzalzu, Eskaroz... pero para nosotros no había derecho al descanso. Tras la comida y la cena los dos apestados estábamos obligados a hacer el más lastimoso fregado que imaginarse pueda y  por la noche, debíamos restar dos horas al sueño para hacer guardia al aire libre, provistos en caso de lluvia, eso sí, de unos impermeables mugrientos que pesaban como losas. Las risas, palmetazos y comentarios sarcásticos de Josean eran el único consuelo en aquellos días de espanto. Estaba convencido de que nadie podía estar tan mal como yo en aquel campamento siniestro, pero, al parecer,  estaba equivocado.
Fue en la tercera o cuarta noche de aquellas maniobras. El cabo de guardia subió hasta mi puesto acompañado del soldado que me había de reemplazar, un muchacho paliducho,  aterido de frío, que ni siquiera me miró ni pareció escuchar mis palabras de ánimo. Sabía, vagamente, que era de Alicante y días antes ya me había fijado en que portaba el fusil de asalto como si le diera repelús. Le esperaban dos horas plantado a la intemperie, en medio de ninguna parte, escuchando todo tipo de sonidos inquietantes surgiendo de una negritud insondable; justo lo que estaba yo a punto de dejar atrás.
Al poco de volver a la tienda y  embutirme en el saco de dormir, se escuchó una detonación lejana a la que no quise dar mayor importancia. Al amanecer, en formación de diana, el teniente Lopera nos informó escuetamente de lo sucedido. Un recluta “con problemas mentales” se había quitado la vida durante la guardia. No habría marchas en esa jornada y quedaban levantados todos los arrestos.
Entre las brumas de aquel domingo deprimente y lluvioso pudimos ver a lo lejos como una compañía de la guardia civil y un coche de la funeraria se acercaban al lugar y cumplían los trámites burocráticos del levantamiento del cadáver. No, lo de la muerte no era pura ensoñación en aquel entorno.
El terrible suceso cambió varios aspectos de nuestra vida allí. El cabo sanitario se acercó a mí durante la comida para preguntarme por mi salud y decirme que me acercara a su furgón por la tarde; lo hacía por indicación expresa del teniente Lopera (!). Allí mismo, en la “tienda-comedor” Lopera  nos conminó a contar “cualquier problema que tengamos” y a no “guardarlo para nosotros” . Entonces estuve a punto de ser yo el de la risa tonta, pero no era día para risas. El problema, para muchos de los presentes, era dónde poder llorar a escondidas.  
Las estrictas normas castrenses se suavizaron levemente tras el terrible suceso, pero el semblante de los soldados no podía ser más turbio. De un día para otro ya no era Josean el que me daba ánimos. El suicidio del recluta había cortado en seco aquellas carcajadas y ahora mi compañero de tienda mostraba su lado más vulnerable. Por la noche me rogaba que no dejara de hablar. Era incapaz de conciliar el sueño...
- Cuéntame una de esas historias que tú te sabes Bilbo... No puedo dormir.
“Aquellas historias” eran en realidad anécdotas exageradas que había leído sobre estrellas de rock, futbolistas y otros héroes de variado pelaje. Eran fabulaciones que me evadían tanto a mí como a él. Aquel entorno nos había vuelto indefensos. Repetíamos a edad tardía los miedos de los primeros días de colegio. En un tiempo record, aquel desconocido había pasado a ser una parte fundamental de mi vida. Nunca antes había sentido una confianza tan cálida e incuestionable. Las circunstancias extremas nos llevaron a confesar sentimientos que no habíamos contado antes a nadie. Alcanzamos un grado de amistad desconocido hasta entonces, una complicidad  esencial para que todo aquel horror no nos afectara más de la cuenta.
Los días de marchas sobre el barro y ranchos en vajilla de latón tocaron a su fin y la caravana de camiones desahuciados emprendió el camino de vuelta. El recuerdo del recluta que no volvía hizo correr otro mar de lágrimas mal disimuladas en la penumbra de aquel remolque.
De vuelta al cuartel Josean y yo fuimos trasladados a distintas compañías, alejadas entre sí y nuestras vidas cotidianas tomaron rumbos diferentes.
El estuvo destinado en el hospital de Burgos y apenas tuvimos un par de encuentros casuales durante la mili. Después de licenciarnos coincidimos alguna vez en el festival de jazz  y otra en una  manifestación anti militarista en Bilbao. Poco después alguien me dijo que ya no vivía en San Sebastián, que se había mudado con su moza, creo que a Leiza y que se había roto la cadera en un accidente de coche.
Han pasado treinta y seis años de aquellas maniobras. El viernes, mientras preparaba el programa en la redacción de la radio donde trabajo sonó el teléfono.
-“Hola Bilbo, Soy Josean Albisu... ¿te acuerdas de mí?”
- ¿Josean? ¿El que estuvo conmigo en la mili?
- “Si joder, el que estuvo contigo en el balneario de Otsagabía ja ja ja”.
Joder, la misma exacta risa de entonces...
-“Josean, qué sorpresa tío... te ríes igual igual, ¿donde andas?”
- “Estoy en Bilbo... He venido con un amigo al camping de Mundaka pero la tienda de campaña se nos ha hundido con la lluvia y el barro ¿te suena?”
- “Claro que me suena...joder esto es cosa del destino...”
- “Estoy aquí abajo, en la puerta de la radio... Me he acordado de que trabajas ahí. ¿Puedes bajar un momento?”
Casi antes de que pudiera acabar la frase ya estaba yo lanzado hacia la puerta. En el camino se reprodujeron en mí aquellas sensaciones de angustia, miedo e intenso cariño de casi cuatro décadas atrás. Aquella voz y aquella risa habían desatado algo en mi interior; algo que yo creía muerto, pero al parecer, solo estaba en letargo. Salí a la calle y miré por todos lados, pero no lo veía. Al otro lado de la carretera, sentados en un banco había dos señores de cierta edad a los que no distinguía bien porque me daba el sol de cara. Entonces uno de ellos, el más voluminoso, se levanto con dificultad y se acercó a mí cojeando...
“Que pasa Bilbo, ¿necesitas gafas o qué? Ja ja ja”.
No se qué pudieron pensar los que en aquel momento pasaban por ahí, pero os puedo jurar que nunca en mi vida he dado un abrazo tan largo y tan sentido. Estaba abrazando a un viejo compañero de fatigas, sí, pero era mucho más. Ahora sé que en ese abrazo intenso, vibrante, estaba el paso del tiempo, la compasión –y autocompasión- por la plenitud perdida, estaba aquella remota muerte compartida, estaban todos esos años de paréntesis y estaba, en suma, la conciencia incontestable de la fugacidad de la vida, algo de lo que te hablan los mayores y lees en los libros y escuchas en las canciones, pero no acabas de asimilar hasta que, de verdad, ese tiempo fugaz te planta ante el espejo.
Aquel abrazo fue como el de dos náufragos aferrados a los restos de un barco en la tempestad, pero con una diferencia. A nosotros nos esperaba un fin de semana de risas recuperadas.  

ROBERTO MOSO                    

  

            

lunes, 13 de mayo de 2019

VUELVEN LOS BERRONES

Casi veinticinco años han pasado desde que los conocí y recuerdo como si fuera hoy mismo ese momento. Íbamos a tocar en un pueblo de Iparralde  y un amigo de Santurtzi me pasó el cassete para que lo pusiera en el equipo de la furgoneta. Me llamó la atención enseguida: una voz clara, tierna, cantando textos repletos de  filosofía popular, con unas melodías que te atrapaban y no te soltaban...
Para el viaje del regreso ya estábamos todos cantando: «Nun yes tú, Nun yes/ Nun yes tu, qué vas a ser/ Presumís de ser buen mozu /y ahora yes una muyer...». Los paisajes que nos rodeaban también casaban perfectamente con las canciones. Dos semanas más tarde Zarama convertíamos el 'Chacho' de Berrones en nuestro 'Txatxo', después de pedirles permiso a los asturianos; la historia de un marginado perdido en las montañas que se fue para el otro mundo, “sin haberlo probao” .
Los Berrones vienen de una aldea llamada Tolivia y desde el principio cantan en asturiano, “al principio porque era la lengua en la que nos comunicábamos y después porque si cambiáramos ya no seríamos Los Berrones”  como explicaba Olegario Méndez, su cantante.
El viernes están de nuevo por aquí, dentro de la gira de su treinta aniversario, en la sala Azkena de Bilbao y los incondicionales esperamos estar de nuevo allí para cantar como posesos: “En pelotas/ En porretes los dos enrriba el colchooooooon!   


lunes, 18 de febrero de 2019

DULCE LIMONADA.

Foto: Txelu Angoitia
Ocurrió en una noche fresca de mayo, hace dos años. Algunos de los que trabajábamos en torno al festival 'Exib' de nuevas músicas latinas, nos reunimos para cenar junto a un limonero gigante. Estábamos en el Alentejo portugués, concretamente en Évora. Teníamos diferentes tareas en ese festival. Algunos estábamos como periodistas, otros eran músicos o conferenciantes. Muchos de nosotros no nos conocíamos previamente.

Por ahí andaba Gani Mirzo, venido desde el Kurdistán Sirio. Vive desde hace tiempo en Barcelona aunque, este enorme intérprete de laúd sigue en contacto con los campamentos de refugiados y participa a menudo en las iniciativas de solidaridad con ellos. Estaban también la mexicana Marieta Bracho, directora del museo nacional de la máscara; la cantautora y productora Beatriz Aguiar de Uruguay y su paisana Nati Sobera, del Servicio Oficial de Difusión, Representaciones y Espectáculos. Frente a mí se sentó Manuel Luna antropólogo y músico de Cantabria flanqueado por dos artistas vascos de larga experiencia a los que ya conocía: Fran Lasuen (Izukaitz, Oskorri) y Jose Martín Zarko (Ganbara, Alboka, Xarnege) . Estaban también por ahí Stephanie Loustau del festival latino de Baiona, Jone Santana y un periodista británico del “Rock & Folk”, cuyo nombre he olvidado...

La verdad es que, en un principio, no contaba con que fuera una cena extraordinaria, pero como ocurre tantas veces en esta vida, la magia suele surgir cuando menos lo esperamos. Tras las animadas charlas de la sobremesa, la noche se alargó más allá de cualquier previsión y el tiempo perdió su sentido mecido entre la música. Una guitarra caída del cielo fue a parar a las manos de Manuel Luna y los allí reunidos estuvimos horas y horas cantando y riendo a su son. «No me mandes más jamones/ Que tengo la casa llena/ Que luego 'tos' se me juntan/ Y me vienen los problemas»... Utilizando estos versos a modo de 'leitmotiv', los estribillos contagiosos del trovador cántabro se mezclaron con repertorio popular. Vasos, platos y la propia mesa se convirtieron en improvisada percusión.
De madrugada, el dueño del restaurante “Moi-Te” , plenamente integrado en la fiesta, nos regaló sendos limones con los que posamos para perpetuar el momento.
Todo aquello pudo quedar en un bonito recuerdo, pero aquella noche se plantó la semilla de lo que, con el tiempo, desembocaría en toda una banda: “International Citrus Band” . Ahora, de la mano del sello Agorila nos llega su primer trabajo: 'Latitudes' , el reflejo musical de una relación que se ha ido fraguando en complicados encuentros por diferentes países. Como ellos mismos dicen en su presentación: “una milonga uruguaya, tanguillos del sureste español, una tonada cántabra, baladas y tiempos del País Vasco, danzas y melodías kurdas, recuerdos del Alentejo portugués y algún guiño a esos aires atlánticos surgidos en el ir y venir , entre otros, son los enseres sonoros que contiene este baúl proveniente de muy diversas latitudes”.
Un trabajo de estas características cuenta con un peligro evidente: convertirse en una mera colección de canciones de muy diversos orígenes. Pero no es eso lo que nos llega al oír este disco. Poniendo en la paleta diferentes colores y brillos, han conseguido pintar un cuadro que tiene sentido propio. El euskara, el castellano, el curdo, el portugués... se mezclan con los instrumentos propios de diferentes países, para completar un cuadro coherente y muy evocador.

Dicen en los países anglosajones: «Si del cielo caen limones tendrás que hacer limonada». Realmente deliciosa la que “I.C.B” nos da de beber.

jueves, 7 de febrero de 2019

TROTSKY

Lev Trotsky y Frida Kalho según la serie "Trotsky"
En aquella segunda mitad de los setenta, los años locos de la militancia, los trotskos eran los que leían los libros más gordos (al menos paseaban con ellos), los que tenían un mártir más claro, los perseguidos por el estalinismo, los incansables predicadores de la revolución permanente y el Mayo del 68... Claro que también se decía aquello de "donde hay un trotsko hay tres organizaciones". Eran la encarnación más patente del espíritu "La Vida de Brian":por delante del capitalismo tenían otros enemigos a batir: los pro-rusos, los pro-chinos, los socialdemócratas y , por supuesto, los demás partidos trotskistas, que indefectiblemente, habían tomado el camino equivocado.
Contaban, eso sí, con una ventaja clara: su paraíso seguía en el terreno de la utopías. China y la Unión Soviética no resultaban tan atractivos como vendían sus portavoces. Es cierto que la información que nos llegaba estaba filtrada por el enemigo, pero había algo en aquellos desfiles patrióticos, en aquellos dirigentes cejudos, que no invitaba a grandes entusiasmos.
Con el paso de los años fui conociendo mejor la figura de Lev Trotsky. Documentales como "Asaltar los cielos" de Jose Luis López-Linares y Manuel Reoyo (1996), películas como "Frida" de Geoffrey Rush (2002) o "El Elegido" de Antonio Chavarrías (2016) y especialmente la novela "El Hombre que Amaba a Los Perros" de Leonardo Padura (2009)  me pusieron sobre la pista de una figura singular dentro de la revolución soviética: el gran perseguido.
Todos estos títulos se centraban sobre todo en la etapa mexicana de Trotsky, en su terrible asesinato, preparado minuciosamente por los servicios secretos soviéticos. La figura del revolucionario era retratada como la de un laborioso intelectual volcado en las bases teóricas para una revolución digna a nivel mundial, lejos de los horrores del dictador Stalin. El supuesto idilio con Frida Kalho siempre era dibujado como algo fugaz y de difícil continuidad.
Ahora, desde la Rusia de Putin nos llega la serie Trotsky. Cualquier parecido con lo hasta ahora visto, es pura coincidencia. Lev es aquí un tipo soberbio y ambicioso que ansía el poder y la gloria. La revolución soviética se maquina desde Europa occidental, a cargo de oligarcas interesados en la desestabilización del  imperio ruso. Según este sorprendente relato Trotsky da un paso atrás cuando Lenin le hace comprender que "el pueblo ruso no soportará mucho tiempo que le mande un judio" .
El idilio con Frida Kalho es aquí tórrido y profuso en polvazos salvajes (se nos presenta un Trotsky bastante promiscuo, por cierto) y el asesinato... casi mejor no te lo cuento. Simplemente decirte que poco que ver con lo visto y contado hasta ahora.
Con todo y dejando a un lado el rigor histórico de la serie, Trotsky se deja ver, aunque solo sea para poder observar cómo se ven desde la Rusia actual aquellos días de 1917 que cambiaron diametralmente el mundo.




lunes, 26 de noviembre de 2018

GENERACIÓN ANTI-TODO

Los protagonistas
Itsasne e Iskander son dos jóvenes que se conocen de madrugada en un bar de Santurtzi. El puerto, la grúas, la vías del tren, son testigos de un diálogo poco fluido pero muy creíble a la luz casi irreal del amanecer.
En una cita posterior, la pareja sube al monte Serantes. Allí el chico enseña a la chica cual es su lugar preferido para encontrarse a gusto, mientras contemplan unas vistas que combinan la inmensidad del mar con la caótica urbanización de la margen izquierda de la ría.
Cuando descienden por una de las laderas, pasan por la casa donde viviera Josu Expósito, de Eskorbuto, ahora ocupada por Alex, bajista de Subversión X, que les invita a pasar. Allí conocen a otros miembros de esta banda y ven por primera vez a Ioritz, que lleva a cabo un trabajo audio-visual sobre Eskorbuto.
Las dos historias seguirán sus rumbos sin cruzarse, ofreciendo al espectador dos visiones, con diferentes formatos, sobre dos generaciones distantes.
Itsasne e Iskander no enfrentan sus valores contra unos padres y profesores de derechas. En su caso, las lecciones que reciben vienen de unos educadores que se sienten portadores de valores progresistas y desprecian lo que consideran una generación nihilista,  cuando no descaradamente conformista.
GeneraciónAnti-Todo” resulta ser una película que huye de lo previsible e invita a reflexionar. La ópera prima de Iñigo Cobo es audaz en varios sentidos. Se atreve con un metraje cercano a las dos horas en las que no recurre nunca a imágenes de archivo. Se aleja de la biografía mitificante habitual y busca en cambio la contradicción y la revisión del mito.
“Lo que marcó la historia de Eskorbuto fue la honestidad y nosotros hemos querido rendirles un homenaje haciendo una peli honesta”. Son palabras de su director el día del estreno. Precisamente este aspecto, el de la honestidad, es uno de los más manejados en las opiniones que he podido escuchar y leer tras la proyección. Un sector del público cree que Eskorbuto es usado como mero reclamo para conseguir más atención. Hay quien cree que las dos líneas argumentales no son complementarias y estarían mejor por separado.
Personalmente sí creo que algunos de los experimentos que se nos proponen – como la encuesta entre adolescentes- no añaden más que peso innecesario y algunas chapas de los abuelos cebolleta como yo, también piden algo más de tijera... pero en fin.  
Hay, como es normal, defectos típicos de ópera prima a la hora del montaje, pero , en lo que a mí respecta, creo que estamos ante un trabajo recomendable y que tiene un alcance muy superior al de los fans de Eskorbuto.
Cada generación –parecen querer decirnos- tiene que lidiar con las grandezas y miserias de su época y los moldes que valen para un tiempo, no son necesariamente válidos en otro.
Ya lo dijo Josu: “Todo estará viejo, y nosotros estaremos muertos”.                           


jueves, 10 de mayo de 2018

GRUPO.



Nuestro grupo. Nuestra bandera. Nuestros lemas. Nuestras creencias. Nuestros principios. Nuestras señas de identidad, nuestros hechos diferenciales, nuestros cánticos, nuestro recorrido, nuestra unidad, nuestra coherencia, nuestros líderes. Nuestra misión. Nuestra financiación...

Nuestra escisión.

lunes, 16 de abril de 2018

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 Es una pregunta que nunca jamás realizo como periodista y que me hacen a menudo como entrevistado: ¿podrías contarme alguna anécdota divertida que recuerdes?
Indefectiblemente el rostro de quien pregunta adopta entonces una expresión bobalicona, como si supiera de antemano que algo muy divertido va a salir de mi boca.
En esos casos se me ocurren varias respuestas, a cual más borde: “Pues no. Seguramente hay unas cuantas que podrían resultar divertidas, pero así, a bote pronto no me vienen más que chorradas y prefiero no decir más chorradas que las necesarias”. O bien: “Te voy a contar una anécdota muy divertida. Hubo una vez, cierto periodista que me preguntó a ver si tenía alguna anécdota divertida, le dije que no y se quedó con la boca abierta”...
Lo cierto es que al final, hay que reconocerlo, la anécdota vende y a menudo, permanece en el tiempo con más solidez que las sesudas reflexiones. Francisco Umbral es recordado constantemente por aquello de “he venido a hablar de mi libro”, Camilo José Cela es, para muchos, aquel que se tiró un pedo en el senado (a quién le importa que lo desmintiera hasta la saciedad) , Fernando Arrabal es aquel loco que apareció borracho en un debate de televisión y gritó “¡cojones ya!” y Sanchez Dragó es el profeta del “orgasmo seco”, hasta el punto que ha tenido que decir públicamente que “no volverá a hablar del tema”. 
Las tertulias entre amigos se alimentan de anécdotas y tal es el su poder que poco importa al final lo que tengan de verdadero. Una buena anécdota –especialmente si tiene buenas dosis de morbo-  derrota siempre a la verdad. Todo el mundo tiene un amigo de un amigo que escuchó la famosa bobada del perrito goloso que tenía una fan de Ricky Martin y un primo que vio salir de un portal a Carlos Iturgaiz con la novia de Miguel Ángel Blanco.
La era de Internet, además de las fake news (que se alimentan de esta necesidad compulsiva de anécdotas) nos ha traído la cultura del click. Miles de publicaciones-web compiten en el mercado de la anécdota poniéndonos constantemente cebos para que piquemos: “Esta cara se le quedó a Amaia Romero cuando le dieron una noticia inesperada” , “ Letizia y la reina Sofia generan polémica tras el video de su bronca”. “Escándalo tras las últimas declaraciones de Keith Richards sobre la paternidad de Mick Jagger”. Nunca en la historia del periodismo las palabras “polémica” y “escándalo” se han utilizado de forma tan constante y con tan poco fundamento.
Recientemente un periodista de un diario digital de cierto renombre me confesaba que estaba harto de la obsesión por conseguir clicks y lo que esto suponía para el ejercicio de la profesión. A tal punto hemos llegado en esta deriva “anecdotista” que hasta los audio-guías de los monumentos históricos están plagados de anécdotas. Visitando las murallas de Avila puede escuchar por los auriculares como una supuesta Teresa de Ávila, con una vocecilla ridícula me contaba en primera persona sus experiencias místicas.
¿lo veis? Al final yo mismo he terminado por contar una anécdota. Si es que ...       

                              

lunes, 26 de marzo de 2018

LOS ZULUETA


Brakaman

Corría el año 1976 y los imberbes rockeros de la época, siempre pendientes de la radio, marcábamos fecha en el calendario. El teatro Arriaga –antes de su remodelación- anunciaba la despedida de la banda de Country local “Traidor, Inconfeso y Martir” y la presentación estelar de los donostiarras “Brakaman”, una de las contadísimas bandas locales que practicaban entonces “Glam-rock”.                                                  Los conciertos de rock eran entonces muy escasos y constituían verdaderos acontecimientos. Aquella mañana de domingo,  los aficionados nos acercamos al teatro atraídos por la leyenda tejida en torno a sus directos “Es como ver al Lou Reed de Rock & Roll Animal con su banda”.   

Y allá que nos fuimos. En busca, como siempre de cualquier rastro de Rock & Roll a buen volumen que pudiera haber por la zona. Fuimos en aquel tren cercanías plateado de la RENFE, siempre repleto, a menudo impuntual y nos encontramos con otros peregrinos similares que apenas llenábamos la mitad del aforo.                                                                                                                                                
Buena parte de los congregados eran amigos del grupo invitado: “Traidor, Inconfeso y Mártir”, una banda de “Country” con cierto pedigdrí en la capital que se despedía allí mismo. Su lider –curiosidades de la vida- era Gregorio Villalabeitia, actual cabeza visible de Kutxabank.                                                                                           
 Aquel día no les pude odiar mas. Yo iba viendo como la hora de nuestro último tren razonable se acercaba peligrosamente mientras ellos ofrecían más y más bises a su congregación. Los teléfonos móviles no existían ni había cabinas en el teatro. Los puntos para ganar un buena bronca familiar iban aumentando.                                    
Así que no fue aquel un concierto disfrutado como se debe, pero sí, mereció la pena. Aquel sonidazo, aquellas pintas de cuero brillante y camisetas coloridas, aquellas luces estroboscópicas que te hacían sentir en otro lugar. Lejos de las miserias de aquel Bilbao tardofranquista. Brakaman, efectivamente estaban muy lejos, muy por delante de lo que había entonces por aquí. Jaime Stinus era un “Lead Guitar” alucinante (como después demostraría con la Orquesta Mondragón) y Borja Zulueta era, efectivamente, una muy buena versión del Lou Reed de la época. Brakaman, eran, definitivamente, un grupo demasiado adelantado a su época y por los comentarios que escuché después, pocos éramos entonces los que agradecíamos un concierto como aquel.                                                                                               
Pocos años despues Borja Zulueta formaría otra banda precursora: “Negativo”, a los que tuve la ocasión de entrevistar en “El Huerto” templo rockero de la época que ETA voló en su campaña “Contra el tráfico de drogas”.                                                                                                                                                   En aquella entrevista me hablaron de “Arrebato”, una película de Ivan,  hermano de Borja donde ellos participaban en la banda sonora. No suponía yo entonces que se trataba de un filme llamado a convertirse en autentico objeto de culto.                                                                                                                        Tanto Brakaman como Negativo desaparecieron de forma fugaz y fugaz fue tambien la carrera de Ivan Zulueta. La heroina y su letal influjo en aquellos años tuvo mucho que ver en eso. Ambos eran hijos de un matrimonio de artistas: una madre pintora y un padre que dirigió el Zinemaldia en los años cincuenta. Crecieron entre su Villa de “Miraconcha” y sus viajes por el extranjero.                                                                                                                                                                      Tras años dedicado a labores de “back Stage” en Febrero nos dejaba Borja Zulueta. Su hermano nos dejó hace 10 años.  Dos adelantados a su tiempo cuyo legado fue mejor aprovechado por quienes vinieron después. Ellos mismos protagonizaron un guión que valdría tanto para una buena película como para un rápido y potente Rock & Roll.      

       

domingo, 18 de marzo de 2018

CITIZENFOUR



Navegando entre documentales me reencuentro con “CitizenFour”. 
Así que un joven técnico de los Servicios Secretos estadounidenses se alarma tanto con la labor que le han encomendado que elabora un plan para traicionar a sus jefes y contárselo al mundo. ¿Y qué es eso que tanto le agobia? Pues que millones de ciudadanos son controlados en sus comunicaciones con la ayuda inestimable de varias operadoras de telefonía y empresas punteras de Internet.
Según se nos presenta en el documental, el informador convoca en un hotel de Hong Kong a dos periodistas,  Glenn Greenwald y Ewen MacAskill y a la documentalista Laura Poitras y empieza a largar. Más del 80 por ciento del metraje es una confesión nerviosa y a ratos paranoica, desarrollada en la misma habitación durante varias sesiones. El joven habla claro, preciso y crudo:
“La verdad es que la NSA nunca en su historia ha recopilado más información que ahora. Conozco la localización de la mayoría de los puntos de intercepción domésticos, y se que las empresas de telecomunicaciones más grandes de EEUU están traicionando la confianza de sus clientes, y puedo probarlo”.
“Estamos construyendo la mayor arma de opresión en la historia del hombre, pero los que dirigen estas actividades no asumen su responsabilidad al respecto. El director de la NSA, Keith Alexander, mintió al congreso, y puedo probarlo”.
“Miles de millones de comunicaciones en EEUU están siendo intervenidas. Para recopilar pruebas de estos atentados, me he centrado en la gente estadounidense. Pero créeme cuando digo que el estado de vigilancia en que vivimos es un privilegio comparado con la forma en que tratamos al resto del mundo. Esto también puedo probarlo”.
¿Y ahora que? Pues ahora la inexorable ley de Julio Iglesias: “La Vida Sigue Igual”.  Obama ya lo dice, con ceja displicente, en un momento del film: “Los atentados de Boston demostraron que los ciudadanos ven bien ciertas restricciones de la privacidad”. Ni enormes manifestaciones, ni dimisiones, ni siquiera graves consecuencias para las compañías implicadas. No, Donald for president. Taza y media.
Eso sí, nada es lo mismo ya en el mundo Internet. Pero nada más. El “traidor” está refugiado en Rusia y su propagador de informaciones comprometedoras, Julian Assange sigue en la embajada de Ecuador, atrapado en una maraña legal de la que no puede zafarse.
“CitizenFour” ha recibió el óscar de Hollywood al mejor Documental, en esa tradición tan americana de permitir detractores, siempre que den beneficios.¿Tendremos que acostumbrarnos sumisamente a que nuestras comunicaciones estén disponibles  para cuando sea menester?.  ¿El gran Hermano de Orwell acabará llegando por la carretera contraria a la que él preveía? Las ojeras de Snowden en las últimas escenas (ya en Rusia) parecen marcar en camino.

jueves, 1 de marzo de 2018

FINALES












FIN

Aquella tierna relación.

Aquel trabajo ilusionante.

Aquella casa en la que viví.

Aquel perro querido…

Serian un buen recuerdo

Pero tuvieron un mal final.

Los finales de la vida real

son una mierda.


lunes, 22 de enero de 2018

NOTAS


Por recomendación de una amiga vi en Youtube un curioso experimento. Era parte de un documental titulado “Como nos emparejamos” y trataba de descubrir las claves de la seducción entre las personas.
Diez hombres a un lado y diez mujeres en frente. Todos los seleccionados poseen un atractivo mediano y están vestidos con un chándal gris y gorros de baño. A cada uno de ellos se les ha puesto un número en la cabeza. Están numerados arbitrariamente del uno al diez y eso, curiosamente condiciona decisívamente la prueba.
A los participantes se les pide que vayan eligiendo pareja en el grupo que tienen en frente. Nadie sabe cual es su propio número. La elección se ve condicionada por dos curiosas variables: la valoración que uno tiene de su propio atractivo y el número al que creen poder aspirar. El número cinco de las chicas se emparejará con el cinco de los chicos y todos los demás acaban haciéndolo con otro número similar.
Aunque los números adjudicados no significaban realmente nada, de pronto, marcaban diferencias importantes.
Las notas que ponemos. Las notas que nos ponen. Y no solo por el aspecto físico. Inevitable. Si, podrás decirme aquello de “yo juzgo a todo el mundo por igual”, pero la realidad suele ser otra. Los bebes suelen ser adorados por padres, abuelos y todo tipo de vecindario. Ahí los tienes con su 10 bien grande en la cabeza. Aunque luego hay otros abandonados, maltratados, despreciados. Ya desde niños les será difícil subir nota.
Ese niño querido, irá comprobando que esos puntos iniciales de regalo se irán haciendo más difíciles de lograr con el tiempo. Tu belleza, tu simpatía, tus posesiones, tu inteligencia, tu suerte, tus logros, tu simple origen... hay muchas variables en la puntuación. Llegar a viejo con nota digna para quienes te rodean es todo un reto; un difícil reto.  
No tienes mas que abrir el periódico y enseguida las notas aparecen sobre los rostros de las fotografías: Rodrigo Rato, Patxi López, Inés Arrimadas, Los menores pixelados, Woody Allen, Lucía Etxebarría... Esos mismos rostros tendrían , seguramente, una nota distinta hace meses. Ahora unos tienen más y otros menos, según cada calificador. Yo diría que hasta en la cara se les nota si están en época de suspenso o de notable... “Mi mujer me abandonó y hoy no ha parado de llamarme”, decía uno de los premiados con el gordo de la lotería. De un día para otro, su puntuación se había disparado.
Ahí tenemos a –pongamos- Nekane, cuando la conocí llevaba un ocho en la frente, después, cuando fui descubriendo su tendencia a hablar mal de todo el mundo bajó a cinco, pero después de pasar una temporada en Latinoamérica volvió con un corte de pelo, una ropa y una soltura que la acercaban continuamente al nueve. La he visto recientemente y estaba con tipo estúpido y maloliente al que –no lo pude evitar- le vi un tres en la cabeza. Ella también, inevitablemente, bajo hasta un cinco raspado.
En los ojos de amigos, familia, compañeros de trabajo y  encuentros puntuales puedo adivinar la nota que –inevitablemente- me ponen. A veces incluso creo detectar cuando sube y cuando baja la cifra. En algunos casos resulta evidente cuándo soy para ellos un suspenso andante o un admirable notable.
Y no, la muerte tampoco termina con las malditas calificaciones. A menudo los muertos tienen mucha mejor nota social que cuando estaban vivos. Que os voy a contar que no sepias...



            

viernes, 19 de enero de 2018

CAMBIO




Un día me desperté y al pasar por delante de aquel monumento lo vi inmensamente bello, comprendí su mensaje de sólida fragilidad, la perfecta inperfección de sus curvas, el coqueto juego entre sus formas y el modo en que el sol lo iluminaba en la mañana, muy distinto al efecto que la luna había obrado en él.
Mantuve aquella novedosa impresión en secreto. Guardada a cal y canto.
Nadie debía saber lo que sentía.
Yo era el presidente de la asociación que llevaba años clamando por su democición.