viernes, 17 de abril de 2026

MAGNOLIA


Cuando cumplí cuarenta años decidí celebrarlo de una forma discreta, casi íntima, como si no quisiera hacer demasiado ruido al cruzar esa frontera invisible que separa lo que uno cree que es la juventud de lo que empieza a intuir que ya es otra cosa. No hubo fiesta, ni brindis multitudinario, ni discursos. Hubo, en cambio, una butaca en penumbra y una película de la que todo el mundo hablaba maravillas. Pensé que no había mejor manera de marcar el momento que dejarme llevar por una gran historia. Algo que, de algún modo, estuviera a la altura de la cifra. Pero no lo estuvo. A medida que avanzaban los minutos, empecé a sentir una incomodidad difícil de explicar. No era aburrimiento exactamente, ni siquiera rechazo frontal. Era más bien una sensación de desajuste, como si la película y yo estuviéramos en frecuencias distintas, incapaces de encontrarnos. Las escenas se sucedían con solemnidad, los personajes sufrían con intensidad, todo parecía diseñado para conmover… y sin embargo, yo no estaba allí. O peor: estaba, pero con una conciencia cada vez más aguda del tiempo que pasaba. Recuerdo pensar, con una mezcla de ironía y desasosiego: “Dios mío, estoy a punto de llegar a la mitad de mi vida —si todo va bien— y aquí estoy, desperdiciando dos horas en algo que no me dice nada”. Aquella idea se me clavó como una pequeña astilla. No dolía demasiado, pero tampoco desaparecía. Me hizo mirar el reloj. Me hizo removerme en el asiento. Me hizo sentir, por primera vez en mucho tiempo, que el tiempo no es algo abstracto, sino un recurso limitado que uno gasta, a veces sin darse cuenta, en cosas que no lo merecen. Y entonces surgió la pregunta, casi inevitable: ¿cuántas veces nos ocurre eso en la vida? No solo en un cine. También en conversaciones que no llevan a ningún sitio, en trabajos que no nos llenan, en relaciones que se alargan por inercia, en decisiones que tomamos por miedo o por costumbre. Momentos en los que, de pronto, algo dentro de nosotros se despierta y dice: “¿De verdad quieres estar aquí?”. Y la respuesta, aunque incómoda, suele ser honesta. Salí del cine con una sensación agridulce. No había disfrutado la película, eso estaba claro. Pero tampoco podía decir que hubiera sido una experiencia vacía del todo. Había algo más, algo que no terminaba de encajar en la categoría de “pérdida de tiempo”. Durante el camino de vuelta, sin prisa, empecé a darle vueltas a esa idea. Quizás el error estaba en medirlo todo en términos de aprovechamiento inmediato. Quizás no todo tiene que ser útil en el sentido clásico. A veces, lo que parece una decepción es simplemente una pausa forzada, una especie de espejo incómodo en el que uno se ve reflejado sin adornos. Aquella película no me había dado lo que esperaba, pero me había obligado a hacerme preguntas que llevaba tiempo evitando. Y entonces la reflexión cambió de dirección. ¿Qué pasaría si las decepciones no fueran un fallo del sistema, sino parte esencial del mismo? ¿Y si esos momentos en los que sentimos que estamos perdiendo el tiempo fueran, en realidad, pequeñas grietas por las que se cuela algo importante? No siempre es evidente en el momento. A veces hace falta distancia para entenderlo. Porque, al fin y al cabo, si no hubiera ido al cine aquel día, si no me hubiera sentido incómodo, si no hubiera tenido ese pensamiento casi dramático sobre la mitad de la vida… probablemente no estaría ahora recordándolo. Ni escribiendo esto. Y eso introduce una paradoja curiosa: aquello que parecía completamente inútil termina teniendo un valor inesperado. No por lo que fue en sí, sino por lo que provocó después. Como una semilla que no sabías que estabas plantando. Desde entonces, cuando me encuentro en situaciones similares —una charla insustancial, una película fallida, una tarde que parece deslizarse sin sentido— intento no reaccionar con tanta impaciencia. No siempre lo consigo, claro. Pero al menos me esfuerzo por pensar que incluso ahí puede haber algo rescatable. Aunque solo sea una idea, una frase, una sensación que más adelante encuentre su lugar. Quizás no se trata de evitar perder el tiempo a toda costa, sino de aprender a transformarlo. De aceptar que no todo va a ser brillante, ni memorable, ni digno de ser contado… pero que, de vez en cuando, incluso lo mediocre deja un rastro que merece la pena seguir. Aquella noche no salí del cine con una revelación cinematográfica. Salí con una pregunta. Y, con el tiempo, he aprendido que a veces eso es mucho más valioso.

viernes, 20 de marzo de 2026

ESKORBUTO EN BARCELONA 1986

Documento inédito. Eskorbuto en la fiesta mayor del barrio de La Prosperitat, incluido en el el distrito de los Nou Barris. 4 de Junio de 1986. La actuación formaba parte del cartel del festival "Prosperock", incluido en el programa de fiestas.

martes, 3 de marzo de 2026

JAN! TALDEA: NEW CALEDONIA


Navigare necesse est, vivere non necesse. Esta fue la frase que, según Plutarco, Pompeyo dijo a unos marineros que no se querían embarcar porque le tenían miedo al mar. «Navegar es preciso, vivir no lo es». En este tema hemos querido reflejar la emoción del viaje, del descubrimiento. Viaje que puede ser exterior o interior, pero que a de ser ,necesariamente, audaz. Ya lo dice otro conocido proverbio: "piedra que rueda, no cría musgo" Uuuuuu Kaledonia Lur ederra Egoaldeko, iparraldeko Itsasoen irlak Ekialdeko, mendebaldeko Mendikateak Ekiaren bila Munduan zehar Bizitzea baino Nabigatzea Uuuh berriro ere Errepidean Aurrera beti ez dagoelarik Atzera bidea Aurrera beti, ez dagoelarik Bidezidorra Edonondik ekira Edonondik ekira.

martes, 3 de febrero de 2026

¿QUIEN TIENE EL TOCADISCOS?

 


El mundo de la promoción musical no es un terreno de juego equilibrado.

Nunca lo fue, aunque a veces se disfrace de meritocracia sonora.

Las canciones no nacen iguales, nacen con mochila o sin ella.

Algunas llegan con focos, presupuesto y padrinos. Otras llegan solas, grabadas de madrugada y con más fe que medios.

No gana siempre la mejor canción, gana la más empujada.La que suena donde tiene que sonar y en el momento justo.

La que alguien decidió pinchar una y otra vez.

Porque alguien, en algún sitio, tiene el tocadiscos.Ese tocadiscos puede ser una radio, una playlist o un algoritmo.Puede ser un periodista, un programador o un influencer cansado. 

Quien controla la aguja decide qué gira y qué se queda en silencio.

Y ese poder rara vez es neutral.

La historia de la música está llena de genialidades invisibles.

Canciones que no fallaron artísticamente, sino estratégicamente. Temas que no entraron en la rueda correcta. Bandas que llegaron tarde a una fiesta privada. La injusticia no está en que unas canciones triunfen.

Está en fingir que todas tuvieron la misma oportunidad.

En confundir éxito con valor.

En llamar fracaso a no sonar.

Tal vez la pregunta no sea quién tiene talento.

La pregunta real sigue siendo: ¿quién tiene el tocadiscos?


miércoles, 28 de enero de 2026

50 AÑOS DE "PUNK"

 


Aunque a los british les gusta mucho vender el "punk" como algo nacido de sus entrañas, lo cierto es que Sex Pistols, Clash y tantos otros bebian de algo surgido meses atrás y que ahora cumple 50 años.       
En enero de 1976 apareció en Nueva York un fanzine barato, mal impreso y descarado llamado Punk. Nadie imaginó entonces que aquel objeto de grapas torcidas acabaría dando nombre a un movimiento cultural global.Creado por John Holmstrom, Legs McNeil y Ged Dunn, Punk no nació para explicar nada, sino para provocar.                                                                           
Su epicentro fue el CBGB, un club sucio del Bowery donde tocaban bandas que no encajaban en ningún sitio. Ramones, Television o Patti Smith encontraron en sus páginas un espejo fiel. El fanzine no embellecía: exageraba, caricaturizaba y se reía de todo.                     
Su estética deliberadamente fea era una declaración política contra el rock virtuoso, contra la industria, contra la solemnidad. Punk convirtió la precariedad en estilo y la falta de futuro en bandera. Mas que informar construía su propio relato, una escena local se transformó en identidad colectiva. 50 años después, su influencia sigue viva, no tanto en la música, sino en la actitud.                                 
El “hazlo tú mismo” que hoy invade internet nació en aquellas páginas fotocopiadas.                                Blogs, redes sociales y cultura independiente le deben más de lo que a menudo admiten. A cincuenta años  de su nacimiento, el fanzine ya no circula pero su espíritu sí. Cada vez que alguien decide publicar sin aval, sin pulir y sin miedo,Punk vuelve a imprimirse, aunque ya no huela a fotocopia barata ni a cerveza derramada.

lunes, 19 de enero de 2026

LA IA TE HACE VAGO

 La IA te hace vago.




No porque piense por ti, sino porque te tienta a dejar de pensar.

Antes buscábamos palabras; ahora las pedimos.

Antes dudábamos; ahora aceptamos la primera respuesta.

La comodidad es el gran caballo de Troya tecnológico.

Promete ahorrar tiempo y acaba robando criterio.

No es que la IA escriba mal, es que escribe demasiado fácil.

Y lo fácil rara vez nos exige algo.

Delegar tareas puede ser inteligente.

Delegar el juicio, nunca.

La pereza intelectual siempre se ha disfrazado de progreso.

Hoy tiene forma de algoritmo amable.

La creatividad sin esfuerzo se parece mucho al relleno.

La opinión sin fricción acaba siendo eco.

Pensar cansa, contrastar aburre, corregir desespera.

La IA nos ofrece atajos constantes.

Y los atajos, ya se sabe, cambian el paisaje.

No es una condena, es una advertencia.

Usarla bien exige más disciplina, no menos.

Lo dicho, la IA te hace vago.

(Articulo escrito por el chat GPT respondiendo a esta petición: hazme un artículo titulado "la IA te hace vago")

sábado, 17 de enero de 2026

UN TRANVÍA LLAMADO DEMOCRACIA




"La democracia es un tranvía, cuando llegas a tu estación, te bajas".

La frase de Erdogan expresa una idea cada vez más extendida: la democracia como simple instrumento y no como valor. Hoy esa lógica no es marginal, gana terreno en múltiples discursos políticos. La democracia se acepta mientras sirve para alcanzar el poder, pero se cuestiona cuando limita su ejercicio. Esta deriva no es exclusiva de una ideología concreta.


En la derecha, el autoritarismo suele justificarse en nombre del orden, la seguridad o la unidad nacional. Las reglas democráticas se respetan solo si producen resultados favorables. Cuando no, se desacreditan elecciones, tribunales o medios de comunicación. El líder se presenta como encarnación directa del pueblo, incluso contra las instituciones.


En la izquierda, la tentación adopta un lenguaje emancipador. La democracia liberal se denuncia como una farsa al servicio de las élites. El pluralismo y los contrapesos se ven como obstáculos para la justicia social. Alcanzado el poder, la perpetuación se legitima a menudo en nombre de una causa superior.


En ambos casos, la democracia se convierte en una puerta de entrada que puede cerrarse desde dentro. El descontento social y la frustración con sus fallos alimentan esta visión. El riesgo es normalizar el desprecio por las reglas comunes. Defender la democracia exige reformarla y profundizarla, de lo contrario se queda en una pura etiqueta. 

Quienes hemos conocido un sistema sin división de poderes, sin partidos ni sindicatos , sin derechos para las minorías , sin libertad de prensa, sabemos que es peor. Solo las élites privilegiadas pueden sentirse mejor en una dictadura.. Eso sí, el régimen dictatorial rara vez reconoce esa denominación. Se apuesta por eufemismos como "democracia orgánica", "democracia popular"o, como mucho "dictadura del proletariado'

miércoles, 31 de diciembre de 2025

ENTREVISTA EXTREMODURO (2000)


Entrevista realizada en el año 2000 en el restaurante Gaminiz de Plentzia (Bizkaia). Roberto Moso y Cristina Ardanza hablan con Robe Iniesta e Iñaki "Uoho" para el programa "Egun Off" de Radio Euskadi. El grupo está en la gira de presentación de "Canciones Prohibidas". Robe está a punto de mudarse a Bizkaia. 

"Hay mucho moñas y pocos grupos de verdad" 

"Es difícil aguantar en la música, con todos los mamones que hay" 

"La letra que más me ha llenado es la de Pedrá" 

"A veces resulta más tranquila la gira que la grabación de un disco" 

"La suerte influye mucho en esta profesión" 

"En este mundo de la música te dan muchas malas noticias" 

"Procuramos manejar a la industria antes de que la industria nos maneje a nosotros" (Uoho) 

"Nadie se come nada como poeta" 

"Chinato no tiene nada publicado, sus poemas me los recita a mí cuando está borracho"

sábado, 13 de diciembre de 2025

FLORES EN LA BASURA (como se plantaron)


Recién empezaba el nuevo milenio y todo seguía igual.Todas aquellas fantásticas previsiones para el año 2000 fallaron. La herramienta más “futurista” que conocíamos era el teléfono móvil, algo curioso al principio, pero casi obligatorio y bastante molesto después.

No andábamos en naves espaciales, en absoluto había coches voladores, y no podíamos teletransportarnos, como habíamos visto en los cómics. Así que en ese dichoso futuro estaba tan despistado y somnoliento como en el pasado.

Por no ocurrir, no ocurrió, ni siquiera aquella estúpida amenaza del "efecto 2000" que iba a colapsar todos los ordenadores. De hecho, el nuevo milenio comenzaba con una premonitoria noticia falsa, máximo exponente de la nueva era.

Para mí eran tiempos de muchos cambios. En 2001 nació mi segunda hija y yo dirigía un programa de televisión “El Periscopio”, en una productora donde no había horario de salida.

Desde tiempo atrás estaba deseando escribir las peripecias vividas en el grupo ZARAMA. Soñaba con hacer un libro que reflejara el ambiente de aquellos años locos, pero, ¿cómo demontre lo conseguiría? En el trabajo estaba más pillado que nunca y en casa no eran precisamente días tranquilos para mí, dos niñas pequeñas habían llenado mi vida de emotividad, pero también de interminables premuras.

Soñaba con tener tiempo algún día para escribir ese libro. Me imaginaba a mí mismo en una habitación de un edificio urbano, en pleno centro de Bilbao. Sí, no me preguntes por qué. No pensaba en una choza lejana, con un perro al lado y dando largos paseos por los senderos del campo, como desean otros escritores. Me veía escribiendo en soledad mientras veía pasar coches y gentes por la ventana.

Y se produjo el milagro, como si fuera un regalo del destino.

El programa que dirigía se grababa en los estudios de K2000, en Galdakao, a las afueras de Bilbao. Después de terminar con ese proyecto volví a las oficinas de la productora, al centro de la ciudad precisamente, donde me esperaba una oficina. Fue la única vez que ocurríó algo así en toda mi vida laboral y duró muy poco tiempo. ¿El destino jugando en mi equipo?

En el plazo de un mes tendría que entrar en otro programa y recuperar el ritmo intenso, pero mientras tanto, me vi sin tareas concretas y habitando en solitario un modesto despacho que estaba dentro de un piso, en pleno centro de Bilbao. La estructura de ese libro bullía en mi cabeza. Sólo tenía que teclear. Y así lo hice. Aquel diciembre de 2001 llegaban de la calle los sonidos navideños de unos grandes almacenes y la flauta irritante de un "perroflauta"de reglamento.

No quería hacer una biografía. Quería contar una historia.

Billie Wilder decía que un buen guión debe empezar sorprendiendo y dejando al espectador con curiosidad. Es lo mismo que quería hacer yo. Empezar la historia con una escena impactante que creara interés en el lector. Así que recordé aquella brutal actuación en Eibar en la que casi nos matan. Ese iba a ser el principio, sí señor. El resto vino cuesta abajo.

Pero a la hora de salir a la luz no fue nada fácil el camino de “Flores en La Basura”. Ninguna editorial se interesaba -la mayoría ni siquiera se molestaron en contestar- y al final lo colgué gratis en la red gracias al ofrecimiento del gran Niko Vázquez.

Meses después, lo publicaría “Zirkus”, subsello literario de Illargi-Discos Suicidas, con un excelente diseño gráfico, de la mano de mi amigo (y bajista de Zarama) Alfonso Herrero.

Desde entonces, el libro sólo me ha dado buenas noticias: ha conseguido varias reediciones (una de ellas en Argentina) y muchas buenas opiniones, tanto de profesionales como de lectores agradecidos

La última buena noticia es esta nueva reedición de la mano de “Liburuak”.  Nuevos prólogos (a cargo de Roge Blasco y Gotzon Hermosilla), nuevos capítulos y una revisión integral de la edición en euskara para hacerlo más mio.


Flores en la basura es la historia de una pasión compartida, de un sueño hecho realidad, de un tiempo convulso y de un lugar especial. Escrito con corazón y sin freno de mano.

domingo, 9 de noviembre de 2025

EL DELIRIO


 Avanzaban ya los ochenta hacia su tramo final. El tsunami Kortatu había convertido en fenómeno de masas lo que pocos años antes era underground de gaztetxe y frontón.  

Parecía que la tarta estaba más que repartida y que un espacio tan reducido como Euskal Hernia no podría dar muchos frutos más. No, al menos, sin repetirse en sus fórmulas conocidas. Y entonces llegó aquella maqueta. 

No sabría decir cómo llegó a mis manos pero sí dónde la escuché por primera vez: fue en aquel programa increíble que ocupaba las horas centrales en las noches de Radio Euskadi: "Alguien te Está Escuchando" de Pablo Cabeza. Aquel sonido efervescente, aquella voz nasal y cadenciosa escupiendo textos en euskera de Mutriku

Tres temas bastaban para atrapar al oyente , para conseguir que  te enamoraras de ese sonido, de esas letras, de esa voz. 

"Asko", "Kontuz" y "Porky". La primera describía con desolada certeza la impotencia de verse atrapado por aquel maldito "Servio Militar Obligatorio" que ahora, algunos, pretenden recuperar. La segunda clamaba por el espacio propio y la tercera presentaba la candidatura del cerdito  "Porky" para ocupar Ajuria Enea. Títulos cortos para un power trio al que alguien definió como "Los Pistols del Cantábrico". Aunque las etiquetas suelen ser demasiadoreduccionisras, no andaba descaminado aquella definición. Delirium Tremens sonaban salvajes y espumosos como las olas de Saturraran y su puesta en escena, con el sobrio y carismático Andoni Basterretxea al frente, no podía ser más arrebatadora. 

Los vi varias veces en aquella primera versión trio. Recuerdo con esoecial cariño una tarde de domingo en el Gaztetxe de Bilbao y otra en Aste Nagusia, en la sección "bandas locales" .

Sonaban una y otra vez en nuestra guarida santurtziarra de la época, "La Herradura" (La Herra para los parroquianos) . La frase " kontuz, hemen ibili behar naiz" era como un mantra en nuestras bromas cotidianas. 

Luego, como tantas veces ocurre, llegó el éxito masivo. La banda fichó al gran Iñigo Muguruza y su primer álbum funcionó como un misíl. Su sonido y su puesta en escena mejoraron considerablemente, pero ya no era lo mismo. Recuerdo cierto bolo en la Plaza Nueva donde estábamos apachurrados como sardinas en lata. 

Sin embargo seguimos disfrutando de los muchos buenos temas que iban publicando: Boga Boga, Ezin Leike, Ni Naiz Naizena, Sua , Ikusi eta Ikasi...

Me sorprendió su repentina disolución en 1991 y más aun su arrolladora vuelta a los escenarios con ese potente  Ordago , que nos daba un buen sopapo como los que se dan en el clip. 

El próximo día 29 los Delirium se despiden de nuevo y esta vez voy a tener la suerte de compartir escenario con ellos. Lo haré primero con nuestra nueva flamante banda JAN! A la que han ofrecido el honor de abrir el show en la sala Santana 27 de Bilbao. Más tarde Tontxu y yo subiremos a escena con ellos para interpretar juntos Gasteizko Gaua, canción elegida por ellos en la que recordamos la masacre de 1976 en la que cinco obreros en huelga fueron asesinados impunemente. 

Así que aquí estamos, preparando el bolo con ilusión de chavales, agradecidos en el alma a Delirium por darnos esta pedazo de oportunidad y deseando vivir lo que será, sin duda, una gran fiesta .

Esto si que es un delirio. 



domingo, 19 de octubre de 2025

EL DESCONTENTO. Beatriz Serrano

 


Fragmento extraído del libro "El Descontento" de Beatriz Serrano

  • ¿Es el primero? -pregunto como si me importara.
  • Sí, acabo de venir del ginecólogo y ya lo puedo contar, me moría de ganas.

En las oficinas, un niño siempre es motivo de alegría.

A los compañeros de trabajo les encanta celebrar la llegada de un bebé al mundo. Es otra excusa para brindar, para decir cosas oportunas, para seguir un ritual: un espacio donde se sienten cómodos. «¡Tu vida va a dar un giro de 180 grados!

Pero merece tanto la pena...» «Ay, la mejor decisión de mi vida. No hay otra cosa igual.» «Veras qué alegria.» «Tu madre estará contenta, ¿no?» «¡Olvídate de dormir por las noches!» «¿ Y tu marido ya está practicando para cambiar pañales?» El ritual empieza con las felicitaciones en petit comité, seguidas por una felicitación oficial dentro de la comunicación corporativa mensual de la empresa: «;Y una última cosa, no menos importante! ¡Nuestra familia crece!». Después se prepara un brindis de despedida antes de que la futura mamá o el papá se coja su baja y, más tarde, cuando ya ha nacido el niño, se organiza una colecta para hacer un regalo.

Al poco tiempo, la recién parida o el nuevo padre vienen a la oficina a enseñar a su bebé como si fuera el niño Jesús: lo pasean por la oficina recibiendo las felicitaciones y ovaciones de todos los compañeros. Una parte de mí desearía quedarse embarazada para coger esa baja. Después, se inicia otro ciclo: la mamá vuelve a la oficina y la alegría se va disipando.

Si no rinde lo suficiente, se le llama la atención, como si nadie fuera consciente del cambio que ha sufrido su vida y quisieran que fuera cuanto antes la mujer que solía ser. Si pide reducción de jornada supone un problema para los demás.

Si se queja demasiado es que quizás no valía para eso. Si no se queja nada es una rara que jamás habla de su hijo. En una oficina, ser madre es un arma de doble filo. Un niño siempre es una alegría, pero una madre es una pieza del sistema que empieza a oxidarse. 

lunes, 29 de septiembre de 2025

JOSEBA ZULAIKA: VIEJA LUNA DE BILBAO

 «El infierno es demasiado dulce»



Una forma de emprender viaje por la margen izquierda es a través de la música de grupos de rock que surgirían en la zona. Se había creado en los años sesenta un grupo de cantautores integrados en lo que se denominó la nueva canción vasca. El tema de Lourdes Iriondo «Ez gaude konforme»                                                              (No estamos conformes), de 1967, con el mismo aire de manifiesto que «My Generation» (1965) de la banda británica The Who, marcó la nota de rebeldía del grupo. Influidos por la música folk de los Estados Unidos y por la canción protesta catalana, los cantautores declararon la guerra al romanticismo de la música tradicional. «Desde luego no nos dedicaríamos a cantar la triste historia de la paloma blanca, porque había historias mucho más tristes que contar. La blanca paloma llevaba mucho tiempo ennegrecida por el humo de las chimeneas en las ciudades industriales del País Vasco», explicó Julen Lekuona, un sacerdote convertido en cantautor. Preferían cantar sobre el racismo, la guerra del Vietnam, el asesinato de Martin Luther King, o los obreros muertos en Chicago o

Bilbao.

A finales de los años setenta, la canción protesta, como buena parte de la resistencia antifranquista de la época anterior, se quedó obsoleta.

Había llegado el tiempo del rock and roll y el punk con grupos cuyos nombres eran cuanto menos elocuentes: Zarama (Basura), Eskorbuto, Vómito, Eructo, Puskarra (Pedo), Cicatriz, Delirium Tremens, R.I.P., BarricadaErtzainakLa Polla Records. «Bilbao, Mierda, Rock & Roll"» era el eslogan de la banda M.C.D. (siglas de la frase «Me Cago en Dios»). Estos grupos musicales -que combinaban las letras irreverentes con la fuerza del rock, la ira del punk, la marcha del ska o la calidez del reggae— se convirtieron en un auténtico fenómeno social. Algunos años más tarde surgiría un vigoroso movimiento de música hip-hop bajo la influencia de la cultura juvenil internacional. Se popularizó la imagen «Euskadi tropical». Las drogas abundaban por todas partes.

Un grupo muy conocido en Bilbao fue Itoiz. Con su mezcla de rock y pop, sus actuaciones durante la Semana Grande bilbaína a principios de los ochenta tuvieron mucho éxito. Las letras de sus canciones ya no poseían la misma relevancia que las de los cantautores anteriores. Aun asi, baladas como «Lau teilatu» (Cuatro tejados) se hicieron muy populares:

La protesta social ya no estaba en el primer plano: «donde el roquero radical ve a un policía golpeando a un manifestante, Itoiz ve a una vieja prostituta llamando a un taxi amarillo porque hace frio y no hay trabajo».

Un hit de Itoiz fue «Marilyn», la historia del pastor vasco que vuelve del Oeste americano e instala en su caserío con letrero de neón la imagen icónica de la diva. El líder del grupo, Juan Carlos Pérez, era de Mutriku e hijo de un vendedor ambulante que emigró desde Galicia, un hombre muy apuesto que recorría, con sus grandes bolsas de cuero repletas de ropa, las casas del medio rural, incluida la mía. En el año 1987, cuando estaba en la cima del éxito, Itoiz decidió disolverse. «El éxito no me satisfacía», me confesó Pérez.

Zarama, de la margen izquierda de Bilbao, fue igualmente un grupo destacado al que influyeron los Who. Otro grupo, Negu Gorriak, interpretaba una versión en euskera de la canción de los Who «I can't explain» (No lo puedo explicar). La primera canción que grabó Zarama resultó de haber ganado un concurso de música vasca organizada por la discoteca de los jóvenes de Itziar en 1980. Una de sus canciones era una parodia del conocido poema de Aresti «Defenderé la casa de mi padre». ETA pronto puso una bomba en la discoteca, construida en buena parte por antiguos militantes de ETA, alegando que estaba contaminada por la música extranjera y por la droga. Hacia 1984, sin embargo, el entorno de ETA organizaba conciertos con grupos de rock y punk que le sirvieron para atraer simpatizantes.

Cuando el líder de la banda, Roberto Moso, escribió la historia de Zarama, la tituló Flores en la basura, una frase de la canción de los Sex Pistols «God Save the Queen». «Cuando escuchas a los Sex Pistols», dijo Pete Townshend, «lo que de inmediato te sorprende es que esto está sucediendo realmente».

Moso se hizo eco de la misma realidad electrizante cuando escribió sobre un concierto caótico: «Estábamos conectando brutalmente con la audiencia en unos días en los que había revueltas por la calle cada dos por tres.

Estábamos consiguiendo la máxima aspiración de cualquier artista que se precie: comunicar sensaciones en toda su intensidad y además en tiempo real». Zarama estaba infectada por el virus que encerraba el grito de Johnny Rotten, el vocalista de los Sex Pistols: «No Future». Lo que les atraía de bandas de punk como Sex Pixtols, The Clash o Ramones era que aquellos artistas «eran sencillos, hacían una música directa, contundente, sobria, absolutamente alcanzable. Para poder hacerla no se requería ser buen músico ni tener carísimos equipos: simplemente había que tener huevos».

Después de uno de los conciertos de Zarama, Moso se reunió con Josu que, como él, era también de Santurce. Josu era un adolescente rubio con barba y pelo largo que llevaba una guitarra llena de pegatinas entre las que destacaba la diana de los Who. Estuvo tocando con Zarama durante tres años antes de dejar el grupo para formar Eskorbuto en compañía de Juanma y Paco. Una de las canciones tradicionales bilbaínas más populares, «Desde Santurce a Bilbao», describe el trayecto

-hoy convertido en evocación del folclore- que en el pasado realizaban las mujeres por la orilla del Nervión con un cesto de sardinas encima de la cabeza. Eskorbuto escribió una brutal parodia de la canción con el título «Ratas en Bizkaia». Se pueden encontrar en Youtube otras canciones de Eskorbuto con títulos como «Anti-todo», «El infierno es demasiado dulce», «En la luna», «Cerebros destruidos», «Más allá del cementerio» o «Busco en la basura». Cuando Moso acude a visitar la tumba de su padre en el cementerio, tiene que pasar delante de las de Josu y Juanma, a los que mató la heroína. Los cuatro miembros de Cicatriz también murieron por la heroína. Entendieron bien, al igual que su héroe Johnny Rotten, las palabras de Richard Huelsenbeck: « La vida debe hacer daño... No hay suficientes crueldades». Lejos de la idolatría que los héroes del rock and folk recibían sobre el escenario, el canon establecido por los punk consistía en arrojar botellas y una lluvia de lapos. En el cementerio, Moso se para a oír los ecos de una canción de sus amigos:

Y a mí me torturaon y torturaron y torturaron para que cantara y cante esta canción

Satanás, el infierno es demasiado dulce.

Satanás, el infierno es demasiado dulce.