viernes, 11 de enero de 2008

CIRCOS



Yo estaba en Laredo, en el circo. Era 1969. Estaba con mi padre viendo a Pinito del Oro. Algo increíble. La genial equilibrista canaria hacía acrobacias sobre una silla cuyas patas traseras se apoyaban en un trapecio a más de cuarenta metros de altura. Un número único, ensayado al detalle desde la infancia y que había dado la vuelta al mundo en varias ocasiones. No usaba red. Su único posible colchón era su padre, que en todas las funciones contemplaba a su hija desde pista, según se decía, para evitar en caso de caída que lo hiciera de cabeza. Jamás había visto nada comparable. Aquella mujer hacía el pino sobre la silla desafiando las leyes de la física. Se diría que todos estábamos tensos menos ella. Era imposible no pensar que ahí había truco. Y ocurrió lo inesperado. Un movimiento en falso, un grito ahogado y una multitud que de pronto se revoluciona por completo.
No pude ver el impacto. Justo en ese momento un codazo me despertó. Era mi hija. Me había quedado dormido viendo el Circo del Sol.

3 comentarios:

Alfonso dijo...

Gran imagen. ;)

ROBERTO MOSO dijo...

Pinito era muy grande. Si fuera yanki nos la estaríamos comiendo con patatas, no lo dudes.

CORA dijo...

guauuuuuuuuuuuu, yo como trapecista que he sido no puedo ni soñar desafiar así el espacio y el equilibrio, se arriesgó demasiado en una época en que todo no era sufciente, la gente quería el mas difícil todavía y no soñar con algo mas simple, lo grande esque ella no parecía estar mas cómoda en el suelo que ahí arriba...uf