viernes, 28 de noviembre de 2008

SIMPSOMS


En el 90, cuando se estrenaron, veía los Simpsoms con autentica alegría. Sin ser del todo consciente, aquella familia tan loca y tan tierna le animó a ser padre.
Durante toda esa década los seguía viendo con auténtico placer. Su hija pronto se sumo a la fiesta y la serie se convirtió en consistente territorio compartido.
A medida que avanzaba el nuevo siglo ella fue conociendo otras series pero los dos seguían teniendo en Springfield el punto de encuentro para la risa y la complicidad. El lugar mágico donde viajaban tras aparcar todas las fricciones.
Ella ya no está en casa y ya no es lo mismo. Ahora él acude a la serie cargado de melancolía, en busca del lugar mágico donde nadie envejece y los hijos son siempre niños.

9 comentarios:

Javier dijo...

Una vida junto a los Simpson, que son los unicos que seguiran siendo jovenes para siempre.

Roberto Moso dijo...

Bueno, mejor no te cuento lo de los Picapiedra...

Javier dijo...

Con toda la intriga me dejas.

habie dijo...

Pues a mi se me ha puesto la carne de gallina, no sé por qué será si nunca veo la tele.

Julián dijo...

Pues hay mucha verdad en esto. Ver esta serie llega a convertirse en un ritual. ''Ostia, este capítulo sólo lo he visto un par de veces, qué buena, lo echaba de menos''. O bien: ''quién fuera Homer...'', ''Quién fuera Bart...''

El Conde de MonteCristo dijo...

Pero qué hace un padre viendo Los Simpson con su hija? no dicen que es algo para adultos aunque sean dibujos animados? país....

Roberto Moso dijo...

Bien, "lo de los picapiedra" hace mención a que ya existían cuando yo era pequeño...lo de los Simpsom es sin embargo aún más elocuente: Los podemos ver mucho más jóvenes y mucho más viejos, porque hay constantes saltos temporales pero el caso es que tienen la misma edad desde el noventa...Bart tiene diez años con Reagan, con Bush, con Clinton, con Bush hijo y con Obama

Mitchelle dijo...

eh pasado toda mi vida viendolos y creo que seguire asi.

Roberto Moso dijo...

La verdad es que yo también, pero en las últimas semanas mi compañero de batallas radiofónicas Mikel Ibañez me ha dejado varias colecciones y he recuperado viejos capítulos perdidos en la memoria. Cuanta genialidad y cuanto talento y qué gozada.