"Ratas en el laberinto", del escritor portugalujo Santi Osakar, parte de una fantasía que muchos hemos tenido alguna vez: poder comunicarnos con nuestro yo adolescente y tratar de modificar sus decisiones vitales. El protagonista, K, es un hombre adulto que lleva una vida bastante gris, con la sensación de que algunas decisiones tomadas muchos años atrás han condicionado irremediablemente su presente. La posibilidad de hablar con aquel muchacho que fue abre una puerta fascinante, pero también tremendamente peligrosa que constituye la reflexión troncal de la novela: ¿qué ocurriría si pudiéramos cambiar nuestro pasado?
Santi utiliza así la ciencia ficción como una
herramienta para hablar de algo mucho más humano. Porque lo verdaderamente
interesante no es el mecanismo que permite ese contacto entre pasado y
presente, sino las consecuencias de intervenir en nuestra propia historia.
Podemos imaginar que advertimos a nuestro yo joven de una relación que saldrá
mal, de una oportunidad que no debería dejar escapar o de una decisión que
tendrá consecuencias inesperadas. Pero, al cambiar una sola pieza, también
cambiaríamos todo lo que vino después. Incluso nuestra propia identidad.
Ahí está, en mi opinión, la principal virtud
de "Ratas en el laberinto": convertir una fantasía aparentemente sencilla en
una reflexión sobre quiénes somos y cuánto de nosotros mismos procede
precisamente de nuestras decisiones. Porque quizá no seríamos las personas que
somos si hubiéramos evitado todos nuestros tropiezos.
Los años ochenta tienen además una presencia
importante en la novela. Pero Osakar no parece interesado en construir una
postal nostálgica de aquella época. Junto a los recuerdos de juventud aparecen
también el paro, las drogas, la violencia y las incertidumbres de aquellos
años, centrándose en la conflictiva márgen izquierda de la ría de Bilbhao . Y eso hace que la novela juegue con una cuestión especialmente sugerente:
la distancia entre lo que realmente vivimos y lo que, décadas después, hemos "decidido" recordar.
En ese sentido, "Ratas en el laberinto" puede
leerse también como una novela sobre la memoria. Sobre esa tendencia que
tenemos a reconstruir nuestra juventud desde el presente, seleccionando los
momentos felices y limando los bordes incómodos. El pasado que recordamos quizá
no sea exactamente el pasado que vivimos.
El tono tampoco responde a una ciencia ficción de manual. Hay humor negro, sátira y buenas dosis de irreverencia que hacen que la
historia resulte más cercana. El viaje temporal, en definitiva, es la excusa
para formular una pregunta mucho más incómoda: si pudiéramos volver atrás,
¿realmente querríamos cambiar nuestra vida?
Personalmente, esa es la idea que me resulta más
atractiva del libro. Porque probablemente todos tenemos alguna conversación
pendiente con la persona que fuimos. Todos sabemos qué consejo le daríamos, qué
error intentaríamos evitar o qué decisión repetiríamos. Pero también existe la
posibilidad de que, al modificar aquello que creemos que salió mal, acabáramos
eliminando precisamente las circunstancias que nos han convertido en quienes
somos.
Ratas en el laberinto parece jugar con esa
paradoja: queremos escapar de nuestro pasado, pero nuestro pasado es, en buena
medida, lo que nos ha construido. Y quizá por eso el verdadero laberinto no sea
el viaje en el tiempo, sino nuestra propia memoria.

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