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martes, 6 de diciembre de 2016

“PUNK”: LOS FRUTOS DEL “AÑO CERO”

Punk Cat Woman
Tomás González Lezana, alma mater de La Fonoteca musical, acaba de publicar "Punk ¿Pero Qué Punk?, Guia Incompleta del Punk Nacional" donde he tenido el honor de firmar uno de los prólogos. La guía -él ya avisa- es incompleta, porque sospecho que en posteriores ediciones se irá nutriendo de los nombres que faltan. Respecto a los que están, el trabajo de Tomás es siempre riguroso y bien documentado. Vaya -con su permiso- mi humilde prólogo: 

En 1977 yo tenía 17 tiernos y despistados años. El destino quiso que aquel verano mis huesos fueran a parar al Reino Unido, en mi primer viaje al extranjero, y que por unos poco días conociera aquel Lóndres que proclamaba orgulloso “el año cero”. Fueron pocos días en realidad, justo dos fines de semana. El grueso del tiempo lo pasé recogiendo fruta en campos internacionales de estudiantes. En aquellos barracónes solo yo había oído hablar del “punk”entonces. Jóvenes de ínfulas sociopolíticas y modos mas bien hippies miraban recelosos el número de la revista “STAR” que yo atesoraba. Aquellas cat-women con cadena de perro y aquellos caretos histriónicos con imperdibles clavados, les producía una mezcla de burla y rechazo. Yo no sabía muy bien como defenderlo, pero tenía la íntima convicción de que estaban en el buen camino. Tocaba provocar, reírse hasta de la propia sombra, sacarle un dedo a tanta monserga pseudo pacifista y romper esquemas en la acomodada escena rockera plagada de niñatos multimillonarios con ínfulas grandilocuentes.
Yo sentía entonces que por fin había un movimiento acorde con mis “principios”. Antes de aquel viaje había seguido con avidez las noticias sobre el “punk” británico: un santón de la BBC ridiculizado por los Sex Pistols, precisamente cuando él trataba de presentarlos como la última extravagancia de los tabloides; la prohibición de radiar el “God save The Queen” -un alegato antimonárquico en plenas bodas de plata-; la irrupción de The Clash, que combinaban por fin las letras combativas con el rock & roll… todo era maravilloso, casi increíble. Los setenta, por fin, resultaban divertidos.
El punk era además algo alcanzable. Cualquier cabestro de mi barrio podía ser Nick Jones o Johnny Rotten si conseguía enlazar tres acordes seguidos.
La primeras referencias a algo llamado “punk” habían llegado de Nueva York. Había un fanzine con ese nombre y varios grupos encuadrados bajo ese contundente epígrafe. Pero Ramones, Televisión y compañía eran entonces pasto de minorías, se movían en los márgenes de la industria y no trascendían mas allá de las revistas de música.
Malcon Mclaren, que ya había hecho ensayos previos con los New York Dolls, se empeñó en asaltar los servicios informativos y a fe que lo consiguió: Una cuadrilla de gamberros se atrevía a organizar un concierto por el Támesis bramando contra la reina en el día de las grandes celebraciones. El punk pasaba de ser una anécdota a erigirse en movimiento. Con el tiempo se hablará de ello como otra de las grandes corrientes rupturistas: los existencialistas, los beatnicks, los propios hippies de los sesenta…
Aquellos primeros estallidos fueron creando nuevos esquejes en sucesivas oleadas y en diferentes países. Los primeros “punks” celtibéricos fueron encarnados en aquel primer Ramoncín que escandalizaba desde la tele en blanco y negro y en La Banda Trapera del Rio, que daban la réplica desde la suburbial Cornellá, en los arrabales de Barcelona. Ofrecían una versión barriobajera y un tanto chirriante que resultaba realmente indigesta para el stabishmen musical de la época. La emisión de “La Regla” en Radio Popular de Bilbao provocó la fulminante expulsión del locutor Enrique Quintana y la dimisión solidaria de su compañero Iñaki Bilbao. Fueron el precedente del gran escándalo punk que protagonizaron años después Las Vulpess, interpretando “Me Gusta Ser Una Zorra” en el horario infantil de Televisión Española. A Carlos Tena le quitaron el programa “Caja de Ritmos” y la fiscalía General del Estado las impuso nada menos que una querella criminal. Aquello sí que fue, como cantaba Johny Thunders “demasiado, demasiado pronto”.
Estas fueron las bases para un movimiento que daría nombres míticos por doquier: Eskorbuto, Cicatriz, La Uvi, La Polla Records, RIP, La Broma de Satán, OX Pow y que inspiró también a bandas como la mía (Zarama) y otra larga lista que podrás degustar en el presente trabajo.
El “hazlo tú mismo” se convirtió en un reguero de pólvora que no para de dar frutos. El punk fue también abono para  fenómenos posteriores como Riot Grrrl en los Estados Unidos o “PornoPara Ricardo” en Cuba, ya en los noventa, o las Pussy Riot en la Rusia del nuevo milenio; provocaciones estas dos últimas que dieron con los huesos de sus protagonistas en la cárcel .
Poco importa finalmente si tal o cual banda es mas o menos fiel a no-se-qué ortodoxia punkera o si debemos poner las fronteras en tal o cual fecha. Personalmente creo que el punk es , sobre todo, una actitud. Existía antes y existirá después de todo lo que aquí se cuenta, pero era necesario que alguien se preocupara en contarnos de forma exhaustiva lo que ha supuesto entre nosotros. De eso trata este libro.
Punks Not Died. Que aproveche.