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| Punk Cat Woman |
Tomás González Lezana, alma mater de La Fonoteca musical, acaba de publicar "Punk ¿Pero Qué Punk?, Guia Incompleta del Punk Nacional" donde he tenido el honor de firmar uno de los prólogos. La guía -él ya avisa- es incompleta, porque sospecho que en posteriores ediciones se irá nutriendo de los nombres que faltan. Respecto a los que están, el trabajo de Tomás es siempre riguroso y bien documentado. Vaya -con su permiso- mi humilde prólogo:
En 1977 yo tenía 17 tiernos y despistados años. El destino quiso que
aquel verano mis huesos fueran a parar al Reino Unido, en mi primer viaje al
extranjero, y que por unos poco días conociera aquel Lóndres que proclamaba
orgulloso “el año cero”. Fueron pocos días en realidad, justo dos fines de
semana. El grueso del tiempo lo pasé recogiendo fruta en campos internacionales
de estudiantes. En aquellos barracónes solo yo había oído hablar del “punk”entonces.
Jóvenes de ínfulas sociopolíticas y modos mas bien hippies miraban recelosos el
número de la revista “STAR” que yo atesoraba. Aquellas cat-women con cadena de
perro y aquellos caretos histriónicos con imperdibles clavados, les producía
una mezcla de burla y rechazo. Yo no sabía muy bien como defenderlo, pero tenía
la íntima convicción de que estaban en el buen camino. Tocaba provocar, reírse
hasta de la propia sombra, sacarle un dedo a tanta monserga pseudo pacifista y
romper esquemas en la acomodada escena rockera plagada de niñatos
multimillonarios con ínfulas grandilocuentes.
Yo sentía entonces que por fin había un movimiento acorde con mis
“principios”. Antes de aquel viaje había seguido con avidez las noticias sobre
el “punk” británico: un santón de la BBC ridiculizado por los Sex Pistols,
precisamente cuando él trataba de presentarlos como la última extravagancia de
los tabloides; la prohibición de radiar el “God save The Queen” -un alegato
antimonárquico en plenas bodas de plata-; la irrupción de The Clash, que combinaban
por fin las letras combativas con el rock & roll… todo era maravilloso,
casi increíble. Los setenta, por fin, resultaban divertidos.
El punk era además algo alcanzable. Cualquier cabestro de mi barrio
podía ser Nick Jones o Johnny Rotten si conseguía enlazar tres acordes seguidos.
La primeras referencias a algo llamado “punk” habían llegado de Nueva
York. Había un fanzine con ese nombre y varios grupos encuadrados bajo ese
contundente epígrafe. Pero Ramones, Televisión y compañía eran entonces pasto de
minorías, se movían en los márgenes de la industria y no trascendían mas allá
de las revistas de música.
Malcon Mclaren, que ya había hecho ensayos previos con los New York Dolls, se empeñó en asaltar los servicios informativos y a fe que lo consiguió:
Una cuadrilla de gamberros se atrevía a organizar un concierto por el Támesis
bramando contra la reina en el día de las grandes celebraciones. El punk pasaba
de ser una anécdota a erigirse en movimiento. Con el tiempo se hablará de ello
como otra de las grandes corrientes rupturistas: los existencialistas, los
beatnicks, los propios hippies de los sesenta…
Aquellos primeros estallidos fueron creando nuevos esquejes en
sucesivas oleadas y en diferentes países. Los primeros “punks” celtibéricos
fueron encarnados en aquel primer Ramoncín que escandalizaba desde la tele en
blanco y negro y en La Banda Trapera del Rio, que daban la réplica desde la
suburbial Cornellá, en los arrabales de Barcelona. Ofrecían una versión
barriobajera y un tanto chirriante que resultaba realmente indigesta para el
stabishmen musical de la época. La emisión de “La Regla” en Radio Popular de
Bilbao provocó la fulminante expulsión del locutor Enrique Quintana y la
dimisión solidaria de su compañero Iñaki Bilbao. Fueron el precedente del gran
escándalo punk que protagonizaron años después Las Vulpess, interpretando “Me Gusta Ser Una Zorra” en el horario infantil de Televisión Española. A Carlos
Tena le quitaron el programa “Caja de Ritmos” y la fiscalía General del Estado
las impuso nada menos que una querella criminal. Aquello sí que fue, como
cantaba Johny Thunders “demasiado, demasiado pronto”.
Estas fueron las bases para un movimiento que daría nombres míticos
por doquier: Eskorbuto, Cicatriz, La Uvi, La Polla Records, RIP, La Broma de Satán,
OX Pow y que inspiró también a bandas como la mía (Zarama) y otra larga lista
que podrás degustar en el presente trabajo.
El “hazlo tú mismo” se convirtió en un reguero de pólvora que no para
de dar frutos. El punk fue también abono para
fenómenos posteriores como Riot Grrrl en los Estados Unidos o “PornoPara Ricardo” en Cuba, ya en los noventa, o las Pussy Riot en la Rusia del
nuevo milenio; provocaciones estas dos últimas que dieron con los huesos de sus
protagonistas en la cárcel .
Poco importa finalmente si tal o cual banda es mas o menos fiel a
no-se-qué ortodoxia punkera o si debemos poner las fronteras en tal o cual
fecha. Personalmente creo que el punk es , sobre todo, una actitud. Existía
antes y existirá después de todo lo que aquí se cuenta, pero era necesario que
alguien se preocupara en contarnos de forma exhaustiva lo que ha supuesto entre
nosotros. De eso trata este libro.
Punks Not Died. Que aproveche.
