El olor a tinta fresca de los libros recién forrados, repletos
de conceptos intimidantes. El nuevo
pupitre, con marcas de antiguos moradores y un nuevo compañero, traído por el
azar alfabético. El nuevo tutor que trata de hacerse respetar desde el
principio.” Conmigo a buenas iréis bien, pero mejor que no me conozcáis a malas”.
Hay excitación, hay curiosidad, hay inquietud.
En el recreo observas a los nuevos ocupantes de tu aula del pasado curso y
sientes por fin un cierto alivio, algo parecido al poder. Mira que cara de
miedo tienen esos pringaos.
