miércoles, 11 de marzo de 2009

AMISTAD


Éramos grandes amigos y aunque jugábamos a lo contrario, lo cierto es que teníamos mucho en común. Me asombraba su manera de relativizarlo todo, de evitar a toda costa tomarse nada demasiado en serio. Me encantaban sus descubrimientos musicales y literarios y su forma siempre sutil, siempre casi casual de aparecer cuando realmente se le necesitaba. En realidad no fue tan extraño. Teníamos tanto en común. Me gustaban muchas cosas de él, y la que más de todas, por suerte o por desgracia: era su mujer

3 comentarios:

El Conde de MonteCristo dijo...

Lo sabía! Lo sospeché desde el principio, cabrón!

Roberto Moso dijo...

Por eso te mandé pal castillo hombre....

El Conde de MonteCristo dijo...

Así empezó la historia de una traición. Menos mal que Dumas la noveló y así se enteró todo el mundo. Estáte al loro que mi venganza está al acecho...ja ja jaaaaaaa (con eco tenobroso)