miércoles, 26 de mayo de 2021

EL HOSTIÓN

El lugar de los hechos

Domingo, 9:45 horas. Avanzaba yo a paso ligero hacia mi objetivo informativo: la feria del disco que se celebraba en Bilborock. Llevaba a la espalda una mochila con los aparatos para hacer la transmisión en directo y a mi lado venía también Eder, joven compañero en periodo de prácticas. Avanzábamos por el muelle de La Merced cuando, de pronto, reparé en un enorme mural que ocupaba una extensa superficie. No eran los habituales grafitis. Esa enorme y colorida imagen había sido realizada con mimo, destacaba por su originalidad y cuidaba los detalles. Después he sabido que es una denuncia contra la violencia machista realizada por la artista Ruth Juan y avalada por el ayuntamiento de Bilbao. Pero aquel momento no llegué a saber nada al respecto. Estaba tan distraído contemplando los colores que no reparé en un maldito saliente de cemento que había en el suelo (y cuya función desconozco) . De pronto: “cataplum”, un tropiezo inesperado y en la fracción de un segundo me veo volando por el aire.  Fue una caída estúpida, sin consecuencias graves, pero también un hecho inesperado que me ha mantenido varios días dolorido y luciendo un huevo multicolor sobre mi ojo derecho. En el momento, una pareja que pasaba por ahí vino a socorrerme con cara de susto y Eder apareció en segundos con una bolsa de hielo que pidió en un bar cercano. Nada del otro mundo. En unos minutos estaba en la feria. La organización, que me estaba esperando, me atendió en cuanto me vio. En pocos minutos entraba en directo con las heridas de mi cabeza y mi rodilla curadas. Creo que no se notó nada mi ligero aturdimiento. Como es habitual en estos casos, los siguientes días me aburrí de dar explicaciones. La herida no era gran cosa. Ni siquiera me tuvieron que poner puntos, pero el mural que he lucido en mi cara me daba un aspecto patibulario que, al parecer, requería una explicación.                                                                 
Rebobino: En la reunión del jueves, en esa en la que decidimos los temas que vamos a abordar en el programa, yo propuse visitar la feria del disco que se celebraría el domingo en Bilborock. Al llegar el domingo se nos hizo algo tarde para ir andando y decidimos coger el metro. Nos bajamos en la estación del Casco Viejo y atravesamos entre calles para salir cerca del mercado de la Rivera… Así que, podríamos concluir, el trompazo fue la consecuencia de una cadena de decisiones. Si no hubiéramos decidido esa conexión, si no hubiéramos cogido el metro, si no hubiéramos atravesado esas calles, si no me hubiera fijado en la pintada… es posible que ahora no luciera este enorme chichón en mi cabeza, pero… ¿Quién me asegura que todo habría salido bien? También puedo pensar que la caída podría haber sido más grave. Pocos días antes estuve en la presentación del libro de Gonzalo Iribarnegaray, un autor muerto tras un fuerte golpe accidental en la nuca…                                                                                                                  
Desde que alguien decidió que naciéramos, somos el producto de nuestras decisiones, sin duda, y tarde o temprano tomamos alguna errónea. Cuando me vi de pronto ridículo y dolorido sobre los duros adoquines recordé una escena similar protagonizada por mi madre, años atrás. Una caída más aparatosa que la mía, con sangre abundante y que terminó en el hospital. Afortunadamente tampoco fue de gravedad. Ya lo cantaba el gran Ruben Blades: Decisiones cada día/ Unos ganan otros pierden/ Ave María/ Decisiones/ Todos juegan/ Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía.                  
 
 
 

 


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