Aunque a los british les gusta mucho vender el "punk" como algo nacido de sus entrañas, lo cierto es que Sex Pistols, Clash y tantos otros bebian de algo surgido meses atrás y que ahora cumple 50 años. En enero de 1976 apareció en Nueva York un fanzine barato, mal impreso y descarado llamado Punk. Nadie imaginó entonces que aquel objeto de grapas torcidas acabaría dando nombre a un movimiento cultural global.Creado por John Holmstrom, Legs McNeil y Ged Dunn, Punk no nació para explicar nada, sino para provocar. Su epicentro fue el CBGB, un club sucio del Bowery donde tocaban bandas que no encajaban en ningún sitio. Ramones, Television o Patti Smith encontraron en sus páginas un espejo fiel. El fanzine no embellecía: exageraba, caricaturizaba y se reía de todo. Su estética deliberadamente fea era una declaración política contra el rock virtuoso, contra la industria, contra la solemnidad. Punk convirtió la precariedad en estilo y la falta de futuro en bandera. Mas que informar construía su propio relato, una escena local se transformó en identidad colectiva. 50 años después, su influencia sigue viva, no tanto en la música, sino en la actitud. El “hazlo tú mismo” que hoy invade internet nació en aquellas páginas fotocopiadas. Blogs, redes sociales y cultura independiente le deben más de lo que a menudo admiten.
A cincuenta años de su nacimiento, el fanzine ya no circula pero su espíritu sí. Cada vez que alguien decide publicar sin aval, sin pulir y sin miedo,Punk vuelve a imprimirse, aunque ya no huela a fotocopia barata ni a cerveza derramada.
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