Supongo que muchos ya conoceis éste caso y éste libro. El conocido showman televisivo Ángel Martín relata su experiencia psiquiátrica con pelos y señales. No dramatiza pero tampoco banaliza y traslada su periplo con una franqueza muy de agradecer. Os paso un párrafo bastante representativo del tono que usa en un título muy recomendable:
Y aunque mucha gente cree que la cabeza simplemente te hace crec tal o cual día, os puedo asegurar que ese día que suena el crec, en realidad, solo es el día en que la gota que debía colmar el vaso cae en el vaso. Una de las preguntas que más me ha hecho la gente que conoce esta historia es: pero ¿cuándo empezó todo? ¿En qué momento te volviste loco?». Dejadme que insista: no creo que haya un día en que el cerebro pase de estar bien a estar radicalmente mal. Sospecho que sencillamente hay un día en el que, como decíamos hace solo unas líneas, cae la gota que hace que el vasito que se va llenando de locura se desborde. Creo que si viviéramos eternamente, todos acabaríamos volviéndonos locos algún día. Es imposible saber cuándo empieza a llenarse ese vaso de locura en tu cerebro. Si revisas tu vida, seguramente encontrarás cientos de momentos que no ayudaron a que tu vaso de locura estuviera impecable y vacío del todo. A poco que hayas tenido una vida más o menos normal, seguro que hay momentos en los que te han avergonzado, humillado, estresado, ofendido, despreciado, mentido, agredido, traicionado... Y, por muy fuerte que seas, o por mucho que asegures que esas cosas no te afectan, estoy convencidísimo de que parte de esos momentos se convierten en gotitas que van cayendo una tras otra dentro de ese vaso. Y sospecho que, por muy grande que pueda ser el vaso, si viviéramos eternamente, tarde o temprano caería una gota en él que lo haría desbordar todo. El problema es que la locura consigue camuflarse con tus rutinas como un camaleón lo hace en un tronco o una piedra, y es imposible distinguir si lo que te pasa es que eres raro, estás cansado o te estás volviendo loco hasta que, de repente, pasa algo que te lleva en un segundo a cruzar alguna línea que les llame a todos la atención. Y justo ahí es donde está lo peligroso; en que hasta que no cruces la línea no sabrás si la intención de tu locura es hacerte o hacer daño de verdad. Desde que me volví loco, cada vez que veo o leo historias de personas que sospecho pueden estar pasando por un momento delicado, no puedo evitar sentir una especial preocupación por cómo se comportarán las personas de su entorno. Cuando te vuelves loco, cualquier gesto o palabra que haga otra persona puede marcar la diferencia entre que la situación acabe bien o mal

No hay comentarios:
Publicar un comentario