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| Adolfo Suarez |
Llegaría después Felipe González, con una imagen que rompía ya nítidamente con la
rigidez de Suarez. Desaparece la gomina y la chaqueta es ahora de pana. La
imagen de este periodo es además bicéfala. Tiene un rostro joven y sereno
encarnado en el presidente y otro más duro y enfadado que escenifica Alfonso
Guerra. A éste le correspondían todas las bravatas y salidas de tono. El rostro del euskal-power era entonces el de
Ardanza, sin duda una cara más gris, casi funcionaria, una imagen que tenía que
transmitir el talante de los nuevos tiempos: Socialistas y nacionalistas compartiendo
un gobierno con graves problemas: La
crisis y los continuos asesinatos de los
años de plomo.
Llegarían después nuevas caras para nuevos tiempos. La era del pelotazo
vino de la mano de Aznar. Un rostro a medio camino entre lo cómico y lo trágico.
Un bigote que trataba de poner seriedad en un rostro que no la tenía y que
llegaba al esperpento cuando reía. Con el tiempo desaparecería el bigote y
llegaría la tableta de chocolate, pero la imagen que mejor retrata la cara de
ese periodo fue aquella de Aznar y George Bush con las botas sobre la mesa en
actitud chulesca.
La cara de Zapatero tenía otro "talante", pero lo que transmitía dignidad
en un principio, término siendo un rictus un tanto patético cuando trató de
vender la moto de los “brotes verdes”. Mientras tanto, el rostro de Euskadi se
tornaba de nuevo grave y un tanto altivo tras el pacto de Lizarra-Garazi y la llegada
al poder de Ibarretxe y su insistente plan.
Tras un breve periodo protagonizado por la cara de incredulidad del
breve Patxi Lopez en Ajuria Enea, la cara actual es la de Urkullu. Una cara
petrea, como esculpida, digna de figurar en el monte Rushmore. Tras tantos años
de sobresaltos y portadas de periódicos, la imagen de Euskadi es ahora
institucional, rígida y sin sobresaltos –que ahora se dejan para otros-
Mientras tanto, en Madrid parece perpeturase la cara de Rajoy. Hubo un
día en el que nadie daba un duro por él. Y mira. Los algoritmos resultantes de
un país donde la corrupción se perdona más que el independentismo y lo que hay a la izquierda del PSOE sigue dando miedo nos da este resultado. Una cara cómica y
trágica, sólida y líquida. Una imagen
que a nadie parece convencer del todo excepto... al equipo el “El Intermedio”,
que sin duda seguirá celebrando su triunfo por todo lo alto.
