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domingo, 21 de octubre de 2012

A LA ESCUELA OTRA VEZ


Otra vez votaciones. Es un ritual que, como tantos otros, va perdiendo morbo a medida que se hace costumbre. Sí, es posible que el poder político esté cada vez más mediatizado. Quizá tengan razón los que dicen que la democracia es de mala calidad, que las elecciones no sirven para gran cosa, pero sea cual sea su influencia real, hay algo indudable: El reparto de escaños, junto al número de votantes que se quedan en casa, nos dará una foto bastante nítida de la sociedad en la que vivimos.

Es más, Bizkaia, Alava y Guipúzcoa, se llenan hoy de pequeños escenarios donde se representan, con diversos, matices, obras teatrales que retratan nuestra realidad.

Campaña de 1933. Jon Zabalo ("Txiki") 
Hace muy poco tiempo (aunque a veces nos parezca que fue hace un siglo) esos teatros que se montan en escuelas reflejaban hechos dramáticos: muchos de los apoderados y algunos de los votantes, estaban protegidos por guardaespaldas. Una relevante opción política, por su parte, estaba fuera de la legalidad. Tener que ejercer de presidente, vocal o apoderado, era en esas circunstancias, algo a menudo incómodo y desagradable. Por suerte para todos, esa parte de nuestro argumento ya es historia. Hoy, previsiblemente, la oferta “teatral” vasca perderá tintes dramáticos en aras de guiones más amables y costumbristas.  Los actores de cada clase compartirán “hamaiketakos” y comentarios “integradores” : “Si seguimos a este ritmo, para las cinco yo calculo que habremos superado el cincuenta por ciento”, “Qué duras son estas sillitas de escuela, hace tanto tiempo que éramos niños que ya ni nos acordamos”.

Y es que muchas de las pequeñas historias que hoy se viven, lo hacen con el inconfundible y evocador olor de las aulas escolares. Esa química inimitable que mezcla sudores, tizas, hormonas y gomas de borrar, que inevitablemente nos sitúa en un entorno que un día fue disciplinario, inquietante, atemorizador. Un entorno donde también se dirimen sordas batallas por el poder, donde también se van perfilando “populares”, “pringaos”, “minorias” y hasta grupos “extraparlamentarios”.

El de hoy es un teatro entre vecinos. Con encuentros inesperados y especulaciones silenciosas , “Este antes era de Eusko Alkartasuna, pero ahora no se donde andará…no le veo en Bildu”… “Seguro que él está pensando algo parecido de mí”…

Y al atardecer, a las ocho en punto: el acto final. La hora de la verdad. Los votos se van contando a cara de perro y ya no hay lugar para bromas. Cualquier pequeña rayita será “voto nulo” y sea cual sea el desarrollo de los resultados nadie demostrará ni entusiasmo ni decepción evidentes. Al fin y al cabo, una mesa electoral representa un micromundo de muy relativa representatividad.

La hora de la verdad llegará más tarde. Los escaños bailarán y todos nos iremos reflejando en ellos, tratando de adivinar cuanto puede cambiar nuestra vida a partir de mañana. ¿Me cambiarán el jefe? ¿Será más posible conseguir un trabajo? ¿Habrá paga extra de navidad? ¿seré recortado?
Preguntas que labrarán muchas ojeras y que abrirán un mundo de especulaciones. Solo deseo que los legítimos ocupantes de esas aulas, los que mañana las llenarán, puedan seguir representando esas o –a ser posible-  mejores obras, en el teatro de la democracia