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lunes, 19 de enero de 2026

LA IA TE HACE VAGO

 La IA te hace vago.




No porque piense por ti, sino porque te tienta a dejar de pensar.

Antes buscábamos palabras; ahora las pedimos.

Antes dudábamos; ahora aceptamos la primera respuesta.

La comodidad es el gran caballo de Troya tecnológico.

Promete ahorrar tiempo y acaba robando criterio.

No es que la IA escriba mal, es que escribe demasiado fácil.

Y lo fácil rara vez nos exige algo.

Delegar tareas puede ser inteligente.

Delegar el juicio, nunca.

La pereza intelectual siempre se ha disfrazado de progreso.

Hoy tiene forma de algoritmo amable.

La creatividad sin esfuerzo se parece mucho al relleno.

La opinión sin fricción acaba siendo eco.

Pensar cansa, contrastar aburre, corregir desespera.

La IA nos ofrece atajos constantes.

Y los atajos, ya se sabe, cambian el paisaje.

No es una condena, es una advertencia.

Usarla bien exige más disciplina, no menos.

Lo dicho, la IA te hace vago.

(Articulo escrito por el chat GPT respondiendo a esta petición: hazme un artículo titulado "la IA te hace vago")

miércoles, 6 de septiembre de 2017

PARADOJAS

Mapa del territorio reivindicado por el ISIS 
Hay un capítulo en “Patria”, de Fernando Aramburu, en el que “Txato”, empresario al que ETA viene amenazando de muerte, va con su hijo a La Romareda a ver un Zaragoza-Real Sociedad. Hinchas furibundos se pasan el partido llamándoles “terroristas”, “vascos hijos de puta” y demás lindezas habituales en la época.
Recordaba esta paradoja  -muy verosímil – hablando con amigos de Girona, durante una recientes vacaciones. “A los catalanes nos odian mucho más que a vosotros, y aquí no ha habido asesinatos, es increíble”. Ciertamente, si nos fijamos, por poner un ejemplo reciente, en los estereotipos que aparecen en las películas de los “apellidos”, los vascos podremos aparecer como brutos pero el regusto final es de cierta simpatía. Los catalanes son retratados como snobs y usureros sin demasiado margen para la empatía.
Mis amigos del Ampurdá han abrazado el independentismo en los últimos años. La serie de torpezas y humillaciones producidas de Zapatero a esta parte han contribuido sobremanera a esta salida generalizada del armario. Sin embargo, curiosamente, dicen no ser nacionalistas. A mí esto no me acaba de cuadrar. Parece lógico que la reivindicación de un Estado propio parta de un sentimiento nacional, ¿cuales son si no las razones para poner unos límites u otros a tu país? Pongamos que aparece petróleo en el valle de Arratia, ¿bastaría el nivel de vida que podrían alcanzar para reivindicar la independencia?
Mis amigos de Barcelona (La Prospertitat, distrito de Nou Barris) en cambio, no son independentistas. Nos tratamos con cierta frecuencia desde que organizaban conciertos con grupos vascos en los 80. Ellos piensan, con la izquierda clásica, que el nacionalismo siempre favorece a los poderosos, aunque apoyan el referéndum como única salida democrática al problema. Por cierto, mis únicos amigos independentistas y nacionalistas “de siempre” son valencianos.
Otra paradoja bastante llamativa es la proliferación de grupos, dúos y solistas de rumba catalana. En eso no hay diferencias, todo el mundo disfruta de lo lindo –yo mismo tambien, sí-  y no es extraño escuchar en unas fiestas a uno de estos grupos, con cierto deje “sureño” y aflamencado, cantando en castellano y gritando consignas “soberanistas”.
Y en medio de tanta paradoja llegó la salvaje masacre de La Ramblas. Un joven disfrazado de guerrillero y con acento andaluz, nos recordaba al día siguiente los límites de su reivindicación nacional:  “recuperaremos Al Andalus”, un territorio en el que –por si alguien no lo sabe- incluyen por igual a todo lo que ahora se conoce como España.
Que Alá nos proteja.