El chiste fue un éxito, los cuatro rieron a rabiar.
Yo quedé satisfecho, convencido de que les había hecho
felices por unos eufóricos segundos.
El de la primera carcajada quedó después pensativo... “¿acaso
va por mi?".
El segundo reidor, más tarde pensó... “Era un chiste muy
machista, este tío no es de fiar”.
La dueña de la tercera risa meditó... “es muy gracioso,
pero alguien que cuenta algo así en público no puede ser muy inteligente”.
Pero lo peor fue el cuarto. La carcajada más
estridente: Todavía lagrimeaba cuando ya
estaba tomando su decisión.
“Ya sé a quién no voy a renovar el contrato”
