miércoles, 5 de mayo de 2021

VULPES: DEMASIADO, DEMASIADO PRONTO


Ellas no pretendían ser iconos feministas ni bandera de nada. Ellas eran chicas rockeras de barrio que escuchaban a los Pistols y a Ramones y querían hacer su propia banda con sus propias canciones. El núcleo inicial surgió a principios de los años ochenta, en el barrio más británico de Bilbao, en Irala, donde ya habían surgido los MCD, con los que tenían todo tipo de vínculos.
 Tras varios intentos previos, la formación se estabilizó. Las hermanas Loles y Lupe Vázquez a la batería y guitarra respectivamente, Mamen Rodrigo a la voz y Bego Astigarraga al bajo. En unos meses grabaron su primera maqueta, un ramillete de canciones punkeras y reivindicativas pero cargadas también de un humor mordaz: “Deja tu Sitio de una puta Vez”, “Punkies de Plástico” , “Yo les Mando a La Mierda”, “Inkisición”, “Maria, Dulce Maria”… En algunos programas de radio locales y en la revista Muskaria se hablaba ya mucho de ellas. Faltaba por ver qué tal funcionarían en directo.                                                                                                                               Yo Las vi por primera vez en la Universidad de Leioa, en sesión matutina. Ni el lugar ni la hora ni el público tenían nada que ver con un concierto de punk-rock, pero quizá precisamente por eso, la provocación funcionó como nunca. Ellas eran unas invitadas de última hora en uno de aquellos festivales improvisados de la época donde podían compartir cartel un cantautor, un grupo de rock sinfónico y una banda de punk. Desde la primera canción quedó claro que aquello era demasiado difícil de asimilar para la mayoría de los presentes. Muchos de ellos ni siquiera habían oído hablar del “punk”. “Pronto empezaron los comentarios soeces y faltos de gracia por parte de los imbéciles de turno. Pero ellas no se achantaron, ni siquiera se enfadaron. Ellas contestaban con desparpajo y descargaban aquellas canciones increíbles llenas de una femineidad distinta. Eran unas adolescentes gritándole al mundo que querían ser tan libres como sus hermanos, que ellas también querían disfrutar de la noche, participar de la fiesta y reírse a carcajadas de ese concepto del “amor” que tanto perjudicaba a las chicas. Durante algunos meses las fuimos a ver allá donde tocaban, siempre sorprendiendo y rompiendo esquemas (la presencia femenina en el rock de la época estaba bajo mínimos) y entonces… llegó el escándalo.                                                                                           En abril de 1983 las Vulpes pasaron de ser un grupo conocido entre los rockeros de Euskadi a ocupar las portadas de todos los periódicos españoles. El programa “Caja de Ritmos” que dirigía Carlos Tena grabó uno de sus capítulos en Bilbao y las invitó a tomar parte. Grabaron para la ocasión un video con el tema “Me Gusta ser una Zorra”, una versión de un tema de Iggi Pop al que cambiaron la letra: “Si tu me vienes hablando de amor/ Que dura es la vida, el caballo me guía/Permíteme que te de mi opinión/ Mira imbécil que te den por culo”. La Fiscalía General del Estado se querelló contra ellas por un delito de “escándalo público”. A partir de ahí todo fue un inmenso despropósito. Visto con la perspectiva actual resulta alucinante leer los artículos de plumas tan renombradas como Rosa Montero, Camilo José Cela o Francisco Umbral (entre otros muchos). Entre todos crearon un monstruo que nada tenía que ver con la realidad. El absurdo llegó a crecer de tal manera que sus actuaciones se convirtieron en circos. El fenómeno las superó y terminó por acabar con la banda.

En aquel momento la izquierda se puso de perfil con el asunto (no hubo ninguna campaña en defensa de la libertad de expresión como la de Hasel)  y el feminismo de la época, como bien recuerda Loles, tampoco se sintió identificado con ellas. Ahora son constantemente reivindicadas por unos y otras. Tantos años después parece que se está haciendo justicia con ellas. Fueron un ejemplo perfecto de lo que cantaba Johny Thunders: “Demasiado, Demasiado Pronto”  


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