La última vez que vi al Gorka Knorr fue en el año
1976, es decir hace 50 años. Fue en un pabellón de La Casilla henchido de
entusiasmo histórico. Flameaban las ilegales ikurriñas y cortaban el aire los
constantes "Goras" a Euskadi (entonces un término subversivo).
Recuerdo que Gorka, en aquellos mediados años setenta,
era -junto a Humberto Tozzi- el ídolo de las chicas de mi cuadrilla. Además del
componente musico/político/reivindicativo, Gorka era un poco nuestro Johm
Denver, el rubito que las encandilaba. También recuerdo que las emisiones de
Radio París, que escuchaba con mi transistor bajo la almohada, pinchaban
constantemente aquel “Mort Pour La Patrie” que, junto a “Txalaparta” y “Katalintxu”,
fueron sus éxitos más escuchados.
El caso es que, pasada la ola de los cantautores, las
noticias sobre Knorr a través de los años iban más unidas a la política que a
la música. Hasta el punto de que muchos estábamos convencidos de que estaba retirado.
Así que fue toda una sorpresa para mí el anuncio de
que daría dos conciertos con motivo de sus 55 años de carrera. Dos bolos casi
familiares en una sala para 250 personas en el centro de Gasteiz. Sospeché que
sería un concierto digno de ver. A diferencia de otros artistas que han seguido
en activo y sacando discos, estaba convencido de que Gorka Knorr nos tocaría
todos sus éxitos de aquella época, es decir, sería todo un viaje colectivo al
pasado. Y así fue.
Con un precio más que razonable de 15 € la entrada y
una audiencia más que talludita dispuesta a subir a su particular "Delorean",
el concierto resultó de lo más amable y previsible. Era como si estos últimos
50 años no hubiera ocurrido nada. Los temas hacían referencia a la masacre de
obreros en huelga del 1976, al fusilamiento de Txiki y Otaegi, a la lucha
anti-franquista simbolizada por "La Estaca" que tiraríamos entre
todos… Él popularizó ese canto por aquí como "Agure Zaharra" y muchos
creímos en su día que era suya, hasta que nos enteramos de que era de Lluis
Llach…
No faltó ninguna. Lo más gracioso del caso es que al
final la gente echaba de menos "Bagare" canción que no es de Gorka Knorr,
pero que, por alguna razón, quizás porque empieza con lo de “Araban Bagare” algunos
se la atribuyen. De una forma absolutamente espontánea, todos los ahí presentes
acabamos cantándola con él, aunque el hombre trató de aclarar al principio que
no era suya pero que le encantaba cantarla.
Gorka jugaba en casa y se notó. Yo creo que disfrutó
como un niño y además tuvo el detalle de acompañarse de un pedazo de banda y de
una currada escenificación que hicieron del concierto una de esas gemas irrepetibles,
solo al alcance de auténticos euskal boomers.


No solo es que Gorka tenga
ResponderEliminaretiqueta y entradas en mi blog, sino que desde Cataluña me pidieron una vez que lo presentara.
Una referencia en la banda musical de mi vida, desde luego, con quien he tenido tiempo de encontrarme en presencial en ocasiones.
La verdad es que siempre me ha transmitido buen rollo. Lo pasamos en grande coreando todas aquellas canciones y volveremos a hacerlo si se anima a girar por Euskal Herria.
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