Todo estará viejo y nosotros estaremos muertos. El tiempo pasa inexorable y con la perspectiva de los años esa distancia temporal parece encogerse. Hubo un tiempo en el que Iosu y yo compartimos muchas horas. Su calenturienta cabeza bullía durante días con los temas que le iban obsesionando. Entonces estos acababan en un papel y a menudo me lo traía para que le diera mi impresión. Podían gustarme más o menos, pero nunca me dejaban indiferente. Y eso que no pocas veces terminábamos polemizando, que en el fondo era lo que él necesitaba para reafirmarse en sus convicciones visionarias. No hay día en que no le recuerde. El grande, obsesivo, jodido, inolvidable Iosu.
