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martes, 27 de abril de 2021

CIUDADANO JORGE

 


Permíteme que te presente a mi amigo Jorge. Él es un ciudadano de mediana edad que trata de pasar por la vida sin hacer demasiado ruido. Paga sus impuestos y trabaja duro. Jorge no se puede permitir grandes lujos, pero tras varios años de sacrificio puede que adquiera un piso en La Rioja, para pasar los veranos o un coche de aceptables prestaciones. Jorge no suele llamar la atención. Nunca saldrá en la portada de ningún suplemento dominical y su nombre jamás ha aparecido en titulares de prensa. Realmente no es un tipo brillante. Bastante tiene con cumplir con sus obligaciones y no decepcionar a quienes le rodean.                                                                                                                                                           

No, Jorge no es en absoluto un personaje de moda. Aunque es, cien por cien, un hombre de ciudad, Jorge no es “trendy” ni “cool” ni usa leguaje “inclusivo”, ni lleva un solo tatuaje. Jorge no ha pisado -que se sepa- un gimnasio en su vida y su aspecto no llama nunca la atención de nadie. ¿A quién podría interesar una figura tan anodina como la de Jorge?  Pues bien, Jorge interesa al escritor bilbaíno Pedro Ugarte que cada cierto tiempo nos lo vuelve a situar como protagonista en uno de sus relatos. En realidad, Jorge no es siempre el mismo personaje exactamente. A veces vive en zonas más adineradas otras en barrios más humildes, a veces forma parte de un – más o menos- feliz matrimonio y otras sobrelleva como puede un divorcio -más o menos- civilizado. A veces Jorge tiene un vicio secreto o problemas con la bebida. A menudo carga con el peso excesivo de unos orígenes familiares esplendorosos que ya solo son cenizas.                                                      

Este hombre no protagonizará jamás un acto heroico y es biológicamente contrario a cualquier forma de violencia, pero puntualmente, casi sin darse cuenta, su puño se ha estampado en la cara de algún imbécil. Al igual que me ocurría con el Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, en los cuentos de Pedro Ugarte tiendo a identificar al personaje con el escritor y no puedo evitar pensar que muchos de estos relatos se basen en su propia experiencia. Sin embargo, él lo dejó bien claro en la presentación de su libro: “me admira la importancia que a veces se le da al hecho de que un relato esté basado en algo que ocurrió en la vida real. El hecho de que una historia se base en hechos reales, desde el punto de vista literario es irrelevante. Si una historia no cuenta con un plus literario, yo prefiero que me la cuenten en forma de reportaje o de artículo”.  “Antes del Paraíso” es la última colección de relatos de Pedro Ugarte. 

En este libro te puedes encontrar a un Jorge que conduce en la madrugada de un sábado para llevar a su hija a un remoto polideportivo, o a otro que acompaña a su padre de concesionario en concesionario para probar coches de alta gama que nunca comprará. Hay también un Jorge obligado por su trabajo a dominar tecnicismos absurdos en inglés y otro cuyo hijo es el único heredero de una estirpe en extinción. El antihéroe de Pedro Ugarte protagoniza historias familiares, dentro de un modelo de familia en crisis perpetua que no acaba de encajar con los nuevos tiempos. Son historias en las que muchos podemos vernos reflejados y están escritas con una prosa donde se cruzan la ternura, la ironía, ciertas dosis de nostalgia y no poca mala uva. Todo ello salpimentado, eso sí,  por un humor mordaz que aleja sus historias de cualquier exceso de gravedad.      

 

sábado, 9 de julio de 2016

COBARDES Y VALIENTES




Todos creemos querer mucho a los nuestros, pero ¿daríamos la vida por ellos? El valor es una virtud escurridiza que en realidad no sabemos en qué medida poseemos.
Me vienen a la cabeza dos ejemplos que en su día me impactaron:  Max Muth, un inmigrante boliviano de 36 años salvó la vida de cinco trabajadoras antes de perecer él mismo durante el incendio de un restaurante, en una localidad próxima a Barcelona.
El hombre había ido precisamente a colocar unas puertas ignífugas cuando el local comenzó a arder por causas sin determinar. Max se arriesgó entre las llamas y consiguió sacar a las cinco cocineras atrapadas. Pereció cuando el techo del local se vino abajo. Algo parecido ocurrió en Portugalete. Un colombiano se lanzó a la ría para intentar salvar al conductor de una furgoneta que caía desde el puente colgante. Había decenas de personas en los alrededores, sólo una se tiró.
Pedro Ugarte planteaba una situación muy similar en su novela “Casi Inocentes”: un inmigrante polaco salva a un niño de morir en un edificio en llamas. El protagonista de la historia, el padre del niño, no tiene valor suficiente para enfrentarse al fuego. Lo pagará...
Tambien lo abordó Isaac Rosa en "El País del Miedo", una excelente novela que nos plantea una situación estremecedoramente verosimil: alguien detecta tu debilidad y la utiliza para chantajearte, el recurso a la violencia acaba siendo una tentación pero... ¿te lo puedes permitir? ¿asumirías los riesgos?   
Lo del valor es una obsesión constante desde que somos niños - ni te cuento en el mundo niñas donde la palabra peligro se suele tatuar en el alma- . El cobarde lo pasa mal, es candidato a víctima.
La dialéctica atrevido/miedoso sigue ahí de forma obsesiva cuando vamos creciendo: en los juegos, en el cortejo, en la relación con las drogas, en las decisiones laborales...
Muchos audaces lo pagan con su vida o con su integridad física. La cobardía excesiva también se salda, a menudo, con una existencia demasiado timorata. La cómoda existencia que llevamos tantos, donde el hambre, el frío y las enfermedades tempranas son cosas de las películas, no invita a excesivos heroísmos y sí a crearnos un mundo  de amenazas paranoides: a la pérdida de nuestras posesiones, al distinto, al pobre, al delincuente, al inmigrante, ese mismo que quizás, un día, nos da una lección de valor y de dignidad.