Ahí estaban de nuevo. Las conversaciones beodas, los vasos rotos, las
risas histéricas. Un rumor nervioso fruto del alcohol barato y el humo,
el espeso y pestilente humo en uno de esos antros que sacan el dedo a
la ley del tabaco. Cuando intenta presentar la primera canción el
micrófono pita y un perro nervioso comienza a ladrar entre gemidos
ansiosos. Desde la barra el encargado le dirige una mirada de apremio.
Un gracioso grita con voz rota: “¡Una rumbita!”. Estallan risas
cacareantes. Nada más comenzar, un trozo de hielo se estampa contra la
guitarra. Toca las primeras notas y dos mesas se vacían en segundos con
rumores de fastidio. Solo dos de los presentes llegarán a apreciar ese
blues. Será suficiente.
jueves, 11 de diciembre de 2014
BLUES
Ahí estaban de nuevo. Las conversaciones beodas, los vasos rotos, las
risas histéricas. Un rumor nervioso fruto del alcohol barato y el humo,
el espeso y pestilente humo en uno de esos antros que sacan el dedo a
la ley del tabaco. Cuando intenta presentar la primera canción el
micrófono pita y un perro nervioso comienza a ladrar entre gemidos
ansiosos. Desde la barra el encargado le dirige una mirada de apremio.
Un gracioso grita con voz rota: “¡Una rumbita!”. Estallan risas
cacareantes. Nada más comenzar, un trozo de hielo se estampa contra la
guitarra. Toca las primeras notas y dos mesas se vacían en segundos con
rumores de fastidio. Solo dos de los presentes llegarán a apreciar ese
blues. Será suficiente.
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2 comentarios:
E incluso con uno vale...
Descarao
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