miércoles, 27 de mayo de 2020

ENTRE BARES


Mítico Gaueko
Recuerdo los bares de barrio de mi infancia, el cartel de “Prohibido Cantar” tantas veces desafiado con cánticos etílicos , el serrín en el suelo y los cuadros en las paredes con la alineación del Athletic de Ronnie Allen o Urtain en posición de vapulear a quien le pusieran por delante . Recuerdo las máquinas de discos con su mecanismo asombroso y aquellas fotos coloristas de las carátulas: “Tony Ronald: Help”, “Dolores Vargas, La Terremoto: Achilipú” , “ Lone Star: Mi Calle”. A veces los visitaba de la mano de mi padre y otras en alegre tropel infantil, pidiendo un vaso de agua después de una agotadora jornada de juegos. Según el día que tuviera el señor Gervasio, el agua podía venir en vaso o en sifón, que era el instrumento que usaba para “disolvernos”.
Llegaron después bares adolescentes, tontódromos entrañables de miraditas y “manchados” , donde cayeron los primeros cigarros y nos hicimos diestros al futbolín y a los petacos, que se llevaban buena parte de nuestra paga semanal. En aquel cuchitril sonaban a todo trapo el “Highway To Hell” de los AC/DC , “Hurricane” de Bob Dylan y “Roxette” de Doctor Feelgood, aunque la chicas eran más propensas a seleccionar el “Te Amo” de Humberto Tozzi o “Margarita” de Richard Cocciante.           
Tuve también algún periodo, no muy prolongado, en el que practiqué el “poteo”, recorridos  de bar en bar en los que diestros camareros eran capaces de memorizar cinco comandas de siete potes cada una mientras servían otras dos.
Bastante más tiempo pasé en aquellos densos y humeantes “garitos enrrollados” que surgieron como setas a finales de los setenta. En esos antros empezamos a tratar con gente diferente a la de nuestra eterna cuadrilla: militantes de partidos imposibles, politoxicómanos, aspirantes a poetas, marinos sin brújula, modernos recalcitrantes, hippies viejos y músicos, muchos músicos de variados estilos y aspiraciones. En esos templos musicales, que siempre vivían bajo todo tipo de amenazas, es donde se fraguaron bandas como Eskorbuto, Neurosis, Dinamita pa Los Pollos, Hertzainak y tantas otras. La nuestra nació en una cervecería. A medida que se iba vaciando el contenido de la jarra de cerveza, fuimos estableciendo las bases de un proyecto que , como tantos, empezó siendo un simple sueño: “venga, no tiene que ser tan difícil, otros lo hacen ¿por que nosotros no?. Iremos guardando las pagas y los aguinaldos y vamos comprando material. Tú aprendes a tocar la guitarra, tú la bateria y yo aprendo euskera. Vamos a dejar a todo el mundo con la boca abierta...”
Levanto mi copa en honor de todos los buenos bares del mundo. Templos donde “todo el mundo sabe tu nombre” como se decía en la sintonía de “Cheers”, uno de los mejores homenajes audiovisuales que se se hayan realizado sobre los bares.
Bares inmundos, tabernas fantásticas, cafés decadentes, Pubs de pueblo, cafés-teatro, barras de pinchos, bares de conciertos, restaurantes acogedores, cafeterías “de toda la vida”...  Vaya desde aquí mi humilde homenaje a todos los que lo estáis pasando mal en estos días de pesadilla.  Queridos bares. Qué habría sido de mi sin vosotros.      


              

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