martes, 26 de enero de 2021

PIJOS


 La palabra “pijo” ha entrado con tal fuerza en nuestro vocabulario cotidiano que, incluso, ha visto alterado su significado en euskara. Si consultamos el “Euskal Hiztegi modernoa” nos encontramos lo siguiente: Pijo: 1. Ausarta, bipila, 2. Trebea 3. Adorez, irmo. En cambio, si queremos saber cómo se traduce al euskara la palabra “pijo” nos encontramos con términos que yo apenas he visto alguna vez en la literatura: aberaskume, txankamehe, hamalau. La Real academia de la lengua española define así la palabra “pijo”: “persona que viste, se comporta o habla de manera afectada, manifestando buena posición social y económica, en especial cuando es joven”. La primera vez que escuché ese término tenía yo 17 años. Fue a un madrileño, cuando estábamos recogiendo fruta en Inglaterra: “que chamarra más pija” me dijo… Hasta entonces yo había escuchado términos como “niño-pera” o “niño de papá” o bien “pureta”, que es lo que se decía de quien rechazaba cualquier tipo de vicio y vestía de forma convencional.         

 Con el tiempo, como digo, la palabra pijo entró a formar parte de nuestras vidas y ahora está por todas partes. Cuando presentaba su película “Acción Mutante” Alex de Laiglesia comentó algo que me dio que pensar: “Nadie se tiene a sí mismo por pijo, por lo cual, una película contra ellos consigue que todo el mundo se identifique. 

Recientemente organizamos una mesa redonda en la radio para hablar de la década de los ochenta y sus “movidas”. El supuesto “pijismo” de los madrileños fue rápidamente usado como arma arrojadiza.  La periodista Patricia Godes, coautora de un reciente libro sobre la movida madrileña se defendía como podía: “estáis muy equivocados, llamáis pijos a hijos de directores de cine e intelectuales, eran gente de la cultura, no pijos.          Qué curioso. A diferencia de otras épocas, ahora se puede presumir de pobre, de obrero, de marginado… Me recuerda a uno de los sketches más célebres de los “Monthy Phyton”: dos señores discuten airadamente sobre quien de los dos tiene un origen más humilde hasta llegar al ridículo: “¡Pues en mi casa bebíamos el agua de los charcos!”; “¡En la mía comíamos nuestros propios vómitos!”.                                                                                                                           

En el mundo del rock hay ejemplos muy significativos: Joe Strummer, hijo de diplomático jugó siempre a ser el más obrero e izquierdista de los punkyes mientras que Brian Ferry, que tenía unos orígenes realmente humildes se presentaba como un auténtico dandi de la alta sociedad. Cuando Broncano pregunta a sus invitados ¿Cuánto dinero tienes?  Resulta que casi nadie reconoce tener mucho dinero, aunque lleve décadas ganado un pastón. Y menos cuando te has labrado una imagen de tipo marginal o barriobajero. Willy Wilder lo expresó con singular retranca cuando le hicieron una pregunta similar: “la gente cree que los que trabajamos en Hollywood vivimos en suntuosas villas, disfrutamos de lujosas fiestas y llevamos a nuestros hijos a los mejores colegios… pues bien, es todo verdad, jódanse”                  

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