lunes, 18 de enero de 2021

Y LA CIGARRA DEJÓ DE CANTAR

 Curiosear entre los expositores de una tienda de discos ha sido uno de mis mayores placeres desde la adolescencia. Un placer que se ha visto limitado a medida que esos comercios se han ido reduciendo hasta el límite mismo de la extinción. Uno de los últimos templos que me quedan es PowerRecords, en el centro de Bilbao, un núcleo resistente donde siempre puedes encontrar ese vinilo descatalogado, aquel single que tanto amabas o la última novedad del mercado. Jon y Javi siempre están ahí, al pie del cañón, aportando ese plus de confianza, conocimiento y -a menudo- risas que nunca te dará el Spotyfy.                                                                                    

Así que en esas me encontraba el pasado lunes cuando, entre los vinilos de segunda mano, me topé con la discografía completa de María Ostiz. El hallazgo produjo una de esas conversaciones impagables en las que acabas compartiendo recuerdos con los dueños y con varios desconocidos que enredan por la tienda. “Pues esta tía cantaba de puta madre, lo que pasa es que cogió fama de beata” …” Pues yo creo que se retiró cuando se casó con Zoco, el del Real Madrid y nunca se supo nada más”. “Me parece que se metió al Opus Dei” …” Pues ahí donde la veis esa mujer empezó cantando rock, en un grupo se llamaba Lorella y Los Shakers”…                                

Horas más tarde, espoleado por la curiosidad rescaté en mi casa varios singles de la artista_ “Aleluya del Silencio”, “María Ostiz canta en vasco: Aurtxoa Seaskan”, “Un pueblo es”. Llama la atención que esta mujer navarra, con una voz cristalina a lo Joan Báez, que llegó a ganar el festival de la OTI y que componía sus propios temas, cayera en el olvido de forma tan fulgurante. Recuerdo que en “Crónicas Marcianas” tenían un personaje que se burlaba de ella de forma inmisericorde.                                                      

Rebuscando en la red me encuentro por fin con una entrevista realizada en mayo de 2020 y que resulta de lo más elocuente: “Si yo hubiera sido del Opus Dei, lo diría con orgullo porque no creo que sea algo malo ni anticonstitucional, pero no lo soy. Para mí la libertad es muy importante, me da lo mismo religiosa que política”.                                                     


María habla sin rencor, consciente de que la fama es algo efímero y sigue ofreciendo esa imagen de mujer íntegra que siempre tuvo: “De Hispavox me fui por la puerta pequeña. El director general me citó en su despacho para decirme que tenía que enseñar un poco de carne. ¿Quieres que me ponga en cueros?, le pregunté. Es que, si no van a seguir diciendo que eres del Opus, respondió. Pero yo lo que quiero es cantar, no he venido aquí a enseñar el culo, le repliqué. Como no nos pusimos de acuerdo me levanté para irme. Hay dos puertas en este despacho, le dije, una que lleva al pasillo, a otros despachos de la compañía y otra más pequeña que te saca directamente a la calle. ¿Y por cuál quieres salir?, preguntó. Por la pequeña, evidentemente. Antes de marcharme, pasé a despedirme de Rafael Trabucchelli y me volví llorando a mi casa. Ahí acabó todo”.                     

 En los ochenta grabó un disco que pasó totalmente inadvertido, en un tiempo en el que los cantautores se volvieron poco menos que apestados y esa fue la última huella que nos dejó: “En cualquier caso la música me ha dado muchas alegrías. No sé si se nos ha hecho justicia a los cantautores de mi época. Tampoco me preocupa. Cada generación tiene sus cantantes, sus actores, sus estrellas de todo. Algunos quedan mantenidos en la sombra. Así estoy yo, no me quejo. Incluso, lo agradezco, pero no moveré un dedo por salir de esa zona de sombra. Es así”   

 

2 comentarios:

Juli Gan dijo...

Ostras, creo que el single de "Canta, cigarra" lo tenían mis padres en casa. Supongo que ella siguió con su vida, y sí, casada con el futbolista del patxarán. De lo que no tenía ni idea era de sus orígenes musicales rockeros. Saludos.

nineuk dijo...

Pues francamente, yo tampoco July. Sorpresas te da la vida, que diría Rubensito. ;-)