lunes, 18 de enero de 2021

Y LA CIGARRA DEJÓ DE CANTAR

 Curiosear entre los expositores de una tienda de discos ha sido uno de mis mayores placeres desde la adolescencia. Un placer que se ha visto limitado a medida que esos comercios se han ido reduciendo hasta el límite mismo de la extinción. Uno de los últimos templos que me quedan es PowerRecords, en el centro de Bilbao, un núcleo resistente donde siempre puedes encontrar ese vinilo descatalogado, aquel single que tanto amabas o la última novedad del mercado. Jon y Javi siempre están ahí, al pie del cañón, aportando ese plus de confianza, conocimiento y -a menudo- risas que nunca te dará el Spotyfy.                                                                                    

Así que en esas me encontraba el pasado lunes cuando, entre los vinilos de segunda mano, me topé con la discografía completa de María Ostiz. El hallazgo produjo una de esas conversaciones impagables en las que acabas compartiendo recuerdos con los dueños y con varios desconocidos que enredan por la tienda. “Pues esta tía cantaba de puta madre, lo que pasa es que cogió fama de beata” …” Pues yo creo que se retiró cuando se casó con Zoco, el del Real Madrid y nunca se supo nada más”. “Me parece que se metió al Opus Dei” …” Pues ahí donde la veis esa mujer empezó cantando rock, en un grupo se llamaba Lorella y Los Shakers”…                                

Horas más tarde, espoleado por la curiosidad rescaté en mi casa varios singles de la artista_ “Aleluya del Silencio”, “María Ostiz canta en vasco: Aurtxoa Seaskan”, “Un pueblo es”. Llama la atención que esta mujer navarra, con una voz cristalina a lo Joan Báez, que llegó a ganar el festival de la OTI y que componía sus propios temas, cayera en el olvido de forma tan fulgurante. Recuerdo que en “Crónicas Marcianas” tenían un personaje que se burlaba de ella de forma inmisericorde.                                                      

Rebuscando en la red me encuentro por fin con una entrevista realizada en mayo de 2020 y que resulta de lo más elocuente: “Si yo hubiera sido del Opus Dei, lo diría con orgullo porque no creo que sea algo malo ni anticonstitucional, pero no lo soy. Para mí la libertad es muy importante, me da lo mismo religiosa que política”.                                                     


María habla sin rencor, consciente de que la fama es algo efímero y sigue ofreciendo esa imagen de mujer íntegra que siempre tuvo: “De Hispavox me fui por la puerta pequeña. El director general me citó en su despacho para decirme que tenía que enseñar un poco de carne. ¿Quieres que me ponga en cueros?, le pregunté. Es que, si no van a seguir diciendo que eres del Opus, respondió. Pero yo lo que quiero es cantar, no he venido aquí a enseñar el culo, le repliqué. Como no nos pusimos de acuerdo me levanté para irme. Hay dos puertas en este despacho, le dije, una que lleva al pasillo, a otros despachos de la compañía y otra más pequeña que te saca directamente a la calle. ¿Y por cuál quieres salir?, preguntó. Por la pequeña, evidentemente. Antes de marcharme, pasé a despedirme de Rafael Trabucchelli y me volví llorando a mi casa. Ahí acabó todo”.                     

 En los ochenta grabó un disco que pasó totalmente inadvertido, en un tiempo en el que los cantautores se volvieron poco menos que apestados y esa fue la última huella que nos dejó: “En cualquier caso la música me ha dado muchas alegrías. No sé si se nos ha hecho justicia a los cantautores de mi época. Tampoco me preocupa. Cada generación tiene sus cantantes, sus actores, sus estrellas de todo. Algunos quedan mantenidos en la sombra. Así estoy yo, no me quejo. Incluso, lo agradezco, pero no moveré un dedo por salir de esa zona de sombra. Es así”   

 

martes, 12 de enero de 2021

ARTE PARA TURISTAS

"Mierda de Artista" de Piero Manzoni


 










Antiguamente el arte era algo evidente: había   quien sabía dibujar un retrato o un paisaje y   quien no. Estaba quien podía cincelar una   escultura perfecta y luego estaban todos los   demás, que debían limitarse a contemplarla y   a  decir cosas del tipo ¡que impresionante! ¡Si   parece que te está mirando! El arte podía   tener  una misión decorativa o ritual, podía   estar al servicio de los poderosos o en la pared   de una cueva, pero cualquier mortal podía   señalar con el dedo a quien hacía obras de arte   y extasiarse -o no- ante un cuadro o una   escultura. Pero mira por donde, eso ha   cambiado. Ahora un artista puede vender -   literalmente- su mierda en botes, masturbarse   sobre un lienzo o incluso perder la vida en una “performance” consistente en hacer auto-stop en traje de novia (como le ocurrió a Pippa Bacca). Desde que se inventó la fotografía, el arte ya no tiene como principal misión reproducir la realidad. El común de los mortales asiste así a nuevas experiencias artísticas en las que -a menudo- no sabemos muy bien cuál es nuestro papel, si es que nos corresponde alguno. Sin embargo, todos los años se inauguran museos de arte moderno por todo el mundo y una masa inmensa de turistas vamos contemplando propuestas y tratando de entender explicaciones.                                                                                          

Recuerdo ahora una tarde lluviosa, hace algunos años. Me acerqué al Guggenheim para ver la exposición de Andy Warhol. Cuando paseaba entre “Marilynes” y sopas Campbell topé con un grupo de presuntos jubilados que escuchaban las explicaciones de una guía muy joven. Me adosé discretamente al grupo. Animados por la calidez grupal, algunos de los presentes se atrevían a hacer comentarios “divertidos” del tipo “oye, ¿y qué tiene eso de arte?” o “menuda chorrada, eso también lo hago yo” ...  En realidad, aquel contraste me estaba resultando de lo más entretenido hasta que aquella guía, que no parecía especialmente experta en la materia, se metió en terrenos más familiares para mí: “lo que estáis escuchando es la música de un grupo que fundó Andy Warhol. No los conoceréis porque no fueron nada famosos, se llamaban “La Velvet Underground” y como podréis adivinar hacían una música rarísima”. “hombre, música, música yo no lo llamaría” apostilló el graciosete del grupo con tono de sorna, provocando la correspondiente risotada general y la sonrisa cómplice de la chica. “Perdona”, le dije armándome de valor, estás hablando de una de las bandas más importantes del siglo pasado. Varias docenas de ojos se clavaron en mi osada figura y tras un silencio denso, pudieron escuchar la rotunda respuesta de la guía: “Tú no eres de este grupo ¿verdad?”. Vale, me largué entre murmullos de desaprobación, pero íntimamente satisfecho de mi “performance”. ¿Qué podíamos aprender de alguien que se atreve a hablar así de la Velvet Underground”?

En el recién editado “20 Toneladas -arte contemporáneo para turistas-“ Luis Izquierdo-Mosso, que lleva toda su vida metido en el ajo artístico, hace un recorrido por varias de esas manifestaciones que llamamos “arte contemporáneo”. Armado de buen humor y conocimiento de la materia, nos ofrece un apasionante recorrido por manifestaciones artísticas de las últimas décadas en un afán por arrojar luz sobre esas expresiones que, a menudo, son objeto de risa, burla o incomprensión basadas, normalmente, en la simple ignorancia. Dicho con sus palabras:

“A principios del siglo XX se inició un proceso de demolición sistemática de los límites del arte y éste se desbordó. La sombra del arte colonizó todo tipo de objetos, situaciones, acciones y capacidades, generando una confusión de medios e intenciones que ha perturbado a propios y a extraños”.         


lunes, 4 de enero de 2021

HOMBRE SOLITARIO

Jorge Martinez (Ilegales)








Acertar con tu primer trabajo suele ser esencial en la carrera de una banda de rock. Los asturianos ILEGALES lo consiguieron con creces con aquel primer disco homónimo que sonó por todas partes en el agitado 1983. La combinación de factores era irresistible: canciones potentes (“Hombre Solitario”, “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes”, “Yo Soy Quien Espía los Juegos de los Niños” …) textos incorrectos que paseaban por el lado salvaje de la vida, ritmos contundentes que calentaban el ambiente y sobre todo él: Jorge Martínez, genio y figura, con su voz ronca inconfundible y sus guitarras afiladas. La portada de aquel disco imprescindible ofrecía la imagen de un hombre a punto de descerrajarse un tiro en la sien. Lo dicho, un coctel letal que no paró de sonar durante años y que siguió conteniendo, a lo largo del tiempo, las canciones más solicitadas de la banda. Ahora hemos sabido que la casa de discos Zafiro rechazó aquel misil sonoro y la CBS lo acabó publicando por expresa recomendación del cantante Víctor Manuel. Asturian power.

La ascensión de Ilegales vino acompañada de la leyenda negra que rodeaba a su líder indiscutible. Historias de violencia y desfases de todo tipo que se extendían como la peste y contribuían a dotarle de una fama de tipo peligroso. En 1985 compartimos cartel en la extinta feria de muestras de Bilbao. En los camerinos me encontré con un hombre tranquilo que hablaba con un lenguaje muy culto y que conocía muy bien a nuestra banda y a todas las que funcionaban entonces por aquí. 

Nada más salir a escena se presentó así: “¡Somos los ilegales y no nos lavamos nunca, cuando arrojo los calzoncillos contra la pared se quedan pegados!”. El trio estaba entonces en plena forma y mantuvo el nivel alto durante toda su actuación. Recuerdo otro “speech” memorable en aquel show, que fue recordado largamente en el seno de nuestra banda: “cuando era pequeño yo era pacifista. Pero me partieron la cara y dejé de ser pacifista. Ahora me estoy forrando y ¡vuelvo a ser pacifista!”. Cuando estaban tocando su último tema alguien les arrojó un objeto y Jorge dejó la guitarra y se lanzó en plancha hacia el público para liarse a puñetazos con el supuesto sospechoso. La leyenda continuaba.

Aquel primer disco abrió grandes expectativas, pero el segundo “Agotados de Esperar el Fin” resultó bastante decepcionante. Da igual. Ilegales tenían ya todo lo que una banda necesita para lograr una larga y fructífera carrera: un puñado de buenas canciones y un mito bien labrado a base de sucesos, no siempre reales, que van aumentando la leyenda en conversaciones tabernarias. 

De la mano de Chema Veiga y Juan Moya llegaba en 2017 “Mi VidaEntre Las Hormigas”, un documental disponible ahora en varias plataformas y que resulta de los más entretenido. El protagonista, inevitablemente es Jorge. Un hombre que ha marcado a cuantos se han topado en su camino y que encarna en su persona buena parte de las grandezas y miserias de la época que le ha tocado vivir: por ahí van pasando todos: el supuesto Jorge violento, el divertido, el estudioso, el disparatado... 

Ha sido el más punk sin necesitar cresta, el más mod sin necesitar scooter y el más rocker sin lucir tupé. Un hombre que despierta grandes odios y admiraciones, pero al que todos respetan. Un hombre que vive solo, en una casa repleta de recuerdos de familia, rodeado de sus guitarras y sus soldaditos de plomo, que dice descender de una familia de guerreros y que está dispuesto a seguir dando guerra mientras le duren las fuerzas. Un personaje controvertido sí, pero por encima de todo un tipo único que nos ha hecho disfrutar a modo.

 

 

lunes, 21 de diciembre de 2020

BIZIPOZA EZ DUSKU IÑORK ERUENGO

 


De pronto, al ponerme de nuevo la ropa de invierno, palpo en el bolsillo interior del anorak y me encuentro con la entrada cortada de un concierto: 7 de febrero de 2020, Tomasito en el Back Stage Live de Bilbao.                                                                                                               

Vienen a mi mente, como si de un videoclip de tratara, imágenes de aquel agitado día. Reencuentros con viejos camaradas, abrazos, risas, el Tomás quedándose con todo el mundo, “agustimísimo” ante un público entregado. Una sala llena de gente, pero sin agobios para bailar o moverse hacia la barra. Uno de esos conciertos en que todo sale redondo, vamos.   

 Contemplando ahora la entrada, me parece que ha pasado un siglo desde aquel día.  Estábamos a solo un mes de todo cambiara radicalmente. En aquel momento el coronavirus era un remoto problema de chinos, las mascarillas eran un objeto ajeno a nuestras vidas, algo que veíamos muy de tarde en tarde y asociado a gremios muy concretos. Si veías a alguien en un aeropuerto con eso en boca te preguntabas que extraña enfermedad padecería. Tampoco sabíamos muy bien que era un “gel hidroalcohólico” y palabras como “resiliencia”, “Covid”, “teletrabajo” o “ERTE” no estaban en nuestros diccionarios. Aquel sería mi último concierto hasta la fecha, si excluimos, claro, los que se ofrecen en “streaming”, otro palabro que se ha quedado a vivir entre nosotros y que flaco favor está haciendo a los músicos. 

Ciertamente es mejor eso que nada y en muchos casos ha servido para mantenerse en activo y tener alguna fuente de ingresos, pero, en general, el streaming nos ofrece un directo frío y distante y presenta serias deficiencias en cuanto a imagen y sonido. Aquel remoto día de febrero repleto de abrazos y tratando de guardar la menor distancia social posible, dio paso a un terrible mes de marzo. Un goteo incesante de muertos, unos servicios sanitarios desbordados, miles de economías seriamente afectadas. Llegó el confinamiento, los negacionistas, los “policías de balcón”, los profetas del apocalipsis y esa vacuna, en la que casi todos confiamos, pero no acababa de llegar. Muchas ventanas lucían arco-irises pintados por manos infantiles con un mensaje prometedor: “todo saldrá bien”. Pero lo cierto es que todo salió regular y tras unas semanas de espejismo volvieron los muertos, las advertencias y los cierres. 

 En lo personal para mí, como para tantos, ha sido un año extraño. He conocido el teletrabajo, las horribles reuniones telemáticas, la suspensión de un concierto muy especial que tenía en Santurtzi y también los ciberataques. Un año de pocos viajes y a poca distancia, muchas series y películas y mucho -quizás demasiado- whatsapp.  Desde luego, si alguien ha tenido que sacar provecho de esta situación, ese ha tenido que ser el magnate – ya va siendo hora de que hablemos con propiedad- Mark Zuckerberg y su fabuloso imperio. Terminamos el año en un clima que combina recelos y esperanzas. Prefiero pensar que todo esto puede servir para “repensar” (otra palabra de moda) nuestras relaciones sociales y la importancia de los servicios públicos.                                                                                                                            

Los comerciantes de Aretxabaleta han publicado un video fantástico en el que, emulando el final de “La Vida de Brian” nos invitan a todos a situarnos en “el lado brillante de la vida” o, ¡en sus propias palabras “Bizipoza ez dusku inork eruengo!” (nadie nos quitará la alegría de vivir) Que así sea. 

         

   

                             

miércoles, 16 de diciembre de 2020

RAMONES TRAS LA CAMISETA


Nunca, ni en sus mejores momentos, se habían visto tantas camisetas de los Ramones por la calle. Uno ve a esa gente tan joven luciendo su escudo en el pecho y se pregunta ¿hasta qué punto sabrán lo que llevan puesto?

Ramones eran la pura imagen de la contundencia. Irrumpieron en nuestras vidas como un misil y durante meses no quisimos oír nada más. Cuatro cabestros a nuestra medida, uniformados en cuero, vaqueros y gafas oscuras haciendo canciones de dos minutos sin un solo punteo. ¡Era exactamente lo que necesitábamos en aquel momento: ruido, velocidad, alegría, lemas repetidos … One! Two! Three! four! Música para saltar, música para escuchar con todo el cuerpo. Llegaban de la lejana y mitificada New York, pero parecían como de casa. Para ser un Ramone no hacían falta muñequeras de pinchos ni melenas cardadas, bastaban unos vaqueros, una camiseta, una chupa de cuero y unas “John Smith” (ahora ya Converse) y si querías formar una banda “ramonera” eran suficientes tres acordes y a veces te sobraba uno. 

Todo nos parecía entonces de lo más coherente. Esos tipos malencarados no necesitaban tener biografía ni escándalos, ni largas entrevistas en las revistas de rock. Por no tener no tenían ni apellido, todos pasaban a ser “Ramone” según entraban en la banda. Ese sonido rápido, sencillo y estridente, que ahora parece lo más normal del mundo, era toda una novedad cuando surgió. De hecho, al principio no fue bien aceptado entre los rockeros de la época. La línea mayoritaria en aquellos mediados setenta apostaba entonces por fórmulas mas complejas, por la superación de los sencillos sesenta y aquel punk emergente resultaba demasiado simple, demasiado macarra en la era de los Zeppelin y los Pink Floyd.

En septiembre del año 1981, los Ramones llegaban al velódromo de Anoeta. Un montón de fieles nos amontonamos en el tren Bilbao-Donostia (que entonces tardaba una eternidad) para asistir a un evento que no olvidaré mientras viva. El espectáculo no duró mucho más de una hora, pero ¡que hora! Estuvimos en las primeras filas saltando y chocando como posesos sin poder creer los que teníamos delante. La pura condensación del mejor espíritu del rock & roll que imaginarse pudiera. Pero sí. Ellos también tenían su historia interna y por lo que hemos podido saber una historia más bien triste. El documental sobre su andadura “The End of The Century” está ahora disponible en Youtube con subtítulos. El regusto final no puede ser más amargo. Resulta que Johny y Joey, guitarra y cantante estuvieron los 17 últimos años de su carrera sin hablarse. Joey consideraba que Johny le había robado a su chica. Esto creo un ambiente horrible que, sin embargo, no terminó con la banda, pero sí con su convivencia. Tommy, el batería acabó huyendo de la quema y Dee Dee, el bajista se enganchó a las drogas, que finalmente le llevarían a la muerte. La política también les dividió. Joey era un abanderado de causas izquierdistas mientras Johny era un republicano convencido. Es muy significativo el momento en el que acuden a recibir su estrella en el “Hall of Fame”. Johny se lo dedica a George Bush y Dee De se homenajea a sí mismo con un discurso que destila hartazgo. Para entonces Joey, el cantante, que siempre tuvo problemas de disfuncionalidad, había fallecido de cáncer. . Cuatro amigos de un barrio unidos por su afición a los Stooges hacen realidad su sueño y acaban arrastrando su nombre por los escenarios sin el menor feeling interno. Como dice Dee Dee en cierto momento del reportaje “Tenemos lo que cualquier joven del mundo querría tener y ni siquiera somos capaces de comunicarnos… ¿Quién lo entiende?”

En fin. Siempre nos quedará Anoeta.

 


lunes, 7 de diciembre de 2020

PINITO DEL ORO


 

Volvía yo del trabajo, inmerso en mis cavilaciones y con las noticias sonando en la radio del coche, cuando de pronto escuché a Carlos Iturgaiz hablar de “Pinito de Oro”. La usaba para acusar al lehendakari Urkullu de hacer muchas “cabriolas” dialécticas “al igual que esa gran artista hacía en el trapecio”. Ninguno de los dos pareció apreciar que, en realidad hablaban de Pinito del Oro, efectivamente, una de las artistas de circo más importantes de la historia.                                                                            

Quienes me conocen ya saben que la figura de esta mujer está entre las que admiro profundamente. Si en lugar de ser canaria Pinito fuera francesa o norteamericana hace ya mucho que habría varias biografías, series, películas sobre su vida y su nombre figuraría en la placa de varias calles. Además, sería, por méritos propios, un icono feminista en medio mundo. Recuerdo muy bien el momento en el que tuve por primera vez consciencia de su existencia. Era un día de 1968 y Santurtzi estaba plagado de carteles inmensos que anunciaban su actuación en el circo Price. Yo paseaba de la mano con mi abuelo y le pregunté por ese extraño anuncio: ¿Qué es “Pinito del Oro”?.  Mi abuelo me explicó que se trataba de una gran artista que hacía cosas en el trapecio “que nadie más en el mundo sabía hacer”. Me quedé con la copla. Desde luego, tenía que ser importante para que mi pueblo luciera semejantes cartelotes anunciando un espectáculo que tendría lugar en Laredo, un lugar al que, entonces, se tardaba lo suyo en llegar, por carreteras más que sinuosas.  

Seguramente no recordaría esta anécdota si no fuera por lo que ocurrió después. Toda la prensa de la época dio la noticia de su aparatosa caída. Se hablaba entonces de que su vida “no corría peligro” pero que -posiblemente- no podría volver a subirse a un trapecio.                                                                                                          

Aquel niño impresionable abrasó a preguntas a todos los adultos que tenía a mano y, con el paso de los años, se preocupó de conocer más detalles de su increíble vida, algunos relatados por ella en los libros que escribió.                                                                                                                                                

En 1995 tuve ocasión de mantener una larga conversación con ella en la radio. Fue un momento inolvidable que me confirmó lo que ya sospechaba. María del Carmen del Pino Segura era una persona excepcional con una trayectoria vital difícil de creer, pero su voz y sus palabras trasmitían una paz y una cercanía que la alejaban de cualquier “divismo”.                           

 Nació en las Palmas en 1929, en el seno de una familia nómada de artistas de circo para la que lo primordial era comer cada día. Su madre tuvo 19 hijos. Siete de ellos sobrevivieron a la primera infancia y siguieron la tradición familiar circense. En vísperas de una actuación en Sevilla, en la negra posguerra de los primeros años 40, una de sus hermanas murió en accidente. Ella la sustituyó en el trapecio y así comenzó su carrera. Pinito me contó que ella había ensayado en secreto números con el trapecio, que su destino ,en principio, era dedicarse a labores de limpieza y cuidado de animales, pero veía a sus hermanos y soñaba con emularlos…hasta que llegó su oportunidad y acabó convirtiéndose en la más grande.  “Trapecio de vuelo libre” se llamaba su especialidad. Alcanzó el siempre anhelado tripe salto mortal y su número más arriesgado consistía en mantener el equilibrio sentada sobre las patas traseras de una silla sobre un trapecio que se balanceaba. Mas difícil todavía.  No le gustaba trabajar con red. El público emocionado se lo agradecía y ella miles de veces consiguió salir triunfante de su reto, aunque sufriera tres caídas. En dos de ellas se rompió el cráneo y tuvo contusiones cerebrales. En el 48, 58 y 68.

En la pista siempre estaba pendiente de sus evoluciones su marido Juan, que pudo más de una vez desviar su caída y amortiguar así sus accidentes. Pero un día Pinito supo que la engañaba con otra y cortó por lo sano. Sus últimos años los pasó en su tierra, regentando un hotelito donde mostraba sus trapecios, premios, libros, recortes de prensa y recuerdos de su larga vida itinerante con sus circos.                                                                      

Por si su vida fuera poco increíble su muerte no pudo ser más paradójica: una caída doméstica en 2017, desde un altillo insignificante, acabó con su arriesgada vida.

Larga vida a la grande y olvidada Pinito del Oro.                                                                                                                                                  

                                                                                                                                         

 

    

lunes, 30 de noviembre de 2020

BULIMIA AUDIOVISUAL


 Parece que estos tiempos de confinamientos y plataformas nos van a conducir directamente a una especie de “bulimia audiovisual”.                  

Las series se han adueñado de la conversación cultural. Si no estás siguiendo alguna serie, mejor que no salgas de casa. Tu conversación no tendrá ningún interés, estarás “out” inevitablemente.                                  

Los grandes festivales de cine siguen resistiéndose a reconocer el carácter cinematográfico de plataformas como NETFLIX. Hasta cierto punto puedo entenderlo; en muchos aspectos eso que conocíamos como “cine” no es lo mismo que se ofrece en las plataformas. Tampoco aquellas series de nuestra infancia como “Colombo” o “LosAngeles de Charlie” tienen que ver con las actuales. El producto que consumimos ahora está a medio camino entre aquellas las series de toda la vida, el cine y los culebrones. Algunos críticos insisten en calificar a estas plataformas como “pizzerias audiovisuales”, tampoco me parece justo. La calidad, como en tantas otras producciones artísticas, es variable. Aunque es cierto que, con tanta oferta, es fácil que los árboles te impidan ver el bosque. Por otro lado, no importa demasiado que la “inteligentzia” si es que tal cosa existe hoy en día, se empeñe en desprestigiarlas; les guste o no los tiempos corren a su favor.   

El adolescente ve sus series en la cama desde su tablet y los adultos tendemos a adquirir televisiones de tamaños cada vez mayores para sentirnos como en el cine. Durante los desplazamientos en transporte público podemos recurrir al teléfono móvil para seguir viendo las tramas y así no vaya a ser que nos dé tiempo a hacer tonterías como, yo que se, pensar.  

Un fenómeno unido a esta tendencia es el de la eternización de las series. ¿Te ha gustado “Los Sopranos”, “Perdidos”, “Orange is the New Black”, ¿“El Cuento de la Criada” o “La Casa de Papel”?  ¿Te da pena que se acaben? No problem. Nuestra factoría ya está dispuesta para ofrecerte una segunda, tercera, octava temporada. Las que hagan falta hasta que alcances la absoluta saciedad, hasta que no puedas contener el vómito. Lo cierto es que series que podrían dejarnos un recuerdo inmejorable, acaban despidiendo un insoportable olor a podrido.   

Si Casablanca se hiciera hoy de la mano -pongamos- de HBO la “hermosa amistad de Rick y el gendarme” sería oportunamente alargada durante varias temporadas. Los guionistas harían que ambos salieran del armario, se casaran, tuvieran hijos de alquiler, se divorciaran y acabaran -yo que se- convocando manifestaciones negacionistas. Aquel “second life” que nos ofrecía internet fue un rotundo fracaso. Ahora son las series las que nos permiten vivir otra vida durante semanas.                                                                       

A veces es la propia realidad la que te ofrece culebrones perfectos, como es el caso de “The Crown”.  Me encantaría ver a la verdadera casa real británica viendo su propia vida convertidas en teleserie.

Y ya puestos, ¿por qué no un “Spanish Crown” en torno a nuestra siempre entretenida monarquía? Ahí dejo la idea.

Aquello de “planteamiento, nudo y desenlace”, es cosa del pasado. Ahora solo queda el planteamiento; el nudo suele liarse hasta el absurdo y el desenlace ha de ser siempre abierto. Para que permita más y más temporadas y nos deje agotados y hartos de todos y cada uno de los personajes.  

 

domingo, 29 de noviembre de 2020

TANNHAÜSER


 


“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir." Dijo solemnemente. Después bajó la cabeza con resignación y se sinceró consigo mismo. 

 Aquellas naves no estaban tan lejos, los rayos-C más bien los imaginó y nunca confirmó que fuera esa la puerta de marras. Por cierto, ¿eran llamas aquellos brillitos remotos?.                                                                                            Además de breve, la vida es imperfecta. Hay que echarle cuento. Qué haríamos sin la literatura...
 
Fue su última reflexión.

lunes, 23 de noviembre de 2020

EL ORO DE MIDAS



Tengo que confesarlo. Me enteré de la existencia de la serie “Los Favoritos de Midas” gracias al boicot promovido contra Netflix por permitir la participación de Guillermo Toledo. 

Dejando a un lado las formas, me parece muy peligroso que se boicotee a alguien por expresar opiniones políticas, más cuando su mayor “pecado” fue acusar al rey emérito de cobrar comisiones ilegales de Arabia Saudí y soltar algún juramento de los que todos escuchamos a diario.                                                                                                                

Lo cierto es que esta campaña, me temo, ha sido totalmente contraproducente y ha servido, sobre todo, para que muchos como yo se acerquen a una serie que, por otro lado, resulta de lo más recomendable. Aunque visto lo visto, lo mismo ha sido idea de Netflix. Ahora las promociones de series parecen medirse en función de las campañas de firmas en contra que te hagan en “Change.org”      

                                                                                                                                 A diferencia de otras producciones españolas, aquí los actores vocalizan bien, resultan creíbles y no sobreactúan. El guion -inspirado en una obra de Jack London- consigue mantener el suspense durante toda la historia y la ambientación, que oscila entre los ambientes exclusivos de la clase alta madrileña y las constantes revueltas callejeras, está cuidada al detalle.  El Covid, lógicamente, no aparece por ningún lado, pero, a diferencia de otras producciones, el ambiente apocalíptico que se usa como telón de fondo, consigue que la historia no resulte anacrónica. Al fin y al cabo, aquí también, de otra forma, se está hablando de un virus que mata: el virus de la codicia.                                                                                                     De acuerdo con la mitología griega, el dios Dioniso le otorgó al rey Midas un deseo y éste eligió el poder de convertir en oro todo cuanto tocara. Así que la comida también se hacía oro a su contacto.                                      

 Basado​ en esta fábula Jack London en 1901 escribió “Los sicarios de Midas” (The Minions of Midas) cuando era un socialista convencido y ahora Mateo  Gil recupera esa historia situándola en las cloacas de un Madrid distópico donde la banca, la política y la prensa se necesitan tanto como se traicionan.                                                                                        

El punto de partida de ambas obras es el mismo. Un magnate recibe la carta de un grupo misterioso que exige una gran suma de dinero. Hasta que el extorsionado se decida a pagar, ellos van matando gente al azar. A Guillermo Toledo (que así aparece en los créditos) le toca el paradójico papel de policía. A mi siempre me ha gustado como actúa este hombre. Me reía con el en “7 Vidas” y “Al Otro lado de la Cama”, pero aquí, la verdad es que se sale. Su personaje es un inspector de policía torturado por su incapacidad para avanzar en el caso más difícil de su vida. Parece como si el actor hubiera querido callar la boca a todos aquellos que querían verle arruinado, convertido en un pelele, en una pura anécdota. 

Su papel es muy importante, tanto como el de Luis Tosar, que es el protagonista y Toledo aguanta el envite a la perfección. Le veo como a esos futbolistas cuestionados por la afición, que de pronto meten un gran gol y hace callar a la grada. La serie, gracias quizá a su origen literario, recupera el valor de la interpretación simbólica e invita a reflexionar sobre algunas cuestiones que están muy de actualidad, por ejemplo ¿hasta qué punto empatizamos con la muerte y el sufrimiento cuando no nos afectan directamente?  Me viene a la cabeza el título del libro escrito por el doctor Javier Padilla: ¿A quién dejamos morir primero?       

 

lunes, 16 de noviembre de 2020

EL GRAN PANTALLAZO

Este maldito 2020 será recordado, entre otras cosas, por el año que multiplicó las pantallas. Las constantes llamadas a quedarnos en casa y a no salir de nuestro entorno más cercano nos han llevado a aumentar considerablemente nuestro tiempo ante una pantalla. Pantallas para el estudio, pantallas para las compras, pantallas para pedir comida, pantallas para hablar con los amigos, para mantener reuniones de trabajo, para ligar, para asistir a espectáculos, para el sexo… Pantallas en casa, en el metro, en el trabajo. Como si de un plan organizado se tratara, todo parece favorecer que nos pasemos el día mirando pantallas. 

De una forma sutil y casi imperceptible parece que nos vamos convirtiendo en uno de esos capítulos terroríficos de la serie “Black Mirror” casi sin enterarnos. Hay incluso quien se manifiesta feliz al respecto. Yo reconozco que, en algunos aspectos, me pueden ser útiles, pero son muchos los expertos que advierten de que el tiempo de exposición ante una pantalla no debe alargarse demasiado. Habrá que ver cuantas de estas actividades se quedarán definitivamente a vivir con nosotros cuando acabe esta pesadilla. La semana pasada participé desde la sala de mi casa en la iniciativa “Getxoblog”. Me daban el premio SU por mi actividad bloguera, algo que no me esperaba y me hizo ilusión. El acto, dadas las circunstancias, tuvo que ser por videoconferencia y lamentablemente se vio seriamente afectado por una serie de ataques que impidieron el normal desarrollo. Mi intervención, entre otras, fue boicoteada con videos asquerositos y músicas extrañas. Tengo que confesar que nunca había sentido de forma tan evidente un ciberataque. Uno cree en su ignorancia que está bastante protegido con su anti-virus y que, realmente, no tiene nada de interés para nadie y resulta que el día menos pensado alguien te puede dar un disgusto de la manera más inesperada porque esas pantallas que ocupan tanto espacio en tu vida, están al alcance de quien quiera usarlas contra ti. 

Empujado por ese hecho inquietante me puse a buscar información. Resulta que el aumento exponencial del teletrabajo y la escasa formación y concienciación de muchos usuarios han multiplicado las amenazas en ciberseguridad. El Centro Avanzado de Operaciones de Seguridad “Secure & IT” ha detectado hasta octubre más de 700.000 alertas, amenazas, vulnerabilidades y ciberataques. El riesgo de un ciberataque en una empresa es cada día más amplio. Las estadísticas señalan a España como el tercer país que más ataques recibe del mundo, tras Estados Unidos y el Reino Unido. La situación afecta de manera grave a las pymes y autónomos porque la capacidad de respuesta aún es precaria. Según el citado centro seis de cada diez empresas no pueden volver a iniciar la actividad empresarial tras sufrir un ciberataque. De hecho, los costes para ‘solucionarlo’ son cuantiosos “la media de coste de un ciber ataque es de 50.000 mil euros” una cantidad que puede quebrar cualquier actividad empresarial. El número de ciberataques aumentó un 25% el año pasado y la COVID-19 ha provocado un fuerte incremento de las amenazas este año. La amenaza no viene solo de los llamados ciberdelincuentes, según este centro la escasa formación y concienciación, los empleados descontentos, los errores humanos, la falta de medidas técnicas, o el incumplimiento legal son factores para tener muy en cuenta. 


Un amigo me envía un meme de humor: “Lo bueno de tener más de cuarenta años es que hicimos todas nuestras estupideces antes de que existiera internet”. Justo cuando me estoy riendo, creo escuchar la voz de Siri: “Yo no estaría tan seguro” …

IONESCO LEHENDAKARI

Estaba bien aquello del teatro del absurdo. Acostumbrado al teatro clásico o a las obras de teatro de “Estudio Uno” que programaba Televisión Española, cuando aquel director progre trajo a nuestro instituto una versión entusiasta de “La Cantante Calva”, para muchos fue toda un descubrimiento. La representaba un grupo de cómicos independientes de Madrid , con más espíritu que medios, pero aquel día algunos descubrimos que el teatro podía ser algo festivo y divertido y no meramente “educativo”. Bueno, hay que aclarar que por aquel entonces, mediados de los años setenta, yo trataba de hacer teatro junto a algunos compañeros de clase. Lo hacíamos bajo la dirección de Claudio Nadie, un actor y activista argentino huido de la dictadura. El nos explicó quienes eran Ionesco y Becket y nos insistía en que aquello era una manera lúdica y transgresora de mostrar lo absurdo de la existencia misma. Sin llegar a conocerlo a fondo, lo cierto es que aquel teatro del absurdo nos parecía algo alucinante, estimulante, genial. La vida estaba llena de presuntas certezas que marcaban a fuego nuestro destino: “Si no estudias no serás nada en la vida”. “Hay que respetar a padres y educadores”; “Mens sana in corpore sano”; “la familia es la columna vertebral de la sociedad”; “la mili te hará un hombre”. A las certezas del sistema se oponían las otras certezas, a menudo no menos rígidas de buena parte de la izquierda, empeñada entonces en que todo arte tenía una misión revolucionaria, educativa o militante. Así que aquel teatro del absurdo, antes del estallido del rock&roll, fue todo un bálsamo contra el reino de la supuesta lógica aplastante. Los personajes -entre los que no había ninguna cantante calva- repetian lemas idiotas , mantenían conversaciones sin sentido con cara de mucho sentido, presumían de lo abyecto y se avergonzaban de lo sublime, era todo como un sueño bullicioso y desatado en el que no había reglas. La burla alcanzaba a todos los estratos sociales. Era la gloria bendita. El teatro del absurdo viene ahora a mi mente a menudo. Lo veo cuando los ocupas del “Restaurante Montenegro”se presentan como “víctimas de una campaña de difamación” y denuncian al dueño del local “por acoso”, tambien cuando en las ruedas de prensa para hablarnos del COVID aparecen uniformes militares en lugar de batas blancas, cuando el parlamento, lejos de unirse contra la adversidad ofrece un gallinero violento e incomprensible y es capaz de tirarse varias sesiones hablando de todo menos del tema que a todos nos preocupa. Cuando los supuestos expertos te dicen una cosa y la contraria en pocos días sin despeinarse. Qué mejor teatro del absurdo que Josep María Mainat devorado por las fieras de esa telebasura que él mismo promocionó. No, este teatro del absurdo de ahora no es nada divertido. Cuando el absurdo se hace norma, es el tiempo de la cordura.

martes, 10 de noviembre de 2020

HORTOGRAFIA RADIKAL

Esta es la historia de un hombre que conoció en los ochenta una fama fugaz. Su banda de punk-rock duró muy poco en realidad. Nunca conoció estadios llenos, ni giras ni hoteles. Sin embargo, eso sí, durante unas cuantas semanas se habló mucho de ellos. Protagonizaron un escándalo espectacular y estuvieron en las portadas de todos los periódicos. El grupo se llamaba “Los Tampones” y fueron invitados a intervenir en el programa “Cajón de Ritmos”. Interpretaron su canción “Estamos Contra las Reglas” y todos los bienpensantes de la derecha más rancia pusieron el grito en cielo. Hubo infinidad de protestas contra Televisión Española por programar una canción “tan horrible” y eso, precisamente, fue lo que les otorgó una gloria furtiva y, quizá, demasiado inflada. Grabaron un único disco y hartos de tanto ruido en torno a su escándalo, decidieron dejarlo. “Los Tampones” (banda inspirada parcialmente en las Vulpess) se codearon con los grupos más señeros del Rock Radical Vasco y estuvieron a punto de actuar en Anoeta. Pero finalmente todo quedó en una anécdota fugaz. Ahora, más de treinta años después de aquel suceso este hombre, el que fuera cantante de aquel combo, viudo padre de mellizos adolescentes con los que no consigue entenderse, malvive con un sueldo de bibliotecario y tratando de dedicarse a la escritura. Un día, desde el instituto donde estudian sus hijos le llega una propuesta: ¿por qué no reunís a los tampones para la fiesta de fin de curso? Los Tampones siguen vivos en el recuerdo de mucha gente y su leyenda también ha llegado a oídos de muchos jóvenes, que llevan orgullosos el nombre de la banda en sus camisetas. Esta es la base argumental de “Tratado de Hortografía”
, el nuevo libro de Patxi Irurzun, una novela que se presenta con el reclamo “una novela sobre el Rock Radikal vasco”. Aunque esto puede ser muy efectivo para atraer a cierto perfil de lectores, lo cierto es que “Tratado de Hortografía” es mucho más que eso. De hecho, un hipotético lector que se acercara al libro por esa razón podría incluso sentirse decepcionado. El rock vasco de los ochenta y todo lo que lo rodeó es solo un telón de fondo. “Tratado de Hortografía” es, en realidad, una novela sobre la brecha generacional, sobre la difícil comunicación entre padres e hijos, incluso cuando estos padres se consideran modernos, dialogantes y hasta herederos de la cultura punk. Es también un libro sobre la amistad a través de los años y sobre el trauma de envejecer cuando has crecido en una época que sacralizaba la juventud. Si, también es un relato sobre aquellos locos años en los que la fiesta y la reivindicación se vivieron intensamente hasta que la heroína lo sumió todo en el horror y la muerte. Son muchos los aciertos de este trabajo, incluyendo su portada que reproduce una colección de cintas de cassete muy propia de aquella época. Un tiempo irrepetible en el que muchos jóvenes soñamos con escribir nuestra propia historia y hacer un rock que fuera “más alegre que en ningún sitio aunque no diera dinero” , como cantaban Hertzainak. “Tratado de Hortografía” mantiene muy bien la tensión narrativa y te deja con ganas de más. Alguien debería hacer una serie con ella. Yo ahí lo dejo.

viernes, 6 de noviembre de 2020

SU SARIA

SOLO:
SE SENTÍA TAN SOLO QUE EN ESE MOMENTO NADA NI NADIE PODRÍA PALIAR SU PROFUNDA SENSACIÓN DE DESAMPARO. SOLO DESEABA UN LUGAR CALIDO Y DISCRETO DONDE ADOPTAR POSICIÓN FETAL Y COBIJARSE EN SÍ MISMO. SE SENTIA MAS SOLO QUE NUNCA EN ESOS PRECISOS INSTANTES Y ES POR ELLO QUE SIN HACER CASO A NADIE SE LARGO CON VIENTO FRESCO Y NO VOLVIÓ A APARECER. LOS MÁS DE 100.000 ESPECTADORES SE QUEDARON SIN BIS. El 26 de Octubre de 2007, animado por mi pana Gotzon Bastida conseguía elaborar la primera entrada de este blog. Esa precisamente que acabas de leer. Trece años. No puedo ni creerlo. En este tiempo el blog ha conocido diferentes etapas con mayor o menor actividad y seguimiento. Tambien conoció hace cinco años el nacimiento de su hermano euskaldun "Adarraren Puntan". Nunca he perseguido con esto premios ni reconocimientos, mi idea ha sido siempre seguir con el legado de los fancines que hice en su día: Zarama S.A. y Kontra como foros para contarle al mundo (a quien me quiera oir, que se dice) mi forma de ver las cosas y conseguir así intercambiar ideas, sensaciones y descubrimientos. Ni más ni menos. En este foro he preferido preservar mi independencia y no incluir publicidad, preservando para mí un espacio lo más libre posible. En todo este tiempo, como es natural, he tenido entradas de éxito y fracasos rotundos, debates interesantes y agrias polémicas, alegrías y disgustos. Ha tenido tiempos más participativos, ligados, claro está, a periodos en los que estuve mucho más activo. Pero no hay lugar para el desaliento. Ahora, cuando menos podría esperarmelo, desde GETXOBLOG han decido premiar mis blogs. El premio SU que podeis ver en la foto. Un nuevo aliciente para seguir adelante mientras crea que tanto algo que contar. Mañana a las 12 del mediodia se celebrará el GETXOBLOG 2020 , de forma telemática que podeis seguir en su canal de YOUTUBE. Un nuevo aliciente para seguir adelante mientras crea que tanto algo que contar. Eskerrik Asko Bihotzez.

lunes, 2 de noviembre de 2020

CONSEJOS VENDO

Cada cierto tiempo me ocurre. Algún viejo amigo, algún vecino o algún compañero de trabajo me pide que le haga un favor a su hijo: “verás, es que está haciendo un trabajo sobre el Rock Radical Vasco” de los ochenta y no sabe muy bien a quién dirigirse. Si tu pudieras contestarle a unas preguntas sencillas…” Yo siempre digo que sí, claro. Y no tanto porque me guste -de hecho me resulta un tanto agotador volver siempre sobre los mismos tópicos- sino porque yo también fui joven y se lo importante que es que los adultos te hagan caso y lo mal que puede sentar que te desprecien. Sin embargo, la semana pasada, el hijo de un viejo camarada añadió una pregunta distinta: ¿Qué aconsejarías a un joven de ahora? ¿Aconsejar yo? ¿Yo, que bien superado el medio siglo sigo con más dudas que certezas? Como padre, siempre he pensado que el mejor consejo es predicar con el ejemplo, como leí en la puerta de un retrete: “no me digas lo que piensas, dime lo que haces”. Me viene a la cabeza la canción “Father and Son” de Cat Steven (ahora Yusuf Islam): “No es hora de hacer un cambio/ Solo relájate, tómalo con calma/ Aun eres joven, ese es tu defecto Hay tanto que debes saber”. Ya desde joven, esta canción me parecía paternalista. Mucho más interesante y útil me resultó aquel artículo de Mary Schmich, para el Chicago Tribune titulado “Wear Sunscream” (usa crema solar) . Un amigo le retó a que diera buenos consejos a los jóvenes y ella elaboró una lista tan práctica como genial que sigue, hoy en día, dando que hablar. De hecho, algunas de sus frases vuelven a mí cada cierto tiempo: “Disfruta de la fuerza y belleza de tu juventud. No me hagas caso. Nunca entenderás la fuerza y belleza de tu juventud hasta que se hayan marchitado”; “los problemas que realmente tienen importancia en la vida son aquellos que nunca pasaron por su mente, de esos que te sorprenden a las cuatro de la tarde de un martes cualquiera”; “recuerda los elogios que recibas, olvida los insultos (pero si consigues hacerlo, dime cómo”; “aprende a entender a tus padres, será tarde cuando ellos ya no estén”; “llévate bien con tus hermanos, son el mejor vínculo con tu pasado y probablemente serán ellos los que te acompañarán en el futuro”; entiende que los amigos vienen y se van… pero hay un puñado de ellos que debes conservar con mucho cariño”. Poco puedo añadir yo a un artículo que podéis encontrar fácilmente en la red. Pero, por si puede interesar a alguien, aquí os dejo lo que le contesté: "La juventud suele ser un periodo de muchas dudas y solemos necesitar certezas. Nos movemos entre realidades de mucho peso. por un lado, es cuando debemos prepararnos para el futuro, por otro, es el periodo en el que más podemos disfrutar de la vida (si no disfrutamos de jóvenes ¿cuándo vamos a disfrutar?) y además, es una época de la vida en la que solemos tener más generosidad, nobleza y ganas de cambiar las cosas. Lo único que me atrevo a aconsejar es que trates de lograr un equilibrio entre todo eso". Y no quiero terminar sin citar de nuevo a Schmidt: “Los consejos son una forma de nostalgia. Dar consejos es una forma de sacar el pasado del cubo de la basura, limpiarlo, ocultar las partes feas y reciclarlo, dándole más valor del que tiene”.

jueves, 29 de octubre de 2020

BUCLE

La pareja ya no es lo que era. El sexo ya no es lo que era. La política ya no es lo que era. La guerra ya no es lo que era. La información, ya no es lo que era... Nada es lo que era. Como siempre.

martes, 27 de octubre de 2020

BUKKAKE

El debate sobre “Educación sexual y pornografía” se va calentando. La pedagoga se muestra rotunda: “La educación sexual de nuestros jóvenes está siendo bombardeada por la pornografía. Es un problema que nos incumbe a todos y cuyas consecuencias, de cara al futuro son impredecibles”. Ha emitido la frase con seguridad y energía. En debates anteriores vino a decir lo mismo, pero esta vez, la experiencia le ha permitido elaborar un poco más la afirmación y añadir un elemento dramático que cree muy eficaz: el verbo “bombardear”, que sitúa el problema en términos bélicos. El debate se lleva a cabo en un estudio de radio y además de la sexóloga participan un pedagogo y el representante de una asociación de padres de familia. Los datos que van aportando son a cuál más sorprendente: “Hace unos días sorprendimos a alumnos de 10 años que chateaban entre si manejando términos como MILF o Bukkake como si hablaran de fútbol”. “Estamos detectando que cada vez más niñas quieren hacerse una depilación completa porque es lo que ven en esas películas”. “Entre los adolescentes cada vez se buscan más videos de violaciones e incestos”. Todos están de acuerdo en lo pernicioso que es el consumo de pornografía entre niños y adolescentes, pero las decisiones a tomar no parecen tan claras. El pedagogo opta por el diálogo: “Es muy importante que padres y educadores hablen con sus hijos y les expliquen que el sexo no es eso, que eso que están viendo es una mentira tan grande como que Superman puede volar, en caso contrario estarán condenados a la frustración”. El padre de familia parece molesto con lo que acaba de oír: “yo creo que ya no estamos en ese escenario, es el momento de las decisiones políticas; el porno debería estar prohibido o, al menos, debería ser de pago. No entiendo que haya que pagar por ver series y películas y el porno esté al alcance de cualquiera”. El sexólogo tienes sus dudas: “Hay diferentes tipos de porno, en algunos casos puede incluso ser utilizado con fines educativos. Todo sabemos que las prohibiciones no hacen sino agravar los problemas, como ocurre con las drogas…” Llegados a este punto el locutor decide dar paso a las opiniones de los oyentes. “No es normal que mi hijo de ocho años esté preocupado por el tamaño de su pene. Eso son cosas que han aprendido por culpa de la pornografía”. “No nos engañemos, el porno es un producto de consumo masculino que se basa en la explotación de la mujer y exhibe constantes humillaciones. Es la manifestación más clara y obscena del patriarcado”. “Pues yo creo que no se combate porque hay muchos adultos que lo usan y de eso no se habla”. “Yo nunca olvidaré lo que me dijo mi padre cuando me sorprendió masturbándome: hijo mío, hay dos tipos de personas; las que reconocen que se masturban y los mentirosos.” La sintonía del programa va tomando poco a poco el protagonismo. El conductor se despide repitiendo los datos: Ocho de cada 10 chicos consumen pornografía habitualmente en la adolescencia. La edad de inicio es a los 12 años y los hombres realizan búsquedas activas mientras las mujeres tratan de aprender qué se espera de ellas. Casi al 55% de los jóvenes encuestados por Save the Children les gustaría poner en práctica las escenas que ven, en su mayoría violentas y con abusos. No hay tiempo para más. Damos la bienvenida a nuestros compañeros de la redacción de deportes.

martes, 20 de octubre de 2020

MAGIA POTAGIA

No es por ninguna razón especial, pero el mundo de la magia y de los magos nunca ha tenido demasiada importancia en mi vida. Recuerdo algunos prestidigitadores en los circos de mi infancia y me encantaba Tamarit en sus apariciones televisivas. Poco más. Cuando mis hijas eran pequeñas también tuve ocasión de ver en directo al “mago Chan” y reconozco que aluciné con su capacidad de dominar a varios adolescentes borrachos que pretendían burlarse de él de un “Ibiladia”. Los espectáculos de magos, hipnotizadores y ciertos cómicos suelen incluir el consabido número del “voluntario” sacado a escena con el que se practican todo tipo de chanzas cercanas a la humillación. Al parecer, para que se rían cien tiene que sufrir uno. Este hecho me ha disuadido de acudir a ese tipo de eventos en más de una ocasión. Así que no era excesivo mi entusiasmo cuando me propusieron entrevistar en la radio a un mago “tan bueno como el mago POP”, pero finalmente me convencieron. Así que el día anterior a mi cita con los oyentes entraba yo en el teatro a ver el primer espectáculo de magia para adultos de mi vida. Quizá precisamente por eso, por el factor “novedad” el show me resultó bastante divertido. “Mag Marín”, que así se presentaba el artista, venía desde Barcelona avalado por el primer premio obtenido en un “Talent Show” de Televisión Española. La sala presentaba un lleno casi completo, con un público predispuesto desde el principio al disfrute. Su espectáculo mezclaba el humor y los trucos con bastante eficacia. No era lo más divertido que haya visto en mi vida, pero por un rato me estaba olvidando del COVID y demás miserias cotidianas a base de risas y de trucos curiosos. El espectáculo comenzó con el “Higway To Hell” de los AC/DC sonando a todo trapo en un enorme radio-cassete que desapareció delante de nuestras narices. (Eso prometía). Más adelante llegaron unos típicos números de adivinación de naipes y pronto comenzó el desfile de espectadores. Primero hizo subir a un niño al que hizo desaparecer el agua de su vaso y después sacó a escena a una muchacha con la que bailó y cantó después de adivinar sus gustos y preferencias. Cuando ya parecía que el espectáculo no daba mas de sí. Tuvo que pasar. Sacó a un morrosko de Arrigorriaga a escena y le pidió que sacara a otros cuatro pringados. Si, efectivamente inteligente lector: fui uno de los elegidos. Afortunadamente el número no era demasiado humillante, tan solo tuve que hacer una suma y bailotear un poco al ritmo que nos marcaba el artista. Bueno y aguantar sonriente -aunque con mascarilla- alguna que otra bromita boba. Vale, no es para tanto. Hace años a un amigo mío un hipnotizador le hizo ponerse a cuatro patas y emular a varios animales (incluidos el mono y el burro) sin ser siquiera consciente de que lo hacía. Cuando volvió en sí, todos los espectadores que llenaban el teatro reían y aplaudían a un tipo absolutamente abrumado y avergonzado. Al día siguiente de mi estreno como “voluntario”, a primera hora de la mañana “Mag Marin” estaba en el hall de la radio. No me reconoció al verme (ahora ya sin mascarilla) pero sí cuando le fui dando pistas durante la entrevista. Yo iba a tomarme la venganza y pensaba contarle a todo el mundo como se hacía el truco que hizo con nosotros (y que yo había descubierto) . Pero justo cuando estaba a punto de hacerlo… me hizo desaparecer. Y ahora ni siquiera sé dónde estoy.

jueves, 8 de octubre de 2020

COBAYAS

“Se bueno”, “pórtate bien”. “Si no te sabes comportar nos vamos para casa y punto”. La primera infancia está llena de mensajes como estos. “Portarse bien” no es algo que te defina nadie de forma muy concreta, pero lo vamos sabiendo a medida que “portarse mal” conlleva castigos o reacciones negativas. Al igual que la cobaya va sabiendo a base de calambrazos por donde se accede al trocito de queso, los niños educados “con límites” (esos que dicen que todos pedimos a gritos) vamos discerniendo el bien del mal según cómo reaccionan nuestros educadores a nuestro comportamiento. Pero no. No es tan sencillo. Recuerdo que en cierta ocasión. Cuando tendría unos ocho añitos un compañero de clase se hirió en una rodilla jugando al futbol. Ni corto ni perezoso improvisé una venda con mi bufanda que paró la hemorragia. Sor Primitiva no me dijo, como yo esperaba, que me había portado muy bien, más bien pareció resultarle muy gracioso. Pero lo peor llegó al llegar a casa. A mi madre no le hizo maldita la gracia ver aquella bufanda ensangrentada. Entonces escuché aquella frase desconcertante: “Dios nos hizo hermanos, pero no primos”. No, no siempre es tan fácil discernir el bien del mal. A medida que avanzamos por el camino de la vida vamos comprendiendo que “ser bueno a veces es malo” y “ser malo, a veces puede ser bueno” o dicho de otro modo “De buenas intenciones está el infierno empedrado”. Este tipo de reflexiones rondaban mi cabeza mientras veía en Netflix el reportaje “El Dilema de las Redes Sociales". Varios ex directivos de Facebook, Twitter y Google nos advierten de que estas herramientas son tremendamente adictivas -ellos estuvieron durante años trabajando para logarlo y por eso lo saben muy bien- y los usuarios estamos, sin quererlo, contribuyendo a crear una inmensa inteligencia artificial que terminará por controlar nuestras propias vidas. Según estos señores (todos masculinos) ni siquiera ellos mismos eran ya capaces de controlar un monstruo “que va tomando ya sus propias decisiones”. Ninguno de ellos tiene ya instalada red social alguna en sus móviles y aconsejan a todo el mundo que haga lo propio. El ex dirigente de Google ahora utiliza otro buscador que “no deja huella digital”. Así que ya ves. Tú creías estar compartiendo asuntos de interés con amigos y conocidos, creías que, en realidad, evitar la publicidad era facilísimo, creías, en suma, estar practicando un entretenimiento inocente y hasta productivo y resulta que no. Lo que estás haciendo es alimentar un inmenso Gran Hermano que poco a poco se adueñará de la voluntad de los humanos sin que estos puedan hacer nada por evitarlo. Es realmente inquietante. ¿O no? Lo miro en Google un día de estos.

jueves, 24 de septiembre de 2020

A TODO RIESGO (CRISSIE HYNDE)

Erase una vez una mujer que quería formar una banda y convertirse en estrella de rock. Tras muchas penalidades lo consiguió, aunque fue muy alto el precio a pagar... En realidad el cuento se puede contar de otra forma: Erase una vez una mujer valiente que quería disfrutar de los mismos placeres y las mismas aventuras arriesgadas que disfrutaban los hombres de su generación. Para ello renunció a la vida cómoda que le ofrecía una familia de clase acomodada y se lanzó a vivir aventuras por el mundo. Sufrió todo tipo de penalidades y también vivió muchas experiencias placenteras, pero aprendió que ser mujer supone pagar un precio mas caro por tu audacia... Aunque este cuento podría tener también otro enunciado: Erase una vez una mujer que creció en el hipismo y psicodelia , conoció de primera mano el nacimiento y la explosión del punk y terminó formando su propia banda de power-rock donde logró conjugar todas sus influencias... Y aun se me ocurren más maneras de contarte la historia: Erase una vez una mujer que odiaba el sueño americano, que odiaba los cochazos, que odiaba el estereotipo femenino al que le empujaban por todos los lados, que odiaba la universidad y amaba el rock & roll. Tanto es así que acabó casándose con uno de sus ídolos de juventud... pero no vivieron felices ni comieron perdices... Si todos estos relatos no te han animado lo suficiente a leer el libro del que te voy a hablar, vamos a ponerle más morbo: Erase una vez una joven que conoció el sexo salvaje, que coqueteó con todo tipo de drogas, que vio morir en plena juventud al bajista y al guitarrista de su banda (justo cuando estaban en el cenit de su carrera) y que consiguió sobrevivir a todo ello porque supo dar a tiempo un giro a su vida... La biografía de la gran Crissie Hynde se titula “A todo riesgo” y ciertamente son muchos los riesgos que esta mujer se animó a correr en su juventud. Desde el principio la autora de temazos como “Brass In Pocket” o “Precious” nos confiesa que buena parte del libro la ha podido escribir porque sus padres ya están muertos y por tanto ya no se pueden llevar un disgusto. Es quizás esta la razón por la que su matrimonio con el líder de los Kinks, Ray Davies apenas ocupa unas líneas – él está vivo - . Creo que pocas mujeres ha habido haciendo rock sobre un escenario tan convincentes como ella. Aquellos dos primeros discos de los Pretenders en los ochenta trazaron una leyenda que nunca ha podido –y quizás tampoco ha querido- superar. A diferencia de Lemmy, empeñado en que todo el mundo escuche mas discos que el “Ace Of Space”, ella es muy consciente de donde estuvo su cima y no se engaña a sí misma. También es muy consciente del precio a pagar cuando quieres que tus fans te sigan viendo “auténtica”. Un libro nada autocomplaciente en el que la protagonista te cuenta sus aciertos y también sus tremendos errores. Un relato que merece la pena y que nos demuestra que hay actitudes y modos de cantar que no se pueden aprender con “los Javis” . Ella, ciertamente, arriesgó y mucho. El hecho de ser mujer conlleva, claro, riesgos específicos. Como dijo Javier Marías: los libros que no leemos estaban llenos de advertencias.