miércoles, 27 de septiembre de 2017

AMOR


Según entró en la cafetería, comprendí que era el amor de mi vida. No hizo falta que me hablara ni que supiera nada en absoluto sobre quién era. Algo había en aquella figura, en aquella mirada, en aquella sonrisa  que me decía, que me gritaba… soy para ti…
Bueno, pues así, hasta treinta veces en una tarde.














viernes, 15 de septiembre de 2017

MOFA

Poco después de su nombramiento recibió aquel envío inusitado: una enorme cesta repleta de artículos carísimos. Supuso que se trataba de un error y lo comentó con sus compañeros. La mofa fue tan intensa y tan duradera que a partir de aquel día, y hasta su detención, todo le pareció normal.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

PARADOJAS

Mapa del territorio reivindicado por el ISIS 
Hay un capítulo en “Patria”, de Fernando Aramburu, en el que “Txato”, empresario al que ETA viene amenazando de muerte, va con su hijo a La Romareda a ver un Zaragoza-Real Sociedad. Hinchas furibundos se pasan el partido llamándoles “terroristas”, “vascos hijos de puta” y demás lindezas habituales en la época.
Recordaba esta paradoja  -muy verosímil – hablando con amigos de Girona, durante una recientes vacaciones. “A los catalanes nos odian mucho más que a vosotros, y aquí no ha habido asesinatos, es increíble”. Ciertamente, si nos fijamos, por poner un ejemplo reciente, en los estereotipos que aparecen en las películas de los “apellidos”, los vascos podremos aparecer como brutos pero el regusto final es de cierta simpatía. Los catalanes son retratados como snobs y usureros sin demasiado margen para la empatía.
Mis amigos del Ampurdá han abrazado el independentismo en los últimos años. La serie de torpezas y humillaciones producidas de Zapatero a esta parte han contribuido sobremanera a esta salida generalizada del armario. Sin embargo, curiosamente, dicen no ser nacionalistas. A mí esto no me acaba de cuadrar. Parece lógico que la reivindicación de un Estado propio parta de un sentimiento nacional, ¿cuales son si no las razones para poner unos límites u otros a tu país? Pongamos que aparece petróleo en el valle de Arratia, ¿bastaría el nivel de vida que podrían alcanzar para reivindicar la independencia?
Mis amigos de Barcelona (La Prospertitat, distrito de Nou Barris) en cambio, no son independentistas. Nos tratamos con cierta frecuencia desde que organizaban conciertos con grupos vascos en los 80. Ellos piensan, con la izquierda clásica, que el nacionalismo siempre favorece a los poderosos, aunque apoyan el referéndum como única salida democrática al problema. Por cierto, mis únicos amigos independentistas y nacionalistas “de siempre” son valencianos.
Otra paradoja bastante llamativa es la proliferación de grupos, dúos y solistas de rumba catalana. En eso no hay diferencias, todo el mundo disfruta de lo lindo –yo mismo tambien, sí-  y no es extraño escuchar en unas fiestas a uno de estos grupos, con cierto deje “sureño” y aflamencado, cantando en castellano y gritando consignas “soberanistas”.
Y en medio de tanta paradoja llegó la salvaje masacre de La Ramblas. Un joven disfrazado de guerrillero y con acento andaluz, nos recordaba al día siguiente los límites de su reivindicación nacional:  “recuperaremos Al Andalus”, un territorio en el que –por si alguien no lo sabe- incluyen por igual a todo lo que ahora se conoce como España.
Que Alá nos proteja.
   

           

viernes, 1 de septiembre de 2017

LA TRAMPOSA MEMORIA

Imagen del 23-F 
Cuando lo leí por primera vez, pensé que se trataba de una exageración. Comentaba Javier Cercas en un artículo de prensa, que mucha gente está convencida de haber presenciado el 23-F en directo por televisión. Recientemente se lo he vuelto a leer al Gran Wyoming, en su autobiografía “De rodillas Monzón” y es cuando me he animado a hacer yo mismo el experimento con resultados sorprendentes. En dos grupos diferentes de personas me he encontrado con defensores a ultranza de dicho testimonio. Los hay incluso que se atreven a defenderlo con arriesgadas apuestas y me atrevo a suponer, que más de un lector de estas líneas está pensando, con absoluta convicción, que contempló aquellas imágenes en tiempo real, desde el televisor de su casa o de un bar.    
Se trata de un hecho fácilmente demostrable. Aquella votación parlamentaria para elegir a Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del gobierno no se estaba retransmitiendo en directo y así lo acredita una simple ojeada a la programación televisiva de aquella fecha.
Lo que a primera vista puede quedar como una simple anécdota, tiene sin embargo una lectura más profunda: ¿Cuantos de nuestros supuestos recuerdos son en realidad falsas reconstrucciones de lo realmente vivido?                        
En la historia reciente, hemos conocido casos en los que se ha llegado a pedir enormes penas de cárcel tras las acusaciones de delitos que no cometieron. Durante los ochenta y parte de los noventa la prensa se hizo amplio eco del caso conocido como ARS (Abuso Ritual Satánico). Hasta 360 niños declararon haber sufrido terribles abusos y haber presenciado crímenes tras sesiones de hipnosis dirigidas por el psiquiatra Lawrence Pazder. Al final no hubo ni una sola condena. Se pudo demostrar que en esas sesiones lo que se hacía en realidad era inducir recuerdos sobre algo que, en realidad, no se había producido.
La psicóloga Elizabeth Loftus, de la Universidad de California dirigió un estudio muy elocuente al respecto: con la ayuda de familiares, logró que el 29% de los que se sometieron al experimento recordaran que se habían perdido en un centro comercial a la edad de 5 años.  La última película de Amenabar “Regresión” gira en torno a este tipo de experimentos.
Sabido es que la memoria suele traicionarnos, pero casos como el del 23-F (animo a que lo practiquéis entre vuestros amigos) demuestran que no siempre estamos dispuestos a admitirlo.
Y si la memoria individual funciona así, ¿Qué decir de la memoria colectiva?. Willy Wilder comentaba en una entrevista que terminada la segunda guerra mundial, se disparó el número de personas que aseguraban haber escondido a judíos en sus casas.
“La historia la escriben los vencedores”, una cita de George Orwell que hizo célebre mucho después Winston Churchill. Mucho antes Marco Tulio Cicerón dijo aquello de “Quien ignora la historia está condenado a repetirla”.
Ahora que no hay día en que la palabra “memoria” no aparezca en los medios, creo que sería interesante tener en cuenta estas lecciones. La memoria se puede tergiversar, amoldar a nuestros intereses políticos, inducir, contar desde una sola óptica o adaptar al cine y la literatura con intenciones más o menos artísticas. Todos, de hecho, podemos caer en ese síndrome 23F y situarnos a nosotros mismos escondiendo judíos en la carbonera. Pero como canta Rubén Blades: “Si no usas la cabeza, otro por ti la va a usar... prohibido olvidar”.      

 





jueves, 24 de agosto de 2017

CONFESIONES DE UNA MILF


Hay quien escribe libros sin tener nada que contar y hay quien tiene mucho que contar y se lo guarda bajo llave. Hay también trayectorias vitales que merecen, exigen, al menos, un libro que las refleje.
Nacida a mediados de los cincuenta Viv Albertine compartió escuela en los sesenta con  los hermanos Davies (futruros Kinks)  –algo mayores que ella-. Vivió de cerca la Beatlemania, la Rollingmania y la psicodelia. Vio a David Bowie antes de hacerse famoso lanzándose a un público sorprendido y el duque blanco la pisó con su botaza para encaramarse de nuevo a escena (“no es tan refinado como parece”-pensó-) . Mediados los setenta fue novia de Mick Jones de Clash, compañera de batallas de Johny Thunders, compartió grupo y amistad con Syd Vicious (“tras su apariencia desenfadada escondía una gran ambición”), se movió en los ambientes de la mítica tienda SEX junto a Rotten, Steve Jones, Siouxie, Malcon Mclaren, Vivienne Westwood  etc y lideró la banda señera del punk femenino en el Londres de la época: “The Slits” (Las Rajas).
Semejante trayectoria justificaría ya un buen libro sobre sus vivencias. De hecho, cuando tuve noticia de su existencia, pensé que sería otra crónica más sobre la era punk, como tantas otras que hemos conocido. Pero lo que te encuentras es más, mucho más.
Porque además de lo relatado, Viv Albertine fue abandonada por su padre francés cuando era una niña, contrajo ladillas en sus incursiones por los pisos ocupados holandeses, probó todas las drogas imaginables, vivió el trauma de abortar con el agravante de hacerlo en años muy hostiles al respecto. Tras su periplo musical y tras un periodo de depresión se puso a estudiar cine y dirigió varios cortos. Más tarde se casó con un motero y vivió varios años con “maridito” y con su hija en una elegante casa de la costa donde ella trató de ejercer de madre convencional.
Su largo y tortuoso proceso hacia la maternidad derivó en un cáncer de útero que finalmente superó. Después llega el traumático divorcio, la vuelta a los escenarios y el reto de enfrentarse con cincuenta y tantos a públicos de pub y locales de ensayo “de esos que tienen pollas dibujadas”. Viv Albertine no vuelve para rememorar el pasado, lo hace para componer nuevas canciones en las que relata, con humor corrosivo, la experiencia de ser una mujer madura en el nuevo milenio, con temas tan elocuentes como “Confessions of a MILF”.
Cuando menos se lo espera, una pujante realizadora la propone como protagonista de su nueva película. Para que no falte de nada también se enamora, tras su divorcio,  de un maltratador y vive la experiencia –como es tristemente habitual- con una mezcla de pavor y dependencia.
Albertine tuvo la oferta editorial de contar sus aventuras y dejar que un “negro” las redactara. Pero ella prefirió hacer el libro de puño y letra y creo que es muy de agradecer. "Ropa, Música, Chicos" es un relato que rezuma franqueza, que huye de la autocomplacencia y que va mucho más allá de ese título un tanto frívolo que se queda muy corto.  El punto de vista de una mujer como Viv, añade unas tonalidades nuevas a los retratos de los héroes del punk. Aquí aparecen sus grandezas, si, pero también los vemos vulnerables, ambiciosos, salidos y hasta desagradables.
Arantxa Urretabizkaia suele decir que los lectores masculinos somos homosexuales porque solo leemos a hombres y por lo que he comprobado no le falta razón (aunque ella es, en mi caso, una de las excepciones). El de Viv Albertine es uno de esos libros que animan a la bisexualidad.   
   


jueves, 3 de agosto de 2017

REWIND

Ver viejos vídeos no siempre es una experiencia tan dulce como imaginábamos.
Ocurre a menudo, por lo que he podido comprobar. El nacimiento de tu primer retoño lleva aparejado la adquisición de tu primera cámara de vídeo. Al principio todo te parece apasionante: el primer pañal, las primeras reacciones, los primeros pasos...
Pasados los años, la colección de cintas empieza a ocupar un espacio más que razonable. Se acumulan en el cajón competiciones deportivas, galas navideñas, fiestas patronales, carnavales, vacaciones en el mar y decenas de "Zorionak Zuri" desafinados.
Es habitual también que los siguiente vástagos cuenten con menos minutos de inmortalidad. Es un proceso lógico. Los primogénitos suelen contar con más archivo personal y también con muchas más visitas relámpago  absurdas a urgencias.
Lo cierto es que todas estas escenas cotidianas, grabadas con vocación cineasta, aspiran a futuros alegres visionados. Uno se imagina contemplándolos en familia, gozando con cada escena, recuperando la emoción de los momentos vividos.
Pero el tiempo tiene la maldita costumbre de funcionar al margen de nuestros planes y no siempre se cumplen nuestras optimistas previsiones.
Un día cualquiera, cuando menos lo esperas, una visita veraniega te anima a desempolvar la vieja cámara de vídeo. Hay algo que te hace temer las consecuencias de ese acto. Alguna remota experiencia previa te recuerda que esas sesiones no siempre funcionan en clave "entrañable".
Hay gente, la conozco, que se preocupa en guardar con mimo sus recuerdos personales. Yo no soy uno de ellos. Mis cintas están "ordenadas" por años y, a lo sumo, con algún comentario genérico del tipo "Vacatas en Mallorca". Así que las posibilidades de que aparezcan imágenes inesperadas aumentan.
Para mi sorpresa, la vieja cámara del año 95 sigue funcionando y su adaptación a mi televisor 2017 es mucho más sencilla de lo esperado. Nuestras vidas pasadas empiezan a reproducirse en pantalla. Cuando menos te lo esperas surge el primer cadáver. Ahí está tu gran amiga, vitalista al cien por cien, preocupada porque su hija no acaba de comer bien, relatando historias cotidianas, haciendo burla a la cámara... Ver tanta vida en una muerta resulta demoledor. La tristeza se adueña de la sala.
Hay otro aspecto que me resulta mucho más inquietante en vídeo que en fotografía. Las imágenes estáticas de la infancia me suelen despertar  ternura, pero las imágenes con voz y movimiento... es como si ese ser ya no existiera, como si se tratara de desconocidos, me suele resultar bastante inquietante, la verdad.
Luego están las modas. Parece increíble que en unas pocas décadas hayan cambiado tanto. Esos abrigos, esos cuellos, esos peinados..."algún día -parecen decir- eso que llevas también te resultará raro, es inevitable".
Los viejos vídeos van pasando y dejan un poso agridulce. Nos hablan de lo eterno y de lo que no volverá. Nos sitúan en un lugar que ya no existe, sin los filtros tramposos de la memoria, tal cual éramos en aquellos años, cuando creímos que el mundo se había parado con nuestra reciente paternidad. La pelicula "Un Instante en la Vida Ajena" de Jose Luis López-Linares y Javier Reoyo lo refleja con certera contundencia.
Ya lo dejó escrito Mary Schmich en su ensayo "Usa Protector Solar": "Créeme, dentro de veinte años, cuando mires tus viejas fotografías te darás cuenta de cuántas oportunidades tenías y de lo hermoso que eras en realidad"


lunes, 31 de julio de 2017

LOS POLARES: "LA DROGA"

La carrera de esta banda comienza a finales de 1964 en Masnou (Barcelona). Al poco de surgir, la crítica de la época los equiparó con Los Salvajes, algo así como la versión catalana de los Rolling Stones.
Consiguieron entrar en el circuito de conciertos germano e incluso llegaron a grabar dos singles en ese país, hoy objeto de culto.

Sin embargo Los Polares, a pesar de su calidad, no tuvieron mucha suerte. Entre sus perlas cultivadas, la canción titulada abiertamente “La Droga” (1966) y constituye un canto velado al LSD, ("el-eis-di") que pasó de forma increíble los filtros de la censura, en un tiempo en el que cualquier referencia al tema se mutilaba sin más de los discos extranjeros. De hecho, la versión original de "Pretty Things" tuvo problemas con la censura en Gran Bretaña. 



jueves, 6 de julio de 2017

COMPRENSIÓN

Poco a poco fui comprendiendo. Un día comprendí a los ocupas, otro a los defraudadores, otro a los ladrones, otro a los suicidas, empecé a comprender a varios homicidas… Afortunadamente me llegó la muerte, si no, no quiero ni pensar lo que habría llegado a comprender.

viernes, 30 de junio de 2017

LA MIRADA DEL PADRE



Imposible olvidar aquella mirada. La llevaré conmigo hasta la tumba. Yo caminaba joven y arrogante con mis nuevos amigos hacia el tren que nos llevaría a Barakaldo. Llevábamos las galas adecuadas para una noche de auténtico punk-rock, en aquellos locos ochenta en los que se podían exhibir botellas por la calle sin mayores problemas. El mundo era nuestro. ¿Me gustaban todos los acompañantes? No. Por unos sentía cierta admiración por su atrevimiento y su curriculum de enfrentamientos con el poder. Otros me resultaban divertidos y también había alguno que, simplemente, habría borrado de la lista sin contemplaciones, gente que me resultaba estúpida y fanfarrona sin mayores aportaciones... pero en fin, yo tampoco sería del gusto de todos. La perfección no existe, al parecer.
Podía sentir diferentes grados de afinidad y simpatía por aquellos compañeros de batalla, pero realmente no sentía, por ninguno de ellos, lo que se conoce por amor.
En ese momento vi a mi padre, que avanzaba hacia nosotros. Observé como se hacía a un lado, con cierto temor, ante aquel tropel escandaloso y aunque traté de evitarlo, finalmente nuestras miradas se cruzaron.
No me paré. Íbamos con cierta prisa a coger el tren y además, no estaba en el código de los 17 años pararse por la calle a charlar con familiares.
Pero aquella mirada no me resultó inocua. Regresa a mí cada cierto tiempo, cargada de significado. A mi padre, a pesar de nuestras diferencias sí le quería. En buena lógica, si lo natural es pasar el mayor tiempo posible con la gente que queremos, yo tendría que haberme quedado con él. “Cuida lo que amas” dicen.
Pero la vida no funciona así. Hasta los  catorce-quince años, hacíamos por coincidir en el balcón de casa para charlar. Hablábamos de deportes, de recuerdos, de política. Yo me ponía especialmente bolchevique para marcar territorio y el, que venía de una infancia aterrada por la guerra y una juventud marcada por la escasez, me advertía  contra los peligros del fanatismo. La guerra había terminado 35 años antes. Una distancia que entonces me parecía descomunal y ahora me parece ridícula.
Entonces aquella mirada me pareció algo sorprendida y levemente amenazadora.
Con el paso de los años la he seguido interpretando y reinterpretando. Ahora la leo así: “Es posible que estés haciendo el idiota, hijo mío, y poco puedo hacer al respecto. Estás en la edad de vivir la vida, lo entiendo, y te ha tocado una época en la que lo puedes hacer. Pero no pretendas ser el más gallo, alguien te ganará siempre y nunca pierdas el timón ni consientas que otros lo lleven por ti . Por lo demás... ya sabes donde estoy”.
Hoy he visto a mi hija y a sus bulliciosas amigas entrar en el metro, camino de no sé qué fiestas.  Iban cargadas de bolsas, felices, riéndose, empujándose.  Justo yo salía de ese mismo vagón que ella tomaba. Nuestras miradas se han cruzado por unos segundos. La suya tenía algo de fastidio y algo también de amor y cierto brillo chispeante.
Creo que la mía se ha nublado un tanto.
    

miércoles, 28 de junio de 2017

RENO RENARDO

Tanto en música como en literatura confieso que tiendo a la obsesión. Para mí es una gran noticia, una buena razón para vivir toparme cada cierto tiempo con artistas que despierten mi interés, que hagan pensar o reír o bailar o ponerme melancólico o todo a la vez . Mi tendencia, cuando esto ocurre, es absorber el producto hasta que lo dejo seco.  En música me ha ido pasando desde los trece años, cuando me iba a vivir, en cuanto podía, al mundo de los Rolling Stones, un mundo imaginario donde había giras mundiales, camerinos bulliciosos, mujeres interesantes, cortes de mangas al universo carca y sobre todo, experiencias dignas de ser contadas en canciones irrepetibles... Otros nombres en la lista han sido Lou Reed, The Doors, Santana, Sex Pistols, Blondie, Ramones, Ruben Blades, La Lupe, Bersuit, Radiohead... ahora estoy pasando una temporada deliciosa en el país de La Yegros, una banda argentina que , además, tuve la ocasión de ver la semana pasada en Bilbao. Nada como pillar artistas de tu gusto cuando están en su pleno esplendor y no huelen a naftalina o algo peor.
Pero cuando siento que no puedo con la vida, cuando me superan las constantes luchas cotidianas y me veo a mi mismo jugando en enorme máquina de marcianitos que me disparan sin cesar y que me van a destrozar de un momento a otro...entonces, ahora, tengo al Reno Renardo.
Me meto en el metro con los cascos o los pongo a todo volumen en el coche y enseguida se me dibuja una sonrisa estúpida en la cara. Sobre bases de canciones heavyes bien conocidas o reconvirtiendo clásicos de Mocedades o Mecano en piezas de rock duro, esta banda bilbaína va retratando situaciones que todos conocemos: el momento en el que la nevera parece una película de terror; el instante en el que ese hamster tiernecito que tienes como mascota se te aparece como una rata repugnante y amenazadora; ese instante en el que estrangularías con tus propias manos al que te acaba de poner una multa en el parabrisas...    
Los personajes surgidos de la calenturienta imaginación de “Jevo Jevardo” son los anti-héroes del momento. Sus retratos tienen una dosis adecuada de acidez pero nunca caen en el panfleto fácil ni en los lugares comunes del bienpensantismo progre. Sus letras funcionan porque ese varón idiota al que retratan puede ser cada uno de nosotros y también ellos mismos: El urbanita que se siente aventurero en su finde campestre (mientras los paisanos le miran pensando “quien será este subnormal”), el capullo capaz de hacer cualquier estupidez tras escuchar la frase “No hay huevos” o ese otro, que deja a bombo y platillo el Facebook denunciando su superficialidad y después vuelve a entrar por la puerta de atrás.
En su último disco han incluido su primer tema en euskara y lo han hecho parodiando de forma genial los típicos manidos himnos de cualquier evento en favor de la lengua:
"No somos trikitilaris/ Tampoco txalapartaris/Pero pagamos aquí nuestros impuestos/ Amamos las subvenciones/ Y nos da igual PNV que Bildu/ No queremos apartheid cultural...

Bien, ya se, me dicen que no han inventado nada nuevo, que tienen obsesión con el miembro viril, que son politicamente incorrectos... es posible. Pero cada vez que los pongo me cambian el humor. Y eso no tiene precio. Acaban de hacer 10 años . Larga vida a los Babuinos del metal.   

viernes, 23 de junio de 2017

MUJER



Decidí ser mujer.  
Una mujer de pelo corto a lo “garçon” y poquito pecho, partidaria de no llevar maquillaje ni pendientes. 
Contraria a la depilación. 
En fin, que nadie notó la diferencia.

jueves, 22 de junio de 2017

NOCHES DEL ALENTEJO




Erase una vez un hermoso lugar repleto de casas blancas y rojos tejados. Por sus estrechas calles empedradas se accedía a amplias y elegantes plazas cargadas de historia. En ellas lo mismo podías encontrar iglesias medievales o construcciones romanas. Aquel lugar, situado hacia el sur de Portugal, era El Alentejo y su capital Evora.
En aquel entorno singular podían verse turistas, sí, pero no era uno de esos lugares en los que el turismo lo anega todo. Todavía era posible disfrutar de librerías a la vieja usanza, bares y casinos amistosos y comedores tradicionales a precios razonables.   
Aunque resulte extraño, en aquella zona abundaban alcaldes y concejales que se definían sin complejos como comunistas. Muchos lugareños, al parecer, estaban contentos con su trabajo y les votaban una y otra vez.
Era el mes de junio y en la plaza llamada “Giraldo” se alzaba un elegante escenario. Estaba a punto de arrancar el EXIB, encuentro de las músicas de Iberoamérica. Esta iniciativa unía durante cuatro días a artistas de todo Iberoamérica y a programadores y periodistas de diversos países del mundo mundial.
No eran, en general, artistas muy conocidos fuera de sus países. Durante meses los candidatos se sometían a una selección muy difícil. Entre cientos de aspirantes había que elegir unos veinte. Tocar en el EXIB no era solo la oportunidad de presentarse ante un público nuevo. Entre los espectadores había responsables de importantes festivales, managers,  periodistas y numerosos músicos. No era, de ninguna manera, un festival más. Conseguir un bolo redondo en el EXIB podía suponer, como quedaba demostrado en anteriores ediciones, un importante espaldarazo en la carrera de cualquier artista.
Y así pasaban los días en aquel entorno privilegiado. Por la mañana, en la zona profesional -sita en el hermoso palacio Don Manuel-  se repetían contactos y entrevistas. Por la tarde era el momento de las plácidas actuaciones en la plaza de Giraldo y al anochecer llegaba el turno para los artistas invitados, shows increíbles en patios de locales que parecían decorados para una película sobre la Belle Epoque.
Y entonces, como si de un hechizo se tratara, cuando el manto de estrellas cubría aquel lugar, toda la ciudad se ponía a los pies de la música para vivir, espontáneamente,  momentos irrepetibles, uno trás otro.
Guitarristas argentinos, violinistas vascos, cantantes llegados de México, Catalunya o de la propia localidad, pandereros gallegos, virtuosos del Laud llegados desde el Kurdistán. Cualquier rincón era bueno para armar una jam sin necesidad de cita alguna y sin hora de cierre... conversaciones musicales en un clima participativo donde músicos y espontáneos creaban melodías increíbles. El promotor coreano, el periodista londinense, la directora de museo mexicana y el concejal de cultura local se hacían un solo ser con la música para seguirla con palmas, para bailar a su aire o para desafiar la noche con aullidos de placer.    
Al amanecer, con el canto del gallo, cada uno volvía a su lugar. Entre ojeras y carrasperas volvían la ventas, las presentaciones, las “master-classes”, las firmas.
Pasados esos días la ciudad recuperaba su ritmo habitual. Músicos y profesionales volvían a sus casas y aquellos sonidos nocturnos dejaban de escucharse.  
Pero ahí quedaba, flotando en el ambiente, ese valioso mensaje: personas de diferentes latitudes, costumbres e idiomas se pueden unir para entenderse y gozar juntos.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado, y quien no levante el culo, se le quedará pegado...